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Nueva escena de rol: De sexo intenso y tormentas superadas

Punto de vista: Aymara.

Los sucesos del día y la presión cada vez más insistente de Mayra tienen a Fabián al límite.
Fabián coge a Aymara con fuerza por el brazo izquierdo.
Fabián dice: «A donde coño crees que vas? No has terminado de comer y te pusiste insulina para un montón de calorías.»
Aymara se frena, tensa, hablándo mientras le da la espalda.
Dices con acento venezolano, «haz el favor de soltarme. Y modera tu tono, que ya te dije, no soy tu sumisa, Fabián.»
Fabián dice: «Esto no va de D-S, Aymara. Va de tu salud. No mezcles las cosas.»
Aymara se da la vuelta al sentir otro tirón de Fabián, está muy enfadada y alza el tono sin darse cuenta.
Dices con acento venezolano, «en serio crees que no puedo llegar a casa y hacer una merienda, o prepararme algo más de comer? Tan inútil y dependiente te crees que soy?»
Fabián dice: «Joder, no se trata de eso, coño… No vayas por allí.»
Fabián comienza a subir el tono también.
Dices con acento venezolano, «entonces, ¿de qué coño se trata, Fabián?»
Fabián la sigue sujetando con fuerza del brazo.
Fabián dice: «Se trata de que estés bien, de que cuides tu salud, que no te pase nada… ¿olvidas como de mal estuviste hace un año?»
Aymara forcejea para zafarse del agarre de Fabián.
Dices con acento venezolano, «suéltame, Fabián. Por supuesto que no me he olvidado; aquí el que olvida que soy ciega y no incompetente eres tú.»
Fabián aprieta más el agarre.
Fabián dice: «no, no voy a soltarte.»
Aymara intenta empujarle con la otra mano.
Fabián la sujeta con el brazo libre por la cintura y la pega a su cuerpo.
Fabián se inclina para hablarle.
Fabián murmura: «no voy a soltarte, ni a dejar que algo te pase… no voy a dejar que nada ni nadie te dañe, ni siquiera tú misma.»
Fabián lesuelta del brazo, sujetándola ahora con ambas manos por la cintura con posesividad.
Fabián murmura: «ahora, vas a volver a la mesa y terminar de comer y luego hablaremos tú y yo.»
Aymara niega con la cabeza, respirando con fuerza.
Murmuras con acento venezolano, «no… y suéltame.»
Fabián respira profundo cerca del cuello de Aymara. Su aroma lo excita sin remedio endureciendo su polla y Aymara se da cuenta.
Murmuras con acento venezolano, «suéltame Fabián, estás haciendo una escena.»
Fabián murmura: «me importa una puta mierda la escena.»
Murmuras con acento venezolano, «a ti no, pero a mí sí. Es casa de Kia y la cena es para todos ustedes. No puedes comportarte de esta manera.»
Fabián baja las manos hacia las caderas de Aymara, apretándola con fuerza estrechando el contacto entre ambos.
Guillem alza las cejas sorprendido ante las reacciones de Fabián.
Aymara se estremece al sentir la erección de Fabián apretándose contra su vientre.
Murmuras con acento venezolano, «ya basta, Fabián.»
Fabián habla en voz baja pero con tono autoritario.
Fabián murmura: «Basta y una mierda que basta.»
Aymara forcejea una vez más sin darse cuenta de que eso excita más a Fabián, que la sujeta ahora con mucha más fuerza.
Todos siguen con atención el intercambio, pero guardan silencio mirándose los unos a los otros.
Murmuras con acento venezolano, «quién coño te crees, Fabián? No eres mi amo, no te importo una mierda como dices. Me has evitado todo este tiempo y ahora quieres que te crea de que te preocupas por mí?»
Fabián la rodea por la cintura con fuerza, inmovilizándola.
Anzola mira a Guillem como preguntándole si han de hacer algo o no.
Guillem se lleva la copa a los labios y sorbe, dirigiendo su mirada hacia la pareja con cierta preocupación.
Fabián murmura: «me importas, claro que me importas, no te das cuenta cómo me tienes?»
Murmuras con acento venezolano, «Aquí no, Fabián, por favor, estamos frente a todos.»
Fabián, incapaz de contenerse, alza la voz cogiendo a Aymara por la muñeca.
Fabián dice: «Maldita sea.»
Fabián aprieta el agarre sobre la muñeca de Aymara y echa a andar hacia el pasillo que da a las habitaciones, llevándola casi a rastras.
Guillem y Anzola se miran, luego miran a las mujeres.
Kiara se levanta.
Kiara dice: «mejor recojemos, esto va a llevar mucho más de lo que pensaba.
Irina dice: «No sería mejor…»
Kiara niega con un movimiento de cabeza.
Kiara dice: «ese par tiene que hablar y decirse todo lo que se tengan que decir.»
Guillem dice con acento catalán, «estoy de acuerdo contigo en que tienen que hablar, pero no estoy seguro de que este sea el mejor momento, Kiara. Fabián es como una olla de presión justo hoy; el día ha sido un infierno emocional.»
Kiara mira a Guillem.
Kiara dice: «el muñeco sería incapaz de hacerle daño…»
Guillem dice con acento catalán, «en realidad sí que puede hacérselo, Kiara.»
Kiara abre mucho los ojos y luego los achica comenzando a enfadarse.
Guillem alza las palmas de ambas manos.
Guillem dice con acento catalán, «no me mal entiendas. No quiero decir que vaya a golpearla. Pero si somos honestos, ya lalastima emocionalmente rehuyéndole, no aceptando todo lo que ella significa para él. vosotros lo vísteis, es territorial, pero no es capaz de afrontarlo; tampoco de dejarla ir, o no habría hecho ese trato de que le ayude en su casa. Se engaña a sí mismo y no sé qué pueda salir de ahí. Además, está Mayra y eso lo empeora todo.»
Guillem mira hacia el pasillo un instante.
Kiara dice: «esa putaremalparíacoñoesumadre… tendría que lanzarle una maldición wayú.»
Guillem mira a Kiara.
Guillem dice con acento catalán, «Mayra es un verdadero problema y creédme, no es exageración. Pero justo ahora el mayor problema es Fabián y su negación a aceptar lo que siente por Aymara.»
Guillem suspira.
Guillem se pasa la mano por el pelo.
Guillem dice con acento catalán, «Jamás he visto a Fabián de esta forma.»
Anzola mira a Kiara y asiente en acuerdo con Guillem.
Kiara mira hacia el pasillo y luego a los demás.
Kiara dice: «y qué coño hacemos? No le podemos denunciar en algún lado? Me refiero a la putaremalparia de Mayra.»
Belkis se levanta.
Belkis dice: «mientras todo sea en el plano personal, no, a menos que comprobemos que ella es peligrosa… si no, todo mundo lo que piensa es que ella está encoñada con Fabián y no va a ser la primera que pase por ahí. Otras tias han ido tras él y han salido mal paradas por una u otra razón.»
Belkis murmura: «Además, creo igual que Guillem que el mayor problema ahora es que Fabián siga reprimiéndose de esta forma. Eso es lo que lo está afectando más.»
Kiara resopla.
entre tanto, en una de las habitaciones.
Fabián entra y cierra la puerta pasando el pestillo.
Aymara se zafa.
Aymara se frota el brazo y la muñeca.
Fabián la observa.
Fabián murmura: «maldición, Aymi, déjame ver.»
Aymara da un paso atrás.
Dices con acento venezolano, «Estás fuera de control, Fabián. ¿qué coño te está pasando?»
Fabián camina de un lado a otro, frotándose el cabello y restregándose la cara.
Fabián se le acerca.
Fabián dice: «déjame ver, coño.»
Aymara alza el tono.
Dices con acento venezolano, «No voy a quebrarme porque me agarres con fuerza, Fabián; no soy de cristal.»
Fabián gruñe, frustrado.
Fabián dice: «no tienes idea, no tienes ni puta idea de lo que soy capaz, Aymara.»
Aymara se tensa.
Dices con acento venezolano, «no, claro que no… ¿cómo voy a poder saberlo si no hablas conmigo? solo me evitas y no respondes a mis preguntas. Dejaste de atenderme, y ahora vives en el hospital a toda hora. solo sé de ti por Kiara. Tanta repulsión te da lo que te pasa conmigo? tan horrible te parece? Tan terrible te parezco yo, Fabián?»
Fabián dice: «No sabes lo que dices.»
Aymara habla, decidida.
Dices con acento venezolano, «entonces aclárame las cosas, Fabián. Deja de evitarme y Explícame porqué huyes de mí… ¿es el qué dirán? Es eso? ¿Te avergüenzas de sentir algo por mí? ¿es eso?»
Fabián niega con la cabeza, exasperado.
Aymara cierra los ojos, frustrada ante el silencio de Fabián.
Aymara respira intentando no romper a llorar.
Aymara habla con la voz quebrada.
Dices con acento venezolano, «muy bien, Fabián. hasta aquí. Le dejaré tus llaves a Kiara. Ya no iré a tu casa. Puedes pagar a alguien más. Yo buscaré algo más con qué mantenerme. Gracias por todo.»
Aymara pasa frente a él con paso inseguro, para intentar salir de la habitación.
Fabián la observa acercarse hasta la puerta e intenta no moverse, pero al final da dos zancadas hacia ella.
Fabián le coge la muñeca antes de que pueda girar el pomo y salir.
Fabián se pega al cuerpo de Aymara y la aprisiona contra la puerta.
Aymara da un respingo y jadea, sintiendo la erección de Fabián sobre la parte baja de su espalda.
Fabián le pasa el otro brazo por la cintura estrechándola contra su cuerpo.
Fabián murmura: «no… no»
Aymara traga grueso y cierra los ojos.
Murmuras con acento venezolano, «no podemos seguir así, Fabián. Al menos yo no puedo.»

DISCLAIMER

La escena que se describe a continuación puede no ser apta para menores de edad y personas sensibles debido a su contenido sexual explícito.

Fabián sube su mano desde la sujeción en la cintura hasta el pecho izquierdo de Aymara, apretando y amasando mientras respira con fuerza.
Aymara se estremece sintiendo el calor del cuerpo de Fabián.
Fabián murmura: «necesitas a alguien mejor, Aymara… alguien que esté limpio.»
Aymara se muerde el labio ante la caricia de Fabián sobre su pecho que se va intensificando cada vez más.
Fabián entrelaza los dedos de su mano con los de Aymara, haciendo que esta suelte el pomo de la puerta.
Aymara traga de nuevo, intentando resistirse a la dominación de Fabián.
Murmuras con acento venezolano, «crees que necesito sexo vainilla, es eso, Fabián?»
Fabián se pega más a ella, frotándose por instinto contra sus nalgas.
Fabián lleva la mano hacia el pubis de Aymara buscando su clítoris para frotarlo con su dedo índice y su dedo medio.
Aymara gime flojito; su cuerpo comienza a traicionarla.
Aymara Jadea en respuesta a lo que Fabián le está ahciendo y por instinto echa la cabeza hacia atrás, apoyándose sobre su pecho.»
Fabián siente que va perdiendo el control con mucha rapidez y se aparta un poco, respirando profundo varias veces, sacudiendo la cabeza como si así pudiese aclararse la mente y alejar la lujuria y el deseo.
Aymara encoge los dedos de la mano, acercando así los dedos de Fabián hacia su centro.
Fabián cierra los ojos apretando los dientes al sentir el calor del cuerpo de Aymara.
Fabián se excita y vuelve a pegarse a Aymara, respirando con rapidez.
Fabián murmura: «sí… y yo… no puedo dártelo… y tú no puedes darme lo que yo quiero…»
Aymara habla con la voz entrecortada.
Murmuras con acento venezolano, «entonces… si no puedo darte lo que necesitas… márchate… deja que consiga a alguien que me quiera… que me trate como una mujer… no como una muñeca de cristal… deja que consiga un amo que sí me valore»
Fabián se tensa al escuchar la palabra amo en boca de Aymara.
Fabián alza la voz.
Fabián dice: «cállate, no sabes de qué hablas.»
Aymara se tensa en respuesta al tono de Fabián.»
Dices con acento venezolano, «crees que no sé lo que es el BDSM?»
Fabián la suelta y da un paso atrás.
Aymara se apoya con ambas manos en la puerta.
Los segundos parecen transcurrir con lentitud.
Aymara se recompone y se da la vuelta para encarar a Fabián.
Fabián la mira con el anhelo de atarla, dominarla y poseerla, de darle un placer tan grande que no pueda estar con nadie más… solo con él.
Aymara se comienza a quitar el jersey que lleva puesto.
Fabián traga,la boca se le seca.
Fabián murmura: «qué coño crees que estás haciendo? vístete, Aymara.»
Aymara niega.
Aymara se acerca siguiendo su voz y su respiración.
Aymara se queda a unos pasos de Fabián.
Fabián extiende la mano hacia ella y luego la deja caer.
Aymara lleva las manos hacia atrás y se desabrocha el sujetador.
Fabián se muerde el labio inferior al sentir que su polla se endurece más.
Fabián procura no desviar su mirada hacia los pechos de Aymara.
Aymara deja caer al suelo su sujetador.
Fabián no puede evitarlo y baja la mirada.
Los pechos llenos y redondeados de Aymara descansan entre sus manos.
Aymara da dos pasos acercándose a Fabián.
Aymara separa los dedos, dejando que sus pezones asomen, firmes.
Aymara se suelta los pechos.
Fabián se relame al ver como caen los pechos de Aymara.
Fabián siente que la polla se le tensa todavía más y fijarse en sus pezones rosados no le ayuda.
Fabián murmura: «Aymara, en serio… No sigas con esto, por favor»
Aymara da otro paso y se pega a Fabián; a tientas busca sus manos hasta que las encuentra y las lleva hasta sus pechos.
Fabián cierra los ojos y traga, sintiendo el calor y la suave piel de Aymara en sus manos.
Fabián murmura: «no puedo, Aymara… Detente porque yo no voy a poder hacerlo si sigues con esto…»
Aymara guía las manos de Fabián para que explore sus pechos.
Fabián se tensa en la medida en que sus dedos palpan las delgadas cicatrices.
Fabián aprieta los dientes negando con la cabeza.
Imágenes de Aymara siendo azotada en sus hermosos pechos acicatean su instinto y lo erotizan.
Aymara lo suelta y se gira.
Las manos de Fabián caen a ambos lados, mientras echa la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados y las imágenes bullendo en su mente.
Aymara habla con la voz firme.
Dices con acento venezolano, «mira, Fabián… Es hora de dejar las cosas claras.»
Fabián abre los ojos, sus pupilas se dilatan observando a Aymara.
Aymara se desabotona el vaquero y se los baja dejando parte de sus nalgas a la vista.»
Fabián sigue el contorno de las pequeñas y delgadas cicatrices, primero con la vista, luego con la yema de sus dedos.
Fabián se imagina azotando aquellas nalgas, arrancando gemidos a esa voz tan dulce.
Aymara se estremece ante el contacto de aquellos dedos.
Aymara se sube los vaqueros, girándose despacio hacia donde cree está Fabián.
Dices con acento venezolano, «conozco bien ese lado oscuro que crees que solo te pertenece… No soy ni tan santa ni tan vainilla, ni tan frágil, Fabián; no como tú te has inventado para convencerte de que no me mereces, para reprimir lo que sientes… Lo que quieres hacerme.»
Fabián cierra los ojos tensando todo su cuerpo.
Fabián respira profundo varias veces, intentando sosegarse para no abalanzarse sobre ella.
Entre tanto, fuera de la habitación.
Irina mira a Kiara.
Irina dice: «Están tardando mucho, Kia.»
Belkis sale de la cocina, Guillem sale tras ella.
Belkis dice: «Ya nos ocupamos de todo, te dejamos la cocina como tacita de plata.»
Kiara mira a Guillem.
Guillem mira hacia la habitación, luego se fija en el móvil en el sofá.
Guillem se acerca al sofá y mira el móvil más de cerca.
El móvil muestra la aplicación de mensajes.
Guillem coge el móvil y lo lee.
Guillem murmura con acento catalán, «hostia puta…»
Kiara se tensa y le quita el móvil.
Kiara lee y pone mala cara.
Kiara dice: «Hija de puta.»
Las voces de Fabián y Aymara comienzan a escucharse cada vez con más intensidad.
Kiara deja el móvil en la mesa y va hacia la habitación, Guillem y Anzola le siguen.
En la habitación…
Fabián abre los ojos y comienza a subir el tono otra vez.
Fabián dice: «vístete, Aymara.»
Aymara alza la barbilla.
Dices con acento venezolano, «Y qué si no lo hago? a qué le temes tanto, Fabián? ¿Temes perder el control, es eso?Porque es evidente que me deseas… Y aunque lo niegues, yo sé que no es solo sexo, soy ciega, no idiota.»
Fabián alza la voz.
fabián grita: «qué coño es lo que quieres? que yo también te marque de esa manera? tú también eres una masoquista irrresponsable? Tú también quieres volverme loco?»
Aymara se tensa en respuesta.
Aymara grita: «A qué te refieres con yo también? de qué coño me estás hablando? ¡Habla de una maldita vez! ¡Habla de una vez, Fabián, deja de ser un cobarde!»
Fabián no resiste más la presión y se abalanza hacia Aymara, empujándola contra la puerta.
Fuera de la habitación…
Un golpe seco se siente contra la puerta.
Kiara mira a los dos hombres.
Kiara dice: Muñeco, abre la puerta, vamos… abre la puerta, Fabi.»
Anzola dice: «Fabián, tio, abre la puerta, hablemos, macho.»
Guillem dice con acento catalán, «¿no tienes las llaves de esta puerta?»
Kiara suspira y cierra los ojos pensando.
Kiara murmura: » no tengo puta idea de dónde están.»
Guillem mira a las otras mujeres.
Guillem dice con acento catalán, «Buscad vosotras las llaves, intentaré ver si puedo abrir la puerta o hacer que Fabián salga de ahí.»
Kiara asiente, preocupada y se junta con Belkis e Irina para buscar las llaves.
Guillem comienza a golpear la puerta.
Gina se acerca a Guillem.
Gina dice con acento madrileño, «Fabi, cariño, abre la puerta.»
Otro golpe se siente sobre la puerta.
Gina se sobresalta.
Guillem dice con acento catalán, «Fabián, tio, abre la puerta… venga macho, vamos a hablar aquí fuera… Fabián? Venga, tio, abre la puerta.»
En la habitación…
Fabián siente los golpes en la puerta, a la gente hablando del otro lado;pero es presa de las sensaciones de tener a Aymara prisionera contra la puerta mientras le come la boca casi con violencia y le pellizca los pezones con fuerza hasta hacerla gemir en su boca, empujando sus caderas contra ella y chocando contra la puerta.
Aymara se deja llevar y mete sus manos bajo la sudadera de Fabián.
Fabián comienza a balancear sus caderas contra el cuerpo de Aymara cada vez más rápido.
Aymara gime y jadea, subiendo sus manos hasta alcanzar los hombros de Fabián.
Fabián mete una de sus manos entre sus cabellos y tira con fuerza, haciendo que Aymara exponga su cuello.
Fabián le muerde el labio inferior tan fuerte que ambos sienten el sabor de la sangre entre sus lenguas.
Aymara le clava las uñas con fuerza en los hombros.
Fabián jadea y gruñe, mientras pellizca sus pezones hasta hacerla gemir más fuerte y va descendiendo por su cuello.
Aymara le clava las uñas en el pecho, haciendo que Fabián se excite más.
Fabián le muerde entre el trapecio y el cuello con fuerza, succionando luego la piel una y otra vez.
Aymara gime arañándo el torso de Fabián con fuerza.
Fabián baja sus manos hasta sus nalgas y la aprieta contra sí, frotando su erección contra la pelvis de Aymara.
Fabián vuelve a comerle la boca sin sutileza, metiendo una de sus manos en sus vaqueros abiertos, para frotar la zona de su clítoris.
Aymara echa la cabeza hacia atrás, gimiendo por las sensaciones.
Fabián siente como las bragas de Aymara comienzan a humedecerse.
Aymara le clava las uñas en el pecho.
Fabián gruñe, maldiciendo por lo bajo.
Fabián la arrastra hacia la cama.
Ambos se mueven a trompicones.
Desde afuera Guillem sigue intentando que Fabián entre en razón.
Fabián empuja a Aymara contra la cama.
Fabián le quita los zapatos y coge la cinturilla de los vaqueros, bajándoselos con violencia, arrastrando en el tirón las bragas.
Aymara jadea.
Fabián le separa las piernas con una rodilla.
Fabián le mira el coño húmedo y se imagina lo resbaladizo que estará a su tacto.
Fabián sube la mirada detallando el cuerpo de Aymara con lujuria, hasta que llega a su rostro.
La mente de Fabián se activa; imágenes de Aymara atada a la merced de sus manos se dibujan constantemente haciendo que se recree y se excite.
Fabián habla con tono autoritario.
Fabián murmura: «te correrás solo cuando yo te lo permita.»
Aymara cree saber lo que Fabián necesita para que deje de reprimirse y guarda silencio.
Fabián le coge el rostro con fuerza.
Fabián murmura: «Lo has entendido? Harás lo que te ordene, cuándo y cómo te lo ordene.»
Aymara sigue sin responder, presionando a Fabián.
Fabián aprieta el agarre.
Fabián murmura: «responde, lo has entendido?»
Aymara asiente con la cabeza entrecerrando los ojos.
Fabián inspira y le come la boca hundiendo su lengua cada vez más profundo, mientras desciende con una mano hasta la unión entre sus piernas.
Aymara mete sus dedos en el cabello de Fabián.
Aymara gime al sentir cómo Fabián la explora y saca sus dedos de su cabello para arañarle los costados con fuerza.
Fabián roza los labios vaginales de Aymara y es mucho mayor la sensación de lo que había imaginado.
Fabián mete los dedos en la vagina de Aymara sin mucha delicadeza.
Aymara comienza a gemir con más fuerza.
Fabián acalla los gemidos de Aymara con su boca mientras entra y sale con sus dedos.
Aymara lleva sus manos hasta la espalda de Fabián intentando acercarlo a ella y vuelve a arañarle.
Fabián gime y se excita más sintiendo las uñas de Aymara.
Fuera de la habitación…
La tensión y el nerviosismo que todos experimentan es palpable.
Kiara mira a las chicas.
Kiara dice: «lo siento, pero yo tiro tierrita y no juego más, esas llaves del coño no aparecen en ninguna parte.»
Irina y Belkis se miran, frustradas también.
Gina dice con acento madrileño, «bueno, pero ya no se oyen golpes ni tampoco se les oye gritar. A ver, sé que Fabián no ha estado bien, pero sería incapaz de forzar a ninguna mujer y a Aymi mucho menos; está loco por ella aunque no quiera reconocerlo.»
Kiara la mira.
Kiara dice: «parece que ese es justo el problema, que no quiera reconocerlo, Gin. A Guillem le preocupa que pierda el control, Mayra ha estado presionando mucho.»
Gina bufa.
Cerca de la habitación…
Guillem y Anzola se miran.
Anzola murmura: «eso es lo que yo creo que es?»
Guillem exhala con fuerza, pasándose la mano por el pelo.
Guillem murmura con acento catalán, «me temo que sí, me temo que sí.»
Anzola murmura: «cuando caiga en cuenta, va a estar más hecho mierda.»
Guillem hace una mueca y niega.
Guillem murmura con acento catalán, «no lo sé, pero es posible, sí.»
Las mujeres se acercan.
Irina se sonroja ante los ruidos que salen de la habitación.
Belkis mira hacia la puerta, perpleja.
Belkis dice: «Ostras… están…»
Los hombres la miran y asienten.
Kiara se queda mirando a la puerta, luego mira a los demás.
Gina mira hacia la puerta y luego mira a Kiara.
Kiara dice: «parece que las llaves ya no van a hacernos falta.»
Kiara mira a Guillem.
Kiara dice: «tienes idea de qué tan malo va a ser, besucón?»
Guillem cierra los ojos y niega, mirando hacia la puerta cuando los gemidos y jadeos se intensifican.
Guillem vuelve a ver a Kiara.
Guillem dice con acento catalán, «con la inestabilidad que ha tenido últimamente, es difícil predecir algo así… Creo que lo único que podemos hacer es esperar y prepararnos para contener a cada uno, porque él no es el único que saldrá removido de ahí dentro.»
Kiara suspira.
Kiara dice: «mejor hacemos chocolate, creo que lo vamos a necesitar …»
La voz autoritaria de Fabián se oye pero no se entiende lo que dice.
Kiara mira hacia la puerta y gira hacia la cocina.
Kiara dice: «y ellos también, creo.»
Las mujeres se apartan de la puerta y van todas hacia la cocina, seguidas por Guillem y Anzola.
En la habitación…
Fabián se ha desnudado por completo y permanece sudoroso entre las piernas de Aymara, mientras la observa temblando por el esfuerzo de contenerse para no correrse.
Fabián mira en detalle a Aymara tendida sobre aquella cama con el coño brillante y siente como se moja, listo para hundirse en ella.
Fabián intenta frenarse, pero la respiración jadeante de Aymara lo está volviendo loco.
Fabián se inclina sobre ella y le muerde los pezones.
Aymara se muerde el labio y repprime un gemido, arqueándose por instinto.
Fabián le lame y le succiona los pezones con un ritmo constante.
Aymara inspira varias veces para poder contener el deseo de correrse.
Fabián vuelve a jugar con sus dedos entre las piernas de Aymara mientras muerde, lame y chupa sus pezones unificando el ritmo.
Fabián siente como la vagina de Aymara se tensa.
Fabián levanta la cabeza.
Fabián murmura: córrete, Aymi, córrete para mí, cielo.»
Fabián alcanza su punto G y presiona, frotando el clítoris con el pulgar al mismo tiempo.
Aymara se tensa y gime, pero no se corre.
Fabián alza la cabeza de nuevo.
Fabián saca los dedos de la vagina de Aymara.
Fabián se incorpora Y coge a Aymara con fuerza, poniéndola boca abajo.
Fabián murmura: «maldita sea. No has debido desafiarme, Aymara.»
Fabián coge las almohadas y las coloca bajo el vientre de Aymara, levantándole el culo.
Fabián le separa las piernas, colocándose entre ellas, de rodillas.
Fabián se inclina sobre su espalda para hablar en tono muy bajo pero indiscutiblemente autoritario, acercándose mucho a su oído.
Fabián susurra: «ahora voy a marcarte y a castigarte; y aún así no sabrás de todo lo que soy capaz.»
Aymara se estremece ante la amenaza excitándose más.
Fabián se sienta sobre sus talones, mirando el culo de Aymara advirtiendo la excitación que genera en ella, la espectativa del castigo.
Fabián inicia los azotes usando la palma abierta en cada nalga, sosteniendo la intensidad y la frecuencia hasta que su coño está húmedo y resbaladizo y sus nalgas están rosadas y sensibles al tacto.
Fabián ha estado atento a las reacciones del cuerpo de Aymara, escuchando el tono de sus gemidos y se sorprende del autocontrol que tiene y de lo mucho que eso lo excita.
Aymara respira casi jadeante, Fabián se inclina sobre ella para hablarle una vez más al oído mientras le acaricia con sensualidad la piel sensible, rozando sus labios vaginales, una y otra vez, provocándola con una de sus manos.
Fabián susurra: «córrete, cielo, hazlo. Quiero ver cómo te corres para mí.»
Aymara se tensa, pero no se corre negándole a Fabián la satisfacción.
Fabián maldice, tirándole del cabello.
Fabián murmura: «Estás jugando con fuego, Aymara.»
Aymara lo sabe, pero es consciente de que de eso depende que puedan estar juntos o no a partir de ahora.
Aymara siente el glande de Fabián cerca de sus nalgas goteando y levanta las caderas.
Fabián gruñe al sentir la piel de sus nalgas rozándole el glande y le tira del cabello con más fuerza.
Fabián murmura: «¿Qieres que te folle, Aymara… entonces córrete para mí.»
Aymara levanta más las caderas haciendo que el glande de Fabián roce su perineo.
Fabián se tensa ante la sensación y mantiene el cabello entre sus dedos hasta levantar la cabeza de Aymara.
Fabián la explora con los dedos notando lo apretada que está su vagina apesar de la lubricación.
Aymara Gime, mientras se esfuerza en levantar las caderas, rozando el Glande de Fabián con sus labios vaginales, mojándolo con sus fluidos.
Fabián jadea y baja la cabeza para morderla donde le ha dejado el chupetón, sacando sus dedos.
Aymara gime con fuerza.
Fabián cede ante su propio anhelo de verla correrse por y para él.
Fabián se coge la polla con una mano y la guía entre los labios vaginales de Aymara.
Fabián cierra los ojos y empuja su pelvis hacia adelante abriéndose paso al interior con lentitud, procurando no hacerle daño.
La vagina de Aymara se contrae de forma involuntaria.
Aymara suelta un gemido que hace que Fabián se estremezca.
Fabián se doblega ante el impulso de llenarla y empuja con fuerza hasta que se introduce por completo y sus cojones golpean el clítoris de Aymara.
Aymara vuelve a gemir por la sensación del pene de Fabián penetrándola hasta el fondo; el roce es intenso apesar de lo mojada que está.
Fabián susurra: «estás… tan… caliente.»
Aymara se muerde el labio cuando Fabián le tira del cabello una vez más.
Fabián se mueve hacia atrás, sin salirse del todo, atrayendo a Aymara, dejándola a gatas.
Aymara tiembla sosteniéndose con las rodillas y las palmas sobre el colchón.
Fabián la empuja por la espalda, forzándola a apoyar los codos.
Fabián baja la mirada; observarse a sí mismo entrando en aquella vagina tan apretada le pone mucho.
Fabián la coge con fuerza de las caderas y vuelve a balancear su pelvis hacia adelante, llenándola por completo otra vez.
Aymara suelta un gemido y da un respingo por la fuerza de la penetración y la sensación sobre su clítoris.
Fabián dice: «córrete, Aymara… Córrete ahora, nena.»
Aymara se muerde el labio, tensándose para evitar que el orgasmo se produzca.
Fabián sisea al sentir como la contracción de los músculos vaginales le aprieta y pierde la batalla del autocontrol.
Fabián ve el destello de un espejo de pie que refleja ambos cuerpos unidos en aquella postura tan carnal y comienza a moverse, adentro y afuera, adentro y afuera, cada vez con más fuerza sin dejar de mirarse al espejo.
Aymara se mueve hacia atrás al encuentro de cada penetración Aguantando las ganas de correrse, sin poder dejar de gemir cada vez más, hasta que por fin el deseo y el anhelo quiebran su resistencia.
Fabián siente como Aymara se corre con intensidad y se inclina sobre ella, haciendo que su pelvis choque con las almohadas, entrando con fuerza y permaneciendo inmóvil dentro de ella.
Fabián susurra: «joder…»
Fabián siente las contracciones de la vagina de Aymara y aprieta los dientes y las nalgas para no correrse.
Fabián mete una de sus manos bajo el cuerpo de Aymara hasta que alcanza su clítoris.
Fabián se sostiene con una mano empujando sus caderas hacia adelante estableciendo un ritmo constante con movimientos muy cortos y rápidos, mientras a la vez frota el clítoris con dos dedos haciendo círculos provocando que Aymara gima y se retuerza por la sobreestimulación.
Fabián comienza a ser víctima de su propio castigo y se deja caer sobre el cuerpo de aymara, gimiendo y jadeando.
Fabián susurra: «estás… tan… apretada… y caliente…»
Aymara contrae su vagina de forma voluntaria, apretando el miembro de Fabián.
Fabián la muerde una vez más donde la había mordido antes.
Aymara jadea sintiendo como el pene de Fabián se llena y está a punto de correrse.
Fabián hace un esfuerzo por contenerse, pero el corrientazo que le atraviesa desde los huevos hasta la espalda le anuncia que el punto de no retorno está a la vuelta de la esquina y no lo logra.
Fabián gime y jadea, soltando un gruñido gutural mientras alcanza el orgasmo al mismo tiempo que Aymara.
Aymara gime sintiendo los espasmos de Fabián eyaculando al ritmo de cada una de sus contracciones, ahora involuntarias.
Aymara gira la cabeza aún jadeante; el peso del cuerpo de Fabián la aprisiona deliciosamente contra el colchón.
Fabián pasa su otra mano bajo el cuerpo de Aymara y la abraza con fuerza, temblando, aferrándose a ella como si fuese a escapar o desaparecer en algún momento repitiendo su nombre y cosas que ella no logra entender.
Aymara siente los primeros síntomas de una hipoglucemia y respira profundo para no desesperarse pero le cuesta respirar.
Fabián afloja el abrazo, comenzando a adormilarse, pero se tensa al sentir el cambio en la respiración de Aymara.
Fabián levanta las caderas, saliéndose de la Vagina de Aymara.
Aymara acusa el vacío que deja Fabián, pero está comenzando a sentirse desorientada.
Fabián se espabila estirándose con rapidez para encender la luz de la mesita.
Fabián gira el cuerpo de Aymara y la ve pálida.
Fabián murmura: mierda, maldita sea… estás hipoglucémica, verdad?
Aymara asiente con la cabeza, temblando y sudorosa.
Fabián se levanta con rapidez y se pone el calzoncillo.
Fabián abre la puerta de la habitación y sale corriendo a la cocina.
Las mujeres se impresionan al ver su aspecto, Guillem se pone de pie casi de un salto y sale tras él.
Guillem dice con acento catalán, «qué coño ha pasado, macho.»
Fabián habla en tono severo.
Fabián dice: «¡ahora no, tio, ahora no!»
Fabián coge el azucarero lleno de terrones de azúcar y corre de vuelta a la habitación.
Fabián se sienta en la cama y se inclina sobre Aymara, revisando su pulso.
Fabián le abre la boca a Aymara y mete un pprimer terrón bajo la lengua.
Fabián murmura: «vamos, cielo… nena, mueve la lengua.»
Aymara obedece, moviendo el terrón hasta que logra morderlo para deshacerlo.
Fabián la ve tragar y mete otro terrón.
Kiara entra con un zumo de cajita y una pajita.
Kiara mira el aspecto de Aymara, pero no dice nada al respecto
Kiara dice: «dale este zumo, muñeco, es lo que suele usar cada vez que tiene un bajón.»
Fabián coge la cajita y le lleva la pajita a los labios a Aymara.
Fabián murmura: «vamos cielo, bebe el zumo.»
Aymara comienza a chupar de la pajita.
Kiara asiente al ver que Aymara se va recuperando y le quita el azucarero a Fabián de las manos.
Kiara mira a Fabián.
Kiara dice: «Voy a estar fuera, muñeco… si necesitan alguna cosa pega el S.O.S y vengo en un peo.»
Fabián asiente sin dejar de mirar a Aymara.
Kiara sale de la habitación, cerrando con suavidad.
Aymara se termina el zumo, Fabián coge la cajita y la deja en la mesita.
Fabián mira a Aymara.
Fabián habla con tono severo.
Fabián dice: «Te das cuenta, Aymara? Esto no puede ser, tienes que entenderlo; ¿qué habría pasado si me quedo dormido?»
Aymara se incorpora algo temblorosa.
Fabián la observa sintiendo que el deseo vuelve a arder en su interior.
Fabián cierra los ojos y se levanta de la cama, encendiendo la luz de la habitación.
Aymara espera un momento a que Fabián regrese a la cama.
Fabián se acerca.
Fabián maldice en voz alta al ver las mallugaduras y los moratones que ya comienzan a formarse en la piel de Aymara.
Guillem abre la puerta con rapidez y entra.
Guillem alza las cejas al ver a Aymara.
Fabián le corta el paso para que no vea a Aymara desnuda, pero Guillem ha visto suficiente.
Fabián dice: «fuera de aquí, tio, si te necesitamos yo te aviso, sal ahora… fuera.»
Fabián da un paso hacia Guillem, este retrocede.
Guillem alza las palmas de cara a Fabián y sale de la habitación.»
Fabián se gira, pasándose la mano por la cara, frustrado y con sentimiento de culpa.
Dices con acento venezolano, «Ven aquí, Fabián.»
Aymara palmea el colchón a su lado.
Fabián se acerca a ella, pero le cuesta mirarla, porque su aspecto le excita y le genera culpa a la vez.
Dices con acento venezolano, «Siéntate aquí conmigo, tenemos que hablar.»
Fabián se sienta, aymara se le acerca y le toma las manos.
Fabián está tenso pero al final se deja hacer.
Aymara pasa las manos de Fabián por su cuerpo.
Fabián vuelve a tensarse al sentir que la polla se le endurece de nuevo mientras roza la piel de Aymara.
Dices con acento venezolano, «No hay fracturas, no estoy rota en ningún lado. Tampoco sangro… estoy bien, en realidad más que bien.»
Fabián retira las manos y se frota la cara.
Fabián observa los labios de Aymara, hinchados y las marcas que dejaron sus dedos sobre la piel de su rostro y se muerde el labio.
Aymara espera paciente a que Fabián hable.
Fabián dice: «pero tuviste una hipoglucemia moderada, aymara; eso no es de tomar a la ligera.»
Aymara asiente.
Dices con acento venezolano, «como otras que he tenido durante la madrugada. Esto puede pasar, tenga una sesión o no, Fabián, no ha ocurrido por tener sexo contigo.»
Fabián se pone de pie, exasperado y excitado a la vez.
Fabián la observa y comienza a caer en cuenta de como la ha follado y niega con la cabeza.
Fabián murmura: «querrás decir por haber sido follada.»
Aymara se encoge de hombros.
Fabián dice: «¿Te quedas así… tan tranquila?»
Aymara vuelve a asentir.
Fabián la mira, incrédulo.
Dices con acento venezolano, «De acuerdo, ha sido sexo intenso, pero ha sido consensuado.»
Fabián dice: «¿Sexo consensuado? ¡Me abalancé sobre ti, te he dejado marcas por todo el cuerpo, Aymara, por amor de Dios!»
Aymara se sienta con las piernas cruzadas.
Dices con acento venezolano, «¿quieres que lo analicemos? me puse una dosis para una comida calórica que no fue tal y luego tuve una actividad intensa en corto tiempo. Eso es todo, Fabián. No lo saques de contexto, no sigas reprimiendo lo que deseas, eso es lo que te tiene así.»
Fabián se deja caer en el colchón.
Aymara se gira hacia donde cree que está Fabián.
Dices con acento venezolano, «No ha sido sexo vainilla, no. ¿y qué? ¿Qué te hace creer que mis preferencias han de ir siempre por ahí? ¿Crees que por ser ciega no me gusta el sexo duro, el BDSM?»
Fabián la mira.
Fabián dice: » aymara esto de hoy, sabes que no ha sido del todo BDSM… además, a qué te refieres? así como?»
Dices con acento venezolano, «Tenso, irritable, explosivo, intolerante; en pocas palabras fuera de control. ¿Desde cuando no tienes una sesión? No me refiero a sexo, ya sabes a qué me refiero. Y bueno, si entramos en tecnicismos, no, pero hay que tener en cuenta otras consideraciones, Fabián.»
Fabián baja la mirada y luego cierra los ojos, no puede creer que esté teniendo esta conversación con ella.
Fabián murmura: «no lo sé, hace mucho. Y no sé si pueda verse así, Aymara, lo seguro, sensato y consensuado no es algo alternativo.» »
Dices con acento venezolano, «Igual que yo, pero yo no soy una dominante nata como tú, soy una switch. O al menos solía serlo. Y no, no lo es… pero que hoy no hubiésemos hablado antes, es un atenuante, Fabián. No digo que tenga que ser así, solo te digo que nos ha podido el deseo, el instinto y las ganas exacerbadas por habernos reprimido por tanto tiempo, eso es todo.»
Fabián se muerde el labio, escuchándola hablar así.
Fabián murmura: «tú… antes…»
Fabián no sabe cómo preguntarle.
Aymara se sorprende por su actitud, pero decide explicarle, pensando que quizá eso es lo que necesita Fabián.
Dices con acento venezolano, «Sí, antes de quedarme ciega practicaba BDSM, pero nunca me había animado a subir de nivel y comprometerme en un contrato, por ejemplo. Ya sabes que los Switchs no somos bien aceptados por todo mundo. Luego de quedarme ciega tomé la decisión de avanzar… pero lo hice con la persona equivocada.»
Fabián aprieta los puños con fuerza. Imágenes de Aymara siendo azotada de forma brutal vienen a su mente y le enfurecen demasiado.
Fabián habla con la rabia contenida.
Fabián dice: «quién te marcó, nena?»
aymara niega.
Dices con acento venezolano, «eso ya no importa. Respecto de tu pregunta de antes. No soy masoquista y menos irresponsable. Me equivoqué una vez y esa fue la consecuencia.»
Aymara busca sus manos a tientas.
Fabián se deja coger anhelando su contacto.
Dices con acento venezolano, «no sé que ha pasado contigo antes, Fabián, pero no eres un tipo oscuro sin control. ahora no, pero tienes que analizar lo que vivimos hoy con objetividad. Vas a ver de qué te estoy hablando.»
Fabián niega, llevándo las manos de aymara a su boca para besarle las palmas.
Fabián dice: «ha sido una locura, aymara. No acordamos palabra de seguridad, tomaste un riesgo muy elevado resistiéndote de esa forma; ni siquiera usamos preservativo; no te preparé adecuadamente teniendo en cuenta el tiempo que llevabas sin tener sexo con nadie. He sido un bestia.»
Aymara asiente, entrelazando sus dedos con los de Fabián.
Dices con acento venezolano, «El riesgo fue hasta cierto punto sopesado. No estábamos solos, Kiara Irina, incluso Belkis y Gina saben atender una hipoglucemia, aunque sea severa; y no sé, tengo la idea de que Guillem habría podido actuar si hubieses pasado tu propio límite y está ese otro colega tuyo también. Ha sido intencional por mi parte y te pido que me perdones por ello… he provocado de forma deliberada tu instinto de dominación y e forzado el intercambio de poder… lo siento, pero en el fondo no me arrepiento de nada.»
Fabián la observa, pensativo.
Fabián murmura: «He podido hacerte daño, Aymi… cada vez que lo pienso, me vuelve loco. tienes que entenderlo, si algo te pasa, si te llegase a lastimar… yo no podría vivir con eso.»
Aymara niega con la cabeza, buscando su rostro para acariciarle con ternura.
Dices con acento venezolano, «Estás equivocado si crees que eres un sádico patológico, Fabián… Estuve con uno y te aseguro que tú no lo eres en absoluto.»
Fabián la mira a los ojos deseando creerle.
Fabián dice: «No lo sé, Aymi. Tengo mucha mierda encima y no quiero llenarte.»
Dices con acento venezolano, «no empieces de nuevo con eso, Fabián. Mira, es así de simple… ¿Después de lo de hoy, estás dispuesto a dejarme ir?»
Fabián niega con la cabeza y luego cae en cuenta de que Aymara no le ve.
Fabián dice: «no, ni de coña… te quiero, aymara. No es que te desee, que quiera follarte o… atarte o azotarte; es que te quiero en mi vida…»
Fabián se queda perplejo al darse cuenta de lo que acaba de decir y guarda silencio.
Aymara sonríe, sabiendo que Fabián comienza a hablar de lo que siente sin reprimirse.
Fabián frunce el cejo.
Fabián dice: «Hablo en serio, Aymara; hay muchas cosas que lo complican todo, cosas que no sabes… y no sé… quizá cuando sepas todo lo que tengo en mi cabeza y mi vida, salgas huyendo.»
Dices con acento venezolano, «Yo también te quiero… Y la verdad, no tengo pensado salir huyendo porque no es mi estilo. si no me quisieras, eso lo cambiaría todo. Pero sé que me quieres, así que deja que yo decida qué sentir, qué hacer y qué pensar; no lo hagas por mí nunca más.»
Fabián se recuesta y la atrae hacia sí, besándola y acariciándola sin fuerzas para seguir negando y reprimiendo lo que siente por ella.
Aymara se separa y luego se apoya en su torso, relajándose con el contacto y el calor de su cuerpo.
Aymara habla en voz baja.
Murmuras con acento venezolano, «ahora mismo no, pero mañana hablaremos del resto de cosas que te están atormentando. ahora mismo necesitamos descansar el cuerpo y la mente.»
Fabián murmura: «Te quiero, cielo… como nunca he querido a nadie… eso me da miedo.»
Aymara se pega más a él.
Murmuras con acento venezolano, «Y yo te quiero a ti, Fabián… tanto, que duele cuando no estás.»
Fabián le acaricia la espalda con la yema de un dedo, hasta que Aymara se duerme.
Fabián estira el brazo y tira del nórdico, cubriéndose y con él a Aymara.
Fabián siente como si el peso sobre sus hombros y su mente comenzasen a ceder por fin.
Fabián se relaja y cierra los ojos; minutos después se queda dormido, vencido por todo lo vivido durante el día.
Fuera de la habitación…
Kiara acaba de despedir a gina y a Belkis que se han ido a su casa, quedando pendiente por si alguna otra cosa ocurriese.
Kiara mira a Irina.
Kiara dice: «vamos Rina, vamos a dormir, quédate conmigo y este par de machotes que duerman en este cuarto, en el sofá no, que me lo deforman con esos cuerpos que tienen de gorilas.»
Guillem y Anzola asienten y se ponen de pie.
Guillem se acerca a la habitación donde está Fabián con Aymara y abre solo un poco la puerta.
Guillem se relaja al verlos durmiendo juntos.
Guillem cierra de nuevo la puerta con mucho cuidado.
Guillem murmura con acento catalán, «parece que la tormenta ha sido superada con éxito.»
Kiara murmura: «menos mal, besucón… mira que si no, la culpa no me iba a dejar descansar en paz ni después de muerta.»
Guillem sonríe y le estampa dos besos en las mejillas a Kiara.
Guillem murmura con acento catalán, «ve y descansa… veremos como amanece mañana.»
Kiara asiente y entra en su habitación, Irina entra tras ella.
Guillem entra en la otra habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Nueva escena de rol: De cenas y emociones a flor de piel

Punto de vista: Kiara.

Apartamento
Es un apartamento de una planta, 3 habitaciones, dos baños y un salón comedor, con una decoración práctica y minimalista. Desde la terraza puede verse gran parte del centro de madrid y sus alrededores.
Anzola entra y se quita el plumas.
Fabián se quita el anorak y espera a que Kiara entre y cierre la puerta.
Kiara cierra y se quita el anorak.
Irina está en la cocina junto a Aymara.
Dices: «pasen ahí al salón. en nadita vamos a comer y más vale que dejen el plato limpio. si no me arrecho y los pongo a lavar el platerío.»
Anzola alza la mano derecha.
Anzola dice: «Juro solemne, comerme todo lo que me sirvais.»
Kiara ríe.
Fabián dice: «ostras, tio; tú con tal de no mover un dedo en la cocina juras lo que sea.»
Anzola se encoge de hombros.
Anzola dice: «soy un tio listo, le doy gusto a la mano que me quiere dar de comer… mucho más si es gratis, macho.»
Dices: «anda, siéntate ahí con el muñeco este. Ya vengo.»
Anzola asiente.
Kiara le quita los abrigos y los cuelga en un perchero junto al suyo y el resto y se dirige a la cocina.
Fabián se deja caer en el sofá, pensativo.
Anzola se sienta a su lado.
Anzola dice: «venga, deja de pensar y darle vueltas. Desconecta esta noche… si no por ti…»
Anzola mira hacia la cocina de reojo.
Anzola dice: «Hazlo por la mujer de moreno. Se ve por encima que está preocupada por ti y dirás lo que sea, pero creo que tiene razón de estarlo.»
Fabián se recuesta del espaldar y cierra los ojos.
Fabián murmura: «sí, estoy hecho mierda, pero tengo que seguir y punto.»
Kiara sale de la cocina con un par de cervezas.
Dices: «Dos cervecitas mientras tanto. ya casi está todo.»
Anzola coge una botella y se la pasa a Fabián.
Fabián toma la botella y la apoya en su muslo.
Anzola coge la otra botella y le da un trago.
Kiara asiente y vuelve a la cocina.
En la cocina…
Irina está sacando platos y cubertería de los gabinetes y cajones.
Irina dice: «Esperamos a alguien más, Kia?»
Dices: «Belkis viene cuando termine, le sonó el busca justo cuando ya nos íbamos y bueno, a ella todavía le quedaba hora y media de guardia. Gina me dijo que tenía una cena en su casa, que si terminaba temprano venía, pero no creo, es con el tipo este que le gusta… le dije a Guillem, pero no tengo idea de si al final vendrá, no me confirmó nada. Así que sirvamos ahora para nosotros, luego si llegan los demás, les servimos.»
Irina asiente y sale con los platos y los cubiertos.
Aymara está sirviendo el postre en unas tazas.
Kiara mira a Aymara y aprovecha que están solas en la cocina.
Dices: «traje al muñeco conmigo.»
Aymara sigue sirviendo las tazas con sumo cuidado.
Kiara la detiene, poniéndole una mano en el antebrazo con el que sostiene la cucharilla.
Aymara alza la cara.
Dices: «no te me hagais la loca, Aymi.»
Aymara murmura con acento venezolano, «no me hago la loca, Kia… pero qué quieres que haga? sigue evitándome. No puedo obligarle a que hable conmigo… menos a que me dé explicaciones.»
Kiara se gira y mira hacia el salón.
Murmuras, «yo creo que siente muchas cosas por ti y tiene miedo, Aymi.»
Aymara se vuelve a encoger de hombros.
Aymara murmura con acento venezolano, «prefiero no especular sobre lo que siente y lo que no… y tú, deberías hacer lo mismo, Kia. No es un niño.»
Kiara inspira profundo.
Murmuras: «No, no es un niño… pero lo está pasando mal y necesita mucho apoyo.»
Aymara aprieta una de las tazas con fuerza.
Aymara murmura con acento venezolano, «no dudo de tu palabra, Kia… pero se ve que él no quiere ni necesita mi apoyo, ni nada de mí… al menos más de lo que hago.»
Kiara alza una ceja.
Murmuras: «tienes derecho a estar dolida… pero no dejeis que eso te bloquee el paso cuando tengais la oportunidad de estar con el muñeco.»
Aymara niega con la cabeza.
Dices: «vos podeis creer que me engañais, pero se te nota que el muñeco te mueve el piso y toda la casa, caramelo.»
Aymara dice con acento venezolano, «No sabes lo que dices, Kia.»
Kiara le quita las tazas a Aymara de la mano y las pone en una bandeja.
Dices: «vos sigue engañándote si quereis. Ya luego me cuentas como fue que hiciste para recoger las pantaleticas del suelo, caramelo.»
Aymara reprime una carcajada.
Aymara dice con acento venezolano, «coño, Kia no puedo contigo, chica. tú y tus vainas.»
Dices: «ni yo puedo conmigo, caramelo, no hay peo con eso. Pero no camiés de tema así, que te conozco pajarita. Te lo digo en serio, Aymi, no te bloqueeis con el muñeco.»
Aymara dice con acento venezolano, «está bien, ahora deja que termine de hacer esto.»
El timbre de la puerta suena.
Kiara sale disparada para ver quien es.
Irina regresa a la cocina.
En el salón…
Kiara abre la puerta.
Guillem está de pie, vestido con vaqueros, unas botas y un plumas negro.
Dices: «coño, de lo que se está perdiendo la Belkis. Pasa, únete ahí al resto de machotes en su rincón, que estamos a punto de servir.»
Guillem da un paso y le estampa dos besos a Kiara.
Kiara da un paso atrás, niega y cierra la puerta tras de sí.
Dices: «tú aprovecha que no está Moreno, que luego a ver cuando puedes seguir siendo el besucón.»
Guillem se ríe, mientras se quita el plumas y lo cuelga con los demás.
Guillem se acerca al salón.
Anzola se pone de pie y le extiende la mano a guillem.
Guillem le coge la mano y luego le palmea el hombro.
Guillem dice con acento catalán, «que hay, cabrón? Supe que fue bien lo del peque con FOP.»
Guillem mira a Fabián.
Fabián da un trago a la cerveza, terminándola.
Guillem dice con acento catalán, «que, celebrando que te vas pareciendo al personaje más visto y detestado en los últimos tiempos, maricón?»
Fabián alza la mirada.
Fabián dice: «Que te den a ti también, cabrón.»
Anzola niega con la cabeza, reprimiendo la risa.
Kiara va hacia la cocina.
Irina sale con la ensaladera.
Irina saluda a los hombres y deja la ensaladera sobre la mesa.
Los hombres corresponden al saludo.
El timbre suena de nuevo.
Guillemm dice con acento catalán, «seguid con vuestras tareas, yo ocupo el trabajo de maitres, o portero, lo que más os guste, o lo que pagueis mejor, que no me quejo si me dejais repetir, ¿eh?.»
Guillem va hacia la puerta y abre.
Belkis está sujetando una bandeja alargada, haciendo equilibrio con una sola mano.
Guillem sonríe al verla.
Belkis lo mira.
Belkis dice: «tio y si me echas una mano con esta bandeja?»
Guillem dice con acento catalán, «claro, guapa.»
Guillem le quita la bandeja de la mano y se aparta a un lado sujetando la puerta para que pueda pasar.
Belkis entra con rapidez.
Guillem empuja la puerta con el pie y camina hacia la cocina.
Kiara lo intercepta en la puerta y le quita la bandeja de las manos.
Dices: «media vuelta, que este territorio ha sido reclamado por la fuerza femenina y no queremos infiltrados.»
Guillem arma un teatro agarrándose el pecho.
Guillem dice con acento catalán, «hieres mi corazón sensible. Luego os quejais de que somos machistas.»
Kiara lo mira con los ojos entrecerrados.
Dice: «mira, besucón, tú vete ahí a tu rincón… machismo un coño, pasa que les encanta meterle la mano a todo y se lo tragan antes de servir. Así que, azu azu, fuera. Ya te tocará el turno de lavar platos.»
Guillem ríe y se da media vuelta.
Tras Guillem sale Irina con una bandeja que huele delicioso.
Guillem se gira para ver a Belkis con una bandeja con varias copas, Kiara con la bandeja que le quitó de las manos y un cuchillo y otra chica que camina con lentitud mientras lleva en las manos, una bandeja con tazas y algo que parece acaramelado.
Las mujeres se acercan a la mesa.
Fabián ve a Aymara y su expresión cambia por completo.
Anzola y Guillem se miran el uno al otro.
Fabián deja la botella en el suelo y se pone de pie, caminando hacia la chica y quitándole la bandeja.
Guillem alza las cejas.
La chica se queda inmóvil un instante.
Fabián dice: «Aymi… »
Aymara alza el rostro siguiendo la voz de Fabián.
Guillem se fija en la expresión corporal de ambos.
Guillem susurra para sí: «sex is in the air.»
Aymara dice con acento venezolano, «Hola, Fabián.»
Anzola también se ha fijado en la reacción de su colega ante aquella mujer.
Kiara mira de soslayo.
Dices: «bueno, no se queden ahí como pajarito en rama, vamos a comer, que me muero de hambre.
Guillem y Anzola se acercan a la mesa.
Kiara le quita la bandeja a Fabián y lo mira.
Fabián no ha dejado de ver a Aymara.
Dices: Muñeco, hazme el favor de ubicar al caramelito este en esta silla, tú te sientas en esta otra.»
Fabián mira a Kiara.
Kiara le señala las sillas.
Fabián dice: «claro, faltaba más.»
Fabián separa la silla para Aymara.
Fabián guía a Aymara colocando su mano con suavidad sobre el espaldar de la silla.
Aymara se deja caer, sentándose con delicadeza.
Fabián se sienta a su lado.
Belkis, Irina y Kiara se miran entre sí, disimulando un poco la diversión que les ocasiona el cambio de actitud de Fabián cada vez que ve a Aymara.
Irina y Kiara van sirviendo en cada plato la ensalada de gallina, el pernil horneado en salsa de naranja y romero y el pan de jamón.
Guillem destapa una botella de vino que está en la mesa y va sirviendo las copas.
Fabián se gira un poco.
Fabián murmura: «ya te mediste y te pusiste la insulina?… Calculaste las calorías?»
Fabián mira la mesa en un vistazo general.
Fabián murmura: «porque esto es muy calórico y…»
Aymara murmura con acento venezolano, «Sí, por supuesto, Fabián… no te preocupes.»
Fabián murmura: «claro que me preocupo, eres mi…»
Fabián se muerde la lengua.
Guillem sigue con detenimiento la conversación, se sorprende por la actitud de su amigo, pero disimula.
Kiara se da cuenta e interrumpe.
Dices: «deja a Aymi comer y come tú,muñeco, que se te enfría el pernil.»
Fabián se gira, aprieta los dientes y asiente.
Anzola come con gusto igual que el resto.
Anzola dice: «joder macho, que bueno está esto.»
Irina asiente mientras come.
Irina dice: «la verdad es que Kiara se destaca en la cocina.»
Kiara niega mientras mastica y traga.
Dices: «nada de eso, lo que pasa es que me gusta comer, que es una verga muy diferente.»
Guillem dice con acento catalán, «pues a ver si me consigo yo una que también le guste comer. que demasiadas tias andan siempre pensando en calorías y todas esas gilipolleces.»
Aymara traga y da un sorbo a su copa.
Aymara dice con acento venezolano, «bueno, aquí esas chicas no las vas a encontrar. Yo cuento calorías pero es por mi diabetes.»
Guillem la observa.
Guillem dice con acento catalán, «ah, eres diabética?»
Aymara asiente.
Guillem la observa con más atención, fijándose en lo guapa que es la chica.
Guillem dice con acento catalán, «Supongo que tu ceguera es consecuencia de tu diabetes, no?»
Aymara asiente mientras mastica.
Fabián come sin dejar de prestar atención a la conversación entre ambos.
Guillem da un trago a su copa de vino.
Guillem dice con acento catalán, «cambiando de tema, no has pensado en usar lentillas cosméticas, guapa?»
Aymara alza la mirada del plato y mueve un poco el rostro buscando el orígen de la voz.
Fabián deja los cubiertos a un lado del plato.
Fabián dice: «Se llama Aymara, Guillem.»
Guillem alza la ceja izquierda viendo a Fabián, luego se vuelve a enfocar en la chica.
Guillem dice con acento catalán, «así que tú eres Aymara. Pues mucho gusto, no nos habíamos cruzado por aquí, verdad? No habría olvidado tu rostro. Eres guapísima.»
Aymara se sonroja.
Aymara murmura con acento venezolano, «bueno, gracias. Y no, me parece que no habíamos coincidido antes. Respecto de las lentillas, para qué querría usarlas? No tengo por qué esconder mi ceguera; sin mencionar el gasto y la incomodidad que implica eso de usar lentillas. al que no le gusten mis ojos, pues que vea como hace, siempre puede elegir mirar a otro lado, ¿no?.»
Guillem sonríe ante la respuesta de Aymara.
Fabián aprieta los cubiertos con fuerza.
Guillem dice con acento catalán, «Muy buena respuesta, guapa.»
Guillem intercambia algunas palabras más, mientras Fabián observa, adoptando una actitud bastante territorial.
Fabián dice: «se te va a enfriar la comida, macho.»
Guillem mira a Fabián, divertido.
Guillem dice con acento catalán, «tú crees?»
Fabián dice: «No, no lo creo, estoy seguro.»
Anzola alza las cejas.
Irina, Kiara y Belkis se miran.
El timbre de la puerta suena una vez más.
Aymara empuja su silla y se levanta con rapidez.
Aymara dice con acento venezolano, «Ya voy yo, sigan comiendo.»
Aymara se dirige a la puerta.
Fabián se la come con la mirada de una forma tan evidente, que los hombres se miran entre sí, pero guardan silencio.
Aymara abre la puerta.
Gina está frente a Aymara.
Gina dice con acento madrileño, «Hola, Aymi. Puedo pasar?»
Aymara le extiende las manos.
Gina se las coge.
Aymara dice con acento venezolano, «claro, pasa por favor. ¿Estás bien? No te escucho como siempre.»
Gina le da un abrazo corto y se separa.
Aymara cierra la puerta.
Gina entra hacia el salón y se detiene al verlos todos sentados a la mesa.
Gina dice con acento madrileño, «Buenas noches, chicos. Seguid comiendo, por favor. Pensé que ya habriais terminado de cenar.»
Kiara mira a Gina y achica los ojos.
Dices: «A ver, a ti qué coño te pasó? tienes cara de sapito aplastao en el pavimento. Ven acá, y suelta todo.»
Aymara se acerca a su silla, pero no se sienta inmediatamente.
Guillem se levanta y va a por una silla a la cocina.
Gina inspira profundo.
Guillem acerca la silla y la deja junto a Kiara.
Kiara palmea el asiento, Gina se acerca y se deja caer.
Guillem se sienta y comienza a comer de nuevo.
Dices: «A ver Gin, suelta todo todito todo pero para ayer, porque esa cara no me cuenta cosas bonitas y si ese tipo te hizo alguna vaina, le hago tragarse la botella que sea con corcho y todo, te lo advierto.»
Gina niega y sonríe.
Gina dice con acento madrileño, «él no ha hecho nada en el fondo, quizá ese es el problema. que no hace nada. Hasta su terapeuta es quien me escribió para avisarme que iban a casa hoy.»
Fabián recuerda los mensajes en su móvil y se levanta a buscarlo en el anorak.
Irina le da un apretón a Gina en el antebrazo, solidaria.
Belkis bebe de su copa y suspira.
Belkis se gira hacia Gina.
Belkis dice: «Gin, no es por nada, pero tienes que darte cuenta que ese tio no es para ti. Puede ser buena persona, tener buen humor y demás, pero vuestras diferencias son demasiadas… y ni hablar de la chica esa que tiene por hermana.»
Gina hace una mueca.
Gina dice con acento madrileño, «Es tan territorial con él. me da repelús la forma en que actúa y lo peor es que él parece tan acostumbrado que no dice ni hace nada. No sé, la verdad.»
Anzola silba bajito.
Fabián saca su móvil del bolsillo del anorak.
Guillem busca a Fabián con la mirada y lo ubica junto al perchero.
Fabián desbloquea la pantalla y busca la aplicación de mensajes.
Gina dice con acento madrileño, «En fin, quiero ayudarlo y sí que me gusta, pero no sé si pueda lidiar con ese asunto que tiene con su hermana.»
Aymara se acerca a la silla donde está Gina, guiándose por las voces.
Aymara dice con acento venezolano, «siento mucho que la cena no fuese como querías, Gin. Sé que te habías ilusionado mucho.»
Aymara le apoya una mano en el hombro.
Gina posa su mano sobre la de Aymara.
Gina dice con acento madrileño, «No te preocupes, guapísima. Igual gracias por ser tan dulce.»
Kiara mira a Gina y se levanta para coger la botella y servirle una copa de vino.
Kiara le da la copa a Gina.
Dices: «Bebe, luego te daremos dulce de lechosa y verás que se te pasan todas esas penas y se acaba el peo.»
Guillem sigue mirando a Fabián y advierte el cambio en su expresión corporal.
Kiara se fija en Guillem y mira hacia Fabián.
Kiara ve que Fabián cierra los ojos y está apretando el móvil con fuerza.
Kiara alza la voz.
Dices: «¿Muñeco? Ven a terminar de cenar, así luego te desahogas despotricando sobre el tipo este.»
Fabián se gira y echa a andar hacia el salón; al llegar al sofá lanza su móvil, rodeando luego la mesa para sentarse.
Fabián se sienta y bebe varios tragos de su copa de vino.
Fabián mira a Aymara, que sigue aún de pie.
Fabián dice: «Aymi, siéntate y termina de cenar.»
Aymara se tensa por el tono autoritario de Fabián.
Aymara inspira profundo un par de veces antes de girarse hacia la voz de Fabián.
Aymara murmura con acento venezolano, «no soy tu sumisa Fabián; en realidad no soy nada tuyo. Tenlo presente cuando quieras darme órdenes.»
Anzola alza ambas cejjas y se lleva la copa a los labios para mantener la boca ocupada y no meter la pata con ningún comentario.
Aymara le da un apretón en el hombro a Gina con rapidez.
Aymara dice con acento venezolano, «si me disculpan, creo que iré a casa, luego me cuentan que tal ha quedado el dulce de lechosa.»
Aymara se da media vuelta metiendo su mano en el bolsillo para buscar las llaves.
Fabián dice: «maldita sea, aymara.»
Fabián deja la servilleta sobre el plato y selevanta con rapidez, rodeando la mesa y caminando a zancadas en dirección a aymara.
Irina se tensa un poco pero guarda silencio.
Belkis dice: «Fabián, haz el favor…»
Kiara frena a Belkis con la mirada.
Anzola murmura: «menuda llegada del espíritu de la navidad, macho.»
Murmuras: «esperemos a que el muñeco salga de estas. Esto iba a pasar tarde o temprano.»
Guillem observa a Kiara, pensativo.
Guillem mira de soslayo la escena sin estar tan seguro de que sea buena idea dejar que todo siga el curso que parece avecinarse.

Nueva escena de rol: De maldiciones wayú y comparaciones

Punto de vista: Fabián.

Catorce horas después del diagnóstico de Benxamín…
Comunidad de Madrid; hospital Universitario La Paz; Habitación de Descanso.
Es una habitación con el espacio suficiente para cuatro literas, un sofá de 3 puestos, una mesa rectangular donde pueden coincidir hasta 6 personas a la vez, un mueble para guardar enseres y algunos alimentos no perecederos sobre el que descansa una cafetera y un microondas. Sobre el mueble, colgando en la pared, un par de gabinetes con llave permiten guardar insumos médicos y medicamentos. Al lado derecho del mueble, una pequeña nevera contiene agua, bebidas isotónicas y bebidas energizantes. A la izquierda, una puerta dirige al baño, en el que hay un par de duchas, dos cubículos con retrete, un espejo y dos lavabos. Frente a las literas, hay varias taquillas colocadas de forma ordenada.

Fabián sale del baño con una toalla alrededor de la cintura, el pelo mojado y el torso aún húmedo de la ducha que acaba de tomar.
Anzola entra en la habitación de descanso, tras él, entra Belkis.
Belkis dice: «en lugar de pagarme, mejor añade mi ganancia al bote. así luego hay con qué comprar el café y el té.»
anzola se gira y achica los ojos.
Anzola dice: «joder, vas a agregar 100 pavos para comprar café y té? Menuda inversionista estás hecha, tia. Con dos cojones, sí señor.»
Belkis alza las cejas al ver a Fabián, que los mira con cara de pocos amigos.
Fabián se acerca a Belkis, quedando a un paso.
Dices: «Tú también vas a empezar con esa mierda de que me parezco a House?»
Anzola aprieta los dientes reprimiendo una risita.
Belkis da un paso atrás mordiéndose la mejilla para no reírse a carcajadas.
Fabián mira a uno y a otro y resopla, dirigiéndose a su taquilla para sacar su ropa y sus cosas.
Belkis va hacia la cafetera y la carga, mientras Fabián saca su ropa y Anzola entra en el baño a tomar una ducha.
Belkis se gira y se sienta en una de las sillas.
Fabián deja sus cosas sobre la cama y se tumba un rato con los ojos cerrados.
Belkis lo mira en silencio.
Belkis se levanta y se sienta en el borde de la cama.
Fabián entreabre los ojos al sentir como se hunde el colchón.
Dices: «qué?»
Belkis suelta una risita.
Belkis dice: «House es más mi estilo, pero tú no estás nada mal, guapetón.»
Dices: «que te den, cabrona.»
Anzola sale del baño con los vaqueros puestos y el torso al desnudo.
Belkis vuelve a reír.
Belkis dice: «como sigas así de gruñón, vas a dar más motivos para que apostemos cuánto te vas a tardar en ir por ahí mordiendo a los residentes, tio.»
Belkis se levanta para servir el café.
Murmuras: «cabrona… que te den por delante y por detrás.»
Belkis sirve café en tres vasos de plástico y los lleva a la mesa.
Belkis ríe.
Belkis dice: «Me gusta más por delante, mi amor.»
Belkis le guiña un ojo a Fabián, divertida.
Fabián se pone los calzoncillos y el vaquero.
anzola se cuelga la toalla al cuello y se deja caer en una silla cogiendo un vaso de café.
fabián se acerca y se sienta frente a anzola.
Belkis se sienta en la cabecera y coge el último vaso.
fabián sopla antes de sorber.
Anzola se estira, haciendo los movimientos que Kiara le ha sugerido haga varias veces al día.
Fabián y Belkis lo miran y se ríen.
anzola los mira sin detener los estiramientos.
Anzola dice: «Qué coño mirais?»
Ambos médicos dicen a coro: «El poder de una amenaza wuayú.»
Anzola farfulla entre dientes, pero sigue estirándose.
Kiara abre la puerta de la habitación de descanso y entra, soltando tacos.
Fabián y Belkis se ríen a carcajadas al verla.
Kiara sale disparada hacia la cafetera, masculla algo que parece un dialecto ininteligible y luego de servirse un vaso de café, se gira cruzándose de brazos delante de los tres.
Kiara dice: «No me vayan a salir con nada hasta que tome café, o les lanzo una maldición Wayú.»
Fabián y Belkis alzan ambas manos en son de paz.
Kiara se vuelve para coger el vaso y luego se deja caer en la silla frente a Belkis.
Kiara mira por el rabillo del ojo a anzola mientras sopla antes de beber.
Kiara da un sorbo al café, el resto de médicos hace lo mismo.
Kiara inspira profundo, se inclina sobre el espaldar y los mira.
Kiara dice: «ahora sí, suelten todo todito todo que ya soy yo misma otra vez.»
Kiara mira a cada médico y apunta a Fabián.
Kiara dice: «A ver tú, Muñeco. ¿cómo coño es que tienes tanta vaina en esa mente? ¿Eres superdotado? o le estás haciendo la competencia al remalparío de House. Porque te digo una verga, te estás pareciendo igualito.»
Fabián pone los ojos en blanco.
Dices: «hay algo llamado libros y papers, y base de datos de enfermedades y genética, por si todavía no lo sabías, Kia.»
Kiara da un sorbo largo al café.
Kiara dice: «me parece que vas apostando por la segunda opción, muñeco. Molleja de genio que cargas últimamente.»
Belkis alza su vaso y brinda.
Kiara la mira.
Belkis bebe del vaso.
Kiara dice: «Imagino que vas a aportar para el café y las galletitas, ¿no?»
Anzola dice: «y la pizza, porque no vais a usar mis 100 pavos solo en café y té.»
Kiara deja el vaso sobre la mesa y mira a anzola.
Kiara dice: «tú, ve contando como ha ido todo con el niño y olvídate de opinar sobre el destino de los reales, eso es cosa mía y de la cirujana de tuberías aquí presente.»
anzola hace una mueca y se termina el café.
anzola dice: «Estuvimos preparados gracias al cerebro con patas que tengo delante de mí y la hemorragia no nos cogió desprevenidos. el niño ya fue trasladado al hospital infantil y Dr. House, que digo… Fábrega inició el procedimiento para hallar el donante. solo esperamos que el enano resista.»
Murmuras: «que te den a ti también, maricón.»
Fabián bebe un trago de café.
Kiara asiente.
Kiara mira a Fabián.
Kiara dice: «tú que crees?»
Fabián se encoge de hombros.
Dices:»Es difícil de predecir. el niño ha estado bien cuidado, pero la Anemia aplásica que presenta es grave. Por suerte no tenemos incidencia de infecciones nosocomiales, así que ahora solo dependemos del sistema inmunitario del peque.»
Kiara dice: «imagino que superada la crisis le remetirán a fisiatría, ¿no?»
Anzola dice: «en teoría, pero ya sabes que depende de lo que servicios sociales dictamine al final.»
Kiara se termina el café.
Kiara se levanta y tira el vaso en la papelera.
Kiara dice: «Pero no se le puede negar el tratamiento, ¿no?»
Anzola niega.
Anzola dice: » No, pero como es una enfermedad tan incapacitante, servicios sociales podría insertarlo en la IDO, asignarle un tutor… y conociendo a cierto personaje, si se le mete en la cabeza que la madre no está en capacidad de ser su tutora, ya te imaginarás.»
Kiara dice: «Eso es absurdo, es su madre… quién va a cuidar de él mejor que ella?»
Fabián se pone de pie, incómodo ante la referencia.
Kiara se acerca de nuevo a su silla y se deja caer.
Kiara mira a Fabián.
Anzola dice: «Es una mujer sencilla, Kiara. Trabaja limpiando en un restaurante de Imperium más horas de las que pasa en casa. su marido era agente de IPS; no tiene familia, no sabe de la familia de su marido. La ayuda la vecina, porque se turnan para cubrirse en el cuidado de los críos. Su hijo, si sobrevive, va a necesitar cuidados, precauciones en casa, en el cole. ¿Qué piensas que dirá Mayra en ese caso?»
Belkis se levanta y tira su vaso en la papelera.
Kiara suelta un montón de palabrejas ininteligibles.
Belkis se mueve hasta donde está Kiara y le apoya las manos sobre los hombros.
Belkis aprieta los hombros de Kiara.
Kiara mira a Fabián y luego a anzola.
Kiara dice: «hijadeputaremalparíacoñoesumadremamagüevo…»
Kiara inspira profundo al quedarse casi sin aire.
Belkis le da otro apretón suave.
Kiara dice: «No se puede hacer nada para que ella no tome el caso?»
Fabián permanece de pie, tenso, ahora de cara a la cafetera.
Anzola se encoge de hombros.
Anzola mira a Fabián y luego a Kiara.
Kiara dice: «a esa la han tenido que tirar de la cuna cuando chiquita, porque no se puede ser normal siendo así tan maldita.»
Fabián cierra los ojos, apoyando ambas palmas sobre el mueble.
Un busca suena en este lugar.
Belkis coge su busca, lo mira y lo vuelve a dejar en su bolsillo.
Belkis dice: «tengo que irme… Mantenedme informada del caso, por favor.»
Belkis mira a Fabián, tenso como cuerda de guitarra y luego mira a anzola de forma significativa.
Anzola se fija en Belkis y le hace señas de que marche tranquila.
Kiara dice: «Anda a reparar otras tuberías, ya nos vemos cuando termines.»
Belkis asiente a Kiara y sale disparada, dejando que la puerta se cierre por sí sola.
Anzola sigue mirando a Fabián con atención.
Kiara sigue la mirada de Anzola.
Fabián se gira con rapidez, se pone una sudadera, coge su cartera, las llaves, el móvil y su anorak.
Anzola se pone en pie, mientras Kiara se levanta y se para en la puerta junto a Anzola.
Fabián se frena en seco al ver a ambos cortándole la salida.
Dices: «quitaos de en medio, qué coño os pasa a los dos?»
Kiara se le acerca y le apunta con un dedo en el pecho.
Kiara dice: «si vos, muñeco, te estais creyendo que te vamos a dejar hacer una estupidez, estais loco, de aquí no sales solo. Tú y yo nos vamos a ir y tu vais a ser un buen tipo y vais a venir a cenar en mi casa.»
Fabián achica los ojos y aprieta con fuerza el anorak.
Dices: «mi turno terminó hace más de dos horas.»
Kiara sigue parada frente a él.
Kiara dice: «y el mío hace una. Da la misma vaina. De aquí te vais conmigo y con anzola si quiere venir a probar comida venezolana.»
Fabián tira el anorak sobre la cama y se cruza de brazos.
Dices: «le acabas de decir a Belkis que os veíais cuando terminase. ¿Te crees que soy idiota?»
Anzola alza las cejas ante el tono de Fabián.
Kiara dice: «Idiota no, pero sí es verdad que últimamente me estoy pensando eso que te dice Moreno… ¿cómo es que es la verga que te dice?… ah, sí, soplapollas.»
Fabián mira a Anzola.
Anzola aprieta los labios para no reirse.
Fabián aprieta los dientes varias veces, las facciones de su rostro permanecen tensas.
Kiara se cruza de brazos y alza una ceja, esperando el rebote verbal del hombre, pero este no llega.
Fabián da media vuelta y se sienta en una silla.
Dices: «No soy un crío, Kiara.»
Kiara se dirige hacia él, parándose detrás.
Kiara comienza a masajear sobre los trapecios y el cuello de Fabián, mientras le habla.
Kiara dice: «No eres un crío, muñeco; pero estás casi al límite; nosotros lo sabemos y de seguro vos también lo sabeis, pero no te da la perra gana de reconocerlo. Y lo siento, pero no te dejaré así de expuesto a merced de esa hijadeputaremalparía y se acabó el peo, ¿te queda claro?»
Anzola se fija que Fabián comienza a relajarse.
Anzola se aparta de la puerta y va a por el resto de sus cosas a su taquilla.
Kiara sigue trabajando en soltar los nudos de tensión en el cuello y la espalda de Fabián.
Fabián da un respingo cuando Kiara se dedica a un nodo ubicado entre el trapecio y la base del cuello.
Kiara dice: «Respira profundo, muñeco. Ahora duele, pero luego te sentirás mejor.»
Dices: «¿Ella, va a estar allí?»
Kiara sigue apretando y masajeando con firmeza.
Kiara dice: «Sí, va a estar… y vos vais a estar también y no me dirás que no, Fabián.»
Kiara cesa el trabajo en los músculos de Fabián y le pasa una mano por el cabello.
Kiara dice: «vamos, Belkis irá cuando termine lo que sea que tenga que hacer.»
Fabián apoya un instante los brazos sobre la mesa y deja caer su frente, respirando profundo varias veces.
Kiara coge el Anorak de Fabián y va a por sus cosas en su taquilla.
Anzola le apoya una mano en un hombro a Fabián.
Anzola dice: «venga, tio, vamos a cenar. que el día ha sido un puto infierno y muero de hambre.»
Fabián levanta la cabeza con lentitud, luego hace lo mismo con el resto del cuerpo hasta ponerse de pie.
Kiara le entrega su anorak, luego se pone el suyo y pasa un brazo alrededor del brazo de Fabián.
Anzola abre la puerta y los tres salen de la habitación de descanso.
Un rato después, en la planta baja del hospital…
Kiara va del brazo de Fabián, anzola va del otro lado. Los tres salen del hospital charlando sin percatarse de que alguien les está mirando.
Oculta tras una columna, Mayra está pulsando en la pantalla de su móvil con rapidez.
Comunidad de Madrid; Plaza de Castilla.
Te encuentras en una gran plaza situada al norte de la ciudad, en el distrito de Chamartín. Está atravesada por el tramo final del Paseo de la Castellana, Y constituye el centro neurálgico del barrio de Castilla.
Ves obelisco de Calatrava y Monumento a Calvo Sotelo aquí.

El móvil de Fabián vibra.
Fabián se detiene un instante.
Kiara lo mira.
Kiara dice: «¿Qué pasa?»
Dices: «Tengo mensajes en el móvil.»
Fabián va a sacar el móvil del bolsillo del anorak, pero Kiara lo detiene.
Kiara dice: «míralos cuando lleguemos, si fuese importante te habría sonado también el busca.»
Fabián piensa un instante y asiente.
Los tres emprenden la caminata hasta el estacionamiento.
diez minutos después…
Mayra sigue mirando la pantalla del móvil, temblando de la rabia al ver que Fabián no ha respondido a sus mensajes.
Mayra vuelve a leer los mensajes enviados, buscando algún desliz en la provocación.
SMS Enviado: «Qué terrible lo del niño de piedra, ¿verdad? Sería una verdadera tragedia si no llegase a conseguir ese transplante.»
SMS Enviado: «¿No te gustaría poder ayudarle, Fabi? Yo podría ayudarte a ayudarles, si tú quieres.»
Mayra cierra la aplicación de mensajes y deja el móvil sobre su escritorio.
Mayra murmura: «pagarás por tu indiferencia… y el precio va a ser muy alto, cariño.»
Sentada a oscuras mirando al vacío, Mayra se queda absorta en sus pensamientos.

Nueva escena de rol: Benxamín, el niño de piedra

Punto de vista: Fabián.

Comunidad de Madrid; hospital Universitario La Paz.
Te encuentras en un centro hospitalario de titularidad pública, situado en el distrito de Fuencarral El pardo. Está administrado por el Servicio madrileño de salud y es uno de los principales hospitales de referencia. También es centro de referencia nacional e internacional en varias áreas específicas de elevado nivel de desarrollo científico y tecnológico.

La aglomeración en este lugar te impide identificar a personas concretas.

Fabián sale del cafetín; a su lado, Paloma camina concentrada en lo que está escuchando.
Mayra, de pie junto a la puerta de servicios sociales los observa sin perder detalle.
La puerta de servicios sociales se abre.
Lourdes sale y se sorprende al ver a Mayra en la puerta.
Lourdes se gira para ver qué tiene a Mayra tan entretenida.
Lourdes ve a Fabián entrando a urgencias seguido por Paloma.
Lourdes va a hablar, pero decide a última hora guardarse el comentario.
Mayra se gira empujando la puerta con fuerza.
La puerta se golpea contra la pared.
Un paciente que espera sentado en una silla se sobresalta por el ruido.
Lourdes suspira y sigue hacia el Hospital infantil.
Mayra llama al paciente que espera fuera.
El paciente entra y cierra la puerta con suavidad.
Veinte minutos después…

Almudena sale de Urgencias Generales con Paloma, rumbo a la cafetería.
Una mujer entra a toda prisa llevando a un niño en brazos.
La mujer llora y jadea, pidiendo con desesperación que alguien le ayude.
Almudena se gira al escuchar los jadeos de la mujer que pide ayuda.
El llanto del niño se confunde con el de la mujer.
Paloma y Almudena se miran al mismo tiempo y se acercan a toda prisa para asistir a la mujer.
La mujer sostiene al niño con fuerza, ambos están manchados de sangre por todos lados, lo que hace difícil saber quién de los dos está más herido.
Almudena y Paloma ayudan a la mujer a entrar en urgencias.
Comunidad de Madrid; hospital Universitario La Paz; Servicio de Urgencias Generales.
Es un servicio que cuenta con cuatro salas de observación con capacidad para 54 pacientes, además de una sala de preingreso para 30 pacientes y una sala de tratamientos con 30 sillones.
Te encuentras con Fabián, Anzola y Natsu.
Fabián está hablando con Natsu cuando la puerta se abre.
Natsu dirige la mirada hacia las enfermeras y la mujer que carga un niño en brazos.
Fabián se gira.
Dices: Paloma, Llévalos al box1 que es más grande y se pueden ubicar dos camas.
La mujer llora y niega con la cabeza.
La mujer dice con acento asturiano, «Yo estoy bien, no es mi sangre, es la de mi Benxamín. No puedo hacer que pare, no puedo…»
Natsu mira a Anzola.
Natsu dice: «Estaré en el laboratorio, doctor.»
Anzola asiente, la chica se marcha.
Fabián se acerca a la mujer.
Dices: «¿Cómo se llama?»
La mujer sigue aferrada al niño que también llora.
Fabián mira a almudena y a Paloma.
Los tres parecen comunicarse en silencio.
Fabián habla con la mujer en un tono que intenta ser tranquilizador, mientras rompe un paquete de guantes y se los coloca.
Las enfermeras imitan a Fabián, colocándose alrededor de la mujer.
Dices: «Escuche, vamos a atender a su Benxamín, pero tiene que soltarlo.»
La mujer parece no escuchar a Fabián.
Fabián mira a Anzola moverse con rapidez.
Fabián sigue hablando con la mujer, esta se ve rígida, aferrándose al niño.
Fabián cuenta con los dedos de una mano.
Paloma y Almudena siguen el conteo, mientras Anzola se para tras la mujer.
Dices: «el niño va a estar bien, haremos que esté bien…»
Dices: «Míreme y dígame cuál es su nombre… vamos, míreme, ¿cómo se llama usted?»
La mujer alza la mirada para ver a Fabián a los ojos.
El rostro de la mujer está lleno de lágrimas.
Fabián asiente con un leve movimiento de cabeza.
La mujer afloja el agarre un instante.
Con rapidez todos actúan separando a la mujer del niño.
La mujer grita y se remueve con desesperación, mientras Fabián y Paloma le quitan al niño y se lo llevan al box para atenderle y Anzola hace lo propio con Almudena, llevando a la mujer al siguiente box.
Fabián comienza a dar instrucciones a Paloma.
El niño llora con fuerza, llamando a su mamá.
Fabián corta las ropas del niño buscando las heridas sangrantes.
Paloma está tomando la vía cuando Fabián por fin encuentra el orígen de la hemorragia.
Murmuras: «mierda.»
Un trozo bastante grande de cristal está incrustado entre la escápula y la columna vertebral. El cristal parece hundido a suficiente profundidad, como para no poder ser extraído sin cirugía.
Dices: «Paloma, añade a la solución ringer un vial de vitamina K, esto nos va a llevar algo más de tiempo y hay que parar la hemorragia.»
Paloma asiente y sale disparada.
el niño sigue llorando, Fabián lo observa.
Benxamín
Tiene entre 5 y 6 años. Su cabello negro y ondulado contrasta con el blanco de su piel y el gris pálido de sus ojos. Su bracito izquierdo permanece rígido como si llevase un cabestrillo. el codo se ve más grande de lo normal.
Fabián habla con el pequeño intentando calmarlo.
El niño respira, llora y gimotea sorbiendo mocos de cuando en cuando.
Fabián coloca al niño de costado, dejando al alcance el lado izquierdo.
El niño llora un poco menos, pero sigue llamando a su mamá.
Fabián baja el tono para hablarle al niño con suavidad.
Dices: «Mamá está aquí al lado, ¿vale? En lo que te curemos la pupa que tienes, vendrá a cuidarte. Pero tienes que ser valiente y dejar que te ayudemos a que te sientas mejor, ¿sí?
El niño se relaja un poco escuchando a Fabián y asiente con la cabeza, aunque sigue llorando y sorbiéndose los mocos.
Fabián sigue evaluando al niño, procurando rodear con gasas la herida sangrante.
Paloma entra, y se acerca a la cama.
Paloma observa lo que hace Fabián y espera un momento para poder tomarle la mano al niño y colocarle el vial en la solución.
Benxamín murmura con acento asturiano, «me duele… me duele mucho… quiero a mi mamá.»
Fabián procura no tocar más la herida del cristal y se dedica a limpiar el resto de heridas que el niño tiene en la espalda, retirando las esquirlas de cristal que puede sacar usando una pinza con toda la delicadeza de que es capaz.
Benxamín sigue llorando mientras llama a su mamá.
Benxamín murmura con acento asturiano, «me duele mucho… quiero a mi mamá, por favor, quiero a mi mamá.»
Fabián termina de desinfectar las heridas y se quita los guantes tirándolos a la papelera.
Dices: «lo sé, campeón. ahora iré a ver cómo está y en lo que pueda la traeré.»
Benxamín mira a fabián, los ojos siguen irritados y húmedos de tanto llorar.
Benxamín murmura con acento asturiano, «lo prometes?»
Fabián rodea la cama y se detiene tras Paloma y alza su mano derecha para que el niño lo vea.
Dices: «Lo prometo… pero tú tienes que prometerme que vas a ser muy valiente y nos vas a ayudar para que te pongas bien, ¿sí?»
Benxamín asiente con la cabeza, mientras mira a Paloma que está abriendo el empaque de una jeringa.
Dices: «Paloma, toma la muestra y luego coloca el vial. Iré a por el Rx y la madre del peque.»
Paloma asiente a Fabián.
Benxamín mira con cierto pavor la jeringa temblando cada vez que la ve más cerca.
Paloma le sonríe y le acaricia el cabello.
Paloma dice con acento almeriense, «No tengas miedo, te prometo que lo haré mu rapidito y solo será como cuando te pica un mosquito.»
Benxamín abre mucho los ojos.
Benxamín dice con acento asturiano, «de verdad? Lo prometes?»
Paloma asiente.
Benxamín intenta limpiarse los mocos subiendo el brazo izquierdo, pero chilla de dolor.
Paloma intenta sostenerle el brazo con cuidado hasta que el pequeño se calma un poco.
Paloma comienza a hablar con el niño para entretenerle.
Paloma dice con acento almeriense, «Dime, ya le has hecho la carta a los reyes?»
Benxamín niega.
Paloma abre mucho los ojos Haciendo muchas muecas.
Benxamín se fija en la cara de la chica.
Paloma aprovecha de seguir hablando para tomar la muestra.
Benxamín se encoge un instante pero no llora; Paloma sigue haciendo muchas muecas mientras habla de los reyes, las cartas, el belén y un abeto enorme que adornó en su casa.
Benxamín interrumpe la cháchara de Paloma para preguntar por su mamá.
Paloma mira hacia la pared del box contiguo.
Paloma dice con acento almeriense, «está aquí al lado, ya enseguidita te la trae el doctor.»
en el box contiguo.
Fabián mira a la mujer tumbada en la cama con un pijama sanitario limpio, ahora más tranquila por el sedante que le colocó almudena por orden de Anzola.
La mujer mira a Fabián y los ojos se le humedecen.
Dices: «Benxamín está aquí al lado. Lo estamos atendiendo, pero necesito hacerle algunas preguntas y que firme una autorización pues hemos de ingresarlo en quirófano.
La mujer se incorpora trastabilleando al bajarse de la cama.
Fabián la sostiene y la ayuda a sentarse en la silla que está junto a la cama.
Fabián se acuclilla.
dices: «Necesitamos que permanezca tranquila y nos dé la información que le vamos a solicitar. Mientras más pronto lo hagamos, más pronto tendremos hecha la historia y más pronto le operaremos.»
La mujer dice con acento asturiano, «operar?»
Fabián asiente, sereno pero con expresión seria.
Dices: «Benxamín tiene un cristal de tamaño considerable que hemos de extraer; el problema es que está sangrando de forma inusual y tiene el brazo rígido, así que no sabemos si ha podido haber un daño más severo.»
La mujer se queda inmóvil un instante como si recordase algo.
La mujer dice con acento asturiano, «Ya tiene historia aquí… lo he traído varias veces porque ha estado enfermo.»
Fabián asiente.
Dices: «recuerda el número de historia?»
La mujer asiente y se lo dice.
Dices: «bien, ahora… dígame, cómo se llama usted?»
La mujer se sorprende un poco.
La mujer dice con acento asturiano, «me llamo Nina.»
Dices: «bien, Nina. Qué es lo que ha tenido benxamín para que lo trajese varias veces?»
Nina dice con acento asturiano,bueno, ha tenido una infección de oídos, una en la garganta y otra en los pulmones.»
Fabián va apuntando mentalmente lo que la mujer le dice.
Dices: «ha tenido alguna fractura, le han escayolado alguna vez?»
La mujer parece pensar y luego niega.
Nina dice con acento asturiano, «se ha caído como les pasa a los críos, pero no ha pasado de ser hinchazón o moratones.»
Fabián asiente.
Dices: «ha tenido alergias, alguna cosa que no pueda comer, alguna medicación que le haya sentado mal?»
Nina niega.
Nina mira a Fabián.
Nina dice con acento asturiano, «quiero ver a mi niño.»
Fabián se yergue y asiente.
Dices: «vamos a hacer unas placas y luego le dejaremos estar con él.
Nina dice con acento asturiano, «está bien, doctor.»
Fabián ve a la mujer antes de salir del box.
La mujer se aferra a la camisa del pijama sanitario con fuerza.
Quince minutos después…
Fabián está en el pequeño despacho, de pie frente al negatoscopio mirando las placas que acaban de realizarle a Benxamín.
Anzola entra y mira hacia el negatoscopio.
Anzola dice: «me mandaste llamar…¿qué tenemos? ¿Cómo va la madre del peque de hace rato?»
Fabián suspira profundo.
Dices: «La madre mejor ahora con el sedante. Está en el box con el peque mientras se prepara el quirófano.
Anzola mira a Fabián.
Anzola dice: «sí, solo esperamos que el Hospital infantil nos dé la luz verde. haremos el traslado luego de quirófano.»
Fabián asiente.
Fabián se mueve hacia un lado y comienza a señalarle a Anzola zonas radiopacas en la articulación del codo izquierdo y el resto de zonas en las otras dos radiografías.»
Anzola se acerca al negatoscopio.
Anzola murmura: «joder.»
Fabián aprieta los dientes.
Dices: «tú qué crees?»
Anzola aprieta los labios un instante mientras piensa.
Anzola dice: » puede que osteosarcoma o sarcoma de tejido blando…»
Fabián mira a su colega y luego vuelve a mirar las radiografías.
Anzola dice: «qué?»
Fabián coge el protector y el equipo de nuevo.
Anzola lo mira, sorprendido.
Anzola dice: «No me has respondido, tio. A dónde coño vas?»
Fabián se gira un poco mirando a Anzola.
Dices: «Te respondo en lo que vea sus pies.»
Fabián sale con rapidez hacia el box, llevando los protectores, las placas y el equipo.
Anzola sale tras él farfullando.
Anzola murmura: «hostia puta, es verdad que este ya se parece al de la tele, no me jodas.»
Un rato después…
Anzola sale de vuelta al despacho tras Fabián.
Anzola resopla mientras sigue a Fabián de un lado a otro.
Anzola dice: «te estás volviendo majara, macho. para qué tomaste rx de sus pies? suponiendo que sea sarcoma de tejido blando, no va a atacar sus pies en esta etapa.»
Fabián sale del cuarto de revelado con las placas en la mano.
Anzola entra tras él en el despacho.
Fabián cambia las radiografías.
anzola dice: «que te descuenten a ti los exámenes de más, tio. Yo no tengo nada que ver con eso, ¿eh?»
Fabián resopla, concentrado en las radiografías.
Dices: «cierra la boca un minuto, macho.»
anzola alza las cejas por el tono y se queda de pie en la jamba de la puerta.
Fabián se gira de forma intempestiva y coge el auricular del teléfono, marcando una extensión a toda prisa.
Anzola se exaspera y se marcha.
El teléfono da tono.
En el laboratorio de Urgencias han descolgado la llamada.
Dices por teléfono, «Natsu?»
Natsu te dice por teléfono, «Sí… el doctor Fábrega, ¿cierto?»
Dices por teléfono, «Sí. Escucha, la muestra del paciente infantil Benxamín Álamo… necesito que realiceis un conteo de reticulocitos y un hemograma, por favor.»
Natsu te dice por teléfono, «motivo?»
Dices por teléfono, «diagnóstico de anemia aplásica para diagnóstico diferencial de FOP Plus.»
Natsu te dice por teléfono, «De acuerdo, pero llevará su tiempo.»
Dices por teléfono, «comprendo. Hay posibilidad de hacer el exámen genético para confirmar?»
Natsu te dice por teléfono, «hablaré con el jefe de laboratorio y la residente de bioquímica, le aviso cuando tenga respuesta.»
Dices por teléfono, «De acuerdo.»
Natsu cuelga la llamada.
Fabián pone el auricular en su sitio, se fija en que Anzola se ha ido y alza la voz para llamar a Almudena.
almudena entra en el despacho.
Almudena dice: «dígame, doctor.»
Dices: «Llama al doctor Anzola, dile que necesito que venga porque hemos de hablar con la madre del niño del box 1.»
Almudena asiente y sale del despacho.
Un rato después…
Anzola entra en el despacho.
Anzola se deja caer en una silla, mirando a Fabián.
Fabián mira a Anzola.
Dices: «anda y mira los metatarsos de los dedos gordos de ambos pies, anda.»
Anzola hace una mueca y se levanta.
Anzola enciende el negatoscopio y mira las radiografías de ambos pies.
Anzola murmura: «Hostia puta, la madre que lo parió.»
Anzola se fija en que la forma y la calcificación de ambos metatarsos es anómala. Los cambios son sutiles pero perceptibles con la observación detallada.
Anzola apaga el negatoscopio, se gira y se deja caer de nuevo en la silla.
Anzola mira a Fabián y bufa.
Fabián se inclina hacia atrás en la silla.
Fabián alza las cejas, mirando la expresión de su colega.
Dices: «¿qué?»
Anzola baja la mirada.
Anzola murmura: «me acabas de hacer perder 100 pavos.»
Murmuras: «hijo de la gran puta, con quién apostaste esta vez?»
Anzola se acomoda la camisa del pijama sanitario bajo la bata.
Fabián se levanta, arrastrando la silla hacia atrás.
Anzola lo imita sin querer revelar con quién ha perdido la apuesta.
Fabián lo mira de reojo.
Murmuras: «igual lo voy a saber, cabrón. Ahora vamos, hemos de informar a la madre.»
Anzola lo mira.
Anzola dice: «No quieres esperar al exámen genético?»
Fabián niega con la cabeza.
Dices: «tiene historial reciente de varias infecciones de larga duración y poco tiempo entre unas y otras. viste comollegó y como sangraba. Viste las radiografías, tiene el brazo izquierdo inmovilizado, pero dudo que sea por el cristal, además, has visto las imágenes, puedo esperar a confirmar la anemia, lo que no tardará mucho…»
Fabián mira su reloj.
Anzola inspira despacio, acercándose al box.
Dices: «pero dudo que el diagnóstico cambie milagrosamente.»
Ambos médicos entran al box, la madre se gira y al verlos, traga grueso presintiendo malas noticias.
Fabián mira al niño, dormido, recostado de costado.
Nina inspira profundo y sale del box, los médicos la siguen.
Fabián camina hacia las sillas del pasillo, Nina le sigue y se deja caer en una.
Anzola se sienta a su lado izquierdo, mientras Fabián se sienta al derecho.
Nina se aprieta las manos intentando controlar los nervios.
Nina habla con voz quebrada.
Nina dice con acento asturiano, «dígame, qué es lo que tiene mi Benxamín… porque tiene algo, ¿no es verdad?»
Fabián mira a la mujer a los ojos.
Dices: «Falta el resultado de unos exámenes de sangre, pero todo lo que hemos visto nos dice que Benxamín tiene una enfermedad muy poco frecuente que se llama Fibrodisplasia osificante progresiva… La llaman la enfermedad del hombre de piedra»
Nina empalidece llorando cada vez con más fuerza escuchando la explicación de Fabián.
Fabián adopta un tono más suave, intentando que la mujer se calme un poco.
Dices: «Esta enfermedad hace que el cuerpo de Benxamín repare sus lesiones formando hueso donde debería haber solo músculo u otro tipo de tejidos. Cada vez que se cae, que tiene alguna herida, que se le pone alguna vacuna, su cuerpo forma hueso.»
Nina habla, ahogada por el llanto.
Nina dice con acento asturiano, «no entiendo… cómo es que mi Benxamín está así tan enfermo? Yo siempre cuido de él, estoy pendiente de todo, de que coma bien, de que haga su siesta… de que tome su medicación si se enferma.»
Anzola dice: «Esta es una enfermedad hereditaria, señora. Muy poco frecuente. No es porque usted no cuide de su hijo, es que está en sus genes.»
Nina mira a Anzola con los ojos llenos de lágrimas.
Nina dice con acento asturiano, «pero vosotros podeis hacer algo, ¿no? Cambiarle eso que decís de los genes, darle una medicina, ¿no?»
Fabián mira a la mujer y niega con la cabeza.
Dices: «Escuche, Nina. Esta enfermedad no tiene cura. Podemos darle alguna medicación para que mejore la inflamación de sus articulaciones y si su problema de anemia no es grave, podremos hacer alguna transfusión de sangre, pero el seguirá con esta enfermedad.»
Nina tiembla mientras sigue llorando.
anzola dice: «ahora mismo lo más urgente es operarle para extraer el cristal y determinar lo de su anemia. si todo sale bien, puede tener más años de vida; solo tendrá que cuidar que no sufra más caídas y notificar a los médicos para que estén al pendiente y escojan los tratamientos menos invasivos.»
Fabián habla sin dejar de ver a la mujer a los ojos.
Dices: «Lo que nos preocupa en este momento es su anemia. No voy a mentirle, Nina. Este tipo de anemias pueden ser muy graves y requerir un transplante de médula ósea y si no se realiza, podría morir. El problema, es que dada la enfermedad de Benxamín, cualquier cosa que le hagamos a su cuerpo puede hacer que su estado empeore y su cuerpo vaya poniéndose rígido y pierda movibilidad.»
Nina se lleva las manos a la cara, llorando, desconsolada.
Nina dice con acento asturiano, «Es un niño, Mi dios bendito ¿qué voy a hacer? Hoy mismo esto ha sido un accidente dentro de casa. Los vecinos rompieron mi ventana con un pelotazo… Benxamín quería salir, pero no lo dejé porque no quería que se enfermase más con el frío… y él, él resbaló y cayó sobre los cristales… No tuve tiempo de limpiarlos, no tuve tiempo….»
La mujer llora, estremeciéndose.
Nina dice con acento asturiano, «Y si eso que decís de la anemia es grave, mi niño se me va a morir? Se me va a morir mi Benxamín?»
Fabián se mantiene sereno, hablando con la mujer.
Dices: «si los resultados dicen que su Anemia es grave, sí, podría morir, Nina. Podemos intentar hacer el transplante de médula lo que podría mejorar el pronóstico. sin embargo, la zona donde hagamos la intervención, incluso la zona donde ahora tiene alojado el cristal se volverán hueso. Eso le va a traer problemas de movibilidad con el brazo y parte de la espalda, pero podría sobrevivir aún así, e intentar llevar una vida como otros niños haciendo adaptaciones.»
Anzola se levanta.
Anzola dice: «iré a prepararme para la operación.»
Nina mira al médico irse.
Nina mira a Fabián.
Nina dice con acento asturiano, «¿Y si no le operais, ¿cuánto tiempo puede seguir conmigo?»
Fabián aprieta los dientes.
Fabián habla con firmeza.
Dices: «El tiempo que su cuerpo resista la infección, Nina. Verá. las infecciones que ha tenido últimamente son porque su médula no produce la suficiente cantidad de glóbulos blancos, que son los que atacan las infecciones. su cuerpo no puede defenderse de forma natural. Si no sacamos el cristal, no solo podría volver a sangrar de forma incontrolable, va a infectarse la herida; sin mencionar lo doloroso que va a ser, ¿lo entiende?»
Nina traga grueso.
Nina dice con acento asturiano, «pero si me dais los antibióticos y yo se los doy como lo receteis, puede irse la infección, no? Eso me dijo la pediatra la última vez.»
Fabián asiente.
Dices: «Es posible que su cuerpo reaccione a la medicación si lo mantenemos aquí en el hospital, pero tarde o temprano la anemia lo matará, Nina. No podremos tenerle hospitalizado siempre. Una vez que se lo lleve, cada vez que se golpee, si se llega a arañar o cortar. Incluso, si le tratan en otro hospital y no saben que tiene esta enfermedad, su cuerpo se defenderá de la única forma que puede y en lugar de vivir muchos años más, morirá más temprano que tarde.»
Nina se abraza a sí misma, Meciéndose adelante y atrás.
Fabián la observa, espectante.
Paloma se acerca con varias hojas en la mano.
Paloma dice con acento almeriense, «doctor, han enviado los resultados del niño del box 1.»
Fabián alza la mirada y extiende la mano.
Paloma le da los papeles y se aleja.
Fabián comienza a leer y susppira.
Nina mira la cara del médico y sabe que las noticias son malas.
Nina dice con acento asturiano, «Dígame lo que sea, doctor.»
Fabián dobla los papeles.
Dices: «tiene Benxamín algún hermano, hermana, primos hermanos?»
Nina traga grueso y niega.
Nina habla con la voz temblorosa.
Nina dice con acento asturiano, «mi marido murió durante el conflicto. él era hijo único… pensamos en darle un hermanito a mi Benxamín, pero estalló el conflicto y…»
Nina rompe a llorar.
Nina dice con acento asturiano, «pero podeis usarme a mí, ¿verdad? Podeis tomar mi sangre y mi médula, lo que necesiteis… yo soy su madre, yo le doy lo que sea.»
Fabián piensa cómo explicarle a la mujer que ella no puede ser donante.
Fabián habla evitando usar términos muy complicados en un tono que intenta ser tranquilizador.
Dices: «Escuche, Nina. En los casos como el de Benxamín, la primera opción de donación se busca en los hermanos, si existen, porque hay más posibilidad de que la compatibilidad sea muy alta, o sea, que la médula se parezca a la de Benxamín.»
Nina lo observa, apretándo la camisa del pijama sanitario.
Nina dice con acento asturiano, «pero yo soy su mamá, yo lo tuve en mi tripa, ¿cómo no voy a servir?»
Fabián sostiene los papeles en la mano mientras mira a Nina.
Dices: «Nina, usted ha aportado una parte de usted a Benxamín, pero es solo una parte, faltaría la parte de su marido. si usásemos su médula, el cuerpo de Benxamín no la vería como algo bueno, sino como algo que tiene que atacar. Incluso su médula podría rechazar al cuerpo de Benxamín. Para que el transplante funcione, la médula del donante tiene que ser muy parecida a la de Benxamín, ¿me sigue?»
Nina sigue retorciendo la camisa del pijama.
Nina dice con acento asturiano, «a mi médula le falta una parte para que se parezca a la de mi Benxamín. Por eso no va a servir.»
Dices: «sí, es así.»
Nina se lleva las manos a la cara una vez más.
Fabián se pone de pie.
Nina deja caer las manos en su regazo, abatida.
Dices: «Hablaré con el doctor anzola para que proceda a operar a Benxamín si usted lo autoriza. Iniciaré los trámites para la búsqueda de donantes; haremos todo cuanto podamos, Nina.»
Nina mira a Fabián sin decir una sola palabra.
Nina se pone de pie al escuchar que Benxamín llora dentro del box.
Fabián se le acerca a la mujer y la detiene un instante.
Dices: «Lucharemos si usted lucha, Nina. debe decidir ahora.»
Nina mira hacia el box y luego a Fabián.
Nina cierra los ojos un momento.
Nina dice con acento asturiano, «ayudad a mi Benxamín. Y que sea lo que Dios quiera.»
Fabián suelta a Nina y se gira a toda prisa.
Nina entra en el box para calmar a su hijo.
Media hora después, Benxamín era ingresado en qirófano.