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Nuevo relato de Dámaso: Ernestina

Este relato puede incluir lenguaje con contenido explícito.

la conocí en el colegio donde trabajaba como profesor de educación física; había logrado trabajar ahí gracias a un maestro que tuve en la universidad.
era uno de esos colegios privados a los que asistían los hijos de las mejores familias de la ciudad de México. Ernestina, que es de quien vamos a hablar, trabajaba ahí dando clase de poesía y también pertenecía a una clase social alta; mas no por eso era como esos que se creen mejor que uno sólo por haber tenido la suerte de nacer en cuna de oro; muy por el contrario, era la única que no se quejaba cuando a la hora de que los profes hacíamos ejercicios físicos por órdenes del director; digo esto porque a veces los ejercicios implicaban hacer actividades en el suelo.
nos hicimos amigos durante una fiesta que nos organizaron en el colegio en honor al día del maestro. ese día platicamos, la plática se convirtió en baile, tragos fueron y tragos vinieron y me puse una peda de los mil demonios; Ernestina me pidió un taxi para irme a mi casa porque estaba tan pedo, que quería abrir otro auto que no era el mío. insistí en que yo manejaba, que al cabo no estaba tan pedo cuando la realidad era que no me podía ni sostener, pero ahí estaba yo de necio queriendo manejar; sin embargo Ernestina me hizo ver lo contrario y no me quedó de otra que irme en taxi y regresar al otro´día por el auto.
desde entonces nos dábamos nuestras escapadas aunque mayormente me las invitaba ella, ya que dorian aprovechaba cuando no estaba para entrar a mi cuarto y robarme el dinero y el que lograba esconderme apenas me alcanzaba para cubrir mis gastos (recuerdo que a veces tenía qué ir al trabajo en transporte ppúblico porque no tenía para pagar la gasolina del auto). recuerdo que a veces íbamos a su casa, a comer a lugares a los que yo no iría ni en mis mejores sueños y cuando se nos pegaba la loquera, me llamaba y nos íbamos de fin de semana a la playa.
entre los profesores y los alumnos se corrió el rumor de que había algo entre nosotros, algo digamos… más que amistad. ni ella ni yo confirmábamos el rumor pero tampoco lo desmentíamos. cuando me preguntaban yo sólo me encogía de hombros diciendo: «pues… mmm qué te diré»; ernestina por su parte sólo se cagaba de risa, lo que hacía que los más chismosos se quedaran con las ganas de chisme. en realidad ella y yo éramos de esos amigos que la gente llama «con derecho»; sin embargo me pasaba de zopenco acomplejado que no se atrevía a ir más allá; no era porque ella no me diera oportunidad, pues bien que me la daba, pero como dije, era un acomplejado que no me la follaba porque me sentía inferior por venir de mundos diferentes. no fue sino hasta que con algunos tragos encima me pasé los complejos por el arco del triunfo y terminé follándomela ya no me acuerdo dónde.
desde entonces nuestras escapadas eran para follar o de vez en cuando ponernos pedos hasta decir vasta; porque sí, refinada y todo, Ernestina de cuando en cuando también le gustaba empinar el codo, no seguido como a mí, pero cuando se lo proponía sí que tomaba; vastaba con oírla decir: «estiro el brazo, empino el codo y me lo chingo todo», para saber que aquello sería peda segura.
sólo dos veces se topó con Dorian. la primera vez fue una ocasión en que creyendo que mi hermanito no estaría, la llevé a mi casa; sin embargo los planes cambiaron porque Dorian sí que estuvo y lo primero que hizo al vernos, fue estrellar su manota con las pechugas de Ernestina; ella le dio un rodillazo en los huevos y haciendo gala de un florido lenguaje que ni yo le conocía, le dijo hasta de lo que se iba a morir y se cagó en los ancestros de sus ancestros de sus ancestros, qe por desgracia venían a ser también los míos.
la segunda vez ocurrió cuando mi hermano fue al colegio a pedirme dinero queriendo hacer un escándalo; ese día ernestina estaba sentada en un banco fuera del cole leyendo un libro; mi hermano llegó y después de sacarse el asunto, lo puso en el libro que ernestina estaba leyendo. por supuesto su reacción no se hizo esperar; esta vez no fue un rodillazo en las pelotas, sino ceró el libro con todas sus fuerzas, dejando el pajarillo de mi hermano bien prensado en el libro. otra vez se cagó en los ancestros de los ancestros de los ancestros y otra vez le dijo hasta de lo que se iba a morir, con la diferencia de que lo amenazó diciéndole que como siguiera queriéndose pasar de listo con ella, le cortaría el pájaro y los dos por nacer y no sabía cómo, pero que haría que se los comiera sin masticarlos.
nunca más volvió a encontrarse con dorian, pero gracias a que le contaba cómo era conmigo; por eso cuando él vino a españa y me mandó el boleto para que viniera con él según porque ya había cambiado y quería arreglar las cosas, me insistió que no fuera porque gente como él no cambiaba ni a mentadas de madre; sin embargo tenía una fe ciega en mi hermano y por un momento creí que había cambiado; ni siquiera las veces que trataba de conbencerme para que no fuera resultaron útiles y ahí vine de zopenco, digo de zopenco porque nada que cambió. ella misma me ayudó a hacer mis maletas, (porque yo al único avión que me había subido era al avioncito de la feria y no sabía qué podía llevar en el equipaje de mano y que no), y ella misma me llevó al aeropuerto; no sin antes tomarnos unos tragos y follar hasta decir vasta.
seguimos en contacto cuando pude tener un teléfono y establecerme; a veces sólo nos escribíamos correos y otras hablábamos por videollamada; sin embargo recibí un correo que me hizo saltar de emoción y es por lo que escribo ésto; y es que según lo que me dijo en el correo, viene a españa; no me dijo cuándo llegaba, pero ya la espero para recordar viejos tiempos y contarle todo aquello que por vergüenza no pude.

Nuevo relato de arnulfo: Sueño Guagiro hecho realidad

ahora que me encuentro sentado en el sillón de mi casa, sí, mi casa, me doy cuenta de que al fin se hizo realidad aquello que parecía un sueño guagiro.

veo a arnidrú corretear por todas partes y parece como si todo hubiera pasado ayer.

cuando fui trasladado al piso tutelado, el tiempo que pasé agobiándome ahí encerrado, cuando surgió la posibilidad de volver a caminar y la recuperación, hasta que finalmente vinieron las dos llamadas que tanto esperaba.

la primera cuando fui a la comisaría para iniciar los trámites de recuperación mediante la vía militar y ahora, que al fin me entregaron la llave de mi casa y todo aquello que nunca debió dejar de pertenecerme.

entro y los recuerdos me invaden. aquí estuve hecho polvo después del conflicto, aquí pasé momentos felices al lado de una persona que ahora mismo no sé si nunca me quiso; la verdad es que a estas alturas ya no me importa, y tantas otras cosas.

pero entro y también me lleno de emoción al saber que ya no tendré qué soñar con que al fin tengo mi casa.

cuántas veces estuve asomándome por los ventanales del piso tutelado imaginando que salía aunque fuera al rellano? cuántas veces veía pasear a la gente en la calle imaginando que era yo quien paseaba, cuántas veces me asomaba por la mirilla para contemplar a los vecinos e imaginar que era yo quien me dirigía a mi casa; ni qué decir de todas las veces que veía pasar el ascensor desde la mirilla e imaginaba que era yo quien lo pulsaba para ir a mi casa.

ahora ya no tendré qué imaginar nada, porque al fin tengo lo mío. ahora sí podré decir: voy a mi casa, sí, mi casa.

Nueva escena de rol: Abriéndome paso

Mi nombre es Santino Bianco. Provengo de la tierra de los gauchos, las chacareras y el mate, un invento bastante peculiar. Aunque, últimamente también podríamos llamar a mi tierra el sitio de la inflación y las malas decisiones económicas. Diría que estas últimas características fueron la principal razón para dejar Argentina, pero creo que sería una verdad muy a medias, ya que siempre me ha fascinado el conocer nuevas culturas de primera mano.
Nací en Lincoln, una ciudad al noroeste de la provincia de Buenos Aires a la que se le conoce también como la capital nacional del Carnaval. Sin embargo, no sabría decir si esto es bien merecido o no, pues a mis 5 años de edad debí mudarme con mi familia, la cual estaba conformada por mi madre, mi padre y mis dos hermanas mayores (Angelina y Paula) a la capital de la provincia. Lastimosamente, mi hogar siempre se caracterizó por ser algo machista. Mi padre era el único que trabajaba, y mi madre se dedicaba a cuidarme todo el día. Mis hermanas en aquel momento ya eran unas preadolescentes y vivían en su mundo, por lo que en general ya no había que preocuparse tanto de ellas, o eso me parecía a mí. Todo esto no sería un problema de no ser porque éramos muchos en casa y mi padre, quien era sólo un albañil no conseguía el dinero suficiente como para mantenernos a todos, hasta que ocurrió lo inevitable, la situación se volvió insostenible. En un principio, mis abuelos paternos nos enviaban algo de dinero como para echar una mano, pero finalmente no nos quedó de otra que irnos a su casa.
Así fue como empecé una especie de nueva vida a mi corta edad. La verdad, yo, siendo un niño tan pequeño casi no entendía la situación, lo veía todo como una experiencia más o menos emocionante y hasta me hacía feliz el hecho de vivir con mis abuelos, a quienes les tenía un cariño inmenso.
Seguí creciendo, adaptándome a los cambios que me tocaba afrontar entre los que se incluían, además de acostumbrarme al ambiente de la gran ciudad, comenzar mi primaria. Afortunadamente, no me costó tanto hacer amigos, y para ser sincero, una vez que me familiaricé fui tomándole cada vez más aprecio a mi escuela. En las materias normalmente me iba excelente. Siempre me caractericé por ser un alumno súper aplicado y trabajador. Bueno, a excepción de plástica e Inglés. Por alguna razón, no lograba progresar. El dibujo se me hacía extremadamente tedioso, nunca me salía como yo deseaba y el Inglés… aunque la profesora intentaba hacerlo pasar por interesante a mí me parecían un montón de cosas sinsentido. “Para qué quiero aprender todas esas palabras raras si ya sé Español”, me acuerdo que le replicaba a mi maestra.
Esta situación persistió hasta que cursé mi tercer año de primaria. Para estas alturas, a mi madre no le había quedado de otra que buscar empleo, por lo que pasaba gran parte de mi tiempo o en casa de algún amigo o con mi abuelo. Un día, recuerdo que le dije a mi manera toda la frustración que me causaban esas materias y lo absurdo que me parecía todo. Él se echó a reír, supongo por mi discurso y luego recuerdo que me preguntó: “¿Sabías que el Inglés guarda secretos?” Me explicó que cada idioma guarda un montón de cosas interesantes que aguardan a ser descubiertas. En Inglés vas a encontrar cuentos que no están en Español, y como no quieres aprenderlo, jamás vas a poder leerlos, por ejemplo. A continuación, empezó a hablar en Mapuche, la lengua que dominaba aparte del Español. Cuando al fin se calló le pregunté qué había dicho y me dijo que me había contado una historia, pero como yo no sabía hablar ese idioma, no la conocería nunca. Le pedí que me la contara en Español pero, al contrario de eso, comenzó a enseñarme Mapuche.
Desde ese momento mi punto de vista cambió totalmente. Sentía un profundo interés por aprender. Me esforzaba de verdad en las clases de Inglés y prestaba suma atención cuando mi abuelo intentaba enseñarme la lengua aborigen que él conocía. Para mi suerte, cuando cursé el primer año de secundaria conseguí un amigo que demostraba el mismo amor a los idiomas, y juntos nos pusimos a aprender de forma autodidacta el Inglés y algo de Francés. Recuerdo que pasábamos tardes enteras en su casa frente al computador leyendo información o tratando de descifrar alguna historia.
Finalmente decidí que al terminar la secundaria estudiaría la carrera de idiomas modernos. Mis padres se mostraron bastante en contra de mi decisión, decían que era demasiado complicado, que no teníamos dinero… que mejor eligiera algo práctico que me asegurara un pronto empleo, en fin… pero me mostré firme al respecto. Al cursar mi cuarto año, sabiendo que no recibiría ayuda económica, le propuse a mi amigo que buscáramos algún tipo de empleo, como para tener nuestros propios ahorros. A él le interesó la idea, y nos pusimos a hacer de todo. Barríamos las calles o recogíamos basura, tareas que casi no nos aportaban nada pero para mí todo contaba. Mi amigo, al estar más acomodado no le molestaba gastarse su parte en banalidades. Sin embargo, yo trataba de guardar hasta el último centavo que me correspondía. Un día se nos ocurrió una gran idea. Sentados en su sofá frente al PC, encontramos una página de empleo por Internet y decidimos inscribirnos como traductores. Para nuestra sorpresa, funcionó, y a las pocas semanas ya habíamos conseguido un pequeño encargo de traducir un artículo. Fue complicado, porque no manejábamos tan bien los idiomas como para hacer algo de gran calidad, pero al menos conseguimos un resultado bastante aceptable y empezaron a llegar más encargos. Desde ese momento, nuestros ingresos crecieron a lo que para mí era un ritmo rapidísimo. Yo no tenía Internet en mi hogar, pero no me preocupaba pues mi compañero se encargaba de gestionar la página, trabajábamos juntos y luego nos repartíamos las ganancias. Al cumplir 18 años, ya tenía más de 1000 dólares en mi cuenta bancaria. Sin dudarlo, me inscribí en una de las mejores universidades del país y me mudé de casa, después de una discusión un tanto pesada con mis padres. Mi abuelo sí me apoyó en todo momento, y me dijo que no me hiciera lío por ellos, que ya lo aceptarían. Me quedé en un pequeño departamento rentado donde a duras penas cabía la cama y una cocinita, y me las arreglé para comprar una laptop, bastante vieja y usada pero para mí era suficiente. Podía utilizarla para trabajar y estudiar, que era lo que me importaba.
Con el tiempo, mis padres también me apoyaron al ver mi determinación y me gradué con honores en la universidad. Me sentía realizado, aunque las cosas se me fueron un poco a pique. La situación del país se deterioraba con rapidez y me costaba conseguir un empleo fijo. Sí, tenía la página web, pero la realidad es que eso apenas me alcanzaba para vivir, no podía utilizarla como algo fijo. Al final terminé trabajando como vendedor en una tienda de víveres. Nada que ver con lo que esperaba, pero estaba resuelto a cambiar mi situación. Fui ahorrando poco a poco hasta conseguir algo aceptable, e investigando decidí que lo mejor sería abandonar mi país e irme a España, ya que tenía una mejor situación económica y al parecer, Imperium, aquella multinacional ofrecía miles de oportunidades. Además, como dije al principio, amo conocer nuevas culturas y ese sentimiento también impulsó mi decisión. Finalmente, tras hacer todo el papeleo necesario, logré venir aquí e instalarme en un departamento bastante bueno. AL tiempo conocí a una chica, Mayerlin, quien es veterinaria. Su carácter extrovertido me atrajo en seguida, tal vez por ser justo lo opuesto a mí, y al poco estábamos saliendo juntos. Sin embargo, no lo sé… Han pasado 6 meses de eso y, si bien la amo, creo que quiere acelerar mucho las cosas. Me ha insinuado un par de veces que nos casemos, pero la verdad, es que todavía no tenemos nada demasiado formal y no creo que mis circunstancias resulten propicias. No vivimos juntos oficialmente y no siento que sea buen momento para comprometerme. He pensado en hablarlo directamente y proponerle que al menos aguardemos un tiempo a ver cómo surge todo, pero espero que no se sienta herida por eso. Además, aún me frustra no haber conseguido un trabajo estable de lo que realmente ansío. He buscado por todas partes pero todavía no consigo ni que una empresa de traducción me llame, lo cual me preocupa bastante, pues los ahorros que traje conmigo empiezan a menguar, y temo que si no resuelvo un buen trabajo pronto deba mudarme a un lugar mucho más modesto. Conociendo el estilo de vida al que ella está acostumbrada, dudo que eso le resulte aceptable, y por el momento no tengo mucho más que ofrecerle. No obstante, no estoy dispuesto a renunciar, por lo que pienso seguir esforzándome hasta conseguir algo estable. Por lo pronto, puedo arreglármelas haciendo trabajos de media jornada o cosas así, aunque no sea lo que más me guste. Y en cuanto a mi relación, bueno… estoy seguro de que lograré hacer que me entienda. Y creo que será una buena oportunidad para sincerarnos, ya que a veces la noto… quizás fría conmigo, como si algo le disgustase. Veremos qué ocurre. Por el momento a seguir luchando.

Nuevo relato de Mayerlin: En busca de mi destino

¡Hola! Me llamo Mayerlin Rivas. Me considero una amante de la naturaleza y los animales. Desde que nací me crié en el campo, en la hacienda de mi padre, Por allá en San Fernando de Apure, Venezuela. No era una vida fácil, a pesar de los cuantiosos beneficios económicos que le reportaba. Teníamos todas las comodidades de la típica familia hacendada, pero con el constante ajetreo de quienes tienen a su cargo una gran responsabilidad. El mantenimiento de las tierras, el ganado, los empleados y la administración del lugar mantenían a mi padre constantemente ocupado.
Mi mamá y él se conocieron porque ella era la veterinaria que se encargaba de hacer las visitas rutinarias para controlar el buen estado de salud de las vacas y caballos que teníamos. Como ella vivía para su trabajo, desde muy chiquita me llevaba a acompañarla en sus visitas a otras haciendas y me permitía observar su labor. A medida que fui creciendo y aprendiendo de ella, me fui involucrando más, pues ya no solo era su acompañante, sino su asistente. Para mí, por supuesto, no se trataba de un trabajo. Lo veía como algo que me apasionaba y por lo que era capaz de desvelarme noches enteras, aún cuando no me ofrecieran pago alguno. La simple emoción de ver nacer un becerrito, el dolor de ver partir los camiones que trasladaban el ganado al matadero, la satisfacción de hacer sentir mejor a un animal enfermo, e incluso el haber estado presente cuando mi yegua favorita se rompió la pata y hubo que ponerla a dormir, fueron todos momentos que me marcaron de por vida, y que me impulsaron a estudiar la carrera de veterinaria como mi madre, aunque para ello tuve que residenciarme en Maracay, una ciudad a varias horas de distancia. Aún así, no perdía ninguna oportunidad para visitar mi casa en vacaciones y feriados.
Mi hermano mayor, Marlon, me lleva 4 años, y aunque siempre nos llevamos de maravilla, él se inclinó más por seguir los pasos de mi padre, y en el futuro será quien seguramente se encargue de la administración de la hacienda, cosa que a mí me genera gran alivio, pues aunque amo a mis padres y la vida en el campo, siempre tuve gran inquietud por conocer mundo. Viajar es otra de mis pasiones, y el trabajo en la hacienda no me lo permitiría.
No obstante, en un par de ocasiones llegué a darme una escapadita con mis abuelos paternos, ya que mi abuela Gladis es de origen español y heredó de su padre un bonito departamento en el centro de Madrid, donde nos alojamos las 2 veces que viajé con ellos durante mis vacaciones escolares cuando aún estaba en el liceo. Tras el fallecimiento de mi abuelo, ella se vio muy afectada emocionalmente, y como su edad avanzada tampoco le favorecía, decidieron que lo mejor era que se instalara en la hacienda, donde todos podríamos estar cerca de ella y ayudarla en lo que necesitase.
Sin embargo, esto dejaba una interrogante sin responder. ¿Qué hacer con el departamento de Madrid En principio todos pensaron en venderlo. De esa manera se libraban de una preocupación, pues no había quien se ocupara de su mantenimiento y mi abuela ya no estaba en condiciones de viajar constantemente. Pero Claro que yo tenía otros planes. Les sugerí que me permitieran hacerme cargo, y así evitábamos perder la herencia de mi bisabuelo, a la vez que yo tendría la oportunidad de mudarme y disfrutar de mi independencia. No faltó quien pusiera peros, ya que yo aún no me había graduado de la universidad, pero por suerte no me faltaba mucho. De modo que me puse manos a la obra, y culminé mi carrera con honores y a temprana edad, pues siempre fui una alumna aplicada, pero ahora se me sumaba la motivación de la nueva vida que me aguardaba.
Claro que la preservación del patrimonio de mi bisabuelo no fue la única razón que impulsó a mis padres para permitirme viajar. En los últimos años la seguridad de la familia es algo que viene provocándonos serios dolores de cabeza, ya que al encontrarnos situados en un estado fronterizo, el abigeato y la extorción, que siempre fueron el pan nuestro de cada día, se han intensificado. Así que finalmente mis padres acabaron viendo mi viaje como una buena opción para mantenerme apartada de los peligros que acechan mi hogar.
A pesar de mis ansias por emprender mi nuevo rumbo, no me resultó nada fácil dejarlo atrás. Mi papá siempre fue un hombre de carácter recio y estricto, pero a nadie le cabe duda de que yo era su debilidad. Decía que yo era su princesita, y el día que me marché, fue la primera vez que lo vi con la voz entrecortada y los ojos aguarapados. Mi mamá en cambio, a pesar de que siempre fue la más cariñosa y emotiva, ese último día no paró de advertirme de esto y aquello, y recitarme una lista de consejos y por demás, con una frialdad inusual. Yo sospecho que lo hizo porque no quería romper a llorar delante de todos. Ay, no te conoceré yo, mami.
Ya tengo cerca de nueve meses viviendo en Madrid, y aunque echo de menos mi tierra y la faena del campo, me siento maravillada por el sin fin de novedades que ofrece la ciudad. Hay tanta gente y lugares distintos que apenas tengo tiempo para las añoranzas. Quiero conocerlo todo. Ya he hecho unos cuantos amigos, la mayoría extranjeros que como yo, han venido en busca de oportunidades, aunque por motivos diversos.
Hay un chico que conocí las primeras semanas de mi llegada. Nos topamos en el ascensor del edificio en el que vivo y desde que lo vi supe que algo tenía que pasar. Su nombre es Santino, y para mi fortuna vive un piso más arriba. Hemos empezado a salir desde hace unos seis meses y todo parece ir bien, o bueno… casi todo. A veces siento que mi entusiasmo por la vida, por descubrir cosas nuevas y experimentarlo todo le resultan un tanto… no sé… sobrecogedor tal vez. O quizás es que se preocupa demasiado. Desearía que se relajara un poco, pero no lo consigo.
Yo aún estoy tramitando todo lo necesario para convalidar mis estudios y tener mi propio negocio, pero estoy tranquila porque dinero no es que me falte precisamente. Además mis padres todavía me envían lo necesario para mantenerme mientras consigo resolver todo. Ya he pensado en el matrimonio, aunque las pocas veces que se lo he insinuado a Santi parece preocupado y distante. No es que yo tenga prisa pero… Creo que le atormenta el hecho de que aún no ha conseguido un empleo fijo. No sé… En una ocasión le propuse mudarse a mi depa porque me pareció innecesario que siguiera pagando un alquiler, pero se reusó. ¡Argentino orgulloso! Espero que mi paciencia me permita seguir aguardando un cambio. Aún no se lo he presentado oficialmente a mis padres, pero estoy segura de que lo adorarían. Es realmente un amor, solo que… bueno, le hace falta un poquito de alegría en su vida y esto me frustra mucho.
Por esta razón algunas veces he llegado a sentirme sola y un tanto perdida en esta gran ciudad. Me pregunto si me habré equivocado en mi elección, ¿o será que no estoy realmente preparada para asumir la vida con la seriedad y madurez que se requiere Intento mantenerme firme, pues desearía que todo saliera bien y que mi familia vea que sí soy capaz de manejarme como es debido. Quiero que se sientan orgullosos de mí, aunque no está resultando tan fácil como imaginé… Pero bueno, ya veremos cómo evoluciona todo. Por lo pronto, ¡que siga la fiesta!

Nuevo relato de Katia: Mi historia de vida y un objetivo concreto.

Me llamo Katia Magalí Martínez Riveros; soy de la ciudad de Abellaneda, partido de Abellaneda; correspondiente a la provincia de Buenos Aires, Argentina. Soy la mayor de 5 hermanos, hija de un militar, Gustavo José Martínez Cordera y de una doctora con especialidad en cardiología, Blanca Riveros. Tengo 22 años, mi historia de vida es algo compleja. Poco después de que naciera mi último hermano, mis padres tuvieron una fuerte discusión que provocó que se divorciaran. Mi mamá quiso tenernos a todos con ella pero fue imposible, luego de muchos pleitos nos quedamos en la casa familiar mis 3 hermanos y yo, al menor se lo llevó mi mamá porque, además de que era un bebé de a penas meses de vida mi papá, arrogante como solo él puede ser, no quiso darle su apellido, por lo que no pudo impedir que se lo llevara. Desde aquel entonces mis abuelos paternos me ayudaban con el cuidado de mis hermanos, aunque a medida que crecía me exigían que trabajara en algo para mantenerlos y mi papá, si bien aportaba, no era suficiente. A penas pude terminar la escuela, todo era más complicado sin mamá en la casa. Nunca me dijo a Dónde se iría, solo esa última noche me pidió que cuide de mis hermanitos como sea, y que haría lo posible para volver a vernos. Desde allí no supe nada más de ella, mi hermanito debería tener 13 años en este momento. Hace poco llegaron a mis oídos 2 noticias que me impactaron; corrió el rumor de que mi mamá estaba en España trabajando en un centro hospitalario, que mi ermano estaba con ella y que incluso se casó con un español. La otra noticia aunque esta me la tomé con cuidado, es que supuestamente mi papá tiene un hijo fuera del matrimonio con mi mamá; si bien los militares tienen fama de mujeriegos, yo prefiero tomarme eso como un chisme de tantos que corren por ahí. Tengo un recuerdo muy vívido de mi papá en su máximo esplendor de locura, cuando nació mi hermana Karina que ahora tiene 19 años; estaba más irritable que de costumbre, mi mamá no podía ni saludarlo porque todo se lo tomaba a la defensiva. El fue un padre ausente casi siempre por el trabajo que tenía pero dentro de todo, no nos faltaba nada. Ahora mi único objetivo es encontrar a mi mamá y por eso estoy en Madrid en este momento; si bien hay miles de hospitales en todo el país, no voy a descansar hasta encontrarla. Karina está a cargo de mis 2 hermanos menores, de 17 y de 15. Afortunadamente su pareja comprende la situación y entre los 2 hacen lo que pueden para mantenerlos, igual yo les prometí que trabajaría en España y enviaría plata para ayudarlos. Llegué hace a penas unos días, estoy acomodándome y trabajo en varios lugares con el mismo logo, Imperium Corporation. Algo que me llama la atención, pero que al final lo dejo estar porque lo que me interesa es sobrevivir mientras encuentro a mi vieja.

Nuevo relato de fabricio: Intentando superar el pasado

Me llamo Fabricio, tengo 31 años, nací y viví parte de mi infancia en Calarcá Quindío Colombia, ahí crecí con mis padres hasta cumplir los 8 años; siempre fui uno de los mejores de la clase en la escuela. Siempre tuve una infancia muy feliz, sacaba buenas notas aunque a mis 8 años fuimos a vivir a armenia, allá seguí mis estudios solo con pequeños inconvenientes, ya que al ser casi siempre el más inteligente de la clase alguna vez quisieron amenazarme para que les hiciera las tareas a mis compañeros, que si no lo hacía amenazaban con golpearme o apuñalarme los más grandes. Mi actitud cambió hasta que al final tuve que contarles a mis padres lo sucedido cosa que fue lo mejor, aunque en ese momento así no lo veía, entonces ellos fueron al colegio y hablaron para resolver el problema, y finalmente pude terminar mis estudios sin ningún contratiempo. Pasé toda mi vida haciendo trabajos manuales con el porcelanicrón y la cerámica, no tuve la oportunidad de estudiar algo grande pero esto es algo que me gusta mucho y he podido hacer negocio de ello. Hace pocos meces antes de venir a Madrid tuve unos eventos bastante desagradables, porque por una parte, en el barrio donde vivía desafortunadamente hubo un enfrentamiento entre bandas delincuenciales, uno de mis hermanos fue alcanzado por una bala perdida y murió al instante; toda mi familia y yo quedamos devastados con lo sucedido. Por esos tiempos yo tenía una relación sentimental con una persona que al final terminó siendo tóxica, duré con ella casi un año pero ella era manipuladora, posesiva, impulsiva, celosa, viví con ella un tiempo pero estábamos en esto de terminar y volver varias veces hasta que me cansé, mis padres me aconsejaron que no volviera más con ella, que me alejara y eso hice; cambié mi número de teléfono, me fui a vivir con mis papás, a veces iba a buscarme a su casa pero ellos me negaban para protegerme. Una noche ella llegó tomada y drogada también, le dijo a mis padres que me dijeran que tenía que verla si o si, si no quería que el bebé que llevaba en su vientre que era hijo mío también, pagaría las consecuencias; ellos la miraron horrorizados sin poder creer lo que les estaba diciendo; se miraban entre sí sin poder creer lo que esta loca mujer les decía, como podía ser que jugara así con la vida de su propio hijo que niciquiera había nacido; y que también era el mío, su propio nieto, sangre de su sangre. Fue decir estas palabras y mientras ellos digerían la noticia, casualmente yo escuché cuando los amenazaba y me enfrenté a ella, le dije que como podía ser tan ruin de amenazarnos con nuestro propio hijo, y que fuera de eso apenas me enteraba que estaba embarazada de mí, que como podía ser que yo me enterara de aquella manera pero ya al final no importaba de qué manera me enteré, pero en el fondo sentía una alegría muy grande al saber que tendría un hijo o hija. Le dije que la denunciaría por amenaza y ella se puso a gritar como loca, golpeó a mi madre pero yo la defendí, después fui a llamar la policía y ella quiso huir, entonces salió corriendo en el estado en que estaba; unas calles más adelante no se dio cuenta que venía un carro a toda velocidad, arrollándola y dejándola inconsciente en el suelo. El tipo que la atropelló también iba borracho y lo metieron a la cárcel, hoy por hoy siento un gran cargo de conciencia, porque cuando la llevaron al hospital dijeron los médicos que había perdido a nuestro bebé; había perdido mucha sangre y claro, era por el aborto que tuvo debido al accidente, yo me siento muy culpable hoy por hoy, porque yo no quise hacer que se muriera mi hijo, yo solo quería denunciarla para que no nos molestara más.