Historia de un sueño.

Mi nombre es Ywen Salvador de la Cruz, y nací hace ya 22 años en el barrio de Chamberí, madrid.
Se preguntarán, sin duda alguna, de donde proviene mi nombre, supongo, pero eso es algo a lo que no puedo responder. Es decir… sí, el nombre de Salvador viene de mi padre, pues así se llamaba él, pero, les aseguro que no tengo ni idea de dónde obtuvieron mis padres la idea de llamarme Ywen, ya que no he encontrado ninguna referencia a este nombre en ninguna parte.
En cuanto a mi infancia no tengo mucho que destacar. Lo que más recuerdo de esa época es a mi padre, llegando a las tantas de trabajar de lechero en esa tienda, repetible. En cuanto a mi madre, nunca estuvo en un mismo empleo durante demasiado tiempo, de ahí que nuestra familia nunca fuera demasiado adinerada.
Al contrario que muchos niños de mi edad, yo nunca tuve, por ejemplo, una videoconsola con la que jugar, ni ningún aparato similar. Mis mayores tesoros en cuanto a juguetes fueron un patinete que mi propio padre confeccionó, y un balón de fútbol que pude comprar de segunda mano en un mercadillo de Argüelles.
En la escuela nunca fui de los chicos más populares. Primero, por mi carácter reservado, y también por la peculiaridad de mi nombre. Los niños de primaria, como cualquier niño, se burlaban de mi nombre, ya fuera llamándome Salvador, cosa que odio, o bien poniéndome divertidos apodos como Tiwen, que es un juego de palabras haciendo alusión a un conocido personaje de un libro, o también flywen, al cuál le añadían gestos grotescos como la imitación de una mosca volando, o imitando el zumbido de la misma cuando pasaban por mi lado.
sin embargo esa época pasó, y para cuando terminé la secundaria ya me había hecho mi grupo de amigos con los que salía a tomar copas, jugaba al fútbol o simplemente quedaba para charlar.
En cuanto a mi carrera… bien, tengo que decir que mi sueño siempre fue ser periodista desde pequeñito. No sabría decir con exactitud de donde viene, pero supongo que su inicio puede ser de cuando mi padre solía escuchar programas de entrevistas en la radio o la tele, o cuando nos sentábamos los dos a escuchar las noticias.
Yo idolatraba a cualquiera que fuera el que daba las noticias, porque consideraba que gracias a esas personas el mundo estaba al tanto de todo lo que ocurría, al menos casi siempre.
Debido a esto, desde un principio tuve claro que era esto a lo que me quería dedicar, así que muy pronto empezé a jugar a las entrevistas, haciendo como que filmaba a mis compañeros de colegio con una cámara o haciéndoles preguntas como si fuera una entrevista real.
También leí todo lo que pude sobre periodistas famosos. Me recorrí todos los libros sobre claves para una buena entrevista, actitudes que un periodista debía tener, cuando se debía ser sutil y cuando no, y otros muchos consejos.
Mi padre me animaba, aunque tengo la sospecha de que en su fuero interno no tenía demasiadas esperanzas puestas en mí. No obstante nunca le reproché esto, ya que más de una vez yo mismo he dudado de mi propia capacidad.
Con ese objetivo en mente, saqué sin problemas la educación secundaria, y me enfrenté al bachillerato con entusiasmo. Pero, como es lógico, mi camino no estuvo exento de obstáculos, claro. Tuve que repetir el segundo año de bachillerato debido a que me quedaron varias asignaturas, pero tras unas cuántas noches en vela e infinitas tazas de café, pude al fin sacarlo y enfrentarme, por fin, a la carrera de periodista.
Fueron cinco años agotadores, en los que tuve que vivir prácticamente refugiado entre libros, pero visto el resultado diré que mereció la pena. Gran parte de mi éxito se lo agradezco a mis padres, pues a pesar de sus bajos ingresos me ayudaron todo lo que pudieron para pagarme la matrícula universitaria, con lo cuál, evidentemente, si estoy aquí es gracias a ellos.
Tras cinco años, por fin me gradué como periodista en la complutense, lo cuál celebré, he de admitirlo, emborrachándome durante tres días seguidos en un conocido pub de la capital.
Ya con mi título de periodista en regla, comencé a buscar trabajo, pero pronto vi que no sería fácil. Todos los medios en los que traté de probarme me rechazaban diciendo que era demasiado joven, que en su empresa no contrataban vecarios, e incluso una pequeña revista a la que intenté acceder, me negó el trabajo con la ridícula excusa de que no aceptaban periodistas venidos de mi universidad debido a la mala fama de ésta.
Yo no cejé, pero tras un año yendo de aquí para allá, de entrevista en entrevista, de currículum en currículum, finalmente comencé a desesperarme. Para colmo los ahorros que mis padres me dejaron para ir empezando se agotaban, con lo cual me vi en la situación de tener que buscar trabajo para poder seguir teniendo algo de dinero.
Para empezar a trabajar, decidí que buscaría empleo como camarero, ya que supuse que no sería un trabajo demasiado complicado, y una vez más, me equivoqué. Es agotador estar de pie tras una barra sirviendo bebidas, atendiendo a clientes o limpiando, sobre todo cuando a veces vienen clientes no del todo sobrios o que creen que les estás timando. A esto se le añade una complicación extra en verano como es, claro, el calor, y más si en la cafetería donde trabajas no funciona el aire acondicionado, eso sin contar que mi jornada laboral de entonces como camarero era de unas diez horas diarias, cuando no tenía que quedarme hasta el cierre.
Durante un año estuve trabajando a base de contratos temporales como camarero, de modo que ahora mismo estoy ya trabajando en mi tercera cafetería. Debido a las condiciones de mi contrato, no sé exactamente por cuánto tiempo más estare´trabajando aquí, ya que mi encargado podrá echarme en el momento que considere que no alcanzo sus expectativas, o cuando aparezca otra persona más preparada que yo.
Sin embargo, sigo esperando y buscando trabajo como periodista, pues este sigue siemdo mi sueño. He tenido que trabajar mucho para sacarme la carrera, y no me voy a rendir ahora. Espero que algún día llegue mi oportunidad de demostrar lo que valgo. Mientras tanto, he de conformarme con los sueños que cada noche me visitan. Sueños que hablan de periódicos, entrevistas y grandes eventos. Sueños de todo tipo, unas veces esperanzadores y otras fríos como el hielo. Sueños de grandeza y necesidad. Sueños de riqueza y de miseria. De alegría y tristeza. De errores y aciertos. De historias pasadas y de otras que están por venir…
Y mientras todos estos sueños me acompañan yo me hago la misma pregunta una y otra vez…
¿Lo conseguiré? ¿Será real algún día?

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