"Vittoria: La Reina del Caos"

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: "Vittoria: La Reina del Caos"

Mensaje por Larabelle Evans »

Papeles que cortan más que cuchillos.


La mañana se presentó limpia, puntual, casi amable. Demasiado.
El aula estaba llena del murmullo habitual de estudiantes medio dormidos. El proyector iluminaba la pared con imágenes de arquitectura industrial, líneas rectas, fábricas reconvertidas en espacios culturales. Vittoria estaba sentada en su lugar de siempre, espalda recta, cuaderno abierto, bolígrafo entre los dedos. A simple vista, era solo una chica más. La heredera no existía ahí.
El teléfono vibró una sola vez dentro de su bolso.
Vittoria no reaccionó de inmediato. Esperó a que la profesora terminara una frase, bajó la vista como quien revisa una anotación y entonces leyó el nombre en la pantalla.
Bianca.
No había emojis.
No había urgencia escrita.
Eso era lo que le tensó el estómago.
Guardó el teléfono sin responder. Anotó una línea que no tenía sentido. El pulso, sin embargo, ya no estaba en el aula.
Cuando sonó el timbre, Vittoria fue de las últimas en levantarse. Saludó a Giuliana con una sonrisa breve, escuchó a Allegra hablar de un trabajo pendiente y prometió verse luego. Todo automático.
En el coche, cuando el blindaje se cerró con su sonido seco, Vittoria soltó el aire que había estado reteniendo.
Vittoria dice con acento turinés, “Ahora sí. Habla.”
La voz de Bianca llegó clara, firme, con ese tono controlado que solo usaba cuando algo no estaba bien.
Bianca dice con acento genovés, “Tenemos un problema. Y no es ruidoso. Es de los que se infiltran.”
Vittoria apoyó la cabeza contra el respaldo, mirando el techo.
Vittoria dice con acento turinés, “Eso suena peor que un ataque directo.”
Bianca dejó escapar una exhalación corta.
Bianca dice con acento genovés, “El despacho Conti & Rinaldi.”
El nombre flotó entre ellas.
Vittoria frunció apenas el ceño.
Vittoria dice con acento turinés, “Nuestros auditores menores.”
Bianca dice con acento genovés, “Exacto. Los discretos. Los que nunca dan problemas.”
Vittoria cerró los ojos un instante.
Vittoria dice con acento turinés, “Cuando alguien nunca da problemas… es porque los está causando sin que lo veas.”
El coche avanzaba entre edificios grises. La ciudad seguía su rutina sin saber nada.
Bianca continuó, más despacio.
Bianca dice con acento genovés, “Detectamos filtraciones suaves. No contratos. No números grandes. Calendarios, horarios, pequeños ajustes en documentos que solo alguien interno puede mover.”
Vittoria abrió los ojos.
Vittoria dice con acento turinés, “¿Desde cuándo?”
Bianca dice con acento genovés, “Meses. Tal vez más. Se intensificó esta semana.”
Vittoria apretó el bolígrafo que aún tenía entre los dedos.
Vittoria dice con acento turinés, “¿Quién recibe esa información?”
Hubo un silencio breve.
Bianca dice con acento genovés, “No lo firman. No aparecen. Pero todo apunta al consorcio.”
Vittoria dejó escapar una risa seca, sin humor.
Vittoria dice con acento turinés, “Siempre tan elegantes. Nunca manchan sus manos.”
Bianca no rió.
Bianca dice con acento genovés, “La elegancia no los hace menos peligrosos.”
El coche se detuvo frente a una cafetería. Vittoria bajó, pidió un café cargado con demasiado azúcar y volvió al vehículo sin probarlo.
Vittoria dice con acento turinés, “¿Enrico?”
Bianca dice con acento genovés, “Está en Novara. El cargamento quedó bloqueado. Todo por vías legales. No podemos tocar nada sin exponernos.”
Vittoria miró el café entre sus manos.
Vittoria dice con acento turinés, “Entonces quieren ver si reacciono.”
Bianca dice con acento genovés, “O si pierdes el control.”
Vittoria levantó la vista hacia el reflejo del vidrio.
Vittoria dice con acento turinés, “No les voy a regalar ninguna de las dos cosas.”
De regreso en la villa, Vittoria no pasó por su habitación. Fue directo al despacho secundario. Enrico ya estaba ahí, serio, con varios documentos sobre la mesa.
Enrico dice con acento turinés, “Signorina.”
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, “Cuéntame todo. Sin suavizar.”
Enrico habló con precisión. Fechas, nombres, correcciones mínimas en informes, correos reenviados fuera de horario. Nada ilegal en apariencia. Todo sucio en conjunto.
Cuando terminó, Vittoria permaneció en silencio.
Vittoria dice con acento turinés, “No vamos a confrontarlos.”
Enrico parpadeó, sorprendido.
Enrico dice con acento turinés, “¿Está segura?”
Vittoria se giró.
Vittoria dice con acento turinés, “Si saben que los vimos, se esconden. Yo quiero que sigan creyendo que están ganando.”
Bianca asintió desde la pantalla del portátil.
Bianca dice con acento genovés, “Eso implica pérdidas.”
Vittoria apretó los labios.
Vittoria dice con acento turinés, “Las asumimos. El cargamento se da por perdido.”
Enrico frunció el ceño.
Enrico dice con acento turinés, “Eso duele.”
Vittoria lo miró sin dureza, pero sin ceder.
Vittoria dice con acento turinés, “Más nos dolería no saber quién más está mirando.”
Se sentó en la silla de Mássimo. No imitó su postura. Se permitió ser ella.
Vittoria dice con acento turinés, “Quiero todo el historial del despacho. Clientes, donaciones, vínculos políticos. Todo lo que sea legal encontrar.”
Bianca dice con acento genovés, “Y lo que no lo sea…”
Vittoria negó despacio.
Vittoria dice con acento turinés, “No ahora. Primero los entendemos. Después decidimos.”
Enrico asintió.
Cuando quedó sola, apoyó los codos en el escritorio y entrelazó los dedos. No sentía rabia. Sentía algo peor: claridad.
El consorcio seguía oculto.
El despacho creía estar protegido por el papel.

La tinta invisible.


2 días después.
El despacho estaba iluminado por una lámpara baja que dejaba el resto de la habitación en penumbra. El aire olía a papel, a impresora caliente y a café recalentado. Vittoria llevaba un rato largo sentada frente al escritorio, con varios documentos extendidos en abanico. Había subrayados, marcas a lápiz, pequeñas notas en los márgenes. Nada estaba fuera de lugar, y eso era precisamente lo que la inquietaba.
Bianca observaba desde un costado, con la espalda apoyada en la pared. Enrico permanecía de pie cerca de la ventana, mirando de vez en cuando la calle, atento a cualquier movimiento.
Vittoria dejó el último documento sobre la mesa y se frotó las sienes.
Vittoria dice con acento turinés, “No están robando. No todavía.”
Bianca se enderezó un poco.
Bianca dice con acento genovés, “¿Entonces qué están haciendo?”
Vittoria señaló una serie de cifras impresas.
Vittoria dice con acento turinés, “Están reorganizando nuestros contratos. Cambian plazos, recomiendan proveedores, sugieren auditorías internas. Todo parece ayuda.”
Enrico se acercó a la mesa y miró los papeles.
Enrico dice con acento turinés, “Eso lo hace cualquier despacho grande.”
Vittoria negó despacio.
Vittoria dice con acento turinés, “No cuando solo lo hacen en empresas vinculadas a nosotros.”
El silencio se volvió más denso. Afuera se escuchó el paso de un coche sobre la grava.
Bianca tomó uno de los informes.
Bianca dice con acento genovés, “Conti & Rinaldi tienen buena reputación. Trabajan para medio Piamonte.”
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, “Y por eso son peligrosos. Nadie sospecha de ellos.”
Se levantó y caminó hacia un panel donde habían colocado un esquema sencillo: nombres de empresas, flechas, fechas.
Vittoria tocó una de las tarjetas.
Vittoria dice con acento turinés, “Esta fundación cultural. Recibe dinero de tres sociedades relacionadas con el consorcio. Usa los mismos asesores legales.”
Enrico cruzó los brazos.
Enrico dice con acento turinés, “Están creando una red limpia alrededor de algo que no lo es.”
Vittoria lo miró con atención.
Vittoria dice con acento turinés, “Exacto. Si algo sale mal, ellos quedan protegidos. Nosotros no.”
Bianca respiró hondo.
Bianca dice con acento genovés, “Esto no es un ataque frontal.”
Vittoria regresó al escritorio y se sentó.
Vittoria dice con acento turinés, “Es presión constante. Quieren que pierda el control.”
Enrico inclinó la cabeza.
Enrico dice con acento turinés, “Creen que eres joven. Que reaccionarás mal.”
Vittoria apretó los labios antes de responder.
Vittoria dice con acento turinés, “Eso creen.”
Abrió una carpeta nueva, completamente vacía, y la colocó frente a ella.
Vittoria dice con acento turinés, “No los vamos a enfrentar. Todavía.”
Bianca alzó una ceja.
Bianca dice con acento genovés, “¿Entonces?”
Vittoria se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos en la mesa.
Vittoria dice con acento turinés, “Vamos a darles más trabajo. Más acceso. Que se sientan cómodos.”
Enrico frunció el ceño.
Enrico dice con acento turinés, “Eso significa darles información.”
Vittoria sostuvo su mirada sin titubear.
Vittoria dice con acento turinés, “Y observar cómo la usan.”
Bianca reflexionó unos segundos.
Bianca dice con acento genovés, “Si se equivocan, quedará por escrito.”
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, “Exactamente. Nada de violencia. Nada que nos exponga.”
Enrico miró la tablet que llevaba en la mano.
Enrico dice con acento turinés, “El consorcio organiza un evento en Milán. Reunión pública, empresarios, patrocinadores.”
Vittoria levantó la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, “¿Cuándo?”
Enrico dice con acento turinés, “En dos semanas.”
Vittoria respiró despacio.
Vittoria dice con acento turinés, “Ahí empezamos.”
Bianca la observó con atención.
Bianca dice con acento genovés, “¿Irás tú?”
Vittoria dudó un instante. Pensó en la universidad, en las clases, en la imagen que debía mantener.
Vittoria dice con acento turinés, “Sí. Como estudiante. Como heredera discreta. Nada más.”
Enrico asintió lentamente.
Enrico dice con acento turinés, “Estás pensando a largo plazo.”
Vittoria miró sus manos, firmes, sin temblar.
Vittoria dice con acento turinés, “No puedo permitirme otra cosa.”
Su teléfono vibró sobre el escritorio. Un mensaje de Marcco. Vittoria lo leyó sin abrirlo del todo y lo guardó.
Se levantó.
Vittoria dice con acento turinés, “Recuerden esto. Mientras mi padre no está, todo pasa por mí. Sin improvisaciones.”
Bianca y Enrico asintieron al mismo tiempo.
Cuando Vittoria salió del despacho, el pasillo estaba en silencio. La casa seguía su rutina habitual, como si nada estuviera ocurriendo.
Pero ella sabía que algo ya había empezado.
No se veía.
No hacía ruido.
Y precisamente por eso era peligroso.

Un respiro fuera de la tinta.


Vittoria caminó por el pasillo. La sensación de la madera pulida bajo sus pies era un ancla. Le recordaba que, a pesar de los despachos, el consorcio y las filtraciones silenciosas, todavía existía un mundo fuera del apellido. Un mundo que olía a café y no a papel viejo.
Sacó el teléfono. El mensaje de Marcco seguía ahí, inofensivo y simple.
Marcco: ¿Dónde estás? No te vi en el descanso. ¿Todo bien con tu trabajo?
Se permitió sonreír, una sonrisa pequeña, genuina. Era extraño cuánto necesitaba esa conexión normal después de pasar dos días diseccionando mentiras elegantes. Marcco no preguntaba por números, ni por auditorías. Preguntaba por ella.
Abrió el chat para responder.
Vittoria, "Estoy en casa. Cosas aburridas, ya sabes. Pero terminamos por hoy."
Escribió otra línea, dudó, y la borró. No quería la mentira de las 'cosas aburridas'. Quería la verdad sin el peligro. Quería la pausa.
Vittoria, "Voy por ti. Dame media hora y estoy en la puerta de la facultad. No tengo ganas de pensar en nada más. Solo quiero terminar la tarde contigo, Marcco. ¿Te parece bien?"
El teléfono vibró casi al instante.
Marcco: Me parece... la mejor idea del día. Te espero. No tardes.
El mensaje era breve, pero la urgencia de su respuesta le infló el pecho de una calidez que el café cargado nunca podía darle. Era un tipo de oxígeno diferente.
Vittoria subió a su habitación. No era solo cambiarse de ropa, era un cambio de piel. Se miró en el espejo, observando los contornos demasiado tensos de su mandíbula. Había sido fría, distante, absorta en la neblina gris de las finanzas y las traiciones. Marcco merecía más que la sobra emocional de la heredera. Se lo había ganado con su paciencia, con su humor ligero y con el simple hecho de ser una persona completamente ajena a la toxicidad de su mundo.
Ella no podía darle una vida normal, no del todo, pero sí podía darle a la Vittoria que él amaba. La que reía, la que no cargaba con el peso de Turín.
Se duchó rápido, buscando la sensación del agua fría para terminar de despejar la mente. Salió envuelta en una toalla, caminó hacia el vestidor y abrió las puertas de un compartimento especial.
Para Marcco, no usaría la ropa de diseñador ni las piezas costosas. Usaría algo que fuera solo para él.
Eligió un conjunto de lencería de seda negra, sin encaje, pura. El sujetador, un balconette de corte profundo, apenas cubría lo esencial, levantando y exponiendo la curva del pecho con una audacia calculada. Las copas eran lisas, de un satén que prometía deslizarse bajo la ropa.
La parte inferior era un tanga de tiro bajo, casi una tira, que acentuaba la cadera con delicadeza. Era el conjunto de menos tela, pero de mayor intención.
Sobre la lencería, se puso un vestido sencillo. No quería la ostentación que levantaría sospechas en la facultad. Escogió un vestido lencero de satén de seda en un tono borgoña profundo. El corte era fluido, con un escote en V que no era vulgar, pero que dejaba vislumbrar el balconette de seda negra que llevaba debajo. Las tiras del vestido eran finas, dobles sobre los hombros, y la tela caía hasta la mitad del muslo. Era la antítesis de sus trajes de despacho: suave, libre, y deliberadamente revelador si la luz jugaba a su favor.
No se puso joyas, salvo su pequeño collar de oro blanco. Se ató el cabello en una coleta alta, dejando que algunos mechones enmarcaran su rostro. El maquillaje era mínimo: solo un toque de delineador y un labial color vino que hacía juego con el vestido.
No era solo vestirse. Era una declaración silenciosa: la Vittoria que salía ahora de la villa no tenía que luchar contra nadie. Solo iba a ser deseada. Y por la forma en que se movía, sabía que lo lograría.
Salió de la villa sin mirar atrás, el borgoña del vestido contrastando con el interior oscuro del coche. Ella misma condujo, un pequeño acto de rebeldía contra la rigidez de su seguridad, aunque el vehículo seguía siendo un modelo discreto pero potente.

enfrentando realidades contra el pasado doloroso.

El trayecto hacia la universidad era corto. La ciudad se movía a una velocidad que ella envidiaba: la gente iba y venía, ajena al juego de poder que se libraba en las sombras. En la periferia de la facultad, Vittoria desaceleró, buscando la silueta familiar.
Lo encontró junto a las escalinatas principales. Marcco estaba apoyado contra una columna, con las manos en los bolsillos, hablando con otro chico: alto, de cabello oscuro, con el aire relajado de quien no tiene una corporación sobre sus hombros. Alexander.
Vittoria detuvo el coche a unos metros, sin acercarse demasiado, sabiendo que la presencia de un vehículo tan pulcro, aunque no ostentoso, ya era suficiente señal. Bajó la ventanilla.
Marcco la vio de inmediato. Su rostro se iluminó con una sonrisa que era la razón precisa por la que ella había venido. Se despidió de Alexander con un golpe amistoso en el hombro y caminó hacia el coche.
Marcco abrió la puerta y se deslizó en el asiento del copiloto. El olor a seda, perfume y a la propia Vittoria lo envolvió. Cerró la puerta con un clic suave.
Marcco dice con acento turinés, "Llegas en el momento justo. Alexander quería convencerme para ir a una fiesta de ex-alumnos. Tú me salvaste, gracias."
Su tono era ligero, pero Marcco se mantuvo en su lado del asiento, con el brazo apoyado en el marco de la ventanilla, mirando más la calle que a ella. Había una distancia que no era física, sino emocional, el eco de los días en que Vittoria había estado fría, ausente, viviendo solo para el peso de su herencia.
Vittoria, sintiendo el vacío entre ellos, dudó apenas un instante. Se inclinó sobre la consola central, acercándose a él, la tela borgoña del vestido susurrando contra el cuero. El perfume sutil que usaba, solo para él, alcanzó a Marcco.
Vittoria dice con acento turinés, "Marcco..." Dijo su nombre con un tono bajo, casi una súplica.
Él no se movió de inmediato. Mantuvo la mirada fija al frente, incómodo.
Marcco dice con acento turinés, "Vittoria, estoy bien, de verdad. Conduce. ¿A dónde vamos?" Su voz era plana, defensiva. Intentaba continuar con esa armadura.
Ella ignoró la pregunta. Su mano se levantó despacio y rozó la mejilla de Marcco. La piel de él estaba cálida.
Vittoria dice con acento turinés, "No me pidas que conduzca. No ahora." Retiró la mano, dejando que la cercanía hablara por sí misma. Sus ojos, antes fríos por los números y la estrategia, ahora estaban abiertos, vulnerables. "Sé que he sido una imbécil estos días. Lo siento."
Marcco giró la cabeza, su ceño ligeramente fruncido, y esa expresión de resentimiento contenido le dolió a Vittoria más que cualquier ataque empresarial.
Marcco dice con acento turinés, "No te has comportado como una imbécil. Te has comportado como... como la heredera. Distante. Ocupada. Como si yo fuera una cita que tienes que cumplir entre reuniones." Hizo una pausa, la voz un poco más áspera. "Entiendo tus responsabilidades, Vittoria, pero no me pidas que pretenda que no me duele que me trates como una nota a pie de página en tu agenda."
El aire se había ido del coche. Ella sintió un nudo en la garganta.
Vittoria dice con acento turinés, "Tienes razón. Lo tienes. Y te juro que no es porque no me importes. Es lo contrario. Es porque me importas demasiado." Se acercó de nuevo, esta vez apoyando el antebrazo en el muslo de Marcco, buscando el contacto real. "Todo este caos... las cosas que tengo que enfrentar... a veces el miedo me hace volverme fría, me encierro. No quiero que nada de esa mierda te toque."
Las yemas de sus dedos rozaron el borde de la camisa de Marcco.
Marcco dice con acento turinés, "¿No quieres que me toque? ¿O no quieres que yo te toque?" La pregunta era punzante, lanzada sin aliento. Se echó hacia atrás, separándose del contacto de Vittoria, y su mirada recorrió el vestido borgoña con una mezcla de deseo frustrado y amargo resentimiento. "Llegas con este… atuendo. Vienes y me dices que te importo, pero has estado ausente, Vittoria. Distante. Fría con el mundo y conmigo." Su voz bajó, un susurro cargado de dolor y la vieja herida. "Y no puedo evitar preguntarme si toda esta ‘mierda’ que no quieres que me toque es la empresa… o si es la Vittoria que escapa a otros sitios cuando yo no soy suficiente."
El nombre de la enfermedad que la había marcado flotó implícito en el aire denso del coche.
Vittoria sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura exterior. Su cuerpo se tensó; ese era el miedo, el verdadero, el que no podía disecar en un informe. La confianza de Marcco era más frágil que cualquier acuerdo legal.
Vittoria dice con acento turinés, "Marcco. Para." Su tono era una orden suave, una súplica de respeto. "No vuelvas ahí. No he estado con nadie más. Lo juro." Sus manos, que antes lo buscaban, ahora se quedaron quietas en su propio regazo. "He estado en el despacho de mi padre, hundida en números y abogados que quieren mi cuello. He estado tomando decisiones que afectan la vida de cien personas, sin dormir, intentando no cometer un error que le cueste a mi familia el nombre."
Marcco se rió, una risa hueca.
Marcco dice con acento turinés, "¿Y te vistes así para tus guardias?" Sus ojos se clavaron en ella, ardientes. "Cuando te pones esa lencería, Vittoria, no estás haciendo un análisis de costos. Estás buscando una conexión. Dime la verdad. ¿Estás tan aburrida, tan estresada por todo eso, que la necesidad regresó? ¿La sensación de no ser suficiente? Porque sé cómo funciona. Y no quiero ser la siguiente mentira en tu agenda." Se inclinó hacia ella, el rostro cerca, la confusión y los celos luchando en sus ojos. "Dime que no. Dime que no tienes una nueva agenda oculta, y que esta vez, el juego no soy yo."
Ella sintió que las palabras de Marcco cortaban más profundamente que cualquier cuchillo empresarial. Él estaba celoso, dolido, y sobre todo, tenía miedo de perderla de la misma forma en que la había perdido antes.
Vittoria dice con acento turinés, "Mírame." Su voz era firme, obligándolo a sostenerle la mirada. "Si me puse esto, Marcco, es porque llevo dos semanass siendo una máquina fría que solo respira para una corporación. Y la única forma que tengo de sentirme real, de sentirme deseada y viva, es contigo." Inclinó la cabeza ligeramente, dejando que él viera la vulnerabilidad genuina en sus ojos. "No es una recaída. Es un ancla. Es la única forma en que puedo asegurarme de que no me convierta solo en la heredera. Eres la única persona con la que quiero ese tipo de conexión, Marcco. No hay nadie más."
La tensión en el coche no cedía, pero el dolor en los ojos de Marcco comenzó a mezclarse con una duda cautelosa. Él todavía estaba herido, pero la honestidad, la cruda verdad de Vittoria, siempre era su debilidad.
Marcco soltó un suspiro, pero no de alivio. Era el sonido de un límite que se rompía. Su mano se cerró en un puño invisible sobre su muslo.
Marcco dice con acento turinés, "Si es un ancla, ¿por qué has tardado dos semanas en darte cuenta de que te estabas hundiendo? ¿Por qué tuve que verte ahora, en un coche, vestida así, para que me miraras a los ojos y me dijeras algo real? ¿Crees que no duele, Vittoria? Creí que habíamos superado esto. Creí que cuando dijiste que querías ser diferente, que yo era suficiente, lo decías en serio." Se inclinó hacia adelante, la cabeza gacha, la voz llena de una frustración que no podía contener. "Soy tu puto ancla, ¿no? Pero me has tratado como el equipaje que dejas en el maletero mientras resuelves lo importante."
Vittoria sintió que el golpe la desarmaba. Era verdad. Había priorizado la estrategia y había descuidado la persona que la mantenía cuerda.
Vittoria dice con acento turinés, "Tienes todo el derecho a estar enfadado. Lo sé." Levantó su mano y rozó su cabello. "He sido egoísta, concentrada solo en no arruinarlo todo en el despacho. Pero no me he olvidado de ti. Y no me he olvidado de lo que soy."
Se enderezó, la mano cayendo. Ella no iba a mentirle, ni a usar la lencería como única excusa.
Vittoria dice con acento turinés, "Desde que mi padre se hizo cargo de Leila, he estado en videollamada con Karol tres veces a la semana. En Turín a nadie le importa, pero ella lo ve. Me dijo lo mismo que tú: que me estaba volviendo un témpano." Asintió, forzando la verdad a salir. "Estoy haciendo mis ejercicios, Marcco. No estoy recayendo. Estoy lidiando con todo esto de la única manera que sé, y sí, a veces me encierro. Pero no me he saltado ni una sesión. Lo he priorizado, incluso sobre el sueño. Me he obligado a escribir en mi diario. Me he obligado a comer, incluso cuando el estómago me dolía por la tensión."
Ella extendió su mano, pidiendo la suya.
Vittoria dice con acento turinés, "Esto... la lencería, el vestirme así, no es una fuga. Es una herramienta. Es la forma que tengo de recordarme a mí misma que tengo un cuerpo que desea, que siento, que soy más que la Signorina Marttini. Y quiero compartirlo contigo. Solo contigo. No con el consorcio, ni con los putos auditores. Con mi chico. Mi ancla."
Marcco dudó. Su respiración seguía siendo pesada, pero la mención de Karol, de su terapeuta, y el detalle de las sesiones y los ejercicios, era una barrera que no se podía superar con resentimiento. Ella estaba luchando.
Marcco dice con acento turinés, "Es la primera vez que me hablas de Karol en meses." Se dejó la mano en el regazo, pero su rigidez se había suavizado. "Si me hubieras dicho... 'estoy estresada, necesito un día', lo habría entendido."
Vittoria dice con acento turinés, "No. No lo habrías entendido, Marcco. Habrías pensado que estaba al borde. Y no lo estoy. Estoy fuerte. Pero necesito que me creas, no solo cuando soy blanda, sino también cuando tengo miedo y me vuelvo dura."
Marcco la miró, analizando cada línea de su rostro, buscando la mentira que no estaba ahí.
Marcco dice con acento turinés, "Vale. De acuerdo." Su tono era un compromiso, no una rendición. Dejó que Vittoria tomara su mano. Entrelazó sus dedos. "Conduce. Y no hablemos más de auditores, ni de tu maldita familia. Hablemos de mí, de ti, de cómo vamos a usar esta tarde para que no sigamos así.
Vittoria no esperó a que la rabia o la cautela de Marcco volvieran. Soltó su mano, se giró del todo sobre el asiento y se lanzó sobre la consola central, salvando la distancia entre ellos con una urgencia que no dejaba espacio para la duda.
Sus manos se aferraron al cuello de la camisa de Marcco, el satén borgoña del vestido susurró contra el denim de sus piernas, y sus bocas se encontraron. No fue un beso suave de reconciliación; fue un asalto, una declaración visceral de posesión y necesidad.
Los labios de Vittoria eran firmes, húmedos por el labial color vino, y lo besó con el desespero de quien se aferra a un salvavidas. La boca de ella se abrió apenas, invitando, exigiendo. El sabor a café y el perfume que solo usaba para él —un jazmín ahumado y vainilla— lo inundaron.
Marcco gimió bajo la sorpresa, la tensión de su cuerpo rompiéndose con la misma velocidad con que el hielo se quiebra en un vaso. Él le respondió al instante, su mano libre se deslizó detrás de la cabeza de Vittoria, enredándose en su coleta alta para atraerla más profundamente. La otra mano se aferró a su cintura, sintiendo el cuerpo delgado y fuerte bajo la seda.
Vittoria se inclinó más, su pecho, elevado por el balconette de seda negra, rozó su brazo con una fricción intencionada. Ella lo sabía: el vestido, la lencería, el beso apasionado, todo era un arma de seducción que él no podía resistir. Y a ella le encantaba. No por el poder de la vanidad, sino porque en ese contacto ardiente, en la forma en que él le respondía, se sentía completamente real y singularmente suya.
Marcco interrumpió el beso solo para jadear, sus ojos fijos en los de ella, oscuros, encendidos por el deseo y la adrenalina.
Marcco dice con acento turinés, "Dios, Vittoria. Así sigue..." La voz le salió ronca, sin aliento. Apretó su cuerpo con una posesividad que le devolvió el aliento.
Vittoria sonrió contra su boca, una sonrisa de triunfo adolescente, sin rastro de la frialdad de la heredera.
Vittoria se estremeció bajo la intensidad de la mirada de Marcco y el roce de sus manos en su cuello se detuvo cuando él se apartó suavemente, recuperando la distancia que ella había acortado con tanta urgencia. La sonrisa de triunfo adolescente se desvaneció de sus labios al instante, sustituida por la tensión de la confrontación que aún no estaba resuelta.
Marcco dice con acento turinés, "Espera. Para."
Su voz era apenas un susurro, pero la autoridad en ella era innegable. Se echó hacia atrás en su asiento, rompiendo el contacto visual por un segundo para tomar una respiración profunda, luchando por controlar la adrenalina. Su mano se levantó y cubrió la de Vittoria que aún reposaba en su pecho.
Marcco dice con acento turinés, "No. No vamos a hacer esto así." Miró el vestido, la curva de su pecho revelada, y luego la miró a los ojos, con el dolor aún flotando en sus profundidades. "Entiendo que estés estresada, entiendo que me necesites. Te creo cuando dices que no hay nadie más. Pero... sabes lo que esto significa, Vittoria."
Su tono se volvió más grave, más firme, cortando cualquier excusa que ella pudiera esgrimir.
Marcco dice con acento turinés, "Cada vez que las cosas se ponían difíciles, cada vez que tu mundo se desmoronaba por tu culpa y escapabas, regresabas y usabas esto." Su mano hizo un gesto vago hacia el cuerpo de ella, hacia la lencería que sabía que llevaba debajo. "El sexo era tu arma infalible, la moneda de cambio para que yo no te pidiera explicaciones, para que no te hiciera responsable. Era la forma en que comprabas mi silencio."
La acusación, aunque justa, la golpeó como un latigazo. El labial color vino no podía ocultar la palidez de sus labios.
Vittoria se encogió, apenas moviéndose.
Vittoria dice con acento turinés, "No es lo que estoy haciendo ahora, Marcco."
Marcco negó con la cabeza, su expresión de profunda decepción.
Marcco dice con acento turinés, "Puede que no lo sea conscientemente, pero es tu reflejo, ¿no es así? Dos semanas de frialdad y luego... apareces en el coche, vestida para que no pueda pensar en nada más que en ti. Me estás pidiendo que ignore el dolor que me causaste en las últimas semanas a cambio de esta urgencia." Respiró hondo. "Ya no puedo. Ya no soy ese chico, Vittoria."
Su mano tomó la de ella, entrelazando sus dedos con una firmeza que no era romántica, sino de contención.
Marcco dice con acento turinés, "Tienes que hacer esto diferente. Si quieres que crea que has cambiado, tienes que darme el espacio para procesar que me has tratado como una nota al pie de página. El deseo no arregla el daño." Miró los ojos de Vittoria. "Quiero esta tarde contigo. Quiero tu honestidad. Quiero saber quién eres cuando no tienes que seducirme. Quiero tu tiempo, no tu cuerpo. No ahora."
Apretó su mano una última vez, liberándola después.
Marcco dice con acento turinés, "Vamos. Conduce. Y no hablemos de esto de nuevo. Solo hablemos de lo que nos mantiene cuerdos, no de lo que nos rompe. Pero ten esto claro: Si queremos seguir, el sexo no será más el borrador de tus problemas. Tiene que ser honesto, como tú prometiste que serías honesta."
Vittoria asintió, con la garganta anudada. La había confrontado, la había desarmado y la había obligado a enfrentar su viejo patrón. Era un tipo de intimidad más profundo y más peligroso que cualquier lencería.
Vittoria dice con acento turinés, "Vale. De acuerdo." Tomó el volante. Sus manos, que momentos antes se habían aferrado a la camisa de Marcco, ahora estaban firmes sobre el cuero. "Esta tarde es tuya. Haremos lo que tú quieras. Sin hablar de trabajo... ni de nosotros. Solo seremos nosotros, Marcco."
Puso el coche en marcha. El motor ronroneó. La ciudad se movía de nuevo.
Marcco se relajó en su asiento, cerrando los ojos por un instante. Se había salvado de caer en la trampa, y la victoria no era dulce, sino necesaria. Abrió los ojos y miró a Vittoria conducir, su perfil duro suavizado por el tono borgoña del vestido.
Marcco dice con acento turinés, "Vamos al cine. Hay una nueva película en el cine de la esquina, de las que odias, pero que a mí me encantan. ¿Te parece?"
Vittoria forzó una sonrisa, una sonrisa real.
Vittoria dice con acento turinés, "Me parece una tortura gloriosa. Lo que tú digas."
Ella se obligó a concentrarse en la carretera, en la luz del sol que se colaba por el parabrisas, en la presencia silenciosa de Marcco a su lado. La tensión empresarial había sido reemplazada por la tensión emocional, pero esta era una batalla que, si la ganaba, la haría más fuerte. No iba a usar su cuerpo para escapar. Iba a usar su presencia.
Larabelle Evans
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Re: "Vittoria: La Reina del Caos"

Mensaje por Larabelle Evans »

Turín sin Mássimo.

Punto de Vista: Vittoria.

Turín amanece con una niebla espesa que no deja ver más allá de dos edificios. Vittoria observa la ciudad desde la ventana del despacho principal de la fábrica. No lleva uniforme escolar. Lleva un abrigo oscuro de corte limpio, cabello recogido, expresión contenida. En la mesa hay contratos, un portátil abierto y un café que ya se enfrió.
Mássimo está en Sicilia. Catania lo retiene con asuntos que no se resuelven por teléfono. Y esta vez no dejó un sustituto. La dejó a ella.
Bianca entra sin hacer ruido. Tacones bajos, carpeta en mano, acento genovés que siempre parece deslizarse como si las palabras tuvieran filo.
Bianca dice con acento genovés, "El despacho Rinaldi volvió a enviar una notificación. Solicitan acceso anticipado a los registros de exportación. Alegan auditoría cruzada."
Vittoria no se gira de inmediato. Mira su reflejo en el vidrio. Sabe que no es paranoia si realmente la están midiendo.
Vittoria dice con acento turinés, "Rinaldi no pide acceso sin que alguien lo empuje. ¿El Consorcio?"
Bianca sostiene la mirada un segundo más de lo necesario.
Bianca dice con acento genovés, "No hay firma directa. Pero hay silencio. Y el silencio del Consorcio siempre significa que están escuchando."
El Consorcio. No es una familia. No es un clan tradicional del norte como los viejos nombres de Lombardía o Piamonte. Es más moderno. Más empresarial. Dinero legal, inversiones cruzadas, influencia política. Son el tipo de enemigos que no disparan primero. Compran.
Enrrico aparece detrás de Bianca. Acento turinés, hombros anchos, discreto. Es leal, pero no es sentimental.
Enrrico dice con acento turinés, "Tenemos un problema menor en el almacén de Collegno. Un envío fue retenido en revisión aduanera interna. Nada grave todavía."
Vittoria finalmente se gira. Sus ojos están despiertos, atentos. No hay dulzura ahora. Tampoco hay crueldad. Hay cálculo.
Vittoria dice con acento turinés, "Nada es menor si coincide con auditorías oportunas. Quiero nombres. Inspector, intermediario, quién hizo la llamada."
Bianca asiente.
Bianca dice con acento genovés, "Ya estamos moviendo hilos."
La fachada oficial sigue intacta. Fábricas de chocolate artesano. Exportación creciente. Nuevos acuerdos con Suiza y Francia. Reportes limpios. Pero la mafia del norte no se sostiene con pistolas en la calle. Se sostiene con presión económica, alianzas invisibles, castigos financieros.
Vittoria lo ha estudiado. En Milán, los clanes prefieren infiltrar consejos administrativos. En Génova, el puerto es la arteria. En Turín, el juego siempre ha sido más silencioso: industrias, logística, distribución. Controla la ruta y controlas el negocio.
Ella camina hacia la mesa y revisa el contrato del despacho Rinaldi. Las cláusulas están bien redactadas. Demasiado bien.
Vittoria dice con acento turinés, "No quieren información. Quieren reacción."
Enrrico frunce el ceño.
Enrrico dice con acento turinés, "¿Provocación?"
Vittoria asiente.
Vittoria dice con acento turinés, "Si me niego, soy sospechosa. Si cedo demasiado, parezco débil. Necesitan ver si soy una niña jugando a dirigir."
La palabra niña queda suspendida en el aire. Bianca la observa con atención distinta. No compasión. Evaluación.
Bianca dice con acento genovés, "Entonces no niegues. Entrega lo que es legal entregar. Nada más. Y deja que vean que sabes dónde están los límites."
Vittoria toma aire. Lo suelta despacio. No hay margen para errores emocionales.
Vittoria dice con acento turinés, "Preparen una reunión formal con Rinaldi. Aquí. En mi oficina. Quiero que me miren a la cara cuando intenten medir mi pulso."
Enrrico duda apenas.
Enrrico dice con acento turinés, "Van a presionar."
Vittoria lo sostiene con la mirada.
Vittoria dice con acento turinés, "Que presionen."
Silencio breve.
La realidad es más compleja que los relatos románticos sobre la mafia. No hay códigos de honor en cada esquina. Hay intereses. Hay dinero. Hay reputación. Y hay errores que cuestan caro.
Bianca cierra la carpeta.
Bianca dice con acento genovés, "También hay otro asunto. Un proveedor secundario de cacao cambió condiciones sin aviso. Está alineado con una empresa vinculada al Consorcio."
Vittoria sonríe apenas. No es una sonrisa alegre.
Vittoria dice con acento turinés, "Entonces ya empezaron."
Camina hasta la pared donde cuelga el mapa logístico del norte de Italia. Turín, Milán, Génova, rutas marcadas en líneas discretas. No es territorio de guerra abierta. Es territorio de influencia.
Vittoria pasa el dedo por la línea que conecta Turín con el puerto de Génova.
Vittoria dice con acento turinés, "No van a atacarnos frontalmente. Van a asfixiar. Despachos, proveedores, inspecciones, retrasos."
Enrrico cruza los brazos.
Enrrico dice con acento turinés, "¿Respuesta?"
Ella piensa unos segundos.
Vittoria dice con acento turinés, "Diversificación inmediata de proveedores. Contacta con Calabria. Que no dependamos de nadie que pueda girarse contra nosotros."
Bianca inclina la cabeza.
Bianca dice con acento genovés, "Eso enviará un mensaje."
Vittoria asiente.
Vittoria dice con acento turinés, "Exacto."
La puerta del despacho se cierra detrás de ellos. Vittoria queda sola por un instante. Mira sus manos. No tiemblan. Eso la tranquiliza más de lo que debería.
Ser heredera no es dar órdenes. Es entender cuándo alguien está probando tus costuras.
Fuera, las máquinas de la fábrica siguen funcionando. El olor a cacao tostado invade el aire. Dulce, espeso, constante.
Turín no sabe que una guerra silenciosa acaba de empezar entre oficinas pulcras y contratos impecables.
Y Vittoria, menor de edad todavía, está en el centro.
El apellido pesa. Pero también sostiene.

Reunión de producción.

La sala de juntas de la fábrica está en el segundo piso, con vista directa a una de las líneas de empaquetado. A través del cristal se observa el movimiento constante: cintas transportadoras en marcha, operarios con guantes y cofias blancas, cajas apiladas con precisión. El olor a cacao tostado y manteca de cacao es persistente, limpio, reconocible.
Vittoria entra puntual. Lleva el cabello recogido en una coleta baja, blazer oscuro, blusa clara sin adornos. No aparenta ser menor de edad cuando toma asiento en la cabecera. En la mesa ya la esperan el director de producción, la jefa de marketing, el responsable financiero y el maestro chocolatero principal.
No hay tensión abierta. Pero sí atención. Ella no está de adorno.
El director financiero desliza una carpeta hacia ella.
"Las ventas del último trimestre cerraron con un crecimiento del 6,8% respecto al año pasado", explica con tono neutro. "El segmento que más creció fue el de cajas premium para regalo, especialmente en temporada navideña."
Vittoria revisa las cifras sin apresurarse. Márgenes, costos logísticos, distribución nacional e internacional. No pasa las páginas rápido. Se detiene donde hace falta.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y el segmento joven? El rango de 18 a 30 años."
La jefa de marketing interviene.
"Se mantiene estable, pero no crece al mismo ritmo que el premium clásico. Nuestro público joven compra más en temporadas específicas, no de forma constante."
Vittoria asiente. Toma nota en su tableta.
Vittoria dice con acento turinés, "Entonces necesitamos productos que no solo se compren para regalar. Que se compren por impulso."
El maestro chocolatero coloca sobre la mesa una bandeja con muestras. Cada pieza está identificada con una tarjeta técnica. No es una degustación improvisada. Es evaluación formal.
Primera propuesta: chocolate negro 72% con infusión natural de naranja sanguina y pequeños cristales de sal marina del Mediterráneo. Presentación en tabletas delgadas, envueltas en papel reciclado con diseño minimalista.
El maestro explica el proceso.
"Se trabaja con cacao de origen ecuatoriano. La infusión se realiza en fase líquida antes del templado final para conservar el aroma cítrico sin alterar la textura."
Vittoria toma una muestra. Observa el corte limpio. La textura es firme. Prueba un pequeño fragmento. Evalúa sin exagerar gestos.
Vittoria dice con acento turinés, "El balance es correcto. ¿Costo por unidad?"
El financiero responde con precisión numérica. Ella calcula mentalmente el margen.
Segunda propuesta: bombones rellenos de crema de pistacho de Bronte y crujiente de almendra tostada. Cobertura de chocolate con leche 45%. Caja rígida en tonos verde oscuro y dorado mate.
La jefa de marketing añade:
"Este producto apunta al consumidor adulto joven que busca algo sofisticado pero reconocible. El pistacho tiene buena percepción en redes sociales."
Vittoria observa el empaque. Lo abre. Examina el interior. Separadores firmes, acabado limpio.
Vittoria dice con acento turinés, "La presentación es sólida. Pero el dorado debe ser discreto. Nada brillante."
El responsable asiente y toma nota.
Tercera propuesta: línea experimental de chocolate blanco con matcha japonés y frambuesa deshidratada. Segmento claramente orientado a público joven y a mercados internacionales.
El maestro chocolatero aclara:
"El matcha se integra en polvo fino durante el mezclado. El color verde es natural, no utilizamos colorantes."
Vittoria observa el tono. No es artificial. Es suave.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Aceptación en pruebas internas?"
Marketing responde:
"En focus group con universitarios, la reacción fue positiva. Lo consideran moderno. Diferente."
La palabra diferente le interesa.
Vittoria dice con acento turinés, "Manténganlo como edición limitada inicial. Si funciona, ampliamos producción en el tercer trimestre."
Se proyectan en pantalla las previsiones para 2026. Expansión en comercio electrónico, alianzas con tiendas gourmet en Milán y Bolonia, y presencia en ferias internacionales del sector alimentario.
El director de producción señala un punto técnico.
"Para aumentar volumen en la línea premium necesitaremos ajustar turnos o invertir en una nueva máquina de templado."
Vittoria no responde de inmediato. Revisa los números de inversión.
Vittoria dice con acento turinés, "No ampliamos infraestructura hasta ver resultados del segundo trimestre. Optimicen turnos primero. Si la demanda supera el 12% proyectado, entonces invertimos."
No hay improvisación en su tono.
La reunión continúa con análisis de materias primas. Cacao, azúcar, manteca, frutos secos. Se mencionan proveedores actuales y posibles alternativas. Vittoria presta atención especial cuando se habla de abastecimiento.
Vittoria dice con acento turinés, "Quiero contratos diversificados. Ningún proveedor debe representar más del 30% del total de materia prima crítica."
El financiero la mira un segundo más de lo habitual. Entiende que la instrucción no es solo empresarial. Es estratégica.
Se revisan también las nuevas presentaciones físicas. Cajas más compactas, diseños sobrios, códigos QR que dirigen a contenido digital sobre el origen del cacao y el proceso artesanal.
Marketing comenta:
"El público joven valora la transparencia y la historia del producto."
Vittoria asiente.
Vittoria dice con acento turinés, "Entonces contemos la historia real. Origen, proceso, calidad. Sin exageraciones."
La reunión dura más de una hora. No hay discursos motivacionales. Hay decisiones concretas.
Al final, el director financiero resume:
"Si aprobamos las tres líneas, el lanzamiento oficial sería en abril."
Vittoria cierra la carpeta.
Vittoria dice con acento turinés, "Apruebo las tres. Ajusten detalles de empaque esta semana. Quiero prototipos finales en diez días."
Todos asienten.
Cuando la sala comienza a vaciarse, el sonido de la fábrica vuelve a imponerse desde el otro lado del cristal. Máquinas en ritmo constante. Personal en movimiento. Producción real.
Vittoria permanece sentada unos segundos más. Observa las cajas ya selladas con el apellido Marttini impreso en relieve.
No es solo chocolate. Es reputación. Es fachada legal. Es sustento económico. Y ahora, es su responsabilidad directa.
Se levanta. Endereza el blazer. Sale de la sala sin apresurarse.
Ese mismo día aún le espera la reunión con el despacho Rinaldi.

Llamada a Madrid.


El despacho queda en silencio cuando Vittoria cierra la puerta. Afuera siguen las máquinas, el movimiento constante de la producción, el olor a cacao caliente que se filtra incluso con el vidrio sellado. Dentro, solo el zumbido leve del aire acondicionado y el teclado de su portátil.
Son las once y media de la mañana. En menos de dos horas tendrá que sentarse frente al despacho Rinaldi. Antes de eso, necesita recordar que no todo en su vida son contratos y presiones silenciosas.
Abre una carpeta digital que no tiene el logo de la empresa. Tiene su nombre.
Bocetos.
Diseños de chaquetas estructuradas con cortes asimétricos. Faldas de talle alto con caída limpia. Telas pensadas para invierno: lana fría, satén mate, organza para detalles más ligeros. Nada exagerado. Todo estudiado.
Pasa los dedos por el touchpad y amplía uno de los diseños. Es un conjunto de dos piezas en color marfil con líneas definidas en la cintura. Lo mira con atención crítica. Ajusta la caída del hombro. Corrige el ancho de la manga.
Aquí su respiración es distinta. No está calculando márgenes de cacao ni movimientos de proveedores. Está pensando en proporciones, en textura, en cómo se siente una tela sobre la piel.
El móvil vibra sobre el escritorio.
No es Marco esta vez. Es un recordatorio de calendario: reunión con Rinaldi, 13:30.
Lo ignora un momento.
Busca el contacto y presiona llamar.
Larabelle.
El tono suena internacional. Dos veces. Tres.
Al cuarto timbrazo contestan con energía.
Larabelle dice con acento peruano, "¡Vittoooria! Reina, ¿estás viva o te tragó Italia entera?"
A Vittoria se le escapa una sonrisa real. Se recuesta en la silla.
Vittoria dice con acento turinés, "Sigo viva. Y sigo estudiando. Aunque a veces siento que estudio y dirijo media empresa al mismo tiempo."
Larabelle suelta una risa amplia, sonora.
Larabelle dice con acento peruano, "Ay, mi niña intensa. Siempre queriendo comerse el mundo en cucharadas grandes. Cuéntame todo. ¿Cómo vas en la carrera?"
Vittoria gira la pantalla hacia ella misma, aunque Larabelle no puede verla. Es un gesto automático.
Vittoria dice con acento turinés, "Estoy trabajando en una colección cápsula para evaluación final de semestre. Inspiración urbana, líneas limpias, cortes funcionales. Nada recargado. Estoy tratando de que cada prenda tenga propósito."
Larabelle guarda un segundo de silencio. Luego responde con tono más profesional, pero igual de cercano.
Larabelle dice con acento peruano, "Eso me gusta. La ropa no es disfraz, es estructura. Si la prenda no sostiene a quien la usa, no sirve. ¿Ya estás pensando en telas o solo en silueta?"
Vittoria mira sus bocetos.
Vittoria dice con acento turinés, "Ya estoy investigando textiles. Quiero trabajar con proveedores locales en Turín. Calidad alta, pero producción responsable."
Larabelle suelta un pequeño chasquido de aprobación.
Larabelle dice con acento peruano, "Eso, mi amor. Conciencia y estética. Así se construye marca."
Vittoria respira hondo. El siguiente tema no es académico.
Vittoria dice con acento turinés, "También te llamo por algo más personal."
Larabelle cambia el tono, pero no pierde la calidez.
Larabelle dice con acento peruano, "Habla, hija. ¿Qué pasó?"
Vittoria se levanta y camina hacia la ventana. Desde allí ve parte del estacionamiento de la fábrica y el movimiento de camiones de distribución.
Vittoria dice con acento turinés, "Mi padre se casa este año."
Larabelle emite un sonido de sorpresa sincera.
Larabelle dice con acento peruano, "¿Mássimo? ¿El señor serio de traje oscuro? No me lo imagino en boda, pero me encanta."
Vittoria sonríe apenas.
Vittoria dice con acento turinés, "Quiere algo discreto. Elegante. Sin espectáculo innecesario."
Hace una pausa breve.
Vittoria dice con acento turinés, "Quiero diseñar el traje de él. Y el vestido de la novia. Pero no quiero hacerlo sola."
Al otro lado de la línea hay silencio unos segundos. No es duda. Es emoción contenida.
Larabelle dice con acento peruano, "¿Me estás pidiendo que trabajemos juntas en eso?"
Vittoria asiente aunque no la ve.
Vittoria dice con acento turinés, "Sí. Quiero que me guíes. Que lo hagamos bien. Que sea impecable."
Larabelle respira profundo.
Larabelle dice con acento peruano, "Mi niña… tú ya sabes diseñar. Lo que necesitas es confiar en tu criterio. Pero si quieres que esté contigo en eso, claro que sí. Vamos a hacerlo perfecto."
Vittoria siente un nudo leve en el pecho. Larabelle fue quien la sostuvo en Madrid cuando todo era confusión y oscuridad. Cuando modelar fue más que posar: fue reconstruirse.
Larabelle continúa, práctica.
Larabelle dice con acento peruano, "Cuéntame cómo es la novia. Estatura, tono de piel, carácter. El vestido no puede ser genérico."
Vittoria responde con precisión. Describe complexión, estilo, personalidad. Nada exagerado. Datos concretos.
Luego añade:
Vittoria dice con acento turinés, "Quiero algo estructurado. Sin exceso de volumen. Elegancia limpia. Tela de alta calidad, caída natural. Nada brillante."
Larabelle asiente al otro lado, casi se percibe en la voz.
Larabelle dice con acento peruano, "Entonces hablamos de seda natural o crepé de alta gama. Corte que marque cintura sin forzar. Escote sobrio. Espalda trabajada, pero con clase. Y para tu padre… traje a medida, lana italiana, línea recta. Sin inventos."
Vittoria toma nota en una libreta. Su letra es ordenada.
Vittoria dice con acento turinés, "Te enviaré medidas en cuanto las tenga. Y algunos bocetos preliminares."
Larabelle ríe suave.
Larabelle dice con acento peruano, "Mándalos. Los revisamos juntas por videollamada. Y escúchame algo, Vittoria."
El tono cambia, más maternal.
Larabelle dice con acento peruano, "No dejes que lo que cargas te robe lo que amas. La moda fue tu refugio antes. Puede seguir siéndolo."
Vittoria baja la mirada hacia sus diseños abiertos en la pantalla.
Vittoria dice con acento turinés, "Lo sé."
No añade más.
Un golpe leve en la puerta interrumpe el momento. Enrrico asoma la cabeza.
Enrrico dice con acento turinés, "Llegaron los representantes del despacho Rinaldi. Están en recepción."
La realidad vuelve a colocarse en su sitio.
Vittoria responde sin perder compostura.
Vittoria dice con acento turinés, "Diles que en cinco minutos los recibo."
Cuelga la llamada.
Larabelle alcanza a decir antes de cortar:
Larabelle dice con acento peruano, "Confía en ti, niña. Y no te olvides de respirar."
La pantalla queda en silencio.
Vittoria guarda los bocetos en la carpeta digital. Cierra el portátil personal. Ajusta el blazer. Su postura cambia ligeramente. Más firme. Más contenida.
Se mira un segundo en el reflejo del vidrio. No es la adolescente que modelaba en Madrid. Tampoco es solo la heredera que negocia contratos.
Es ambas cosas.
Y en cinco minutos tendrá que demostrarlo frente a hombres que esperan encontrar debilidad.
El despacho vuelve a oler a cacao.
La puerta se abre.

Despacho Rinaldi.


La sala de juntas vuelve a estar ocupada, pero el ambiente es distinto al de la reunión de producción. Ya no hay bandejas con muestras ni proyecciones de ventas. Solo carpetas cerradas, vasos de agua intactos y una tensión que no necesita presentación.
Dos hombres esperan sentados al lado derecho de la mesa. Trajes oscuros, corbatas discretas, expresión calculada. El mayor se presenta primero.
—Alberto Rinaldi.
El más joven apenas inclina la cabeza.
—Luca Rinaldi.
No sonríen.
Vittoria entra acompañada por Bianca. No acelera el paso. Toma asiento en la cabecera sin pedir permiso. Bianca se coloca a su derecha, carpeta abierta, bolígrafo alineado con el borde de la mesa.
Vittoria dice con acento turinés, "Señores Rinaldi. Entiendo que desean revisar nuestros registros de exportación."
Alberto cruza las manos sobre la mesa.
Alberto dice con tono frío, "Deseamos claridad. La empresa Marttini ha incrementado volumen de exportación en los últimos trimestres. Es natural que queramos confirmar que todo esté en orden."
Natural.
Vittoria sostiene la mirada sin parpadear.
Vittoria dice con acento turinés, "Nuestros registros están auditados. Presentamos declaraciones fiscales completas. ¿Hay alguna irregularidad específica que quieran señalar?"
Luca interviene, hojeando una carpeta.
Luca dice con tono técnico, "Un lote retenido en Collegno la semana pasada. Retraso administrativo. Coincide con un cambio reciente en proveedor de cacao."
Silencio breve.
Bianca responde antes que Vittoria.
Bianca dice con acento genovés, "El lote fue liberado tras revisión rutinaria. No hubo sanción ni multa. Tenemos la documentación aquí."
Desliza copias impresas hacia ellos.
Alberto no las toca de inmediato.
Alberto dice con ligera ironía, "Es curioso cómo los retrasos rutinarios se acumulan cuando una empresa crece demasiado rápido."
Vittoria inclina levemente la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Demasiado rápido para quién?"
La pregunta queda suspendida. No es inocente.
Luca toma la palabra con aparente calma.
Luca dice, "Para el mercado. El equilibrio es importante. Las empresas familiares deben crecer de forma sostenible."
Vittoria apoya ambas manos sobre la mesa. Sus dedos no tiemblan.
Vittoria dice con acento turinés, "Marttini lleva décadas en el mercado. Nuestro crecimiento responde a inversión en producto y distribución. Nada más."
Alberto sonríe apenas. No es cordial.
Alberto dice, "Su padre siempre fue más… prudente."
La frase no es casual.
Bianca interviene con suavidad firme.
Bianca dice con acento genovés, "El señor Marttini confía plenamente en la gestión actual. Si hay dudas, pueden formalizarlas por escrito."
Alberto gira la mirada hacia Vittoria.
Alberto dice, "¿Y usted considera que tiene experiencia suficiente para manejar este nivel de expansión?"
No es una pregunta legal. Es personal.
Vittoria mantiene el tono plano.
Vittoria dice con acento turinés, "Considero que los resultados hablan por sí solos. Si tienen objeciones técnicas, preséntenlas."
Luca hojea otro documento.
Luca dice, "También observamos una diversificación reciente de proveedores internacionales.
Vittoria responde sin levantar la voz.
Vittoria dice con acento turinés, "La diversificación reduce riesgos logísticos. La calidad se mantiene bajo estándares certificados. Podemos facilitar informes de laboratorio."
Alberto finalmente toma uno de los documentos que Bianca había deslizado.
Alberto dice, "No estamos acusando. Solo prevenimos."
Vittoria sostiene su mirada.
Vittoria dice con acento turinés, "La prevención es bienvenida. La insinuación, no."
Silencio.
El aire se siente más denso. Afuera, a través del cristal, se ve el movimiento constante de la fábrica. Aquí dentro todo está detenido.
Alberto cambia de estrategia.
Alberto dice, "Hemos recibido comentarios de ciertos distribuidores sobre cambios en condiciones comerciales. Ajustes en márgenes. ¿Podría explicarlos?"
Bianca abre otra carpeta.
Bianca dice con acento genovés, "Se renegociaron contratos para alinearlos con costos actuales de materia prima. Nada fuera de normativa."
Vittoria añade:
Vittoria dice con acento turinés, "Si algún distribuidor tiene inquietudes, puede solicitarnos reunión directa. No necesitamos intermediarios."
La palabra intermediarios no es inocente.
Luca se inclina ligeramente hacia adelante.
Luca dice, "En mercados como el nuestro, la colaboración es preferible a la confrontación."
Vittoria no sonríe.
Vittoria dice con acento turinés, "Marttini siempre ha colaborado. Nunca ha cedido control."
Bianca toma nota con gesto impasible.
Alberto observa a Vittoria durante varios segundos. Evalúa postura, tono, respiración. Busca fisuras.
No las encuentra.
Alberto dice finalmente, "Entonces formalizaremos una revisión técnica estándar. Nada extraordinario."
Vittoria asiente.
Vittoria dice con acento turinés, "Como corresponde."
Luca cierra la carpeta.
Luca dice, "Esperamos cooperación total."
Vittoria responde sin variar expresión.
Vittoria dice con acento turinés, "Siempre dentro del marco legal."
Se levantan casi al mismo tiempo. El apretón de manos es breve. Frío. Sin fuerza excesiva.
Cuando la puerta se cierra detrás de los Rinaldi, el silencio se prolonga unos segundos más.
Bianca rompe primero.
Bianca dice con acento genovés, "No vinieron por papeles."
Vittoria se mantiene de pie, mirando la puerta cerrada.
Vittoria dice con acento turinés, "Vinieron a medir."
Bianca asiente.
Bianca dice con acento genovés, "¿Y?"
Vittoria toma aire lentamente.
Vittoria dice con acento turinés, "Que midan lo que quieran."
Se dirige hacia la ventana. Afuera, el humo ligero de ventilación se eleva sobre el techo de la fábrica. Todo funciona. Todo produce.
Pero ahora sabe con certeza que no están observando solo números.
Están esperando un error.
Y ella no piensa dárselo.

Después de la puerta cerrada.


La puerta del despacho se cierra con un clic seco.
El silencio ya no es estratégico. Es pesado.
Vittoria permanece de pie unos segundos, mirando la madera cerrada como si aún pudiera ver a los Rinaldi del otro lado. Sus hombros, que habían estado rectos durante toda la reunión, descienden apenas. No es un gesto dramático. Es mínimo. Pero real.
Bianca no dice nada al principio. Se quita los lentes, los limpia con calma metódica y los vuelve a colocar.
Vittoria camina hacia el escritorio. Apoya ambas manos sobre la superficie de madera oscura. Baja la cabeza. Respira por la nariz, lento. Una vez. Dos.
Bianca observa el temblor leve que aparece en los dedos de la chica.
Bianca dice con acento genovés, tono más bajo, "Ya se fueron."
Vittoria suelta el aire con brusquedad contenida.
Vittoria dice con acento turinés, "Lo sé."
Camina hasta la ventana. La niebla de la mañana empieza a levantarse, dejando ver parte del perfil industrial de Turín. El humo de las chimeneas se dispersa en líneas irregulares.
Vittoria habla sin girarse.
Vittoria dice con acento turinés, "Vinieron a oler sangre."
Bianca no corrige la metáfora. Se acerca despacio.
Bianca dice con acento genovés, "Vinieron a ver si eras blanda."
Vittoria deja escapar una risa seca, sin humor.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y lo soy?"
Bianca la observa de perfil. Ya no es la niña de dieciséis años que se fue rota a Madrid. Tampoco es Mássimo. Es otra cosa. Más contenida. Más frágil en ciertos puntos.
Bianca responde con honestidad.
Bianca dice con acento genovés, "No. Pero estás cansada."
El comentario la alcanza. Vittoria gira el rostro. Sus ojos están brillantes, no por lágrimas, sino por exceso de tensión sostenida.
Vittoria dice con acento turinés, más bajo, "No puedo permitirme estar cansada."
Bianca camina hasta el escritorio y se apoya en el borde, cruzando los brazos. Su tono ya no es el de asesora. Es el de alguien que estuvo años sentada en esa misma silla junto a Mássimo, compartiendo decisiones y silencios.
Bianca dice con acento genovés, "Tu padre también se cansaba."
Vittoria frunce el ceño.
Vittoria dice con acento turinés, "Nunca lo parecía."
Bianca suelta una exhalación leve, casi una sonrisa pequeña.
Bianca dice con acento genovés, "Porque tú no estabas en la habitación cuando cerraba la puerta."
Ese dato no es reproche. Es contexto.
Vittoria se deja caer en la silla detrás del escritorio. Se lleva una mano a la frente, presionando apenas.
Vittoria dice con acento turinés, "No es solo el Consorcio. No es solo Rinaldi. Es todo."
Hace una pausa. Traga saliva.
"Estoy tomando decisiones que afectan a empleados, proveedores, acuerdos que ni siquiera aparecen en los libros. Y luego tengo que salir de aquí e intentar ser… normal."
Bianca la escucha sin interrumpir.
Vittoria continúa.
Vittoria dice con acento turinés, "Marco está cansado de mis ausencias. Tiene razón. Intenté arreglarlo como arreglo todo: rápido, físico, sin hablar demasiado. Y me puso un límite."
Su voz se vuelve más tensa.
Vittoria dice con acento turinés, "No sé cómo equilibrar esto. No sé cómo ser heredera, negociar con hombres que quieren verme fallar, y luego llegar a una relación sin armadura."
El despacho huele a cacao y a papel. A trabajo constante. Bianca se acerca más, rodea el escritorio y se sienta frente a ella, no como subordinada. Como alguien que ha visto esa historia antes.
Bianca dice con acento genovés, suave pero firme, "Te he visto crecer, Vittoria. Te vi volver de Madrid hecha polvo. Te vi odiar este edificio. Y ahora te veo sosteniéndolo."
Vittoria baja la mirada.
Bianca continúa.
Bianca dice con acento genovés, "Lo que estás haciendo aquí es supervivencia estratégica. Lo que él te pide es vulnerabilidad emocional. Son idiomas distintos."
Vittoria levanta los ojos.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y cómo se habla los dos sin perder uno?"
Bianca se toma un segundo antes de responder.
Bianca dice con acento genovés, "No intentando usar el mismo tono en ambos lugares."
Se inclina ligeramente hacia adelante.
Bianca dice con acento genovés, "Aquí necesitas frialdad, cálculo, distancia. Con él necesitas presencia. No perfección. Presencia."
Vittoria niega suavemente con la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, "Si bajo la guardia en un sitio, siento que la bajo en todos."
Bianca niega.
Bianca dice con acento genovés, "No. Eso es miedo hablando. La fortaleza no es mantener el puño cerrado todo el día. Es saber cuándo abrir la mano."
Silencio breve.
Bianca la mira con una mezcla de severidad y afecto.
Bianca dice con acento genovés, "Marco no compite con el Consorcio. Compite con tu coraza."
La frase queda clara.
Vittoria se recuesta en la silla, agotada.
Vittoria dice con acento turinés, "Tengo 17 años, Bianca. Y a veces siento que estoy viviendo dos vidas que no encajan."
Bianca sonríe apenas.
Bianca dice con acento genovés, "Estás viviendo la que te tocó y la que elegiste. Eso siempre genera fricción."
Hace una pausa. Su tono se vuelve más íntimo.
Bianca dice con acento genovés, "Tu padre también tuvo que aprender a no llevar la guerra a la casa. Y no siempre lo logró."
La confesión es medida. Simple.
Vittoria la observa con atención distinta.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Le costó?"
Bianca sostiene la mirada.
Bianca dice con acento genovés, "Mucho."
El despacho queda en silencio unos segundos.
Vittoria finalmente suelta lo que llevaba reteniendo.
Vittoria dice con acento turinés, casi en un susurro, "No quiero perderlo."
Bianca responde sin dramatismo.
Bianca dice con acento genovés, "Entonces no lo negocies como un contrato. Háblale antes de que el estrés te vuelva inaccesible."
Vittoria asiente despacio.
Bianca se pone de pie y acomoda el blazer de la joven con un gesto casi maternal.
Bianca dice con acento genovés, "Hoy hiciste lo correcto. No te quebraste. Pero no tienes que ser de acero todo el día."
Se dirige hacia la puerta y, antes de salir, añade:
Bianca dice con acento genovés, "Y si alguna vez el equilibrio se inclina demasiado, no estás sola en esta mesa. Nunca lo has estado."
La puerta se cierra suavemente.
Vittoria queda sola otra vez. Mira el escritorio, los contratos, el teléfono.
Respira más lento.
Tiene una empresa que proteger. Un apellido que sostener. Un chico al que no quiere perder.
Y ninguna de esas cosas puede resolverse con una sola estrategia.

Sin armadura.

El despacho vuelve a quedarse en silencio después de que Bianca sale. Vittoria permanece sentada unos segundos más. Ya no intenta recomponer la postura. Ya no fuerza la mandíbula. El cansancio está ahí, claro, directo, sin maquillaje. Mira su reflejo tenue en la pantalla negra del portátil cerrado. Ojos firmes, sí. Pero agotados. No va a fingir esta vez.
Vittoria Se levanta y cruza el despacho hasta la puerta lateral que conduce al pequeño baño privado. Cierra con seguro. El espacio es sobrio: mármol claro, espejo amplio, luz blanca directa.
Vittoria Se quita el blazer oscuro primero. Lo cuelga con cuidado. Luego la blusa estructurada. La deja doblada sobre el mueble. La imagen que devuelve el espejo ya no es la heredera impecable. Es una chica de 17 años con ojeras suaves y los hombros tensos.
Vittoria Abre su bolso grande de trabajo y saca una bolsa de tela doblada. La extiende sobre la encimera. Un suéter fino en tono gris azulado, suave al tacto, cuello ligeramente amplio que deja ver la clavícula sin exagerar. Un pantalón de corte recto en azul profundo, más flexible que el que llevaba antes. Botines de cuero claro, limpios, sin tacón agresivo.
Vittoria Se cambia con movimientos tranquilos. Se suelta el cabello de la coleta y lo deja caer sobre los hombros. Se mira de nuevo. No es informal. Pero tampoco es la figura ejecutiva que se sentó frente a los Rinaldi.
CyberLife te desea que no te caigas.
Vittoria Se lava la cara con agua fría. El contacto la despierta un poco. Se seca despacio. Respira. No va a ocultar el cansancio esta tarde. No con él.
Vittoria Toma su bolso, recoge el blazer y sale del baño.
Al atravesar el despacho, no vuelve a ponerse la chaqueta. La dobla y la deja sobre la silla. No la necesita fuera de esa puerta. Sale al pasillo principal de la fábrica.
Algunos empleados levantan la vista. La reconocen. Siempre la reconocen. Pero hoy su imagen es distinta. Más cercana.
Un operario de empaquetado, con guantes aún puestos, se acerca un poco. "Signorina Marttini, el nuevo lote de pistacho salió perfecto."
Vittoria sonríe con naturalidad.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias por el cuidado en el proceso. Eso es lo que mantiene el estándar."
Una supervisora del área de control de calidad asiente al verla pasar. "Buon pomeriggio, signorina."
Vittoria responde sin prisa.
Vittoria dice con acento turinés, "Buon pomeriggio. Buen trabajo hoy."
No hay miedo en las miradas que recibe. Hay respeto. Y algo de afecto contenido. La han visto caminar esos pasillos desde niña. La han visto caer y levantarse.
No murmuran por su cambio de ropa. Si lo notan, no lo convierten en comentario. Ella es la dueña. Pero también es la hija del hombre que mantuvo la fábrica estable durante años.
Vittoria Desciende por la escalera lateral hacia el estacionamiento. El aire exterior está más claro que en la mañana. La niebla se disipó casi por completo.
El sonido de sus pasos sobre el concreto es firme.
Al llegar a su coche, se detiene un momento antes de abrir la puerta. Apoya una mano en el techo del vehículo. Mira hacia el edificio de la fábrica. Por unas horas, puede dejarlo funcionando sin su supervisión directa. Bianca está dentro. Enrrico también.
Vittoria Saca el teléfono del bolso.
Vittoria Escribe un mensaje breve. "Estoy saliendo de la fábrica. ¿Estás en casa?"
sms de marcco. sí stellina. quieres salir? o te espero en casa?
Vittoria sonríe al leer su apodo.
Vittoria Escribe de nuevo. "Hoy quiero ir a nuestra cabaña. "
marcco sonríe desde casa al leér el mensaje. ese jesto le ilumína el rostro brebemente
sms de marcco. por su puesto, amore. me leíste la mente, como siempre. en lo que vienes pediré unas cosas para llevar
Vittoria Guarda el móvil.
Vittoria Entra al coche, enciende el motor. El sonido es suave, contenido. Ajusta el espejo retrovisor. Se observa un segundo más.
Vittoria Sale del estacionamiento con calma, incorporándose al tráfico de la tarde en Turín. Lo único que quiere ahora no es cerrar contratos ni anticipar movimientos del Consorcio. Es llegar a su cabaña. Sentarse frente a Marco. Y hablar sin estrategia.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: "Vittoria: La Reina del Caos"

Mensaje por Larabelle Evans »

recuperando el amor.

Punto de vista: Vittoria.

Vittoria conduce por las calles de Turín. El tráfico de la hora pico es un recordatorio constante de la vida exterior, esa que se mueve ajena a los contratos bajo la mesa y las presiones corporativas. Pero ella ya no está en ese modo. La luz de la tarde entra por el parabrisas y el suéter gris azulado se siente suave contra su piel, un contraste deliberado con la rigidez de su blazer dejado atrás.
20 minutos más tarde ya está llegando a la villa Marttini.
Vittoria apaga el auto y baja cansada pero feliz de ver a Marcco.
Vittoria entra a la villa saludando con la cabeza a los guardias.
Vittoria dice con acento turinés, "Amore?. "
Vittoria camina buscándolo.
Marcco ya estáva en la entrada, sosteniendo 2 bolsas, sonríe al verla y se aserca para probar su boca. y en ese beso, se materialisa el camsancio no dicho pero compartido.
Marcco dice con acento turinés: "ciao, stellina"
Vittoria lo besa amorosa.
Vittoria dice con acento turinés, "Llebbas mucha comida?. "
Vittoria sonríe divertida.
Marcco dice con acento turinés: "solo un par de caramelos para ambos, bebidas, entre otras cosas"
Marcco sonríe misterioso, divertido y algo pícaro.
Vittoria le mira los labios y luego a sus ojos.
Vittoria dice con acento turinés, "Sacaste las stellas de cioccolato que traje de la fábrica ayer?. "
Marcco dice con acento turinés: "dije caramelos, pero algo así."
Vittoria hace pucheros infantiles.
Vittoria dice con acento turinés, "No quiero caramello, quiero mis stellas. "
Marcco dice con acento turinés: "amore, cambia un poco, los dulces no son solo chocolates."
Vittoria se parte de risa.
Vittoria lo abraza.
Vittoria dice con acento turinés, "Para mí solo exsistes tú y las stellas de cioccolato. "
Marcco sonríe, soltando las bolsas para abrazarla y corresponder a su jesto
Vittoria siente calmarse en sus brazos. Esto era lo que necesitaba, el amor de Marcco la hace sentir bien, y ella no quiere seguir distante de eso.
Marcco la rodéa con calma, con amor y seguridad, depositando un lijero beso en su frente.
Vittoria murmura con acento turinés, "No quiero que olvides que, si te amo caro mio... "
Marcco sonríe.
Marcco no responde, no quiere hacerlo. No responde con palabras, si no con axiones. aprieta su cuerpo entre sus brazos, haciéndole ver su profundo amor apesar de las dudas, del trabajo, de el cansancio, apesar de todo.
Vittoria dice con acento turinés, "Nos vamos?. "
Marcco dice con acento turinés: "sí, claro"
Marcco se separa un poco para recojer las bolsas
Vittoria le acaricia el rostro con suavidad y amor. Se pierde en sus ojos un instante, y a pesar de haber tenido que aprender a ser pasiente, y a no ser alguien que busca resolverlo todo en la cama. Sigue enamorada de él y lo sigue necesitando con intencidad aunque ya no le insiste, no quiere presionarlo otra vez.
Marcco dice con acento turinés: "vamos?"
Vittoria lo toma de la mano para salir de la villa hacia el auto.
Marcco sonríe y toma su mano con calma y seguridad, caminando junto a ella
Ella entra al coche y se abrocha el cinturón.
Marcco se acomoda en el asiento de copiloto, dejando las bolsas en los asientos traseros del ahuto
Ella arranca. Al salir de la ciudad, la sensación de que está dejando la armadura atrás se hace física. Los edificios altos se convierten en colinas bajas, el tráfico se disipa en caminos rurales.
Vittoria se gira para verlo mientras conduce. Su perfil es fuerte, concentrado en el camino, pero relajado. Es un programador no un asesor legal de los Marttini. Es su novio. Su refugio real y seguro.
Marcco le devuelve la mirada con amor e interés. estira una de sus manos colocándola sobre la sulla
Marcco dice con acento turinés: "estás bene, amore?"
Vittoria dice con acento turinés, "Solo es estrés amore, fue una mañana pesada en la fábrica, hubo reunión con los rinaldi que quieren auditar todo. "
Marcco dice con acento turinés: "entiendo, amore. iva a preguntarte como te fue, pero algo en tu mirada me decía que no querías que mencione la fábrica"
Vittoria dice con acento turinés, "Ya no quiero ocultarte nada amore, quiero que sepas lo que siento y lo que me pasa. "
Marcco aprieta su mano con calidés y comprencion. se aserca para darle otro beso y sonreírle con amor
Vittoria lo mira con amor antes de volver a la carretera.
Marcco dice con acento turinés: "saves, yo también me siento cansado. no era broma cuando dije que me leíste la mente"
Vittoria dice con acento turinés, "Qué ha pasado?. "
Marcco dice con acento turinés: "bloqueo creatíbo, supongo"
Marcco dice con acento turinés: "ninguna de mis ideas me comvencen"
Vittoria lo mira comprenciba.
Vittoria dice con acento turinés, "Me ha pasado, hoy estuve dándole un vistazo a mis creaciones, y también me quedo sin ideas. "
Vittoria ríe divertida.
Marcco sonríe comprensibo
Vittoria dice con acento turinés, "Pero, tu sei un programador brillante amore, estoy segura que todo lo que implementes será bueno. "
Marcco dice con acento turinés: "me frustra por que no consigo concretar ningún juego, amore. o porlomenos una herramienta"
Vittoria dice con acento turinés, "No te exijas tanto amore, déjalo fluir, tus proyectos son geniales. "
Vittoria dice con acento turinés, "El juego que estabas haciendo con alexander, está divertido, confía un poco en lo que haces amore. "
Marcco asiente un poco, relajando la tención en sus hombros que ni savía que tenía acumulada
Marcco dice con acento turinés: "gracie, amore"
Marcco dice con acento turinés: "pero bueno ya. esta noche es nuestra y vasta de preocupaciones."
Ella vuelve la mirada al camino. El coche se desliza suavemente hacia las afueras, hacia la tranquilidad prometida de los bosques que rodean la cabaña que comparten. Por primera vez en horas, Vittoria no siente la necesidad de anticipar el siguiente movimiento de un enemigo. Solo el deseo de estar cerca.

La cabaña y la tormenta interna.

El viaje dura poco más de media hora. La cabaña está en un claro, escondida entre abetos y robles, lo suficientemente lejos de cualquier pueblo como para ser un santuario. Es pequeña, de madera oscura, con un porche y chimenea de piedra. No hay internet, la cobertura es débil, y eso es exactamente lo que necesitan.
Vittoria apaga el auto y baja.
Marcco baja del auto y toma las compras anteriórmente echas
Vittoria abre la cerradura de la puerta principal. El olor a madera y a humo residual los recibe.
Vittoria enciende las luces tenues del interior. La sala de estar es mínima: un sofá gastado frente a la chimenea, una mesa de madera maciza, una pequeña cocina abierta. Es sencilla, pero siempre se siente tibia.
Marcco dice con acento turinés: "uf, este lugar se siente como esos videojuegos retro"
Marcco sonríe.
Vittoria sonríe.
CyberLife te desea que no te caigas.
Vittoria dice con acento turinés, "Me gustó mucho desde que me trajiste en la moto la primera vez que me fugué contigo. "
Vittoria ríe divertida al recordar que esa noche fue una más de fiesta, y que ella estaba dispuesta a seducir a Marcco.
Marcco dice con acento turinés: "era mi lugar secreto, pero algo me hiso compartirlo contigo."
Vittoria dice con acento tturinés, "Me trajiste aquí para cuidarme esa noche, o para seducirme?. "
Vittoria sonríe coqueta y divertida.
Marcco dice con acento turinés: "seducirte? creo que te estás prollectando, amore"
Vittoria se parte de risa.
Vittoria se acerca a ´´el.
Vittoria dice con acento turinés, "Bene, pero que conste que tu me provocaste a seducirte... "
Marcco la mira sorprendido.
Marcco dice con acento turinés: "yo? por que?"
Vittoria le mira los labios.
Vittoria lo acaricia lentamento con sus dedos recorriendo sus músculos.
Vittoria dice con acento turinés, "Por, esto... "
Marcco le sonríe, abrazándola divertido, recorrindo su espalda con sus manos
Vittoria dice con acento turinés, "Este lugar es especial porque, fue aquí donde fui tuya por primera vez, donde me sentí distinta con alguien, aunque no eramos novios todavía... "
Marcco sonríe.
Marcco la aprieta entre sus brázos con ternura
Marcco dice con acento turinés: "aún lo recuerdas?"
Vittoria dice con acentto turinés, "Si amore. "
Vittoria suspira ligeramente.
Vittoria dice con acento turinés, "A veces me pregunto como aprendiste a querer a este desastre que era, y que sigo siendo amore. "
Vittoria dice con acento turinés, "Es curioso como te gustó tanto la reina del caos, como me cuidabas a pesar de mi reveldía, y como eso te gustaba a veces. "
Marcco dice con acento turinés: "es que eso era solo apariencia, o almenos eso creía, stella"
Marcco dice con acento turinés: "siempre pensé que eras mas que un cuerpo bonito"
Vittoria lo abraza fuerte acariciándolo despacio con amor.
Marcco corresponde amoroso, separandose un poco para tomas su rostro entre sus manos con delicadesa, y besar sus labios con una dulzura y ternura que acompañan el momento tan íntimo
Vittoria besa sus labios lentamente disfrutando de su calidéz. Le acaricia el cabello con ternura.
Vittoria dice con acento turinés, "Sei il megliore amore. "
Vittoria dice con acento turinés, "No quiero dejarte más solo, no quiero más estár lejos de tí. "
Marcco dice con acento turinés: "entonces no lo hagas mi stellina."
Vittoria lo lleba de la mano al sofá y se sienta junto a él.
Marcco acaricia sus dedos con ternura abrazándola
Vittoria dice con acento turinés, "Aún te sientes inseguro de mi, caro mio?. "
Marcco suspira pensatibo
Marcco dice con acento turinés: "no exactamente, amore. te mentiría si te digo que no, pero almenos ya no como antes"
Vittoria sonríe con calma mirándolo a los ojos.
Marcco inala profundamente, tratando de organisar sus ideas, y de poner en palabras sus pensamientos
Marcco dice con acento turinés: "mira, aún duele. pero admito que tu actitúd estos últimos días an ayudado mucho "
Marcco dice con acento turinés: "realmente ya no es duda, es miedo de no ser suficiente, de perderte"
Vittoria dice con acento turinés, "Mi adicción es un problema que tengo que manejar y equilibrar todos los días amore, no puedo decirte que es 100% revercible. Es como todas las adicciones que se trabajan día con día, pero si tengo claro que no puedo recaer y no quiero tampoco. Tengo responsabilidades con mi padre, más que antes cuando solo era la figlia de Mássimo Marttini y nada me importaba. Pero sobre todo, te tengo a tí, de solo recordar el dolor que fue estár en madrid sin tí, no pienzo volver a perderte."
Vittoria dice con acento turinés, "Tú siempre has sido suficiente, lo supe desde que te ví en esa carrera, Que tú eras más que suficiente para mí, y que Io, era la que no valía la pena para tí. "
Marcco dice con acento turinés: "yo no quiero perderte, no quiero estár sin tí. si decidí perdonarte fue por amor vittoria, pero reconosco que dejáste dudas e inseguridades difíciles de borrar. no es ataque, solo me estoy cinserando con tigo. te amo, y te amo mucho, pero reconosco que el miedo está precente. además, mírame. tú, futura dueña de una empresa y yo, un programador con sueños de una empresa de videojuegos."
Vittoria dice con acento turinés, "Te merecías una ragazza que no te diera dolores de cabeza como Io cada noche que salía sola a ya sabemos qué. "
Vittoria niega con la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, "El estátus no me intereza ni lo que puedaan decir. Recuerdas que en el instituto siempre se burlaron de que tú eras el pobre con una beca, y io no tenía que estar contigo, y los ignoraba te elegía a tí. "
Marcco dice con acento turinés: "reconosco que aún duele, amore."
Marcco dice con acento turinés: "sí, lo recuerdo, pero aún así es un contraste algo, no se, extraño"
Vittoria dice con acento turinés, "Lo que te hice no es solo una herida hacia tí, es un dolor que siempre llebaré dentro, porque reconozco que daañé al único chico que no solo me usaba como una más, que sí me veía como la bambina que era y que fingía ante los de más que no. Al único que me respetaba a pesar de toda esa mierda que hacía. "
Vittoria lo abraza muy fuerte luego de decir eso.
Marcco corresponde con amor a su abrazo, pero tambien con algo de dolor, dolor que aún no logra sanar del todo
Vittoria dice con acento turinés, "Perdóname amore, Te arrastré a mi oscuridad y a mi dolor sin pensarlo. Perdóname, porque nunca debí dejar que la adicción me dominara hasta perder el control, debía hacerle caso a mi padre y trataarme antes de lastimarte... "
Vittoria derrama algunas lágrimas reveldes que caen en la camisa de Marcco.
Marcco dice con acento turinés: "es un error que te a servido, amore y me gustaría que así como te estas tratando, pues. me gustaría que nos tratemos ambos, con terapia de pareja, si estás deacuerdo"
Marcco la abraza con fuerza, limpiando con cuidado las lágrimas en sus mejillas
Vittoria dice con acento turinés, la voz cortada por el llantto, "Si, claro que estoy de acuerdo, quiero hacer todo para seguir a tu lado y que seamos felices. "
Marcco la abraza con aún mas fuerza besándo sus labios con una ternura que rosa lo seremonioso.
Vittoria Se aferra a su cuerpo en ese abrazo.
Vittoria dice con acento turinés, "Ti amo caro mio, de eso no tengas dudas, porque te voy a amar hasta que algúno de los enemigos de los Marttini, acabe conmigo. "
Marcco dice con acento turinés: "boy a protejerte, vittoria, así que para acavar con tigo, vana tener que pelear primero"
Vittoria besa a marcco.
Marcco te besa.
Vittoria lo acaricia sin dejar de verlo a los ojos.
Marcco acaricia suavemente su rostro con la misma ternura, recostándola sobre su pecho
Vittoria dice con acento turinés, "Ya me protejes amore, con esa forma tuya de abrazarme así, me encanta me hace feliz. "
Vittoria dice con acento turinés, "Io te defendería a tí de todo, como mi padre hace con Leila. "
Marcco sonríe.
Marcco dice con acento turinés: "yo sono marino"
Vittoria le ssonríe besándolo una vez más.
Vittoria dice con acento turinés, "Ya puedo ver lo que traes en las bolsas?. "
Marcco sonríe.
Marcco dice con acento turinés: "sei una desesperada, stellina"
Marcco dice con acento turinés: "sí, sí. ya puedes"
Vittoria dice con acento turinés, "Sí un poco amore. "
Vittoria se levanta de sus brazos y camina a agarrar las bolsas.
Vittoria abre una de ellas.
en la primera bolsa hay pequeñas cajas decaramelos, gomas de mascar, y hasta bajo, una caja que a vittoria le sorprende. la caja es grande, de un azul oscuro, y tiene el nombre de la empresa de su padre. dentro, no solo hay estrellas de chocolate pintadas, si no planetas, cometas, justo como resa la caja, una galaxia de chocolate.
Vittoria sonr´´ie como niña divertida agarrando la caja de chocolates.
Vittoria grita, "Amoreeee. "
Marcco sonríe con dulzura al ver su reaxión
Vittoria se lanza como niña a abrazarlo con la alegría pintada en su rostro.
Marcco se ríe divertido, atrapándola con diverción antes de que caiga contra él
Vittoria grita, "Ti amo caro mio sei el megliore ti amo. "
Marcco se parte de risa.
Marcco dice con acento turinés: "ti aamo, mia stella"
Vittoria se ríe para luego separarse de él con más curiosidad de abrir la segunda bolsa.
Vittoria abre la segunda bolsa, ansiosa.
Marcco sonríe.
en esta bolsa hay un par de bebidas, mas caramelos, un aseite, condones y un lubricante, además de mas chocolate.
Vittoria se sonroja.
Vittoria Se muerde los labios mirando a Marcco con deseo.
Vittoria dice con acento turinés, "No necesitas esto. "
Vittoria señala los precervativos.
Marcco dice con acento turinés: "no asegures cosas que no saves, mia stellina"
Vittoria se parte de risa.
Marcco la toma de las nalgas, sentándola sobre él. se sienta para abrazárla por la sintura aspirando su aroma antes de hablar
Vittoria sonríe divertida e intrigada.
Marcco suspira antes de expresarse
Marcco dice con acento turinés: "no quiero forzar nada. si tenemos sexo, que flulla. no quiero ser tu páño de lágrimas, pero tampoco puedo negar que necesito tu cuerpo. aún así, no te lo pido ahora, si lo hacemos, que flulla. ya está"
Vittoria lo besa amorosa y con deseo.
Vittoria dice con acento turinés, "Amore, tú no sei mi paño de lágrimas, sei el amor de la mia vitta. Y sabes algo, sigo siendo esa adicta pero ahora solo necesito de tí, y esta abstinencia es una ttortura. "
Marcco corresponde el beso, pero con mas ternura que deseo, mientras acaricia su pelo con cuidado
Marcco murmura con acento turinés: "que flulla, amore, ahora no."
Vittoria lo acaricia y suspira para calmarse, no quiere presionarlo.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Buscamos algo de comida? no he comido desde la mañana. "
Marcco dice con acento turinés: "claro"
Vittoria se separa de él, camina a la pequeña cocina de la cabaña.
Marcco se levanta y camina tras ella
Vittoria abre la pequeña alacena de madera. La despensa es modesta, más orientada a lo esencial para un fin de semana rápido que a una cena gourmet. Encuentra una bolsa de pasta secapenne rigate, una lata de tomates triturados, un tarro de pesto y un poco de queso parmesano envuelto en papel.
Marcco se aserca mas a ella, abrazándola por detrás.
Marcco murmura con acento turinés: "te molestaste?."
Vittoria niega con la cabeza y una sonrisa.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Pasta al pomodoro? Lo más rápido que hay. O pesto, ¿prefieres pesto?"
Marcco suspira preocupado
Marcco dice con acento turinés: "pastta."
Vittoria camina hacia la puerta trasera, abre y regresa casi inmediatamente con un pequeño ramo de hojas de albahaca fragante. El olor llena la pequeña cocina.
Vittoria dice con acento turinés, "Penne con salsa de tomate simple y mucha albahaca. Y usaremos esa botella de vino que dejamos aquí la última vez."
Vittoria llena una olla con agua y la pone al fuego.
Marcco dice con acento turinés: "ooh, avía olvidado esa botella."
Vittoria sonríe.
Vittoria se dispone a picar finamente la albahaca.
Marcco dice con acento turinés: "con que te ayudo, stellina"
Vittoria dice con acento turinés, "Buscando la botella y los vasos amore. "
Marcco se parte de risa.
Marcco dice con acento turinés: "recuerdas donde la dejamos?"
Vittoria se queda unos segundos pensativa.
Vittoria dice con acento turinés, "Creo que la guardé en el mueble que tenemos en el cuarto amore. "
Vittoria sonríe divertida.
Marcco asiente afirmativamente.
Marcco se diríje al dormitorio, y después de unos minutos, regresa con la botella antes mencionada y 2 vasos pequeños.
Marcco dice con acento turinés: "solo avía estos, son los que compramos para ese desalluno que tuvimos esa vez."
Vittoria mira los vasos y aciente.
Marcco sonríe.
Vittoria toma la lata de tomate triturado y el queso parmesano. Se concentra en el sonido del agua hirviendo, en el crujido de la albahaca al picarla. Es un ritual que la ancla. Siente la mirada de Marcco y una oleada de calor sube por su cuello, no solo por la estufa.
Vittoria dice con acento turinés, "Aquí no tenemos rallador, ¿puedes desmoronar el queso con las manos, amore? Lo hará más rústico."
Marcco de inmediato hace lo solicitado, empesando a manipular el queso, dejando nada mas que trozos mínimos entre sus manos.
El olor del vino tinto recién abierto se mezcla con la acidez del tomate y el dulzor de la albahaca. Vittoria siente un nudo en el estómago, una tensión que no tiene que ver con el hambre. Sabe que Marcco es consciente de su lucha, de su necesidad, y que su reticencia no es rechazo, sino un límite que ella misma rompió.
Vittoria se muerde el labio inferior, obligándose a enfocar la vista en el contenido de la olla. Piensa en la galaxia de chocolate, en la terapia de pareja, en los Rinaldi, en cualquier cosa menos en las manos de Marcco en su cintura.
Vittoria dice con acento turinés, "El agua ya está hirviendo. En unos diez minutos estará lista la pasta. ¿Abriste la caja de stellas?"
Marcco dice con acento turinés: "realmente, quería darte ese onór a tí."
Marcco se parte de risa.
Vittoria sonríe por el comentario.
Vittoria desvía la mirada, abriendo la lata de tomate y vertiéndola en una sartén con un poco de aceite de oliva. El chisporroteo del tomate caliente la ayuda a recuperar el control. Concentrazione, Vittoria. Solo pasta.
Vittoria dice con acento turinés, "El queso. Pásame el queso."
Marcco la mira por un segundo mas de lo necesario antes de tendérselo con calma.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracie, amore." Lo dice con la voz un poco más ronca de lo normal.
Vittoria agrega un poco de queso a la salsa y remueve vigorosamente.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Ponemos algo de música? ¿Algún blues que te guste?"
Marcco dice con acento turinés: "amore, encerio. que susede?."
Vittoria niega con la cabeza mirando la comida.
Vittoria dice con acento turinés, "Solo es, que tenerte cerca me descontrola un poco amore... Pero esto bene. "
Marcco le sonríe acercándose a ella mirándola atento.
Marcco dice con acento turinés: "te descontrola?."
la respiración de Vittoria se acelera un poco.
Vittoria asiente con la cabeza sin dejar de remover la comida.
Marcco dice con acento turinés: "te ves, anciosa."
Vittoria ríe divertida.
Vittoria dice con acento turinés, "A qué te refieres con eso?. "
Marcco dice con acento turinés: "no se, anciosa, desesperada, amore."
Vittoria niega con la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Desesperada? ¿Yo? No, caro mio, estoy cocinando. Concentrada en la salsa, no en... otras cosas." Ella se ríe, pero el sonido es demasiado alto, demasiado forzado.
Vittoria dice con acento turinés, "Voy a ponerle sal al agua de la pasta."
Vittoria Toma la caja de sal marina y la vierte, mirando cómo los gránulos blancos se disuelven en el borboteo. Es una tarea simple, una distracción.
Marcco la obserba con atención. mira sus jestos, su ritmo, su cuerpo, su rostro.
Vittoria se gira para mirarlo, sus ojos brillan con una mezcla de frustración y afecto.
Ella toma los penne secos de la bolsa y los vierte en la olla con un golpe seco. El ruido la ayuda a reenfocarse. "Diez minutos," repite, más para sí misma que para él.
Marcco la mira pensatibo. a visto sus ojos, su mirada, su adixión, su frustración, y a entrado sin quererlo en un dilema moral y de axión
Vittoria se apoya un momento en la encimera, cerrando los ojos. El olor del tomate y la albahaca es un ancla.
Vittoria dice con acento turinés, "Ahora sí, ¿buscamos algo de música? "
Marcco se acerca mas para abrazárla, aspirándo su perfume, acariciando su rostro. tratando de domár a esa fiera interna.
Vittoria al principio se calma un poco pero el rose con los dedos de Marcco en su piel aumentan su deseo.
Vittoria murmura con acento turinés, "Ti amo caro mio... "
Marcco dice con acento turinés: "prefieres que yo siga con la comida, stellina?"
Vittoria dice con acento turinés, "No amore ya casi estará listo. "
Marcco le sonríe con calidés, mirándola.
Vittoria se separa de Marcco y se dirige a la olla. Con un paño de cocina, retira la olla del fuego y vierte el agua y la pasta en el colador de malla que está en el fregadero. El vapor sube, empañando el aire.
Marcco dice con acento turinés: "deveríamos venir mas seguido."
Marcco sonríe.
Vittoria dice con acento turinés, "Sí, tienes razón. "
Vittoria dice con acento turinés, "Perfetto. Ahora solo mezclar y servir."
Vittoria regresa la pasta escurrida a la olla vacía y vierte la salsa de tomate con albahaca sobre ella. Remueve con una cuchara de madera, asegurándose de que cada penne quede cubierto con el rojo vibrante de la salsa.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Sirvo, o lo hacemos juntos?"
Marcco dice con acento turinés: "juntos, mia stella, como devemos de estár"
Vittoria dice con acento turinés, "Sirve el vino amore. "
Vittoria sonríe, tomando dos cuencos de cerámica de la alacena. Sirve generosas porciones de pasta humeante, espolvoreando por encima un poco más del queso parmesano desmoronado.
Marcco sonriíe feliz, y toma la botella, sirviendo el contenido burbujeante en ambos vazos con cuidado. para después, acomodarlos en la pequeña mesa
Vittoria coloca los platos en la mesa y se sienta.
Marcco se sienta frente a ella
Vittoria sonríe sincera.
Marcco la mira a los ojos, con amor. un amor sincero, erido, pero real
Vittoria comienza a comer.
Marcco la imita y después del primer bocado bebe un poco de vino.
Vittoria dice con acento turinés, "Parlé con Larabelle esta mañana, le he pedido su guía para diseñar la ropa de los novios. "
Marcco dice con acento turinés: "en serio? y que te dijo, mia stellina?"
Vittoria dice con acento turinés, "Dijo que sí, fue muy cariñosa conmigo, me gusta eso, me hace sentir el cariño que vanezza nunca me dió... "
Vittoria suspira ligeramente y vuelve a su plato de pasta.
Marcco dice con acento turinés: "aw, amore, no pienses en eso. tú temereces todo el amor y el cariño del mundo"
Vittoria suspira profundamente.
Vittoria dice con acento turinés, "karol dice lo mismo, y lo emos trabajado. Pero a veces cuesta trabajo creer eso, cuando quien te trajo en su vientre 9 meses te cambia por las drogas. "
Marcco dice con acento turinés: "no todas las mujeres pueden ser madres, o padres... amore."
Vittoria baja la cabeza y come un poco.
Marcco estira su mano para acariciar su cabeza con dulzura.
Vittoria sonríe y recuperándose levanta la vista.
Vittoria dice con acento turinés, "Creo que voy a ir a Catania amore, tengo que tomarle medidas a Leila. "
Marcco suspira con algo de miedo, pero se obliga a calmarse.
Marcco dice con acento turinés: "cuando"
Vittoria lo mira a los ojos.
Vittoria dice con acento turinés, "¿qué pasa?. "
Marcco dice con acento turinés: "nada nada. cuando irás?."
Vittoria dice con acento turinés, "El sábado. Tengo que abisarle a mi padre. "
Vittoria agarra su vaso de vino y da un trago largo.
Marcco dice con acento turinés: "está bene, amore."
Vittoria dice con acento turinés, "Quieres ir?. "
Marcco la mira a los ojos, algo duvitatibo.
Marcco dice con acento turinés: "cres que sería una buena idea?."
Vittoria dice con acento turinés, "A mi me gustaría que fueras conmigo. "
Vittoria dice con acento turinés, "A de más hace cuanto que no vas a la playa?. "
Marcco dice con acento turinés: "uf, ya ni recuerdo."
Marcco sonríe.
Vittoria sonríe.
Vittoria dice con acento turinés, "Io tampoco, recuerdo que fuimos una vez pero a Génova con Bianca. "
Marcco dice con acento turinés: "está bene, vamos entonces."
Vittoria sonríe emosionada.
Vittoria sirve más vino.
Marcco sonríe divertido y se levanta para abrazarla
Vittoria se deja abrazar mientras sostiene su vaso.
Vittoria dice con acento tturinés, "Me quedó bene la comida amore?. "
Marcco dice con acento turinés: "te quedó perfectta, como tú."
Vittoria sonríe.
Vittoria Se estremese al contacto con el cuerpo de Marcco.
Marcco sonríe acariciando sus orejas, antes de separarse para volvér a sentarse
Vittoria Se bebe de un trago el vino.
Marcco la mira divertido y sorprendido.
Vittoria come un poco más de su pasta intentando calmarse, aunque su piel está sensible y su humedad ya se hace presente.
Marcco dice con acento turinés: "amore, estás muy rara hoy."
Vittoria dice con acento turinés, "Rara no, solo es la abstinencia de no tenerte. "
Marcco dice con acento turinés: "hay amore. es en serio?."
Vittoria dice con acento turinés, "Amore,, sigo siendo adicta y tú, me tienes semanas así... "
Vittoria se levanta recogiendo el plato con algo de brusquedad lo lleba al fregadero.
Marcco suspira pensatibo, pero sin decir nada. agacha la cabeza y se queda sentado.
Vittoria sale de la pequeña cocina, y en la sala mira la bolsa con los dulces y las cosas sexuales que Marcco había llebado.
Vittoria abre la bolsa de las estrellas y saca una, luego va al sofá y se sienta pensativa Mientras saborea el chocolate.
Marcco se queda en el comedor. pensatibo, no se atrebe a acercarse, no save que hacer.
Vittoria mira fijamente la caja de "Galaxia de Chocolate" en su regazo, el chocolate amargo derritiéndose lentamente en su boca, un sabor complejo que solo lograba igualar la complejidad de su mente. El silencio en la cabaña, roto solo por el sonido de su propia respiración y el leve crujido de la madera, era ensordecedor. Marcco seguía en la mesa, su presencia pesaba más que cualquier palabra.
La tentación era una vieja amiga, una que conocía sus puntos débiles y sabía cómo susurrarle al oído. En su otra vida, la reina del caos, habría tomado las llaves del coche y conducido de vuelta a Turín, buscando el alivio rápido y sin compromiso que siempre encontraba. Un cuerpo, una noche, el olvido temporal que la devolvía a la realidad con resaca y culpa.
Pero el recuerdo del dolor de Marcco, de la sinceridad herida en sus ojos cuando hablaron en el sofá, la detenía como una barrera de acero. Él la amaba, y justo por ese amor genuino, tenía el derecho de poner límites y de sanar a su propio ritmo. Ella lo había dañado, y ahora tenía que pagar el precio de la paciencia.
El autocontrol era un músculo dolorido que estaba aprendiendo a usar.
dies meses, Vittoria. Dies meses desde la última vez que cediste al caos. Dies meses de terapia, de trabajo, de estabilidad.
Se repitió la frase como un mantra, un salvavidas en el mar de su deseo. Pero la abstinencia se sentía como una tortura física, una necesidad profunda que se mezclaba con el agotamiento diario. La presión de la fábrica, la sombra de los Rinaldi, las responsabilidades de la universidad y ahora la organización del viaje a Catania; era demasiado. Necesitaba un escape, y su cuerpo solo conocía una forma de hacerlo. Y esa forma, en este momento, estaba sentada a menos de tres metros de ella, negándole el único alivio que él podía ofrecer.
Marcco se levanta pensatibo llevando su plato al fregadero. Para después regresar al comedor. Su mente dando vueltas sin parar. Si le dava lo que quería, sanaría esa necesidad. sí. pero al mismo tiempo eso le generába dudas. y si no lo hacía, podría buscar a alguien más.
El chocolate ya no sabía dulce, sino a hierro. Era la frustración. Su mente era un campo de batalla:
Deseo: ¡Tómalo! Es tu cuerpo, tu necesidad. ¿Por qué tienes que sufrir por los errores que ya confesaste?
Amor: No lo arruines. Un paso en falso, un momento de debilidad, y perderás al único hombre que te ha amado sin intentar domarte.
Vittoria suspiró, el aire escapando de sus labios en un largo y tembloroso hilo. Se puso de pie, la caja de chocolates aún en su mano. Caminó hacia la pequeña chimenea de piedra, donde el fuego ya no ardía. Puso la caja sobre el alféizar de madera, lejos de sí misma.
Miró hacia Marcco, que seguía inmóvil, observándola.
Vittoria dice con acento turinés, "Voy a dar una vuelta por el bosque, amore. Necesito despejar la cabeza."
Marcco dice con acento turinés: "está benne amore."
Su voz era baja, tensa, pero firme. No era una pregunta, era una declaración de independencia temporal. Necesitaba aire fresco y distancia para sofocar la vieja Vittoria que amenazaba con devorarla.
Vittoria caminó hacia la puerta. Cada paso era pesado, como si estuviera arrastrando cadenas invisibles. Agarró el picaporte de hierro frío, sintiendo cómo el contacto helado contrastaba con el calor febril de su propia piel. Antes de abrir, se obligó a girarse para mirar a Marcco por última vez.
Él seguía sentado, la imagen de la paciencia y el dolor contenido. Sus ojos la seguían con una mezcla indescifrable de preocupación y resignación. No la detuvo, no le rogó que se quedara. Y esa falta de coerción, ese respeto a su espacio, la golpeó más fuerte que cualquier súplica.
Vittoria pienza: No quiere que me quede porque le doy miedo. Miedo de que lo arrastre de nuevo.
Vittoria Abrió la puerta de golpe, dejando que el aire frío del atardecer la azotara. Salió a la pequeña terraza de madera, sintiendo las tablas rugosas bajo sus pies. El aire del bosque era denso, impregnado con olor a pino, tierra mojada y el humo residual de alguna hoguera lejana.
Vittoria Cruzó el porche y pisó la tierra del claro. No se dirigió al auto, sino directamente a la línea de abetos que marcaban el inicio del bosque. Quería perderse, no huir.
Una vez bajo la sombra de los árboles, Vittoria se permitió temblar. El deseo no era solo un impulso, era una ola de calor que la recorría de la cabeza a los pies, la misma sensación visceral que la había llevado a la locura en Madrid y turín, que la había hecho mentirle a su padre y a Marcco. La adicción era un fantasma que sabía exactamente dónde morder.
En cuanto Vittoria cruzó la puerta, su mente traicionera empezó a bombardearlo, cual videojuego de guerra. "Fue una mentira. Va a engañarte otra vez. Eres poco para ella. Ya se va a follar a otro. Eres aburrido para ella. ¡Poco hombre! No eres capaz de follarte a tu novia, ¡qué patético." Su mente se sentía como un caldero a nada de estallar. Se obligó a contenerse, pero se estremeció. Su miedo, sus inseguridades, lo hizo temblar de dolor, de tristeza.
Vittoria Se apoyó contra el tronco rugoso de un abeto, cerrando los ojos con fuerza. Las imágenes de la bolsa—el aceite, el lubricante, el cuerpo de Marcco—se reproducían en su mente, más vívidas y dolorosas que el recuerdo de cualquier otra aventura. Ahora la adicción tenía un rostro, el de él, y era una agonía dulce.
Marcco se obligó a levantarse brúscamente. sus pasos pesados y nerviosos tratando de silenciar aquella voz que paresía gritarle cada uno de sus fallas y defectos.
Vittoria pienza: Pazienza, Vittoria. Solo necesitas diez minutos. Respira.
Marcco tiembla mientras camina. trata de obligarse a pensar en otra cosa pero le és casi inposible.
Vittoria Intentó la respiración cuadrada que le había enseñado Karol, pero cada inhalación se sentía como si estuviera tragando arena. El olor a pino se transformó en el perfume de Marcco, el aire fresco en el calor de su abrazo.
Vittoria Se alejó del árbol, comenzando a caminar sin rumbo fijo por el sendero cubierto de hojas. Sus manos se cerraron en puños, las uñas clavándose en las palmas.
"No voy a recaer," susurró al bosque, su voz apenas audible. "No voy a hacerlo. No por un momento de placer."
La lucha era intensa. Su mente le gritaba la ironía: Estás rechazando el único placer limpio que te queda, la única adicción saludable. ¡Y otros te lo ofrecen! ¿Por qué te castigas?
Pero sabía la respuesta. No se castigaba; respetaba un límite sagrado. El sexo no podía ser una cura de emergencia para su ansiedad. Tenía que ser amor. Y Marcco tenía que estar seguro de que ella lo quería a él, no solo al alivio que él le daba.
Vittoria Se detuvo al lado de un pequeño arroyo. El sonido del agua fluyendo, constante e inmutable, le ofreció un anclaje. Se arrodilló y metió ambas manos en el agua helada. El frío fue un shock eléctrico, un reinicio sensorial que momentáneamente ahogó el fuego interno.
Marcco camina en círculos, su mente prácticamente torturándolo a gritos. Lágrimas amenazan con escaparse de sus ojos, pero las contiene. Camina hasta la cama y se sienta en esta, abriendo los ojos, sin darse cuenta de cuándo los había cerrado en realidad. Respiró, tratando una vez más de calmarse. Respiró una, dos, tres veces.
Vittoria se quedó allí, con las manos sumergidas, mirando el movimiento del agua.
Te amo, Marcco. Y si tengo que sufrir abstinencia para que tú confíes en mí, lo haré.
te amo, vittoria, y ese amor me duele y me asusta, y no se que hacer...
Era la promesa más dura que se había hecho a sí misma desde que regresó a Turín. El dolor se hizo más soportable, transformándose de pánico a una tristeza controlada. Se levantó, el deseo aún presente, pero ya no dominante. Ahora era solo una cicatriz que dolía, no una herida abierta.
Vittoria Sacó las manos del arroyo y las secó en su suéter. Levantó la vista hacia el cielo que comenzaba a teñirse de un violeta profundo. Diez minutos. Ya casi. Se giró y comenzó a caminar de regreso hacia la pequeña luz amarilla que brillaba a través de la ventana de la cabaña, hacia el hombre que era su hogar y su prueba más difícil.
Vittoria entró a la cabaña con el aire frío del bosque pegado a su ropa. Cerró la puerta suavemente detrás de ella, el sonido del cerrojo siendo el único ruido que rompía el tenso silencio.
Marcco seguía sentado en el borde de la cama, la luz tenue de la sala de estar apenas alcanzaba el dormitorio. Sus ojos se levantaron al escucharla, y la expresión de su rostro era un mapa de emociones reprimidas: alivio, dolor y una profunda fatiga.
Vittoria se acercó despacio, quitándose el suéter gris azulado y dejándolo caer sobre la mesa de la cocina. Se sentía más ligera, aunque no curada. Se acercó a la chimenea y recogió la caja de chocolates, volviendo a su regazo en el sofá gastado.
Vittoria dice con acento turinés, ¿Estai bene caro?. "
Marcco levanta el rostro lijeramente. sus ojos reflejando el dolor de si mismo y de sus dudas. sin emvargo le dedicó una sonrrisa amorosa, aunque algo adolorida.
Marcco dice con acento turinés: "sí, stellina. tú? estás mejor?"
Vittoria mira detenidamente su rostro notando su tensión.
Vittoria dice con acento turinés, "Me siento mejor. Grazie, amore."
Marcco dice con acento turinés: "me alegro, mia stellina"
Vittoria dice con acento turinés, "Pero, tu que tienes? "
Marcco dice con acento turinés: "esto bene, amore, no es nada."
Marcco se acercó para besarla
Vittoria lo jaló con ella al sofá para refugiarse en sus brazos.
Marcco correspondió sin dudar, sintiendo como todos sus miedos, por ese instante, se difuminavan en ese abrazo compartido
Vittoria dice con acento turinés, "Tu sei l'uomo che amo più di ogni altra cosa in questa vita. "
Marcco dice con acento turinés: "io no podría amar a nadie mas, stellina mía."
Vittoria dice con acento turinés, "Ven, vamos a ver una película amore. Y a comer todos los dulces que tragiste. "
Vittoria se levanta del sofá agarrando la bolsa con las cajas de dulces.
Marcco dice con acento turinés: "me parese una idea perfetta"
Vittoria le sonríe y camina al pequeño dormitorio.
Marcco se levanta y la sigue con un rostro mas trankilo.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: "Vittoria: La Reina del Caos"

Mensaje por Larabelle Evans »

Catania: La Tensión y el Compromiso.

Punto de vista: Vittoria.


El fin de semana terminó tan rápido como había llegado. El domingo por la tarde, Vittoria y Marcco se encontraron de nuevo en el bullicio del aeropuerto de Turín, listos para un vuelo comercial con destino a Catania, Sicilia. Este viaje no era por negocios ni por una huida impulsiva, sino por un compromiso de amor: el vestido de novia de Leila, la prometida de Mássimo Marttini, el padre de Vittoria. Era un viaje de trabajo envuelto en afecto familiar.
Vittoria se sentía diferente en el aeropuerto. Ya no era la joven que intentaba pasar desapercibida o la que utilizaba el viaje como excusa para el caos. Llevaba en su bolso los bocetos preliminares de Larabelle, la diseñadora, y un metro de costura. Llevaba consigo una misión y, lo más importante, a Marcco de la mano.
El vuelo transcurrió sin incidentes. Marcco, sentado junto a la ventanilla, revisaba líneas de código en su laptop, aprovechando el tiempo para intentar romper su "bloqueo creativo". Vittoria, por su parte, se perdió en el paisaje siciliano que se asomaba por debajo: el azul intenso del mar Jónico y la imponente silueta nevada del Monte Etna. Era un contraste dramático con la niebla industrial de Turín.
A su llegada al Aeropuerto de Catania-Fontanarossa, la atmósfera era más cálida y relajada, incluso en la penumbra del anochecer. Mássimo y Leila los esperaban justo a la salida. Ver a su padre sonreír genuinamente, con la mano posada protectoramente sobre la espalda de Leila, siempre le daba a Vittoria una punzada de alivio. Su padre era feliz, y esa felicidad era, en gran medida, el ancla que necesitaba la familia.
Mássimo dice con acento turinés, "¡Ciao, principessa! Ciao, Marcco,".
Saludó Mássimo con su voz profunda, abrazando a su hija con la fuerza que solo un Marttini podía ofrecer.
Leila, más reservada pero con una sonrisa dulce, abrazó a Vittoria con cariño.
Leila dice con acento siciliano, "Bienvenidos. Me alegra que hayan podido venir."
El vehículo se deslizó con suavidad por las calles de Catania. Leila conducía su auto con la calma habitual, señalando puntos de interés.
Leila dice con acento siciliano, "El mercado de pescado, La Pescheria, mañana por la mañana es una locura, Marcco. Tienes que verlo. Y Vittoria, aquí cerca está la Via Etnea. Las mejores tiendas de ropa, aunque sé que tú ya tienes tus preferencias."
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias, Leila. Es preciosa. Tan distinta a Turín."
Marcco, sentado en el asiento trasero junto a su novia, miraba la arquitectura barroca tardía, el contraste de la piedra volcánica negra con el blanco de las decoraciones.
Marcco dice con acento turinés, "Es la primera vez que estoy tan al sur. La luz es completamente diferente."
Mássimo, desde el asiento del copiloto, asintió, mirando a su hija y a su novio por el retrovisor. Mássimo dice con acento turinés, "Sicilia es una declaración. Es pasión y piedra. No es un susurro como el norte. Es un grito."
Pronto llegaron a la Villa Ferrari, una edificación que, aunque más moderna que la antigua residencia Marttini en Turín, conservaba una elegancia sobria. La entrada era amplia, flanqueada por buganvillas que florecían incluso en esta época del año.
Maurizio y Zoe salieron de la casa antes de que el coche se detuviera por completo, con su energía caótica y efervescente.
Maurizio dice con acento siciliano, "¡Llegaron\! ¡Por fin\! Pensé que se habían quedado atascados en algún glaciar piamontés."
Zoe, siempre con una sonrisa, abrazó efusivamente a Vittoria.
Zoe dice con acento estadounidense, "¡Vitti! Estás preciosa. Marcco, ¡qué gusto verte\!"
Marcco sonrió, devolviendo el saludo. Marcco dice con acento turinés: "El gusto es nuestro, Zoe. Maurizio."
Mientras descargaban el equipaje, Vittoria notó la ausencia del resto de la famiglia. Maurizio y Zoe eran lo suficientemente ruidosos como para llenar un espacio, pero el silencio de la villa era palpable. Al entrar, la casa se sentía demasiado ordenada, el aire ligeramente enrarecido.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y los demás? ¿Chiara, Gianluca?" preguntó casualmente, mirando hacia la gran sala.
Maurizio, que estaba revisando unos mensajes, se encogió de hombros con una naturalidad un poco forzada.
Maurizio dice con acento siciliano, Salieron a cenar a un restaurante favorito de Chiara. Ya sabes como son.
"La explicación era demasiado vaga para ser completamente cierta, pero Vittoria decidió aceptar la respuesta sin presionar. Había aprendido que a veces, en esta familia, el silencio era más elocuente que cualquier verdad. Había una tensión, una quietud subyacente que le recordaba la atmósfera en Turín después de una mala noticia en la fábrica.
Leila, notando la sutil incomodidad, tomó las riendas con su calidez innata.
Leila dice con acento siciliano, "Cioccolato, lleva a Marcco y a Vittoria a su habitación para que dejen las cosas. He preparado una cena simple: pasta alla Norma. Necesitan comer y descansar después del viaje."
Mássimo asintió y guio a los jóvenes escaleras arriba, dejando a Leila, Zoe y Maurizio en la sala.
En el amplio dormitorio, Vittoria dejó su bolso sobre la cama y Marcco se recostó un momento.
Marcco dice con acento turinés, "Este lugar es increíble.
Minutos después, la habitación ya estaba ordenada. Vittoria y Marcco descendieron las escaleras de mármol y encontraron la mesa del comedor ya dispuesta. La pasta alla Norma humeaba en grandes cuencos, el aroma a tomate, berenjena frita y queso ricotta salata llenaba el aire.
La cena transcurría con una plática animada, dominada principalmente por las anécdotas extravagantes de Zoe y los comentarios culturales de Maurizio. Mássimo participaba con breves sonrisas y asentimientos. Sin embargo, Vittoria no podía ignorar la tensión sutil que flotaba alrededor de Leila. La prometida de su padre se reía, bromeaba y se esforzaba por mantener el ambiente ligero, pero la manera en que sus ojos se desviaban a veces, y la forma en que sus manos se aferraban a su copa de vino con demasiada fuerza, indicaban una preocupación subyacente que no estaba compartiendo.
Vittoria, sintiendo que el momento era propicio para el afecto, decidió romper el hielo emocional. Dejó el tenedor y miró directamente a Leila.
Vittoria dice con acento turinés, "Leila, hay una razón por la que quise venir en persona. No es solo para ver a mi padre y a todos ustedes."
El tono de Vittoria atrajo la atención de todos, incluyendo a Mássimo, quien la miró con curiosidad. Leila detuvo el movimiento de su tenedor.
Vittoria dice con acento turinés, "Quiero diseñar tu vestido de novia. Y el traje de mi padre. No quiero que esto sea un encargo para cualquier diseñador. Quiero hacerlo yo. Con la guía de Larabelle, claro, mi antigua jefa. Pero quiero poner mi alma en esto. Quiero que sea perfecto. Que sea un regalo de amor."
Leila parpadeó, y una emoción genuina y desbordante reemplazó la tensión en sus ojos. Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro.
Leila dice con acento siciliano, "Vittoria… Ma che dici? ¿De verdad?" Su voz se quebró ligeramente. "Eso es... el regalo más hermoso que podrías hacerme."
Mássimo se inclinó hacia adelante, con una calidez evidente.
Mássimo dice con acento turinés, "Esa es mi hija. Sabía que tenías algo bajo la manga, principessa."
Marcco sonrió, sintiendo la oleada de orgullo por su novia. Maurizio y Zoe aplaudieron con entusiasmo.
Maurizio dice con acento siciliano, "¡Genial! ¡Una obra de arte! Nada de vestidos de Milán aburridos. Queremos glamour Marttini-Ferrari."
Vittoria se rió ante el comentario de Maurizio.
Vittoria dice con acento turinés, "Será elegante y limpio. Como tú, Leila. Sin excesos. Pero quiero que hable de ti. Necesito tomarte medidas mañana, y necesito que me digas todo lo que sueñas para ese día. Desde el tipo de tela hasta el largo. Quiero que confiemos en esto juntas. ¿Me das ese honor?"
Leila, con los ojos vidriosos, asintió vigorosamente.
Leila dice con acento siciliano, "Por supuesto que sí. Sabía que tú le darías el toque que este evento necesita. Gracias, Vittoria. De verdad."
El gesto de Vittoria no solo le había dado un proyecto, sino que había inyectado una calidez real a la cena, uniendo a la familia en un propósito afectivo que temporalmente desvió la atención de cualquier otra preocupación subyacente. La tensión de Leila disminuyó visiblemente, reemplazada por la emoción y el cariño.

La Mañana en Catania: Ausencias y Planes.


El sol siciliano se coló por las ventanas de la Villa Ferrari, inundando la habitación con una luz dorada y cálida que contrastaba con el gris piamontés al que estaban acostumbrados. Vittoria despertó despacio, sintiendo el peso reconfortante del brazo de Marcco alrededor de su cintura. A pesar de la tensión emocional de la noche anterior en la cabaña, y de la abstinencia física, habían dormido profundamente, conectados por una paz que solo su cercanía podía proporcionar.
Vittoria se giró en sus brazos, besando la curva de su cuello. Aún no hacían el amor, y la necesidad seguía punzante, pero había aprendido a compartimentalizar. En ese momento, Marcco era su refugio, no su solución de emergencia. Había llegado a Catania con un propósito, y la disciplina que forjaba en la fábrica de Turín la aplicaría también a su vida personal. El trabajo con Leila era prioritario.
Marcco dice con acento turinés, "Buongiorno, stellina." Murmuró Marcco, abriendo los ojos.
Vittoria dice con acento turinés, "Buongiorno, caro mio. ¿Dormiste bien?"
Marcco dice con acento turinés: "Perfetto. La paz de Sicilia, supongo."
Ambos se vistieron con ropa ligera, adecuada para el clima. Vittoria eligió un pantalón de lino blanco y una blusa de seda azul pálido, más fresca y fluida que sus trajes de Turín. Marcco, una camiseta y pantalones de mezclilla.
Al descender a la planta baja, el aire estaba impregnado de un olor delicioso: café fuerte, frutas frescas y la dulzura de la repostería siciliana. Encontraron a Lucía, la nana de Leila, una mujer mayor de rostro amable y manos laboriosas, ya sirviendo el desayuno.
Lucía dice con acento siciliano, "Buongiorno, ragazzi. Siéntense, el café está fuerte hoy."
Vittoria y Marcco saludaron a Lucía, tomando asiento en la gran mesa de madera. Vittoria notó de inmediato que solo cuatro lugares estaban dispuestos, a pesar de que la villa albergaba a Mássimo, Leila, Maurizio, Zoe, Richi, karlo, Shawnee, Gianluca y Chiara. La ausencia de los demás, especialmente de Chiara y Gianluca, seguía resonando.
Poco después, Mássimo y Leila se unieron a ellos. Mássimo lucía un atuendo más relajado de lo habitual, sin corbata, pero con la inconfundible elegancia de un Marttini. Leila, por su parte, se veía radiante, la preocupación de la noche anterior casi disipada por la emoción del proyecto.
El desayuno transcurrió en un ambiente tranquilo, pero la mente de Vittoria trabajaba, midiendo el silencio y las ausencias.
Mássimo se sirvió una taza de café, mirando a su hija. Mássimo dice con acento turinés, "¿Qué planes tienes para hoy, principessa? Después de tomarle las medidas a Leila, claro."
Vittoria dice con acento turinés, "Quiero ir al centro. Ver el mercado. Marcco necesita ver La Pescheria que mencionaste, Leila. Y luego, quiero ir a la playa. El mar Jónico es irresistible."
Marcco, que estaba untando marmellata en una rebanada de pan, sonrió. Marcco dice con acento turinés: "Me gustaría mucho. Y luego, tal vez me quede revisando códigos mientras Vittoria trabaja. El paisaje ya rompió un poco mi bloqueo."
Leila asintió con entusiasmo. Leila dice con acento siciliano, "Puedo llevarlos a Aci Castello. Es un antiguo castillo normando sobre un acantilado de lava. El mar allí es increíble. Y para las medidas, podemos hacerlo a media mañana, en la luz natural."
Mássimo miró a su prometida con afecto.
Mientras el desayuno continuaba, Lucía, la nana, se acercó a Leila.
Lucía dice con acento siciliano, "Bambina. Chiara y Gianluca enviaron sus disculpas a todos. Lamentan no estar en el desayuno. Tuvieron un asunto urgente que atender temprano.
Leila asintió con seriedad, y Lucía se marchó de inmediato.
Vittoria intercambió una mirada rápida y silenciosa con Marcco. Él, aunque ajeno a las dinámicas familiares Ferrari, percibió la incomodidad palpable que la excusa había generado. Asintió, comunicando sin palabras: Lo he notado, pero mantén la calma.
Vittoria se concentró en su café. La belleza de Catania era una fachada. El núcleo Ferrari, La nueva Famiglia de su padre, estaba fragmentado. Y como heredera de los Marttini, sabía que los 'asuntos urgentes' y las 'ausencias discretas' siempre presagiaban problemas.
Vittoria terminó su café de golpe.
Vittoria dice con acento turinés, "Voy a subir por mis cosas. No me tardo."
Mássimo le dedicó una sonrisa orgullosa antes de volver a su conversación con Marcco. Marcco, a su vez, le dio un asentimiento de ánimo.
Vittoria subió las escaleras a zancadas, la energía del café y el proyecto inminente moviéndola. En su habitación, tomó su estuche de costura (regalo de Larabelle, de piel curtida y elegante) y los bocetos preliminares. Revisó su tableta para asegurarse de tener a mano las notas de las últimas videoconferencias con su mentora. Este era el trabajo que amaba, su santuario.
Al llegar al final del pasillo, llamó suavemente a la puerta de la suite principal de Leila.
Leila dice con acento siciliano, "¡Avanti, Vittoria! Pasa, por favor. Estaba deseando que llegaras."
Vittoria entró en una habitación que era un oasis de calma, con vistas al mar Jónico. Leila estaba de pie junto a un maniquí de costura que ya estaba en el centro de la habitación, vestida con una bata de seda color perla, su cabello recogido en un moño informal. Sus ojos brillaban con una mezcla de anticipación y alegría.
Vittoria dice con acento turinés, "Aquí están mis armas. El metro, el estuche de Larabelle y mis bocetos de guerra."
Leila se rió, su voz suave.
Leila dice con acento siciliano, "Me siento como si estuviéramos a punto de crear algo mágico, cara. Gracias por tomar esto con tanta seriedad."
Vittoria cerró la puerta, apoyando su maletín en una silla.
Vittoria dice con acento turinés, "Lo es. Es el vestido más importante que diseñaré. No es para la pasarela, es para la vida. Y para que mi padre sea feliz, que es lo único que me importa."
Se acercó a Leila.
Vittoria dice con acento turinés, "Empecemos con lo técnico. Para un diseño estructurado, necesito medidas exactas. Quiero un ajuste limpio, sin que te sientas disfrazada. ¿Lista para ser mi modelo por media hora?"
Leila asintió, extendiendo los brazos.
Leila dice con acento siciliano, "Lista. Y luego, te cuento mis ideas. Son simples, lo prometo. No soy una mujer de volantes."
Mientras Vittoria tomaba el metro, sintiendo la tela suave de la bata de Leila bajo sus dedos, el tono de su voz se volvió concentrado y profesional.
Vittoria dice con acento turinés, "Hombros. Cintura, talle alto. La caída de la falda es crucial con la seda. Quiero que sea fluida, pero con peso. ¿Algo que te preocupe especialmente? ¿Alguna parte de tu cuerpo que no quieras acentuar?"
Leila sonrió de lado.
Leila dice con acento siciliano, "Quiero un vestido que me haga sentir segura. No una muñeca de porcelana. Mis cicatrices... están aquí para quedarse, Vittoria. Si el diseño puede ser elegante sin ocultarlas, sería perfecto."
Vittoria detuvo el movimiento del metro por un segundo. Miró las manos de Leila, y el brazo que había mencionado. Asintió, entendiendo la profundidad de la petición. No era sobre costuras, era sobre aceptación.
Vittoria dice con acento turinés, "Será elegante, Leila. Y fuerte. Te lo prometo. La estructura será tu soporte, no tu camuflaje. Ahora, quédate quieta. Pecho."
Después de veinte minutos de mediciones silenciosas y precisas, Vittoria recogió el metro y sacó los bocetos. Se sentó en un sillón, invitando a Leila a sentarse frente a ella.
Vittoria dice con acento turinés, "Ahora sí, hablemos de sueños. Tengo varias ideas. Pero la visión es tuya. Dime tres palabras que definan el día."
Leila pensó por un momento, acariciando el muslo de su bata.
Leila dice con acento siciliano, "Calma, redención y amor."
Lo dijo con la voz firme, mirando a Vittoria a los ojos.
Leila dice con acento siciliano, "Y no quiero blanco. El blanco es para un inicio inmaculado que no tenemos. Quiero algo que refleje... la calma que hemos encontrado. Algo que sea como una perla: fuerte, sobrio, pero con un brillo interno. Pienso en tonos perla o marfil suave. Nada que grite."
Vittoria asintió, su bolígrafo anotando las tres palabras y el color en la esquina superior del boceto principal. La combinación era perfecta, resonando con la honestidad que Leila había mostrado desde el principio.
Vittoria dice con acento turinés, "Me gusta la idea de la perla. Implica capas, historia. El marfil o el perla mate será hermoso con tu tono de piel. Para un diseño que hable de 'calma' y 'redención', necesitamos movimiento, no rigidez. Usaremos crepé de seda de alta densidad para la caída, y un poco de organza de seda muy fina para un detalle en la espalda que sugiera ligereza. El corte será recto, talle definido, escote barco para acentuar la clavícula con elegancia."
Vittoria deslizó el boceto preliminar hacia Leila. Era un diseño minimalista, pero impecable. El punto focal era la espalda: no descubierta, sino cubierta por una delicada malla de encaje artesanal en el mismo tono perla, que se cerraba con una hilera de pequeños botones forrados.
Leila pasó los dedos por el dibujo con una emoción contenida.
Leila dice con acento siciliano, "La espalda. Me encanta. Es elegante, pero no oculta. Y los botones... son perfectos. Es lo que quería: sentirme yo, pero mejor.
Leila se levantó y abrazó a Vittoria con una efusividad repentina.
Leila dice con acento siciliano, "Gracias, cara. Me has quitado un peso de encima. Esto va a ser perfecto."
Vittoria devolvió el abrazo, sintiendo la calidez sincera. Habían pasado de un proyecto a un momento de confianza mutua.
Vittoria dice con acento turinés, "Lo será. Ahora, necesito que me cuentes sobre la tensión. ¿Chiara y Gianluca? No están en el desayuno y Lucía dijo que tenían un 'asunto urgente'. En esta familia, eso nunca es un buen augurio."
La sonrisa de Leila desapareció. Se sentó de nuevo, su postura volviendo a ser tensa.
Leila dice con acento siciliano, "Lo notaste. Sabía que lo harías. Eres igual a Mássimo en eso."
Hizo una pausa y miró hacia la puerta, como si temiera ser escuchada.
Leila se inclinó un poco hacia adelante, su voz cayendo a un susurro lleno de preocupación y frustración.
Leila dice con acento siciliano, "Ayer, antes de que llegaran, la villa era un caos, Vittoria. Y no el caos divertido de Zoe. Me enteré de una pelea absurda en el pasillo. Una pelea a gritos. Entre Chiara y Shawnee."
Vittoria frunció el ceño. Chiara, la Consigliere de los Ferrari, era conocida por su frialdad y control absoluto. Shawnee, aunque era leal y efectiva, era una mercenaria; su posición siempre era de apoyo, nunca de desafío directo a la estructura familiar.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Chiara y Shawnee? ¿Por qué?"
Leila suspiró, frotándose la sien.
Leila dice con acento siciliano, "Por una razón ilógica. Algo sobre Shawnee desafiando las reglas que Chiara había impuesto para un encargo menor. Pero el problema no fue el motivo. Fue la reacción. Chiara es nuestra Consigliere. Su trabajo es ser la calma, la estrategia. Y no demostró ninguna paciencia. Perdió el control. Cayó en una pelea innecesaria y poco profesional con una… mercenaria."
Leila sacudió la cabeza con desilusión.
Leila dice con acento siciliano, "En nuestra Famiglia, eso es una falta grave. No solo rompe las reglas internas, sino que muestra debilidad frente a alguien de fuera. El control es todo, Vittoria. Si la gente que te sirve ve que tu Consigliere se quiebra por una tontería, ¿qué pensarán de la estructura?"
Vittoria asintió, su mente ya engranada en modo Marttini: evaluación de riesgo, consecuencias de la pérdida de control.
Vittoria dice con acento turinés, "Entiendo la gravedad. Eso explica la tensión que noté en el desayuno. Y la ausencia de Chiara y Gianluca."
Leila continuó, su voz volviéndose dura.
Leila dice con acento siciliano, "Así que esta misma mañana, antes de que te levantaras, hablé con ella. Necesitaba un castigo severo, uno que no solo la corrigiera, sino que enviara un mensaje al resto. Por su comportamiento y por haber faltado a la regla principal de la Famiglia —la discreción y el control— le he retirado el título de Consigliere."
Vittoria abrió los ojos ligeramente, impresionada por la decisión de Leila. Era una acción drástica.
Leila dice con acento siciliano, "Y la enviaré a Turín. Por un mes. No de vacaciones. La enviaré contigo, con Mássimo. Su castigo será trabajar."
Leila dice con acento siciliano, "Chiara se encargará de supervisar y gestionar la próxima fusión financiera entre los Ferrari y los Marttini. Será tu apoyo en la fábrica, Vittoria. Necesitas esa experiencia, y ella necesita aprender a ser profesional bajo la presión real, no bajo la presión de una discusión estúpida en un pasillo. Si lo hace bien, le devolveré el título. Si no, buscaré otro Consigliere."
Leila suspiró, la carga de la decisión pesando sobre sus hombros.
Leila dice con acento siciliano, "Por eso no estaban en el desayuno. Yo necesitaba calmar los ánimos. Espero que entiendas por qué no pude contártelo antes."
Vittoria procesó la información.
Vittoria le dedicó una pequeña sonrisa a Leila.
Vittoria asintió, su expresión volviéndose profesional de nuevo, aunque por dentro la noticia de Chiara la había activado. La fusión Ferrari-Marttini era un asunto delicado, y tener a la ex-consigliere a su lado para gestionarla era una oportunidad y un riesgo a la vez.
Vittoria asintió y retomó su cuaderno de bocetos.
Vittoria dice con acento turinés, "El escote. Con un corte barco, podemos integrar el velo de forma muy sutil. ¿Velo largo, o un simple tocado que permita ver la espalda?"
Leila pensó, acariciando el dibujo.
Leila dice con acento siciliano, "Un velo corto. Que no arrastre. O un velo tipo jaula, discreto, que solo cubra el rostro al entrar y luego se aparte. El protagonismo debe ser para la estructura del crepé."
Vittoria anotó la preferencia.
Vittoria dice con acento turinés, "Perfecto. Y el ramo. No debe ser grande. Peonías blancas con un toque de follaje verde oscuro. Que dé contraste con el marfil. Eso es todo, Leila. Con estas medidas y estas ideas, Larabelle puede empezar a trabajar en el prototipo. Tendré el primer fitting virtual en menos de dos semanas."
Leila se levantó, radiante.
Leila dice con acento siciliano, "No puedo esperar. Gracias de nuevo, Vittoria. De verdad."
Vittoria recogió sus materiales, guardando el metro y los bocetos en su estuche de costura.
Vittoria dice con acento turinés, "El honor es mío.
Leila dice con acento turinés, Ahora, ve a disfrutar tu mañana. Marcco te espera para ir a la playa. Yo necesito media hora para enviar unos reportes , y luego me les uno."
Vittoria Salió de la habitación, la calma de Leila contrastando con la nueva vorágine de información que ahora llevaba en la cabeza: Chiara, ex-consigliere castigada, transferida a Turín para fusionar imperios.
De vuelta en su dormitorio, Marcco estaba en la terraza, al teléfono con Alexander, discutiendo un bug en el código de su juego.
Vittoria se acercó al escritorio, encendió su portátil, no sin antes darle un beso en la nuca a Marcco.
Marcco dice con acento turinés: "te llamo luego, Alex." Se despidió, mirando a Vittoria con curiosidad.
Marcco dice con acento turinés, "¿Todo bien, stellina? Tienes cara de que acabas de firmar una tregua nuclear."
Vittoria sonrió levemente, ya tecleando.
Vittoria dice con acento turinés, "Mejor. Acabo de hacer algo mejor. Ahora, no me distraigas. Necesito escanear esto y enviarlo a Larabelle. Es urgente, antes de que el sol de Sicilia me anule el cerebro."
Abrió su aplicación de escaneo, tomó fotos de alta resolución de los bocetos con las anotaciones de Leila, y redactó un email conciso a Larabelle, adjuntando las medidas, la paleta de colores y las palabras clave: calma, redención, amor.
Querida Larabelle,
Adjunto las medidas exactas de Leila y los bocetos finales. Por favor, presta atención a los detalles en las notas:
Color: Marfil suave/Perla Mate (rechaza el blanco puro).
Concepto: Estructurado pero fluido. Crepé de seda de alta densidad con detalle de organza/encaje artesanal en la espalda.
Velo: Corto o tipo jaula, no arrastre.
Corte: Recto, talle alto, escote barco.
Palabras Clave: Calma, Redención, Amor (la prenda debe hacerla sentir fuerte, no disfrazada).
Necesitamos tener el primer toile (prototipo en muselina) en dos semanas para el fitting virtual.
Gracias por tu guía. Sé que lo haremos perfecto.
Un abrazo,
Vittoria.
Vittoria revisó el correo una última vez, verificando cada archivo adjunto antes de presionar 'Enviar'. La tarea estaba hecha.
Cerró el portátil, su rostro ya libre de la concentración. Se acercó a Marcco y lo abrazó por la espalda.
Vittoria dice con acento turinés, "Lista, caro mio. Los Marttini ya cumplieron con su cuota de moda. Ahora, ¿dónde está ese mar Jónico irresistible?"
Marcco se levantó, girándose para tomarla de la cintura.
Marcco dice con acento turinés: "Te llevo a Aci Castello. Pero primero, vamos por agua. No quiero que el sol siciliano me confunda más los códigos."
Ambos salieron de la habitación, dejando atrás los bocetos y las tensiones del norte, listos para sumergirse en la aparente calma del sur. La fusión, Chiara, y el Consorcio podían esperar unas horas.
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