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Nuevo relato de auxita: Una carta, mil emociones.

Aproveché un momento en el que estaba sola en la casa, ya que Mark y su hermano habían salido; quise comenzar rápidamente y sin rodeos a escribir la carta, de modo a comenzar de una buena vez con mi proceso de recuperación emocional, ya que mientras más tarde, más difícil se me hará después.
Soy consciente, o al menos así lo aprendí durante la carrera, que a partir de ahora se vendrá una tormenta de emociones complicada, que puede hasta sobrepasarme, pero si no enfrento esto jamás saldré adelante, como me lo dijo el mismo Mark, es cuestión de poner de mi parte un poco también. Por eso aprovecho ahora, sin temor a que mis emociones sean expuestas.
Auxita busca en su cartera la agenda donde guarda sus contactos, la cual tiene aún bastantes hojas en blanco. Toma un bolígrafo que tiene dentro de la misma agenda y se dispone a escribir.
Auxita se da cuenta que recostada en la cama se le hará difícil escribir por no tener una base donde apoyar la agenda, además de que le tiemblan las manos.
Auxita se levanta para luego ubicarse en un pequeño escritorio que está de un lado de la habitación. Se sienta en la silla, coloca la agenda y ahora sí, se dispone a escribir con las manos temblorosas.
Auxita piensa: no es tan fácil escribir, tengo mucho por decir, creo que ni todas las agendas del mundo serían suficientes…
Acomodada en la silla, Auxita alza la cabeza mirando al techo, por si le afloren las ideas. La tormenta de pensamientos comienza a aparecer en la mente, miles de ideas y sentimientos; tantas cosas por expresar, el proceso mental que realiza para intentar ordenarse es inmensamente complicado.
Auxita piensa: bueno, ser tan metódica en esto no me va resultar, voy a escribir así tal cual me salga, total nadie lo va leer…
Auxita tiene una idea para comenzar. Escribe con letras grandes el nombre de Diego en la esquina superior hizquierda de la hoja, a penas termina de escribir tiene en la mente automáticamente la imagen del rostro de Diego, con la mirada lujuriosa que tanto le desagrada.
Finalmente comienza a escribir largamente, con las palabras que se le vienen a la cabeza. Le tiemblan mucho las manos y se detiene, no le gusta nada su caligrafía y se enoja por eso.
Murmuras: «maldito perfeccionismo, no me sirve de nada ahora…»
Suspiras profundamente.
Murmuras: «nadie lo va leer, basta.»
Auxita continúa escribiendo, las manos le siguen temblando y las lágrimas están por salírsele de los ojos.
En un momento no sabe qué decir, cómo expresar lo que siente. No quiere poner malas palabras ni cosas hirientes.
Niegas con la cabeza.
Murmuras: «no…no…»
Auxita continúa escribiendo, los ojos brillan expresando furia. Finalmente pone todo lo que siente, con buenas y no tan buenas palabras; la mano que tiene libre de repente la cierra, como queriendo golpear a alguien con el puño.
Se detiene al sentir que le duele la mano que mantuvo cerrada con fuerza durante varios minutos, mientras escribía. Relee todo lo que escribió hasta el momento y asiente, finalmente cree haber escrito lo correcto.
Auxita se levanta y sale de la habitación, baja las escaleras y va a la cocina a buscar un vaso grande, lo llena de agua para subir nuevamente las escaleras y continuar con el escrito. Sus ojos están llorosos pero no puede si quiera sollozar, algo se lo impide.
Entra al cuarto, bebe agua a grandes tragos y deja el vaso sobre la mesa, se acuesta en la cama y trata de reflexionar si es todo lo que ha escrito, o faltaría algo más.
Auxita piensa: te amo pero te odio, jamás sentí algo tan contradictorio…
Auxita se levanta y vuelve a ubicarse en el escritorio, relee lo que escribió y prosigue con un párrafo más para luego al fin terminar y estampar una hermosa firma, lo único que considera le salió bien en cuanto a caligrafía.
Auxita arranca la hoja donde escribió la carta y piensa romperla de inmediato, hasta que recuerda algo que aprendió durante una práctica como estudiante de psicología.
Auxita se recuesta un poco en la silla y piensa en las palabras más exactas posibles.
Murmuras: «Diego, yo confié en vos; me fallaste y en esta carta te expreso todo mi sentir»
Murmuras: «confié aunque tu mala fama era evidente, confié aunque te vi tomar y fumar en ocasiones, fundiéndote la vida con cada acción…»
Murmuras: «pero sobre todo, confié en el amor que me profesabas, pensé que me amabas…»
Auxita comienza a dejar aflorar las emociones que la hacen quebrarse
Tiemblas como un flan.
Murmuras: «pero hoy, con esta carta me libero de vos, pero sobre todo de mí. De mi exceso de confianza, de mi ceguera, de aquello que no me dejaba ver quién sos y quién me hiciste creer que eras.»
Murmuras: «me libero del resentimiento, de la tristeza. Me propongo a seguir adelante y ser fuerte, tengo intenciones de seguir viéndote sin que me duela, sin que me afecte. Me libero de este amor insano, me libero y te libero a vos de culpa y pena. Dejo ir todo lo malo y recomienzo, consciente de que los problemas no se acabarán de la noche a la mañana, pero también consciente de que estoy dispuesta a liberarme de ellos a mi ritmo, a mi tiempo, a mi manera.»
Suspiras profundamente.
Lloras desconsoladamente.
Auxita se levanta de la silla, se tira a la cama y abraza una almohada continuando con un llanto de desahogo
Auxita llora por un tiempo, para luego cerrar los ojos y quedarse dormida aproximadamente 20 minutos; al despertar se levanta, vuelve a beber del agua que quedaba en el vaso y se dispone a romper la carta.
La relee por última vez, vuelve a llorar pero esta vez en silencio, para finalmente romperla en pedacitos, los más pequeños que puede.
La tormenta de emociones continúa. Por momentos me siento molesta, en ocasiones estoy triste y en otros tantos quiero hacer cualquier cosa, contra mí especialmente. Me dejo llevar por esas emociones, son parte del proceso para ir sanando de a poco.
Auxita aún conserva los pedacitos de papel en su mano para luego tirarlos en un basurero que hay en el baño contiguo a su habitación.
Suspiras profundamente.
Auxita intenta relajarse, cierra su agenda y la deja sobre el escritorio. Termina de tomar el agua que quedaba y también deja el vaso sobre la mesa, la tormenta emocional la debastó físicamente. A pesar de eso camina por la habitación, con rostro aún serio y pensativo. Recuerda que Mark le dijo que le gustaba verla sonreír, por lo que forzó una sonrisa y se prometió a sí misma…
Murmuras: «prometo salir de esto, ninguna persona puede derrumbarme al menos que yo lo permita.»

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