Punto de vista: Ives

Me desperté empapado en sudor, otra vez había soñado que le tendían una trampa a Lilu… Miré a las camas que había junto a las mías, no había nadie, no me acordé que Melany decidió ir a Madrid para trabajar en su aplicación.
Abrí las puertas traseras del camión. Bajé con mucho cuidado la moto que pude meter cuando salí del garaje antes de venir a Toledo. Mi corazón me estaba pidiendo a gritos hacer algo… Metí unas cuantas cosas en el compartimento de carga y aceleré perdiéndome por las montañas cercanas al polígono. Desde la cima podía ver los pueblos cercanos e incluso la ciudad. Miré feliz todo el entorno, soledad, era lo que necesitaba para hacerlo. Caminé hasta la moto y saqué una libreta y dos bolígrafos. Me senté bajo las ramas de un árbol y empecé a escribir parte de mi historia…
 
Sin verdaderos amigos, sin una chica a quien amar… Siempre busqué la naturaleza intentando escapar de la ciudad.
Era un adolescente de 17 años, recién salido de una prisión de menores, lleno de miedos e inseguridades…
Mi vida en el centro jamás fue fácil. Tras esforzarme mucho conseguí algunos permisos que me permitían salir a la calle sin vigilancia. Fue un día de invierno cuando decidí ir al único sitio donde sonreír era sencillo, el mar, un lugar que me cambiaría la vida por completo. Allí analizaba mi pasado, mis padres murieron y mis tíos tenían serios problemas familiares. Además, desde que me encerraron en la cárcel para menores no le importé a la gente, yo aprendí a mirar a la vida con una mirada ausente. Los educadores no me ayudaban a sofocar el infierno que sentía, pero me tranquilizaba pensar que más tarde o más temprano volvería a ese rinconcito donde podía encontrar al niño que un día fui.
Fue esa mañana de invierno cuando encontré a una perrita abandonada, estaba sucia y sentía miedo… igual que yo… Me agaché lentamente y le ofrecí lo que tenía de comida y cuando ella se acercó supe por primera vez en mi vida que era el calor. Decidí llevármela a un parque cercano al centro de menores, desde entonces los días fueron otra cosa. Saltaba los muros todas las noches para sentarme junto a ella y acariciarle durante horas, mi tristeza se transformó en sonrisa cuando estaba junto a Duna, que era el nombre que le puse a mi nueva amiga, la que me estaba haciendo ver el mundo con otros ojos… Todas las noches rompía a llorar cuando tenía que volver al centro, ella me lamía las lágrimas y miraba triste como volvía a saltar el muro que nos separaba.
Me enfrentaba a la gente que la despreciaba, decían que era un perro con muchas enfermedades, un perro callejero, amenazaban con llamar al servicio de recogida de animales, pero yo le prometí que jamás nos separarían, que la buscaría y nunca dejaría que supiera que era la soledad.
Establecí con ella una comunicación increíble, hasta que un día volví a ser libre… corrí junto a ella por las montañas, playas, nadábamos en el agua helada, ¿qué importaba? Todo el cariño que jamás pude dar a nadie se lo dí a ella, sabía que nunca sería capaz de abandonarme y yo nunca la dejaría.
Hasta que un día corriendo de la policía un camión la atropelló… en ese momento yo también creía que moría. Un dolor insoportable, había perdido lo único que tenía… Mezclé una botella de Whisky con pastillas y caí al suelo. Cuando una persona me encontró tirado en un parque llamó a la ambulancia, pero era tarde ya… no me pudieron salvar, entré en un coma profundo. Mis tíos no entendían mi rechazo al mundo. Desperté tras unos meses y pregunté por Duna, el doctor no sabía a que me refería. Mi vida volvió a dejar de tener sentido.
 
Dejé el bolígrafo y rompí a llorar durante horas como un niño. Nadie supo jamás que un animal salvó a una persona que había dejado de creer en la humanidad.
Miré al cielo, había pasado casi todo el día sentado en esa montaña, la poca contaminación lumínica que había en esa zona me dejó ver dos estrellas y sonreí con mi rostro cubierto de lágrimas.
Subí en la moto y volví al almacén, dejando la libreta sobre una mesa. ¿qué importa que alguien la lea? Estaba rodeado de gente que me quería y nunca utilizarían la información de esas hojas para dañarme.

 

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