Entre la pasión y la fuerza

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Re: Entre la pasión y la fuerza

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Una relasión tormentosa.

Punto de vista: Tallana.

Comunidad de NeoMadrid; Afueras de la Comisaría de moratalaz – 19:45 hrs
La puerta automática se desliza con un zumbido sordo y Tallana sale al exterior. Luce el uniforme policial impecable, aunque en su rostro no hay más que cansancio. Ojeras marcadas, labios secos, el cabello recogido sin esmero. El sol del atardecer baña la ciudad, pero ella camina como si cargara una nube sobre sí.
Sus pasos son lentos, el cuerpo le pesa. No sólo por las horas enfrentando el caos urbano, sino por el eco constante de lo que ya no dice con Alessandro. Discusiones a medias. Ausencias disfrazadas de turnos. Silencios demasiado largos entre un beso y otro.
Tallana suspira mientras enciende su auto.
El tablero se ilumina. El motor arranca.
La música suave de fondo no consigue cambiarle el ánimo.
En el cruce de Gran Vía, detiene el coche en rojo y desbloquea el celular.
En la pantalla, una conversación abierta:
TALLANA:
“¿Salimos a cenar esta noche? Quiero verte… hablar con calma.”
El mensaje permanece con doble visto desde hace 40 minutos.
Ella teclea de nuevo, con un impulso tenso en los dedos.
TALLANA:
“Al menos dime si llegarás a dormir a casa.”
Pasan unos segundos. Finalmente, la respuesta aparece.
ALESSANDRO:
“Estoy en el hospital. Llego tarde. No me esperes.”
Tallana cierra los ojos.
Una punzada le cruza el pecho, no es dolor físico.
Tallana aprieta la mandíbula y continúa conduciendo.
Atraviesa barrios que conoce de memoria. Semáforos, peatones, farolas encendiéndose. Todo le parece más apagado de lo normal.
Al llegar a la calle de Serrano, estaciona frente la casa de líneas sobrias donde vive desde hace6 meses con Alessandro.
Tallana permanece un momento en el auto, con las manos sobre el volante, sin moverse. En la radio suena una canción suave, una que solía sonar en los domingos compartidos.
Tallana mira su reflejo en el retrovisor.
No le gusta lo que ve. No se reconoce.
El maquillaje ya no cubre la tristeza. La fuerza que la sostenía parece resquebrajarse.
Tallana desbloquea de nuevo el celular. Abre la galería.
Tallana busca una foto vieja: ella en bata, en la cocina, Alessandro por detrás, besándole el cuello. Se miraban como si el mundo entero les perteneciera.
La fecha: hace 3 meses.
Tallana suspira hondo. No quiere llorar. No va a llorar. Pero duda. Duda de él. Duda de sí misma. Y duda de si hay algo aún que valga la pena salvar.
Aún así, apaga el motor, sale del auto y entra a la casa.
Tallana introduce la llave en la cerradura con manos temblorosas. La puerta se abre con un leve chirrido. Entra en la casa en penumbra, sin encender las luces. El silencio la recibe como una habitación vacía que sabe demasiado.
Tallana deja las llaves en el cuenco de cerámica sobre la mesa de entrada. Deposita el arma reglamentaria en su caja fuerte del pasillo. Se quita el abrigo del uniforme y lo deja colgado sin cuidado en la silla del comedor. Camina descalza sobre el suelo de madera hasta su habitación.
El aire dentro es frío, como si la ausencia de Alessandro ya hubiera tomado forma física.
Tallana se encierra en el baño.
Abre la llave de la ducha. El vapor empieza a cubrir el espejo.
Se desnuda con movimientos mecánicos, como si quitarse la ropa fuera también intentar quitarse el peso que lleva encima.
El agua caliente cae sobre su espalda.
Tallana apoya la frente contra los azulejos. Al principio es solo una respiración agitada. Luego un sollozo contenido. Después ya no puede más. Llora.
Llora por las noches vacías. Por las respuestas frías. Por las sospechas que no se atreven a confirmarse. Por las veces que Alessandro llegó tarde y olía distinto. Por los abrazos que ya no llegan. Por el amor que aún siente.
Tallana se cubre el rostro con ambas manos.
Llora en silencio.
Como si aún así quisiera proteger a alguien de ese dolor. Como si aún esperara que todo volviera a ser como antes.
Pero algo dentro de ella empieza a quebrarse. Y esta vez, no sabe si podrá repararlo.
Unas horas más tarde.
La habitación está en penumbra. Solo la luz tenue del pasillo se cuela por la rendija de la puerta entreabierta. Tallana yace en la cama, de lado, con el cabello aún húmedo sobre la almohada. Lleva una camiseta vieja de Alessandro que ya no huele a él. Los ojos hinchados delatan que no ha dormido.
El móvil reposa junto a ella en la mesita. Lo toma con lentitud.
Tallana mira la pantalla unos segundos.
Luego pulsa el nombre: Alessandro.
El tono de llamada suena una, dos, tres veces.
Finalmente, él contesta.
ALESSANDRO (voz baja, seca):
“¿Qué quieres, Tallana? Estoy en turno.”
Tallana traga saliva.
Habla con voz frágil, casi en un susurro.
TALLANA dice con acento ensenadense, “Solo quería saber si… si estás bien. No has llegado… no has dicho nada.”
Del otro lado, un silencio incómodo.
ALESSANDRO:
“Ya te dije que no me esperes. No estoy para tus caprichos esta noche, ¿vale?”
Tallana cierra los ojos.
TALLANA:
“No son caprichos, Alessandro… solo… te extraño.”
La respuesta no tarda. Dura. Inesperada. ALESSANDRO:
“Pues deja de hacerlo. Estoy agotado. Tengo mil cosas en la cabeza y tú siempre con lo mismo. Asfixias, Tallana. Cansa.”
Tallana se queda sin palabras.
Respira hondo.
Aprieta la sábana con una mano.
TALLANA dice con acento ensenadense, “Perdón si preocuparse es asfixiar… no era mi intención.”
ALESSANDRO (con tono aún más frío):
“Pues la próxima vez no llames. Cuando salga, si me apetece, paso por casa. Y si no, ya sabes.”
Alessandro cuelga.
La llamada termina sin despedidas.
Tallana baja el teléfono lentamente.
Lo deja boca abajo sobre la cama. Las lágrimas no caen esta vez.
Solo queda una sensación hueca. Y un silencio espeso que parece atrapar toda esperanza.
Ella gira de nuevo hacia la pared. Se tapa con la colcha.
Y mientras el reloj del salón marca la medianoche,
Tallana entiende que algo se ha roto. Y no sabe si Alessandro volverá a querer arreglarlo.
Larabelle Evans
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Una aventura más.

Punto de vista: Alessandro.

Comunidad de NeoMadrid; Hospital Imperium Healthcare – Unidad de Cardiología y Urgencias – 23:44 hrs. El pasillo de cardiología resplandece bajo las luces LED que se reflejan en el piso pulido. Pantallas táctiles parpadean con gráficos de ritmo cardíaco. Camillas en movimiento. Enfermeros con tablets. Monitores que zumban suavemente. El hospital respira vida y urgencia.
Alessandro sale de uno de los boxes, con la bata abierta y los estetoscopios colgando del cuello. Su andar es seguro, casi arrogante. Mira hacia el final del corredor. Allí están ellas.
Lina, la nueva rotante italiana de ojos color almendra, ríe con disimulo junto a Victoria, la enfermera de cabello rojo y mirada pícara.
Más cerca, Valeria. Española. De labios carnosos y una mirada que a Alessandro lo desafía y lo atrae a partes iguales. Ella sostiene una bandeja con viales.
Alessandro las mira fijamente a todas. Y a ninguna a la vez. La tentación es fuerte, irresistible. Alessandro camina con seguridad a su pocición.
Gini Victoria lo mira de reojo.
Alessandro sonríe con seguridad, con presunción. las mira como un león apunto de deborar su siguiente cena.
Gini victoria le pregunta con tono coqueto.
Gini Victoria dice: "Todo bien doctor Ferreiro, o necesita ayuda? "
alessandro, con tono descarado
Alessandro dice con acento Florentino, "esto bene, pero parese que ustedes están molto solas. "
Lina le sonríe.
Lina dice con acento Italiano, "el turno esta noche está algo tranquilo, no cree Doctor Ferreiro? "
Alessandro le corresponde el gesto
Alessandro sonríe.
Alessandro dice con acento Florentino, "demaciado trankilo, a mi paresér. "
Alessandro sonríe.
Gini Victoria y Valeria sueltan una risita. Alessandro se acerca, descarado.
Valeria se muerde el labio inferior.
Alessandro las mira con lujuria.
Gini Victoria le alcanza una tablet con el reporte de un paciente postoperatorio.
Gini Victoria dice: "podemos revisarlo mejor en su consultorio doctor, si quiere. "
Alessandro dice con acento Florentino, "me parese una exelente idea, se ve. algo complejo. "
Gini Victoria se levanta.
Gini Victoria dice: "adelante doctor, vamos estoy a sus órdenes. "
Alessandro las mira con un deseo intenso, y una erexión ya se nota vastante en sus pantalones. Su corazón late apresuradamente, la adrenalina de el sexo, de lo que quiere hacer de nuebo con ellas.
Alessandro echa una mirada intensa a las otras 2, y posteriórmente se da la vuelta y camina de regreso a su consultorio.
Gini Victoria sonríe triumfal y lo sigue a paso lento pero firme.
Alessandro camina desidido hasta su consultorio.
Gini Victoria entra al consultorio con otra tablet en las manos.
Gini Victoria lo mira y se muerde los labios.
Alessandro cierra la puerta y la mira de arriba abajo
Gini Victoria dice: "necesitaba estar a solas contigo, Aless. "
Gini Victoria deja la tablet y selanza a sus brazos.
Alessandro la resibe con ancias y muerde su cuello salbaje.
Gini victoria gime y lo acaricia buscando desatar su pantalón.
Alessandro le baja salbaje sus pantalones, y se percata de que no lleva tanga.
Gini Victoria se lo saca con urgencia del boxer para frotarse con él desesperada.
Alessandro también se frota con ella con urgencia, tomándola de las caderas.
Gini Victoria dice: Hasme tuya, ya haslo aless, te necesito "
Alessandro la toma con dureza de las caderas, apretándola fuerte, y entra en ella de una sola estocada.
Gini Victoria se muerde los labios para no gritar como loca. Mueve las caderas recibiéndolo y mirándolo con deseo.
Alessandro aprieta mas fuerte sus caderas, dejándole marcas, y sin perder el tiempo, empiesa a envestir con ferocidad, con ansias de carne proivida, de una mujer, con ansias de sexo.
Gini Victoria lo mira con deseo, sabe que tiene Novia, lo ha escuchado como rumor en el hospital, pero a ella no le inporta, ella quiere tenerlo a como de lugar.
Gini Victoria le araña la espalda,, y sin que lo note le deja un chupetón en el cuello.
Alessandro emviste cada vez mas salbaje, cada vez mas fuerte. quiere mas, mas plaser, mas pación, mas deseo.
Gini Victoria lo estimula dentro de ella con lujuria mirándolo necesitada.
Gini Victoria dice: Soy toda ttuya mi alessandro. "
Alessandro emviste cada vez mas rápido y desesperado. Siente las contracciónes de la vagina de victoria, save que está apunto de venirse.
Gini Victoria le muerde desesperada los labios mientras comienza a temblar sintiendo su orgasmo.
Alessandro da únas últimas envestidas brutales, para después salir de su interiór, y luego tansolo la abraza sintiéndola acavar.
Gini Victoria lo siente estremeserse lo abraza cariñosa mientras se recompone.
Gini Victoria dice: "me encantas amor. "
Alessandro sonríe.
Alessandro se separa con cuidado de ella y suspira satisfecho.
Gini Victoria se recompone y camina al baño para limpiarse.
Gini Victoria sonríe, se limpia un poco.
Gini Victoria sale del baño.
Gini Victoria se acerca y le dá un beso.
Gini Victoria dice: "ya terminas tturno amor? "
Alessandro corresponde de forma salbaje.
Alessandro niega con la cabeza.
Alessandro dice con acento Florentino, "acabo en 4 horas, y no me digas así. "
Gini Victoría le sonríe pícara, satisfecha.
Gini Victoria dice: "porque. "
Alessandro dice con acento Florentino, "no me gusta. "
Gini Victoria suspira y asiente con la cabeza.
Gini Victoria dice: "ya tardamos mucho,, será mejor que salga al puesto de enfermería. "
Alessandro se recupera y ajita su cavello. Su erección aún se nota un poco en sus pantalones.
Alessandro asiente afirmativamente.
Alessandro dice con acento Florentino, "ve. "
Gini Victoria le sonríe. Toma la tablet, y sale del consultorio moviendo las caderas provocativa.
Alessandro la mira lujurioso, rosa su trasero lijeramente, y ella se va. Alessandro aún se ve con ganas de mas, y no para de pensar en las otras mientras trata de consentrarse en unos expedientes.
Lina y Valeria miran a Gini Victoria, que llega con una sonrisa de oreja a oreja. Lina niega con la cabeza, riendo.
Lina dice con acento Italiano, "Qué te traes, Gini? Has estado riendo sola desde hace diez minutos."
Gini Victoria dice: "Nada. Solo... un buen día."
Valeria la mira, con una mezcla de diversión y celos en sus ojos. Se acerca a Gini Victoria y le susurra al oído.
Valeria dice con acento español, "Fue Alessandro, verdad? Te lo llevaste a su consultorio?"
Gini Victoria se encoge de hombros, sonriendo de lado.
Gini Victoria dice: "Tal vez."
Valeria aprieta los labios, pero una pequeña sonrisa se le escapa. Mira hacia el consultorio de Alessandro.
Alessandro sale del consultorio más calmado.
Llega al cubículo 07. Un joven con taquicardia espera.
Alessandro lo examina con destreza, dicta indicaciones, solicita electrocardiograma. Su tono sigue profesional, pero su mente flota entre el pulso del paciente y la curva de Valeria al caminar.
En el fondo del hospital, un reloj marca las 01:01 hrs.
En ese mismo instante, en otro punto de la ciudad, Tallana gira entre sábanas frías.
Pero en Imperium, el corazón de Alessandro late por otras razones.
Ajeno a lo que ha dejado atrás.
Perdido en lo que cree que aún puede controlar.
Larabelle Evans
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Re: Entre la pasión y la fuerza

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Desiluciones que dejan Marcas permanentes.

Punto de vista: Tallana.

La tarde cae lentamente sobre la ciudad. En el interior de la casa, el aire huele a tomate fresco y albahaca. Tallana se mueve en la cocina con un ritmo automático, cortando verduras, removiendo la salsa en una cacerola. Sus movimientos son precisos, casi mecánicos, como si aferrarse a la rutina culinaria fuera la única manera de sostenerse en pie tras otro turno agotador en la comisaría. Lleva el cabello recogido en un moño improvisado, una camiseta sencilla y un pantalón deportivo gris. Sus manos trabajan, pero su mente divaga. El recuerdo de la última llamada con Alessandro aún la lacera.
El sonido de la puerta principal la saca de su ensimismamiento. El clic metálico de la cerradura seguido por el golpe leve de la puerta al cerrarse anuncia la llegada de Alessandro. Tallana, con un gesto automático, baja la llama de la estufa y acomoda los cubiertos sobre la mesa de la cocina. Espera escuchar su saludo. No llega. En lugar de eso, las voces bajas, tensas y rápidas que salen del salón la congelan.
Alessandro habla con alguien por teléfono. El tono de su voz no es el habitual. No es el médico atento ni el hombre que alguna vez la abrazaba con ternura. Es otro. Un Alessandro duro, calculador, que maneja palabras como quien sostiene un arma.
ALESSANDRO con voz firme, apenas contenida.
Alessandro dice con acento florentino, “Sí, el cargamento salió esta mañana de Livorno. En Florencia ya está todo arreglado… No, no habrá retrasos. Dile a Ricci que mueva la mercancía por la ruta de Siena, no por la principal. La policía allí tiene los ojos puestos en los camiones grandes.”
Tallana se queda inmóvil en la cocina. Su respiración se corta por un instante. Siente cómo la cuchara de madera resbala de sus dedos y golpea suavemente el mármol de la encimera. Se obliga a recuperar el aire, pero no se atreve a moverse demasiado.
Alessandro continúa.
ALESSANDRO dice con acento florentino, “Los números llegarán el viernes. Tú solo asegúrate de que el dinero se lave en la cuenta de Zurich, como siempre. Aquí nadie sospecha nada. Todo está bajo control.”
Tallana da un paso hacia el pasillo. La curiosidad se mezcla con un temor ácido que le corroe el estómago. Sus pies descalzos avanzan sin ruido, hasta quedar cerca de la entrada de la sala. Se apoya apenas contra el marco de la puerta, lo suficiente para escuchar con claridad, pero sin que él la note.
La voz de Alessandro baja un poco, pero aún es clara.
ALESSANDRO dice con acento florentino, “Lo de Florencia debe salir limpio, ¿entiendes? Si falla, no será solo un problema de dinero. Y no quiero repetir lo de Milán. Esta vez no.”
El corazón de Tallana late con fuerza, desacompasado. Cada palabra es un golpe. Cada frase un ladrillo que derrumba la fachada en la que creyó durante meses. El médico dedicado. El hombre encantador. El compañero de casa con el que soñó un futuro. Todo se resquebraja.
Tallana Siente un mareo breve. Tiene que apoyarse más fuerte contra la pared para no perder el equilibrio. La cuchara caída aún está en su mente, como símbolo de algo que también se le ha caído dentro: la confianza.
Alessandro finaliza la llamada. El silencio en el salón se siente denso, casi insoportable. Tallana retrocede dos pasos y vuelve a la cocina antes de que él pueda verla. Toma la cacerola, revuelve con brusquedad, como si nada hubiera pasado. Pero sus ojos están vidriosos.
Por dentro, la decepción es un océano. Ya no es solo la frialdad, ni las ausencias, ni las dudas amorosas. Ahora hay una verdad brutal frente a ella: el hombre que comparte su cama está metido en algo mucho más oscuro de lo que imaginó.
El sonido de los pasos de Alessandro acercándose por el pasillo la obliga a secarse las manos rápido en un trapo. Tallana endereza la espalda, tensa.
Alessandro camina hasta la cocina con una lijera sonrrisa.
ALESSANDRO aparece en el umbral de la cocina, con una sonrisa forzada en el rostro. Se ha quitado la chaqueta y la ha colgado descuidadamente en el respaldo de una silla del comedor. Su camisa, antes impecable, está ligeramente arrugada.
Alessandro sonríe de forma algo forzada.
Alessandro dice con acento Florentino, "ciao amore. "
Tallana se gira, intentando mantener una expresión neutra. La cuchara de madera en su mano parece pesar una tonelada.
Dices con acento Ensenadense, "hola, te esperaba más tarde. Qué tal el trabajo?"
Alessandro dice con acento Florentino, "cansado, ya saves, me dejan agotado. "
Alessandro recuerda brebemente aver estádo con valeria antes de llegar a casa.
Tallana deja distraídamente la cuchara para tomar su celular. Lo desbloquea rápido y escribe un mensaje que envía en segundos.
Alessandro se acerca, pero Tallana se encoge ligeramente, imperceptiblemente. Él no lo nota, o finge no hacerlo.
Tallana se aparta de él bruzcamente.
Alessandro dice con acento Florentino, "que te susede ahora. "
Dices con acento Ensenadense, "Que estoy hasta la madre que intentes tocarme cuando traes perfume de otra mujer Alessandro. "
Tallana lo mira ceria y desepcionada.
Alessandro dice con acento Florentino, "otra vez con eso tallana"
Alessandro insiste y se le vuelve a acercar.
Dices con acento Ensenadense, "Ya deja de negarlo. "
Alessandro dice con acento Florentino, "solo dices tonterías tallana."
Alessandro le insiste y se le acerca hasta pegarse a ella y la acarisia con lujuria
Tallana lo mira furiosa. resistiéndose a que la toque,
Alessandro la golpea.
Alessandro grita: "ya vasta!. Tú eres mía tallana!. Deja de decir estupideses!. "
Tallana le da una bofetada empujándolo.
Dices con acento Ensenadense, "no vuelbas a tocarme. "
gritas: "Lárgate de mi casa."
Alessandro se pone más furioso, la jala del pelo y la golpea salvage en la cara.
Tallana forsejea con él para que la suelte.
Alessandro grita: "tu eres mía, y serás mía cuando yo quiera perra!."
Dices con acento Ensenadense, "Eres un maldito traficante, cuando pensábas decirme la puta verdad, todo el tiempo me has mentido, me das hazco. "
Alessandro la jala aún mas fuerte, y con otra mano, empiesa a arrancarle la ropa.
Alessandro la mira con aún mas furia y la somete lastimándola.
Alessandro grita: "quien putas te cres para escuchar mis conversaciónes estúpida. "
Dices con acento Ensenadense, "tú eres el invécil que enttró a la casa hablando de tus malditos negocios."
Tallana está en el suelo comenzando a sangrar del rostro entre lágrimas.
Alessandro la golpéa aun mas fuerte La jala salbaje, y la arrastra hasta la sala. La habiénta al sillón y sigue arrancándole la ropa.
Tallana se defiende como puede pero el peso, y la fuerza de Alessandro le ganan.
Dices con acento Ensenadense, "Lárgate con tus amantes. Te odio Alessandro Ferreiro."
Alessandro la golpea hasta que se calla, le abre las piernas a la fuerza.
Tallana lo mira orrorisada.
Dices con acento Ensenadense, "Vasta Alessandro, no me hagas daño, vasta..."
Alessandro la vuelve a golpear y la penetra salvaje, empesando casi de inmediato con las emvestidas, violándola.
Alessandro grita: "cállate!. y como hables!, ya verás como te va, perra!. "
Tallana en el sofá llora sintiendo el dolor de cada envestida salbaje de Alessandro.
Alessandro grita: "cállate maldita! deja de llorar!. "
Alessandro grita: "que dejes de llorar!. "
Dices con acento Ensenadense, "Eres un Mounstro Alessandro. "
Tallana siente como todo el amor que le tenía se combierte en dolor. Nunca penzó que le costaría tanto enamorarse de él, no solo la engañaba con otras mujeres, ahora la está lastimando sin concideración.
Alessandro la abofetea de nuevo, con tanta fuerza que su cabeza rebota contra el respaldo del sillón. El dolor es insoportable, pero la humillación es aún peor. Las lágrimas no cesan, mezcladas ahora con el sabor metálico de la sangre en su boca.
Alessandro con la voz ronca por el esfuerzo y la rabia, dice con acento florentino, "¡Cállate! ¡No te atrevas a llamarme así! ¡Eres mi mujer, y harás lo que yo diga!"
Alessandro La agarra más fuerte del cabello, tirando de ella con una ferocidad que la deja sin aliento. Sus ojos están llenos de un odio que Tallana nunca había visto, y que le hiela la sangre. Siente el crujido de la tela al romperse por completo, y el aire frío en su piel desnuda. Ya no hay resistencia, solo un temblor incontrolable en todo su cuerpo. Cierra los ojos, rogando que todo termine.
justo en ese momento, sirenas de policía empiezan a escucharse, a la distancia, y luego más cerca. Se escucha un frenazo.
portazos se escuchan y múltiples pasos, un golpe seco en la puerta.
Alessandro sigue dentro de ella dominándola con posecibidad, no presta atensión a las sirenas.
Tallana hace un esfuerzo y grita con las pocas fuerzas que le quedan.
Tallana grita con acento Ensenadense, "¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Aquí!"
Alessandro por fin reacciona al percatarse del ruido afuera, y el grito de auccilio de Tallana.
Alessandro la mira con el ceño fruncido, una mezcla de pánico y rabia en sus ojos. Se levanta de golpe, su cuerpo tenso, y se aparta de ella con brusquedad, medio vistiéndose, medio tropezando. La camisa rasgada y los pantalones a medio abrochar. La furia en su rostro es palpable, pero el sonido de los golpes en la puerta se vuelve más insistente, acompañados de voces autoritarias.
Alessandro mira a Tallana en el sofá, herida y desnuda, y luego a la puerta. Su mente calcula a toda velocidad. La derrota se mezcla con la desesperación.
Alessandro dice con acento florentino, susurrando, "Maldita sea... ¿Qué hiciste, Tallana?"
Tallana, con la voz apenas un hilo, dice con acento Ensenadense, "¡La verdad! ¡Ya no más mentiras!"
Alessandro corre hacia la ventana, la abre de golpe y mira hacia el exterior. Abajo, se ven las luces de las patrullas. Regresa al salón en un instante, su rostro descompuesto. Toma el arma que guardaba bajo el cojín del sofá, sujeta una navaja en la otra mano, y se la acerca a la garganta.
Alessandro grita con acento florentino, "¡Si dices una sola palabra, te juro que te mato! ¡Entendido, perra!"
En ese momento, la puerta cede con un estruendo, y varios agentes uniformados irrumpen en el salón. Sus armas apuntan directamente a Alessandro. Tallana cierra los ojos, preparándose para lo peor.
AGENTE Emilio Cruz (con voz fuerte y clara):
Emilio dice con acento mexicano, "¡Alto! ¡Suelta el arma! ¡Manos arriba, Alessandro Ferreiro! ¡Estás rodeado!"
Alessandro, al ver la puerta abierta, y sintiendo la presión de las armas sobre él, duda. Su mirada se cruza con la de Tallana, llena de dolor y desprecio. Un segundo de vacilación que es todo lo que los agentes necesitan.
Otros agentes se acercan a Tallana, cubriéndola con una manta mientras otros se dirigen a Alessandro.
Emilio avanza con decisión, manteniendo su arma fija en Alessandro.
Emilio dice con acento mexicano, "¡No intentes nada estúpido, Ferreiro! Sabemos quién eres y a qué te dedicas. Se acabó la mafia florentina en esta ciudad. ¡Ahora, suelta esa navaja y el arma lentamente!"
Alessandro lanza una mirada de puro odio a Tallana, como si ella fuera la única culpable de su caída. Lentamente, deja caer el arma al suelo, seguida de la navaja, que tintinea al golpear el mármol. Levanta las manos por encima de la cabeza, pero sus ojos permanecen clavados en Tallana, prometiendo una venganza silenciosa.
Emilio hace una seña a sus hombres. Dos agentes se abalanzan sobre Alessandro, lo someten contra el suelo y le colocan las esposas con rapidez y contundencia. Alessandro forcejea, pero es inútil. Lo levantan bruscamente.
Emilio se acerca a Tallana, arrodillándose junto a ella, su rostro mostrando preocupación y alivio.
Emilio dice con acento mexicano, "Tallana… ¿Estás bien? ¿Necesitas un médico? Ya está. Estás a salvo. Lo siento mucho, debimos llegar antes."
Tallana apenas puede hablar, el temblor en su cuerpo es incontrolable. Asiente débilmente con la cabeza, aferrándose a la manta que la cubre. Las lágrimas siguen fluyendo, pero ahora son lágrimas de alivio, de una pesadilla que por fin parece terminar.
Tallana dice con acento Ensenadense, con un hilo de voz, "Gracias, Emilio… Gracias…"
Alessandro, mientras lo arrastran hacia la salida, grita una última amenaza, su voz resonando con una furia desquiciada.
Alessandro grita con acento florentino, "¡Esto no se queda así, Tallana! ¡Me las vas a pagar! ¡Juro que te vas a arrepentir!"
Un agente le tapa la boca para acallarlo, y lo sacan a rastras de la casa. El sonido de su voz se desvanece a medida que lo alejan.
Emilio se queda junto a Tallana, esperando a que los paramédicos lleguen, que ya se escuchan acercarse. El silencio vuelve al salón, roto solo por los sollozos contenidos de Tallana y el sonido de las sirenas que se alejan. La pesadilla ha terminado, pero la cicatriz de lo vivido apenas comienza a formarse.
Larabelle Evans
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Re: Entre la pasión y la fuerza

Mensaje por Larabelle Evans »

Se hace Justicia.

Punto de vista: Tallana.

Comunidad de NeoMadrid; Juzgado Central – 10:30 hrs
El edificio de mármol gris se levanta imponente sobre la plaza, con banderas ondeando al viento. En el interior, los pasillos están llenos de abogados, funcionarios y agentes, cada cual con papeles en mano y miradas tensas. Tallana camina con paso firme, aunque su rostro aún refleja el peso de los últimos días. Viste ropa formal, sencilla, sin maquillaje más allá de lo necesario. Sus manos aprietan una carpeta con documentos: la denuncia oficial, su declaración y las pruebas forenses.
Emilio camina junto a ella, en uniforme, con gesto serio. No la suelta de vista, atento a cada detalle, como si su sola presencia fuese un muro protector.
Emilio dice con acento mexicano, "Recuerda, no estás sola aquí. Los informes, los registros, los objetos que levantamos en tu casa… todo está bajo cadena de custodia. La jueza no va a dejarlo pasar."
Tallana asiente, respira profundo, se detiene un momento frente a la puerta del despacho de la jueza instructora.
Tallana dice con acento ensenadense, "Si lo dejan libre… no sé qué haría. No puedo permitir que vuelva a acercarse, Emilio."
Del otro lado, en la sala, esperan dos abogados de traje oscuro enviados en representación de Alessandro. Revisan papeles, hablan en voz baja con frialdad calculada. Han solicitado medidas cautelares más leves, buscan la libertad bajo fianza. La jueza escucha cada argumento con paciencia, pero mantiene el ceño fruncido.
Cuando llega el turno de Tallana, se pone de pie. Su voz no tiembla, aunque sus ojos brillan de emoción contenida. Expone los hechos, menciona los registros telefónicos, las escuchas sobre cargamentos ilegales en Florencia, el material incautado en su domicilio. Presenta los informes médicos, el testimonio forense y las fotografías recogidas. Cada palabra es un clavo más en la fachada que Alessandro intentó sostener durante meses.
La jueza toma notas, la mira fijamente, le da la oportunidad de añadir algo personal.
Tallana dice con acento ensenadense, "He vivido engañada por un hombre que no sólo destrozó mi confianza, sino que también se vinculó a actividades criminales graves. Pido protección y pido justicia. No quiero que quede libre para seguir dañando."
Los abogados de Alessandro protestan, intentan desacreditar pruebas, buscan resquicios legales. Pero el expediente es sólido. La fiscalía apoya la petición de prisión preventiva mientras avanza la investigación. El ambiente en la sala es tenso; los murmullos de asistentes y funcionarios se mezclan con el sonido de teclas y carpetas.
Emilio, desde su lugar, observa cada gesto. Su mirada se suaviza cuando Tallana vuelve a sentarse, agotada pero erguida. Al terminar la sesión, se acerca, le pone una mano firme en el hombro.
Emilio dice con acento mexicano, "Lo hiciste bien. Muy bien. Esto no se queda aquí. Alessandro va a enfrentar lo que tiene que enfrentar."
Al salir del juzgado, los flashes de periodistas esperan en la escalinata. Tallana desvía la vista, no quiere dar declaraciones. Emilio la cubre, abriéndose paso con autoridad, hasta alcanzar la calle lateral donde una patrulla espera.
Mientras suben al vehículo, el sol de media mañana ilumina su perfil cansado. A pesar del dolor, una sensación nueva empieza a abrirse paso: la de recuperar el control de su vida. Emilio la mira de reojo, protector, silencioso. En el aire queda una certeza: más allá de colegas, más allá del pasado, ahora es él quien se mantiene firme a su lado.

¿Tallana y emilio, de nuevo juntos?.

Momentos más tarde.
Comunidad de NeoMadrid; Restaurante “El Retiro Azul” – 14:15 hrs
El local es acogedor, con ventanales que dejan entrar la luz suave del mediodía. El murmullo de conversaciones se mezcla con el tintinear de copas y cubiertos. Mesas de madera clara, manteles sencillos, plantas en rincones estratégicos. Tallana y Emilio ocupan una mesa junto a la ventana, desde donde se ve la calle arbolada.
Tallana lleva una blusa de lino beige y el cabello suelto, aún húmedo de la ducha rápida tras salir del juzgado. Su mirada está menos cansada que días atrás, aunque todavía arrastra cierta melancolía. Emilio viste de civil, una camisa azul marino remangada hasta los codos. Se le ve relajado, aunque su atención está centrada en ella.
Entre ambos hay dos platos de ensalada fresca, una botella de vino blanco abierta y pan recién horneado. Tallana toma un sorbo de agua, suspira y sonríe con suavidad.
Tallana dice con acento ensenadense, "Hace semanas que no me sentaba a comer tranquila. Sin relojes, sin llamadas, sin pensar en quién me está engañando."
Emilio la observa en silencio, con los codos apoyados en la mesa. No necesita palabras para mostrar lo que siente. Sus ojos hablan: orgullo, ternura, respeto.
Emilio dice con acento mexicano, "Y aún así estás aquí… entera. No cualquiera se planta frente a abogados y a una jueza con la fuerza con la que lo hiciste tú. Créeme, Tallana, pocos tienen ese coraje."
Ella desvía la mirada hacia la calle, un poco incómoda, pero sus labios se curvan en una sonrisa agradecida. Parte un pedazo de pan y lo deja sobre su plato.
Tallana dice con acento ensenadense, "No me siento tan fuerte como dices. La verdad, por dentro estoy hecha pedazos."
Emilio niega suavemente con la cabeza, inclina el cuerpo hacia ella, bajando la voz para que nadie más escuche.
Emilio dice con acento mexicano, "Eso es lo que te hace más admirable. Porque aun hecha pedazos, sigues de pie. Sigues luchando. No te rindes."
Tallana se permite reír, una risa genuina que no había sentido en mucho tiempo. Emilio sonríe al verla así, un brillo especial en sus ojos. Toma la mano de Tallana que descansa sobre la mesa y la aprieta suavemente.
Emilio dice con acento mexicano, "Sabes, me alegra mucho verte así. Más tranquila."
Tallana le devuelve la presión, su mirada se encuentra con la suya.
Tallana dice con acento ensenadense, "Gracias a ti, Emi. De verdad. No sé qué habría hecho sin tu apoyo."
Él niega con la cabeza, su pulgar acariciando el dorso de su mano.
Emilio dice con acento mexicano, "No tienes nada que agradecer. Siempre estaré para ti, Tallana."
Un silencio cómodo se instala entre ellos, interrumpido solo por el tintineo lejano de las copas. Emilio retira su mano de la de Tallana, pero su mirada permanece fija en ella, una expresión de profunda preocupación ahora mezclada con la ternura.
Emilio dice con acento mexicano, "¿Y ahora qué, Tallana? ¿Cuáles son tus planes?"
Ella mira la ensalada sin mucho apetito, removiendo una hoja de lechuga con el tenedor.
Tallana dice con acento ensenadense, "No lo sé, Emilio. Primero necesito asimilar todo esto. Recuperar la calma. Y luego... supongo que tendré que reconstruir muchas cosas. Mi vida, mi trabajo..."
Él asiente lentamente, comprendiendo el peso de sus palabras.
Emilio dice con acento mexicano, "Te entiendo. Tómate tu tiempo. Pero no te encierres. Tienes a mucha gente que te apoya."
Tallana levanta la vista, sus ojos encontrando los de Emilio. Una pequeña chispa de esperanza empieza a encenderse en su mirada.
Tallana dice con acento ensenadense, "Lo sé. Y lo valoro más de lo que puedes imaginar."
Tallana dice con acento ensenadense, “Creo que será buena idea irme unos días a Fresnedillas con Mía, o talvez debo considerar regresarme a Ensenada. “
Emilio dice con acento mexicano, "¿Fresnedillas? No está mal para desconectar. Pero Ensenada… eso es más lejos."
Tallana asiente, pensativa.
Tallana dice con acento ensenadense, "Lo sé. Es mi casa, mi familia. Pero también es… volver a empezar de cero, de verdad."
Emilio se inclina un poco más, su voz es suave.
Emilio dice con acento mexicano, "Y no hay nada de malo en eso, Tallana. A veces, empezar de cero es la única manera de construir algo más fuerte, más auténtico. Pero sea lo que sea que decidas, no lo hagas sola. Estoy aquí."
Ella sonríe, una sonrisa que llega a sus ojos.
Tallana dice con acento ensenadense, "Lo sé, Emi. Y me da mucha paz saberlo."
Un camarero se acerca a la mesa para retirar los platos vacíos. Ambos esperan en silencio hasta que se va.
Emilio dice con acento mexicano, "Entonces… ¿qué te apetece hacer el resto del día? ¿Quieres volver a casa, o te apetece un paseo, o quizás…?"
Tallana lo interrumpe, con una pequeña risa.
Tallana dice con acento ensenadense, "Solo quiero… sentarme aquí un rato más. Disfrutar de esta tranquilidad. Es algo que no he tenido en mucho tiempo."
Emilio asiente, complacido.
Emilio dice con acento mexicano, "Como quieras. Tenemos todo el tiempo del mundo."
Se recuesta en su silla, observándola, el sol filtrándose por la ventana y creando reflejos en el cabello de Tallana. La tensión de la mañana comienza a disiparse, dejando espacio para una sensación de esperanza y la promesa de un futuro incierto, pero quizás más brillante.
El murmullo del restaurante continúa como un telón de fondo discreto, pero en la mesa junto a la ventana el tiempo parece ralentizarse. Tallana baja la mirada, juega distraídamente con el tallo de su copa de vino. Emilio la contempla en silencio, con los brazos relajados sobre la mesa, sin disimular la intensidad de su mirada.
Ella levanta los ojos y lo atrapa observándola. Un calor suave le sube por el pecho y las mejillas. Tallana sonríe apenas, nerviosa.
Tallana dice con acento ensenadense, "¿Por qué me miras así?"
Emilio sostiene la pregunta con un gesto sereno, inclinándose un poco más hacia ella.
Emilio dice con acento mexicano, "Porque no recuerdo la última vez que te vi sonreír de verdad. Y me parece… hermoso."
Las palabras lo dejan expuesto, vulnerable, pero no se retracta. Tallana parpadea, sorprendida, su corazón acelerándose. Hay un silencio breve, cargado de electricidad. Ella siente la necesidad de agradecer, de responder, pero las palabras se le escapan.
Sin pensarlo demasiado, Emilio alarga la mano otra vez, acaricia con suavidad la mejilla de Tallana, esa que todavía guarda rastros de lo vivido. Ella se queda quieta, como temiendo romper el instante. Sus ojos se buscan, se encuentran, y en ese cruce algo más fuerte que ambos se enciende.
Él se inclina despacio, dándole a Tallana la oportunidad de apartarse si quiere. Pero no lo hace. Al contrario, cierra los ojos y acorta la distancia. Los labios se encuentran en un beso primero suave, luego más profundo, apasionado, cargado de todo lo que han callado hasta ahora: gratitud, deseo, ternura y un poco de desesperación por el tiempo perdido.
Tallana tiembla ligeramente, pero no por miedo. Es la descarga de todo lo acumulado, el alivio de sentirse segura en esos brazos. Emilio la sostiene con firmeza, sin invadir, solo ofreciéndose entero. El beso se prolonga, ajeno al bullicio del restaurante, ajeno a todo excepto a ellos.
Cuando se separan, sus frentes quedan apoyadas, sus respiraciones mezcladas. Tallana sonríe, sus labios aún húmedos del encuentro.
Tallana dice con acento ensenadense, en un susurro, "No sé si esto es lo correcto… pero se siente bien."
Emilio acaricia su mejilla una vez más, mirándola con esa mezcla de ternura y pasión contenida.
Emilio dice con acento mexicano, "A veces lo que se siente bien… es lo único que importa."
El mundo sigue girando afuera, pero en esa mesa, bajo la luz dorada que entra por la ventana, todo parece empezar de nuevo.
Larabelle Evans
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Re: Entre la pasión y la fuerza

Mensaje por Larabelle Evans »

La Ley busca hacer justicia.

Punto de vista: Tallana.

El zumbido monótono de los fluorescentes y el tecleo intermitente de las otras mesas eran la banda sonora de la mañana en la Comisaría de Moratalaz. La luz cruda, típica de las dependencias policiales de NeoMadrid, se filtraba por las altas ventanas, cayendo sobre el escritorio atiborrado de la oficial tallana.
Absorta, Tallana mantenía la barbilla apoyada en su puño, la mirada clavada en la pantalla de su datapad táctil. Su café, ya tibio, permanecía intacto junto a una pila de informes amarillentos, un anacronismo en el ecosistema digital de la policía nacional.
El caso que ocupaba su concentración era el de Luis Enrique Gallardo Zárate, un criminal cuya agresividad escalaba con cada nuevo archivo. En ese momento, Tallana estaba digiriendo el contenido de una denuncia particularmente voluminosa y perturbadora: la declaración de su supuesta cómplice, Brenda del Valle.
Tallana deslizó la pantalla con un dedo, enfocando las partes cruciales del testimonio de Del Valle. La denuncia era una mezcla de autoinculpación y desesperado intento de exculpación, un torrente de nombres y fechas que pintaban un cuadro sombrío de la asociación criminal.
Tallana frunció el ceño. Los crímenes de robo a casa habitación en la lujosa torre de apartamentos eran ya un expediente grueso. Pero la siguiente sección era la que le apretaba el estómago."… Los abusos sexuales.

Una denuncia desgarradora.

Salvador entra a la comisaría; en su rostro se nota el peso de lo que areli le contó.
Tallana escuchó los pasos de alguien entrando y levantó la vista, encontrándose con salvador.
Dices con acento Ensenadense, "Salvador, qué sorpresa. ¿está todo bien?. "
Salvador lleva una bolsa transparente en las manos.
Salvador mira a la oficial, la reconoce del polideportivo.
Tallana lo mira extrañada y luego mira la bolsa que trae.
Dices con acento Ensenadense, "¿sucedió algo?"
Salvador dice con acento mexicano, "bueno es que tengo una información sobre los que entraron a robar a la casa"
Tallana se pone ceria y aciente con la cabeza.
Salvador dice con acento mexicano, "sólo que es muy delicada y algo extraña."
Salvador no sabe por dónde empezar.
Dices con acento Ensenadense, "Cuéntame. Justo estoy leyendo las denuncias y todo lo que tenemos de ese sujeto."
Salvador dice con acento mexicano, "por casualidad abrí la puerta de la casa y encontré ésto afuera."
Salvador señala la bolsa transparente con las cosas que les robaron.
Tallana desliza el datapad a un lado y saca un cuaderno de notas y un bolígrafo de la pila de informes amarillentos.
Dices con acento Ensenadense, "¿Solo son tus cosas? o hay algo más. "
Salvador dice con acento mexicano, "sólo mis cosas."
Salvador dice con acento mexicano, "la compu de areli, los celulares y los relojes."
Tallana mira las cosas con atensión.
Dices con acento Ensenadense, "Decidieron devolver las cosas a sus dueños. Es una forma de arreglar lo que hicieron. AUnque eso no le quita inportancia."
Salvador abre mucho los ojos
Salvador dice con acento mexicano, "es... no sé. "
Dices con acento Ensenadense, "Va a ser necesario que le tomemos fotos a las pertenencias, servirá de prueba contra ellos. Aunque las hayan devvuelto. "
Salvador dice con acento mexicano, "sí, claro"
Dices con acento Ensenadense, "¿Las han sacado de la bolsa?"
Salvador dice con acento mexicano, "no, las dejé tal cual estaban."
Dices con acento Ensenadense, "Excelente, así no se pierden sus Güellas. "
Tallana se levanta y se acerca a salvador para recibirle la bolsa.
Salvador le entrega la bolsa. La revelación lo tiene perturbado.
Dices con acento Ensenadense, "¿Hay algo más, cierto?. "
Salvador asiente.
Dices con acento Ensenadense, "Siéntate, cuéntame con calma. "
Tallana le señala una silla frente a ella.
Tallana regresa al escritorio y se sienta para volver a tomar nota.
Salvador se sienta frente a ella
Tallana lo mira conprenciva.
Salvador inspira profundo antes de empezar
Dices con acento Ensenadense, "Te escucho. Adelante."
Salvador dice con acento mexicano, "es vastante delicado pero tiene qué ver con ese... no sé cómo llamar a uno de los que se metieron a robar"
Dices con acento Ensenadense, "Con Luisenrrique. ¿Que han sabdido de él?."
Salvador suspira
Salvador dice con acento mexicano, "supe que violó a una chica."
Salvador dice con acento mexicano, "lo más grave es que la chica tiene discapacidad intelectual; no sé hasta qué grado."
Tallana parpadea sorprendida.
Dices con acento Ensenadense, "¿Cuando="
Salvador dice con acento mexicano, "fue la semana pasada pero apenas me enteré antier."
Dices con acento Ensenadense, "Entiendo."
Salvador dice con acento mexicano, "areli lo supo y luego me lo contó"
Dices con acento Ensenadense, "Tú sabes dondela podemos encontrar. Va a ser difícil encontrar su ADN en ella, pero al igual que las otras víctimas, vamos a necesitar que rectifiquen o hagan su denuncia. Que lo reconozcan, por muy complejo que esto sea. "
Salvador se aprieta la cabeza
Salvador dice con acento mexicano, "aquí viene lo escabroso de la situación"
Tallana escucha atenta.
Salvador se fija que no haya nadie más y baja la voz
Tallana se acerca a él comprendiendo.
Salvador dice con acento mexicano, "la muchacha que trabaja en mi casa la encontró en la calle y la llevó al hospital."
Murmuras con acento Ensenadense, "¿vive con ustedes?"
Salvador murmura con acento mexicano, "la cuestión es que la chica tenía una chapa identificativa de la ido pero estaba sola."
Salvador dice que sí con la cabeza
Asientes afirmativamente.
Dices con acento Ensenadense, "Comprendo. "
Salvador murmura con acento mexicano, "es que los doctores que la atendieron dijeron que no estaba en condiciones de ir a un piso tutelado y en psiquiatría no había camas, así que eulalia, que es la muchacha que me ayuda se hizo cargo o y por eso está conmigo."
Murmuras con acento Ensenadense, "Podría ir a tomarle la declarasión en tu casa. Así no la perjudicamos más. "
Murmuras con acento Ensenadense, "¿Ya la adoptaron oficialmente entonces?"
Salvador murmura con acento mexicano, "sí, por favor"
Salvador murmura con acento mexicano, "estamos esperando que mejore de sus lesiones para que eulalia la adopte oficialmente"
Asientes afirmativamente.
Dices con acento Ensenadense, "Bien. "
Tallana suspira y acerca el dispositivo nuevamente.
Tallana hace el registro de la declarasión de Salvador.
Salvador dice con acento mexicano, "parece ser que le dio ciertos detalles a are y ella fue atando cabos."
Dices con acento Ensenadense, "Ya estamos por capturarlo. Su Cómplice de robos lo denunció también."
Salvador la mira incrédulo.
Salvador dice con acento mexicano, "a saber qué le picó"
Dices con acento Ensenadense, "Inebitablemente ella también será arrestada, no cometió más que robos. Pero son sus consecuencias."
Salvador dice con acento mexicano, "ella también lastimó a are."
Asientes afirmativamente.
Uf... Bueno vale. Mundo virtual guardado.
Dices con acento Ensenadense, "en estos días, te llama emilio, o yo para darles la notticia de su arresto y que vengan a reconocerlo. "
Salvador asiente
Dices con acento Ensenadense, "a ambos."
Salvador dice con acento mexicano, "hojalá para que ya no sigan haciendo más daño."
Asientes afirmativamente.
Dices con acento Ensenadense, "Gracias por la informasión. Me comprometo a arrestarlo lo más pronto posible."
Salvador dice con acento mexicano, "hojalá sirva de algo."
Dices con acento Ensenadense, "De mucho, creeme que sí."
Salvador dice con acento mexicano, "a are le afectó descubrirlo"
Dices con acento Ensenadense, "Algo más. ¿en que calles fue encontrada la víctima?"
Dices con acento Ensenadense, "así nos daremos más idea del patrón que sigue este sujeto."
Salvador se queda pensativo unos segundos.
Salvador dice con acento mexicano, "en velázquez, por la zona que está en obras."
Asientes afirmativamente.
Dices con acento Ensenadense, "De acuerdo."
Salvador dice con acento mexicano, "eulalia fue la que la encontró y la llevó al hospital pero me llamó porque estaba muy afectada"
Dices con acento Ensenadense, "Buscaremos también por esa zona."
Maricielo ha llegado.
Dices con acento Ensenadense, "es natural, nadie se espera ver algo así. "
Dices con acento Ensenadense, "¿qué edad tiene?"
Salvador dice con acento mexicano, "como 19 o 20, pero mentalmente tiene menos"
Murmuras con acento Ensenadense, "¿cuál es su nombre?"
Salvador dice con acento mexicano, "se llama doris; doris gutiérrez"
Tallana lo anota junto con el expediente.
Dices con acento Ensenadense, "es española."
Salvador niega con la cabeza.
Salvador dice con acento mexicano, "no parece"
Maricielo se marcha.
Dices con acento Ensenadense, "¿Les dijo de donde es?"
Salvador dice con acento mexicano, "por su acento, paisana nuestra"
Tallana aciente con la cabeza.
Salvador murmura con acento mexicano, "lo que no sé es cuánto tiempo lleva en españa ni en qué piso tutelado estaba porque no lo recuerda"
Salvador murmura con acento mexicano, "sólo sabe que su hermana la entregó a la ido"
Murmuras con acento Ensenadense, "dios, que cruel."
Dices con acento Ensenadense, "Con estos datos es suficiente por ahora."
Salvador murmura con acento mexicano, "bueno se supone que debemos hacer eso si vemos a una persona así."
Tallana aciente no muy combencida.
Dices con acento Ensenadense, "en fin, así son las cosas. Hay que hacer lo que se puede "
Salvador murmura con acento mexicano, "por lo tanto no tampoco se sabe quién era su tutor"
Murmuras con acento Ensenadense, "entiendo, no creo que sea nnecesario encontrarlo, si escapó seguro la trataba mal. O tal vez no tenía tutor. "
Salvador suspira
Salvador murmura con acento mexicano, "si tenía chapa seguramente tenía uno"
Salvador murmura con acento mexicano, "hasta donde sé una vez que das ahí te asignan un tutor y te ponen la chapa"
Murmuras con acento Ensenadense, "Lo más adecuado sería que eulalia la adopte, y le dé una mejor calidad de vida. "
Salvador asiente
Salvador murmura con acento mexicano, "ahora que está un poco mejor voy a comentarle que inicie los trámites."
Murmuras con acento Ensenadense, "sí, cuanto antes regularice su situación con ella, es menos riesgo a que se la quiten."
Salvador dice que sí con la cabeza
Dices con acento Ensenadense, "Bueno salvador, gracias por benir a contarme esto. Si no tienes problema, las cosas se quedarán en comisaría para su mejor resguardo. Cuando todo esto acabe, te las devuelvo."
Salvador dice con acento mexicano, "sí, claro."
Salvador parece como si le huvieran quitado un peso de encima
Tallana le sonríe amable y se levanta para despedirse de él.
Salvador le devuelve la sonrisa
Dices con acento Ensenadense, "Me dió gusto verte, salúdame a Areli."
Salvador dice con acento mexicano, "de tu parte"
Dices con acento Ensenadense, "cuídense mucho. estamos en comunicación."
Salvador dice con acento mexicano, "gracias."
Salvador se levanta de la silla
Tallana regresa a su escritorio para seguir trabajando.
Salvador sale ya más relajado.
Larabelle Evans
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Re: Entre la pasión y la fuerza

Mensaje por Larabelle Evans »

Emprendiendo un negocio.

Punto de vista: Jay.


La luz de la tarde de enero se filtraba gris por los ventanales del salón de Tallana, en la calle de Serrano. Jay estaba sentado en el sofá de cuero, con Alexey dormitando en el hueco de su cuello. El bebé, con apenas siete meses, se había convertido en el único punto firme en el caos emocional que lo consumía. El olor a talco y bebé era un contraste brutal con el olor a whisky y decepción que sentía impregnado en sí mismo.
Habían pasado tres días desde que MiaFiemma había subido al helicóptero. Tres días en los que el cuartel improvisado de Firme Unidad en Fresnedillas se había vaciado, y con él, la vida que había intentado construir. Había aceptado la custodia, sí. Lo había hecho por Alexey. Pero el rencor hacia MiaFiemma era un ácido que le carcomía las entrañas.
Ella había dejado dinero. Una transferencia considerable a una cuenta que Tallana había abierto para él bajo un nombre falso. Dinero para el niño, según el mensaje escueto y sin firma que encontró en el buzón. Jay había mirado el saldo con un asco visceral. Era la prueba final de que ella lo veía como un padre a sueldo, un ancla funcional. No había tocado ni un euro, cubriendo los gastos de Alexey con los ahorros que había traído de Rusia y que, por suerte, aún conservaba. Él no quería caridad de la mujer que le había roto el alma.
El sonido de la llave en la cerradura anunció el regreso de Tallana.
Ella entró cerrando la puerta con el codo, cargando una bolsa de papel. Llevaba el uniforme de la Policía Nacional, los pliegues perfectos y el peso de las horas de servicio marcados en la espalda. Al ver a Jay, su rostro, usualmente marcado por la firmeza de su profesión, se suavizó apenas.
Tallana dice con acento ensenadense, "Qué milagro, ¿sigue dormido el campeón?"
Jay levantó la vista, asintiendo sin efusividad.
Jay dice con acento ruso, "Ha estado tranquilo. Solo lo desperté para el biberón."
Tallana se dirigió a su habitación, el clic-clac de sus botas resonando brevemente en el pasillo antes de desaparecer. Minutos después, regresó con jeans y un suéter de lana grueso, más adecuada para el frío de Neo-Madrid. El aire olía ahora a guiso de verduras que ponía a calentar. Se dirigió a la cocina y regresó con dos tazas humeantes de café de olla y un par de panqués.
Tallana dice con acento ensenadense, "Toma. Necesitas algo caliente en el cuerpo. Y tú… necesitas dejar de verte como si te hubiera atropellado una pipa."
Se sentó en el sillón individual, observando a Jay. Él agradeció el café con un movimiento de cabeza, sin probarlo.
Tallana dice con acento ensenadense, "Mira, Jay. Entiendo tu coraje. Y no estoy aquí para defender a Mía, no ahorita. Lo que hizo no tiene nombre. Pero el niño no tiene la culpa. Y tú necesitas volver a ser tú."
Jay apretó la mandíbula, su mirada fija en el café.
Jay dice con acento ruso, "¿Quién soy, Tallana? Soy un médico fugitivo, escondido, traicionado, cuidando a un hijo que no puedo sacar a la calle sin mirar por encima del hombro. Eso es lo que soy."
Tallana suspiró. Se bebió un trago de café antes de hablar, su voz calma pero directa.
Tallana dice con acento ensenadense, "Eres el papá de Alexey. Y eres un hombre inteligente, Jay. Un hombre que dejó su carrera para proteger a quien amaba. Eso no es ser un fugitivo, es ser un ancla, aunque ella no supiera valorarlo. Pero ya. Se acabó lo de la víctima, ¿no crees?"
Él levantó los ojos, finalmente mirándola.
Jay dice con acento ruso, "¿Qué quieres decir?"
Tallana se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas. La seriedad en su rostro era la de una oficial de policía a punto de dar una orden.
Tallana dice con acento ensenadense, "Quiero decir que vas a retomar tu vida, cabrón. No puedes vivir de los ahorros y de la caridad de una amistad que ya está en la chingada. Y no puedes seguir con ese orgullo tonto de no querer usar el dinero que ella dejó, porque es para Alexey. Pero entiendo que te dé asco."
Hizo una pausa para dejar que eso se asimilara.
Tallana dice con acento ensenadense, "Por eso, tengo una propuesta. Algo que te va a dar un respiro, te va a obligar a levantarte y, lo más importante, te va a dar tu propio dinero. Dinero que tú te ganes."
Jay ladeó la cabeza, intrigado a pesar de sí mismo.
Jay dice con acento ruso, "Soy médico, Tallana. No puedo ejercer."
Tallana sonrió apenas.
Tallana dice con acento ensenadense, "No te estoy pidiendo que operes a nadie. Tengo un negocio. Pequeño. Una tienda virtual de abarrotes mexicanos importados. Chiles, salsas, dulces, esas cosas que no se encuentran fácil por aquí. Lo abrí hace unos meses, más por capricho y para tener algo extra."
Tallana dice con acento ensenadense, "El problema es que con mis turnos, no tengo tiempo para gestionarlo. El inventario, los envíos… todo es un desmadre. Y tú necesitas una distracción, algo que puedas hacer desde la casa, mientras cuidas a Alexey. Es perfecto."
Jay la miró con las cejas levantadas, el escepticismo ruso luchando con la necesidad de hacer algo productivo.
Jay dice con acento ruso, "¿Yo? ¿Administrar una tienda de comida picante?"
Tallana se encogió de hombros con naturalidad.
Tallana dice con acento ensenadense, "Mira, Jay. No es física nuclear. Es logística y administración. Tú eres médico, manejas el estrés, los sistemas. Esto es sencillo. Te doy acceso a la plataforma, yo pongo el stock inicial y los contactos con los distribuidores. Tú gestionas los pedidos, el inventario, y haces los paquetes. Lo mandas por mensajería, y ya. Te pago un sueldo fijo y un porcentaje de las ventas. Dinero limpio."
La propuesta era práctica, racional, y le ofrecía la independencia que tanto anhelaba. Lo obligaría a salir de la espiral de auto-conmiseración.
Jay dice con acento ruso, "No sé nada de abarrotes mexicanos."
Tallana sonrió, una sonrisa sincera esta vez.
Tallana dice con acento ensenadense, "Yo te enseño lo básico. Pero lo importante no es el chile, Jay. Es que te ocupes. Es que te des cuenta de que tu vida no terminó. Que puedes construir algo, aunque sea pequeño, que sea tuyo y solo tuyo. ¿Qué me dices?"
Jay miró a Alexey, que hizo un pequeño ruido en sus brazos. Luego, miró el café de olla humeante. La idea de depender de MiaFiemma era lo que más le dolía.
Jay dice con acento ruso, su voz más firme que en días, "Está bien. Acepto. Pero no quiero que me pagues un sueldo hasta que la tienda genere ganancias. Dame un mes. Si funciona, hablamos de dinero. Si no, al menos lo intenté."
Tallana asintió, su rostro irradiando satisfacción.
Tallana dice con acento ensenadense, "Hecho. Empezamos mañana. Ahora, ve a acostar a ese muchacho, que ya es hora, y luego yo te doy el primer entrenamiento: cómo distinguir los chiles pasilla de los chiles anchos."
Jay se levantó del sofá, sintiendo un peso minúsculo menos en sus hombros. La herida seguía ahí, la traición seguía doliendo, pero por primera vez en días, tenía algo más que la culpa y el rencor. Tenía una tarea. Tenía un futuro, por insignificante que fuera. Y era solo suyo.
Larabelle Evans
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Re: Entre la pasión y la fuerza

Mensaje por Larabelle Evans »

Recibiendo una cruel noticia.

Punto de vista: Tallana.


llaman al timbre de la puerta.
Tallana deja de cocinar y sale a abrir la puerta, extrañada.
Abres la puerta.
Isabela Entra en la casa.
Tallana mira a la mujer.
Isabela
Posee la extraña habilidad de ser estéticamente "olvidable" a pesar de su belleza. Su rostro es de una simetría perfecta pero carece de rasgos distintivos; tiene una mirada de ojos grisáceos que parecen cambiar de tono según la luz y un cabello castaño medio que suele llevar en una coleta sencilla o suelto sin un peinado definido. Su vestimenta es el epítome de lo anodino: vaqueros rectos, zapatillas deportivas de marca común y chaquetas de colores neutros (beige, azul marino). Camina con una postura ligeramente encorvada para restar importancia a su altura y evitar destacar. Sin embargo, en ciertas ocasiones, su lenguaje corporal se transforma: su espalda se yergue, sus movimientos se vuelven felinos y su mirada adquiere una intensidad depredadora que hiela la sangre. Habla con un tono de voz medio, sin acento marcado, capaz de mimetizar el habla de cualquier región tras solo unos minutos de escucha.
lleva el pelo en una cola de caballo. .
Viste blusa blanca de mangas cortas.
usa vaquero azul de estilo clásico.
Calza zapatillas blancas.
Isabela entra con paso lento y da un vistazo discreto antes de fijar la mirada en la agente.
Dices con acento Ensenadense: "Buenas noches. Dígame, que se le ofrece?"
Isabela carraspea con suavidad.
Isabela dice: "Buenas noches, agente. Vengo a traer una encomienda."
Tallana la mira extrañada.
Isabela dice: "disculpe que me presentara sin avisar previamente, han sido las prisas."
Dices con acento Ensenadense: "encomienda, de qué habla?"
Isabela mueve el bolso que lleva colgado y extrae un pequeño paquete.
Isabela dice: "Es una encomienda internacional, dirigida a Tallana Mendoza. Es usted, no?"
Tallana mira lo que la mujer a sacado.
Isabela dice: "perdone, quise decir una entrega. tiene usted una paquetería."
Dices con acento Ensenadense: "sí. Soy tallana. "
Isabela le extiende el pequeño paquete forrado tal como los envíos desde fuera de España.
Tallana coge el paquete y sonríe litgeramente.
Dices con acento Ensenadense: "Tengo que firmar algo?"
Isabela no le devuelve la sonrisa, permanece atenta a las reacciones de la agente de IPS
Tallana se inquieta, como si tuviera un mal presentimiento con ese paquete.
Isabela asiente con suavidad y saca la pantalla de firmas digitales con el pequeño lápiz
Isabela dice: "haga su firma aquí, por favor."
Isabela le extiende la pantalla. El cristal opaco apenas refleja la luz del techo.
Dices con acento Ensenadense: "Antes, de donde viene este paquete?"
Isabela mira a la agente sin parpadear.
Isabela dice: "de Siracusa, Italia."
Isabela sigue aguardando que la mujer coloque su firma.
Tallana se tensa visiblemente.
Isabela dice: "firme la pantalla, Tallana."
Tallana se acerca a la táblet y coloca su firma.
Isabela en cuanto obtiene la firma, guarda el dispositivo en su bolso.
Dices con acento Ensenadense: "Gracias. "
Isabela dice: "no tiene que darlas, solo hago mi trabajo."
Tallana asiente con la cabeza a la mujer.
Isabela dice: "si no tiene ninguna otra pregunta, me retiro."
Isabela se vuelve con rapidez hacia la puerta.
Tallana quiere preguntar más, pero, no quiere comprometer más a olivia ni así misma.
Dices con acento Ensenadense: "Hasta luego."
antes de atravesar el umbral isabela se vuelve un instante.
Tallana la mira.
Isabela dice: "el crío estará bien. Eso es un hecho."
Isabela sale de la casa sin mirar atrás a paso muy rápido.
Tallana mira en dirección a la puerta por donde desapareció.
Tallana cerró la puerta con lentitud, el sonido sordo del pestillo contrastando con el pálpito acelerado de su corazón. El aire de la casa, antes reconfortante con el olor a guiso y café, se sentía de pronto denso y frío. Se quedó inmóvil junto a la entrada, el pequeño paquete de Siracusa quemándole la palma de la mano. La frase de la mensajera, "el crío estará bien", resonaba como una sentencia, no como un consuelo.
Fue al salón y se dejó caer en el sillón individual, el paquete sobre su regazo. Su mirada recorrió el perfil dormido de Alexey en los brazos de Jay. La imagen era de una paz artificial. Con dedos temblorosos, Tallana despegó el borde del envoltorio internacional. No lo abrió de golpe, sino con una lentitud torturante, como si al rasgar el papel estuviera confirmando su peor miedo.
Dentro, había dos objetos. El primero, una cadena.
Es una cadena de oro de 24 kilates. La cadena está formada por eslabones diminutos que finalizan en un cierre de seguridad con broche firme. De la cadena cuelga un medallón de base ovalada fundida en oro blanco, rosa y dorado que en el reverso tiene las iniciales AM y una fecha debajo. sobre el medallón está incrustado un jade tallado en forma de llamas simulando un fuego que arde eternamente.
El segundo objeto era un papel doblado. Tallana lo tomó, sintiendo la textura familiar del papel de carta que MiaFiemma solía usar. Sus ojos, ya empañados, enfocaron las letras.
Cada palabra era un golpe sordo, un martillazo que resquebrajaba el cimiento de su vida.
Tallana sollozó, un sonido ahogado que intentó sofocar con el dorso de la mano. El papel se arrugó ligeramente por la presión.
La nota decía:
Si estás leyendo esta nota es porque estoy muerta. Por favor, cuida de Alexey por mí. La cadena que, de seguro estarás recibiendo es un recuerdo para mi pequeño.
Dile a Jay que lo siento, de verdad. que sí lo amé pero no pude controlar mi ancia de peligro y destrucción. Dile que comience una nueva vida, que regrese a ser médico, que le enseñe el mundo a Alexey. que retome sus actividades con una nueva identidad, que Acepte la protección y un cambio.
Si acepta, dile que escriba al correo que te dejo más abajo.
La "M." final. MiaFiemma. Su mejor amiga, su socia, su hermana de la vida, se había ido. No una desaparición, no un capricho, sino la muerte. La palabra se estampó en su mente como una marca a fuego.
El papel cayó de sus manos al suelo, pero ella no se movió para recogerlo. Sus ojos estaban fijos en la cadena, en el jade que simulaba un fuego eterno, el último regalo de Olivia para el niño. El suelo bajo sus pies, el que siempre había sentido sólido, la certeza de su trabajo, de su amistad, de su orden, se había disuelto en arena. El vacío era físico. Se llevó las manos al rostro, el llanto ahora sin freno, silencioso y desesperado, un dolor tan agudo que le dobló el cuerpo. Tuvo que morderse el labio para evitar gritar, para no despertar a Alexey. Todo había terminado. El ancla de su vida se había roto.
Jay levantó la vista, alarmado por el movimiento brusco y el silencio tenso. Vio a Tallana encorvada, su rostro oculto entre las manos, y un pequeño paquete abierto a sus pies. El pánico se apoderó de él.
Jay dice con acento ruso, "¿Tallana? ¿Qué pasa?"
Ella no respondió. Solo negó con la cabeza, una negación desesperada que lo decía todo sin pronunciar una sola palabra.
Jay, aún con Alexey dormido en un brazo, se inclinó y recogió el papel arrugado y la cadena. Sus ojos escanearon la nota. El color se drenó de su rostro al leer la primera línea. Las rodillas le fallaron. Se sentó de nuevo, sin sentir el sofá de cuero bajo él. El olor a talco y bebé era ahora una burla cruel. La mujer que había odiado, y a la que en el fondo seguía amando con una amargura insoportable, estaba muerta.
Jay miró el medallón en su mano. El jade, con su forma de flama, parecía burlarse de la frialdad que sentía. El odio, que había sido una armadura segura durante meses se había convertido en un temblor helado. MiaFiemma muerta. Olivia. Era demasiado final, demasiado dramático, incluso para ella.
El rostro de Tallana estaba inundado de lágrimas silenciosas. Era una imagen de dolor puro, sin la contención policial habitual. Ver a su amiga así era casi tan duro como la propia noticia.
Jay respiró hondo, tratando de reordenar el caos de su mente. El rencor se estrellaba contra una oleada de recuerdos fugaces: la risa de MiaFiemma, el día que le confesó su embarazo con esa mezcla de miedo y desafío, la forma en que se había aferrado a él en las noches oscuras. Recuerdos que el veneno de la traición no había podido matar del todo.
Jay dice con acento ruso, su voz apenas un susurro que temblaba, "¿Un plan de protección? ¿De qué está hablando, Tallana? ¿Ella... ella hizo esto a propósito?"
Tallana levantó la cabeza, sus ojos inyectados en sangre. Su voz salió rota, cada palabra era un esfuerzo.
Tallana dice con acento ensenadense, "No... no lo sé, Jay. Solo... solo sé que es ella. Que esto es... la jugada final, como ella decía. Sacrificarse para que... Para que acepten a Alexey sin riesgo. Está pidiendo... está pidiendo un cambio de identidad, un programa de protección para ti."
Señaló la nota con un dedo tembloroso, evitando mirarla directamente.
Tallana dice con acento ensenadense, "La carta... dice que retomes tu vida, tu carrera... que te protejas. Es la única forma de que dejes de ser un fugitivo. Ella... ella lo dejó todo para que tú pudieras ser libre con Alexey. Para que no tuvieras que usar su dinero, para que tuvieras una vida limpia, Jay."
El aire se le atascó en la garganta. ¿Libre? ¿A costa de su vida? El plan era maquiavélico, cruel y devastadoramente efectivo. Lo había liberado de la única manera que sabía: destrozando la última atadura emocional que le quedaba, la del rencor. No podía odiar a la madre de su hijo muerta. Solo le quedaba la amargura de un amor que había sido un campo de batalla.
Jay miró a Alexey. El bebé, ajeno a la tragedia, suspiró en su cuello. Su hijo. El único fruto real de esa relación tóxica y apasionada.
Jay dice con acento ruso, "Ella... me convirtió en padre, Tallana. Y ahora... me lo está dejando. Me está obligando a vivir, a ser el hombre que ella creyó que yo era." Hizo una pausa, el dolor era un nudo que le impedía respirar. "La amé tanto... y ahora la odio por esto. Por hacer esto. Por no dejarme... odiarla en paz."
Su voz se quebró. Se apoyó en el cristal helado de la ventana, dejando que la pena, cruda e indeseada, finalmente encontrara una salida. Lágrimas silenciosas, lágrimas de un hombre que acababa de perder a su enemiga, a su amante, y a la madre de su hijo. Tallana solo lo observó, incapaz de ofrecer consuelo, su propio mundo en ruinas a su lado. La única certeza era el peso del pequeño Alexey, el ancla que quedaba en ese naufragio de vidas.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: Entre la pasión y la fuerza

Mensaje por Larabelle Evans »

Recibiendo las cenizas.


El auto se sentía como una puta prisión para James. La noticia más amarga que había podido recibir en este último tiempo, después, claro, de lo de la muerte de su padre. El rostro del cantante era una máscara de roca y acero. Solo sus ojos reflejaban la dura tristeza y el dolor que sus facciones apenas contenían. Mientras Emilio hablaba con Tallana por teléfono, James aún se preguntaba: ¿cómo?, ¿cuándo? Apenas iba a verla.

James miraba directamente hacia enfrente. No quería voltear, ni parpadear. No, no iba a derramar una lágrima más, no ahora, al menos.

Emilio dice por teléfono, "Sí, ya vamos para allá. En serio lo siento, Talli."

Tallana dice por teléfono, "Está bien, aquí los veo..."

Emilio colgó y dejó el teléfono a un lado. Giró un poco el rostro para mirar a su amigo, pero no pudo. No había palabras que le ayudaran, que lo consolaran.

Tallana está en la casa arrullando a Alexey. Jay estaba preparándole una papilla.

Tallana dice con acento ensenadense, "Serás feliz, pequeño Alexey, tu madre quería que lo fueras, y así será..."

A Tallana se le quiebra la voz cada vez que habla de Mía.

Tallana le pone al niño la cadena que le dejó.

Emilio conduce serio por las calles de Madrid. En el vehículo había un absoluto silencio. Cuando James le habló para comunicarle lo sucedido, no pudo decir, mostrar o expresar nada. Solo obedeció las órdenes y peticiones de su amigo. En parte sorprendido y con una profunda admiración por él, pero por otro lado, preocupado por él, James no podía romperse, pero parecía que estaba a pocos segundos de hacerlo. Si antes estaba triste o dolorido, ahora no podía ni siquiera imaginar su dolor.

Jay trae la papilla.

Tallana dice con acento ensenadense, "¿Quieres que le dé de comer?"

Jay niega brevemente con la cabeza.

Jay dice con acento ruso, "No, yo lo haré, pero gracias."

Tallana deja al niño en el portabebé para que Jay le dé la comida.

Jay se acerca al pequeño y con una delicadeza paternal, empieza a alimentarlo.

Un auto se escucha cerca de la casa. Este mismo apaga el motor, y se escuchan las puertas.

Tallana los observa desde el sofá. Verlos así, es lo único que la mantiene fuerte. En realidad es lo que le queda en España.

Emilio toca suavemente la puerta.

Tallana se levanta del sofá y camina a abrir la puerta.

Tallana abre mirando a los 2 con cierta sorpresa, sobre todo a James.

Emilio espera pensativo. Al verla abrir, inmediatamente la abraza.

Tallana abraza a Emilio intentando no llorar.

Emilio abraza fuerte a Tallana, intentando en vano consolarla.

Tallana se separa brevemente y mira a James.

Tallana dice con acento ensenadense, "James..."

El cantante mira a los ojos a la oficial.

James murmura con acento mexicano: "Buenas tardes, Tallana."

Tallana dice con acento ensenadense, "Pasen."

Tallana dice con acento ensenadense, "Emilio me dijo que tienes algo que entregarme."

James niega con la cabeza.

James murmura con acento mexicano: "No, gracias. Solo vine a entregarte algo."

La voz de James suena rota, apagada, sin emoción. Completamente robótica.

Jay escucha desde la sala.

James se acerca despacio a la fémina, entregándole un documento.

James te da comunicado oficial.

Tallana agarra el papel.

James murmura con acento mexicano: "Voy por lo demás."

Tallana lo lee con lágrimas.

Estimado James:
Señor de los Santos: por medio del presente comunicado queremos ofrecerle nuestras sentidas condolencias por su sensible pérdida. Lamentamos las circunstancias en que ocurrió esta tragedia y haciéndonos eco de la última voluntad de su familiar, hacemos llegar sus restos (verificados y certificados por la medicatura forense) y las pertenencias que se pudieron rescatar tras el siniestro.
Firmado y sellado a los diecisiete días del mes de marzo de 2026.

James se acerca al vehículo, sacando las cosas, y luego vuelve a la entrada de la casa. En su mano, sostiene un recipiente, el cual extiende con pesadez a Tallana. En su otra mano, aparentemente, sostiene otra cosa.

James te da urna de porcelana con las cenizas de Miafiemma.

Tallana recibe el recipiente.
Es un recipiente de forma ovoide fabricado en porcelana esmaltada con detalles en níquel. La tapa, sellada herméticamente, remata en una pequeña esfera decorativa. A pesar de su tamaño compacto, el objeto se siente sorprendentemente denso al tacto. La superficie porcelanizada está impecable, libre de huellas, proyectando una imagen de orden y finalidad. En la base, una pequeña placa grabada registra un nombre, una fecha y un número de serie que coincide con los registros del crematorio.
Tallana dice con acento ensenadense, "¿Y esto?..."

Su voz se quiebra.

James murmura con acento mexicano: "Sus cenizas..."

Tallana aferra la urna en su mano con dolor.

Tallana dice con acento ensenadense, "¿Te dijeron qué le pasó?."

James deja de formar el puño con su otra mano, mostrando el pequeño anillo, el cual entrega con los ojos húmedos, y su esfuerzo por no sollozar es evidente. Pese a esto, le entrega el objeto.

James Deja anillo de oro con jade tallado en forma de llamas.

Tallana mira el anillo de Mía. Tan brillante como fue ella.
Es un anillo de oro de 24 kilates. El aro tiene grabadas en su interior las iniciales MF y una fecha y está unido a una base de oro blanco, rosa y dorado que sostiene el jade tallado de manera que simula llamas ardientes de un fuego eterno.

James suspira profundamente.

James murmura con acento mexicano: "Dice que un derrumbe en Siracusa."

Tallana murmura con acento ensenadense, "No es justo, ellos juraron cuidarla..."

Tallana mira a James.

James murmura con acento mexicano: "¿Y en serio lo creíste?"

Tallana dice con acento ensenadense, "¿Por qué a ti? ¿Acaso hablaste con ella?."

James asiente afirmativamente.

James dice con acento mexicano: "En una borrachera, me habló."

James dice con acento mexicano: "Yo, iba a verla."

James se llena de coraje y dolor al recordar, y su rostro, por una fracción de segundo, se descompone en dolor.

Tallana hace un esfuerzo sobrehumano para mantenerse en pie, aunque el dolor es intenso.

Tallana dice con acento ensenadense, "Está bien... Gracias por esto..."

James asiente afirmativamente.

James murmura con acento mexicano: "Mi objetivo terminó aquí. Nos vemos, Tallana."

James se da la vuelta rápidamente, y entra al carro.

Tallana lo mira irse.
Tallana cerró la puerta con lentitud, el sonido sordo del pestillo se sintió como un punto final definitivo. Los hombros le pesaban, no solo por el dolor, sino por el peso frío de la urna de porcelana que aferraba contra su pecho, junto con el anillo de jade y el comunicado oficial. Cruzó el pasillo hasta la sala, donde el aroma a guiso y a papilla tibia era el único signo de una normalidad que se negaba a morir.

Jay no levantó la mirada de Alexey, que terminaba de comer con la calma inconsciente de un bebé. Lo observó de reojo, la mano que sostenía la cuchara inmóvil. Tallana se acercó a la repisa más alta del librero que servía de pequeña estantería de salón y depositó con una delicadeza casi reverente la urna. El níquel y la porcelana brillaron brevemente bajo la luz artificial del techo. Dejó caer el anillo en el sillón y el documento a un lado, como si fueran objetos radioactivos.

Tallana se quedó de pie frente al librero, dándole la espalda a Jay. Su postura era rígida, como si estuviera a punto de romperse.

Jay dejó la cuchara en el plato. El ruido metálico rompió el silencio. Finalmente, levantó la mirada hacia Tallana, y luego hacia el recipiente ovoide sobre la madera. No sintió el estallido de furia o el ácido del rencor que esperaba. Solo un vacío frío, una calma desoladora. La mujer que le había dado a Alexey y le había destrozado la vida era ahora ese puñado de cenizas, un objeto inerte en una casa que no era la suya. Ya no había un enemigo al que culpar, ni una traidora a la que odiar. Había una pérdida, una amarga y compleja pérdida.

Jay dice con acento ruso, su voz baja y sin inflexiones, "Se acabó la guerra."

Tallana no se movió, pero su espalda se hundió un poco más.
Jay suspiró, recogiendo una servilleta para limpiar la cara de Alexey. "La odié. La odié con toda mi alma por lo que me hizo. Por huir, por mentirme, por convertirme en esto." Su mirada se fijó en la urna. "Pero... esto." Señaló la porcelana con un movimiento de cabeza. "No se puede odiar a esto."
Jay miró la urna una última vez. Había un pequeño destello de luz reflejado en la porcelana. Lo tomó como una señal, un amargo adiós. Tenía que hacerlo por Alexey. Por la promesa no dicha de un futuro más seguro.
Se levantó con el bebé en brazos, se dirigió a la repisa y tomó el papel arrugado que aún contenía el correo electrónico. Tallana seguía inmóvil, mirando al vacío.
Jay dice con acento ruso, "¿Dónde está mi teléfono? Necesito el correo."
Tallana parpadeó, volviendo a la realidad con un temblor.
Tallana dice con acento ensenadense, "En la mesita... junto al sillón."
Jay fue a la mesita, dejó a Alexey en el regazo de Tallana, que lo recibió automáticamente, y tomó el dispositivo. Desbloqueó la pantalla y abrió la aplicación de correo. Sus dedos se movieron con una precisión mecánica mientras escribía la dirección que MiaFiemma había dejado. Era un correo críptico, una secuencia de números y letras sin sentido.
Sintió una presión en el pecho. Iba a poner en marcha el plan de su enemiga y amante muerta. Un plan que le daba libertad, pero que le arrebataba la opción de odiarla. Era el último y más doloroso acto de control de MiaFiemma.

Escribió el asunto: Acepto. Por Alexey.

El cuerpo del mensaje fue breve, conciso, sin rastro de emoción. Solo los hechos.
Jay dice con acento ruso, "Se acabó, Tallana. Ahora... solo tenemos que esperar. Y vivir."

Suspiró y, con el dedo tembloroso, tocó Enviar.
Para: [Dirección de correo críptica]

He recibido la encomienda de Siracusa.

Acepto los términos. Procedan con el protocolo de protección y el cambio de identidad.

Mi hijo y yo necesitamos la certificación para reanudar mi carrera médica de forma segura.

Esperando instrucciones.
J.
Guardó el teléfono. El gesto se sintió tan irrevocable como el sonido sordo del cierre de la puerta.
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