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Nueva escena de rol: Lo que tú quieras

Punto de vista: Ives

Mi querida Aletheia,
¿Sabes? Pienso en ti todos los días. ¡Te echo muchísimo de menos! No sabes las ganas que tengo de verte y darte un abrazo fuerte fuerte. Me apetece tenerte cerca y no soltarte, detener el tiempo y que nada ni nadie pueda molestarnos. Necesito besarte, besarte mucho, necesito llorar, Aletheia, llorar en tu hombro, me cuesta reconocerlo y mucho más escribirlo, pero… necesito llorar como un niño pequeño. Necesito que escuches mis miedos, necesito mirarte a tus hermosos ojos y pedirte perdón, perdón por todo lo que estás sufriendo por mi culpa.
Espero que algún día sepas perdonarme, perdonar a este idiota egoísta que como dice el resto de chicas, solamente piensa en si mismo. Cariño, ojala que no me guardes rencor por todo lo que estoy haciendo. Aráis me dijo que debido a mi forma de actuar ese día en la celda con Diana, tú empeoraste, lo siento… lo siento tantísimo… Solamente tengo la esperanza de que fuera una falsa alarma y estés como siempre, eso le suplico a las estrellas.
Te debo una explicación y me gustaría dártela en persona, pero dudo mucho que me dejen salir de esta celda en la que me tienen, por lo que te la daré en esta carta.
El viernes por la mañana fui a Madrid a recoger unos vehículos militares, es algo que deben de hacer los soldados, pero yo siempre tan… reacio a seguir las normas…
En uno de los vehículos encontré unas pintadas, un mensaje que decía que el juego se nos estaba quedando muy grande, que 5 personas y 2 niños pagarían la jugada, luego estaba el nombre de Diana. Cariño, 5 personas, Tú, Aras, Aráis, Lilu, Mélany y 2 niños, Franc y la pequeña Noa. ¿cómo no hacer lo que hice? ¿cómo no intentar protegeros? ¿cómo no sentir miedo? ¿cómo no intentar organizar vehículos para que salgáis del país? ¿cómo quedarme allí en la finca sin mover un dedo? ¿Cómo no ir a la base militar y enfrentarme a los responsables para que preparen las llaves de vuestro futuro? Sí, tienes razón, se podría haber hecho de otra forma. Sé que al menos antes éramos un equipo, que todo se puede conseguir juntos, pero… yo otra vez intenté solucionar las cosas a mi manera. Tengo miedo, Aletheia. Miedo a veros sufrir, miedo a veros llorar, miedo a veros heridas, miedo a que os alejéis, miedo a que solamente seáis un recuerdo. Sé que todos tenemos miedos, yo, por mi parte, no sé gestionarlos, lo reconozco y créeme que estoy bombardeando mi cabeza al escribir esto y me cuesta escribir estas letras, creo que el miedo me está ganando la partida, cariño. Estoy plenamente convencido que soy un cobarde por tener tantos miedos.
Una vez que salí de la finca, fui a la Base militar. Allí intenté organizar vuestra salida de Madrid, nadie estaba de acuerdo, pero les obligué a equipar los helicópteros, lo siento. Aráis llegó y me dio la noticia de que estabas teniendo problemas en el pulmón, mis miedos, Aletheia, el miedo más grande que habita en mi interior apareció con esa frase, subí al Jeep militar y aceleré agarrándome fuerte al volante, llorando, sufriendo, culpándome, deseando mi propia muerte. Que falso soy, Aletheia, cada vez que recuerdo lo que te decía en el hospital, millones de puñaladas hacen sangrar mi interior. Nunca te dejaré sola, siempre estaré a tu lado.
No puedo sacarte de mi cabeza. Tampoco lo hice cuando grabé el video que subí a la red, tampoco lo hice cuando entré en la zona militarizada de IPS para buscar al responsable de todo esto. Aun que no me creas, mi alma jamás se separó de ti, pero qué importa eso ya…
Desesperado envié un mensaje al chat público pidiendo que dieran la cara, que terminara esta tortura ya, que os dejaran en paz. Minutos más tarde solamente vi a tropas de S. Y. desplegarse en la zona y Aras que bajaba del helicóptero con un fusil y me empujaba violentamente hacia el Apache. Los soldados daban fuego de cobertura y Aras me subió a puñetazos, insultándome, escupiendo en mi cara la cruda realidad. Yo intenté zafarme de él, pero me manejaba como si fuera un hombre de papel, me negué a que me pusiera las esposas, pero una vez más, su fuerza muy superior a la mía se impuso y mientras que mis lágrimas mojaban el suelo de ese helicóptero, notaba como me esposaba de pies y manos. Fue tan humillante… Humillante porque sabía que tenía razón, humillante porque me había dado cuenta en ese momento que gracias a lo que hice, había puesto vuestra vida gravemente en peligro.
Una vez que el Apache aterrizó escoltado por un caza ruso me bajó como si fuera un prisionero, arrastrándome por el suelo bajo las miradas de todos los soldados que custodiaban la base, como un traidor, como un chivato, como alguien del que jamás a partir de ese momento, habría que fiarse. Le dije en el centro de la plaza central que me quitara las esposas, se lo dije suplicándole con la mirada. Él lo hizo y quise entrar en el hospital para verte, vi el furgón de Aráis y supuse que estaríais allí, pero el me negó el acceso, le dí varios golpes, golpes que él esquivaba con facilidad, estaba desesperado, quería pediros perdón, quería verte, quería despertar de esta pesadilla que aún hoy, me atormenta. Aras me empujó contra una ambulancia militar y me volvió a esposar, arrastrándome hasta las celdas subterráneas de la base, una celda acolchada.
Aletheia, el día 9 de Julio sería el 16 cumpleaños de Inés, llevo muchas semanas recordándolo, el día 14 de Julio… será… mi 33 cumpleaños. Tenía ganas de irme con todas vosotras a algún lugar bonito, a algún sitio donde pudiéramos relajarnos, comer, beber, reír, ser felices, lejos de soldados, lejos de violencia, lejos del sufrimiento, lejos de mis miedos. Ver como Saioa, Franc y la pequeña Noa juguetean y vuelven a encontrar la infancia y la inocencia que esta situación les robó.
Cada día que paso en el rincón de esta celda me aferro al recuerdo de tu sonrisa, buscando un ápice de esperanza, de consuelo, una chispa de fuerza. Me repito cada pocos segundos que no puedo rendirme, que quizá aún no sea tarde para volver a recuperar vuestra confianza, suplico al cielo que aún no sea tarde para volver a ver tu sonrisa. Ruego a quien esté allí arriba que quieras perdonarme, que vuelvas a darme la mano… Aletheia, te doy mi palabra que nunca más en la vida volveré a fallarte, ni a ti ni al resto.
En esta celda estoy luchando contra mis miedos que son muchos. Intento hablar con alguien, pero solamente me responde un silencio espectral. He conseguido que me den un papel y un lápiz, al menos así puedo escribir, escribirte, y no me siento tan solo.
Te doy mi palabra, sí, sabes que mi palabra jamás la incumplo y que si la doy es porque lo que digo lo siento de corazón, que es lo único que tengo, de que te quiero,
 
Doblé la carta por la mitad y escribí el nombre de Aletheia de forma muy visible.
Esperé unas horas hasta que un soldado de S. Y. me abriera las puertas para llevarme al baño y poder darle la carta. Le pedí que se la diera a Aras, él sabría que hacer con ella quizá, si no pudiera dársela a Aletheia se la podría hacer llegar a un buen destinatario.

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