Punto de vista: Ives

Salí del hotel viendo la cara de Lilu. Ella me dijo que esa chica no era trigo limpio, que no confiaba en ella… Yo le volví a dar las gracias por todo lo que hizo por mí, pero el coche arrancó y dudo mucho que me escuchara.
Enrique hablaba en la parte delantera del coche, como si detenerme fuera lo más importante que hizo en su vida…
El coche entró en el garaje de la comisaría y mi infierno empezó en el instante que abrieron la puerta.
– Santiago dice: “Mira a quien tenemos aquí”
– Santiago dice: “El tipo más buscado en Madrid, el que dice tener los cojones más grandes del mundo y luego se viene abajo por una putita”
Se aseguró que mis manos estuvieran esposadas en la parte lateral de la silla.
El primer golpe fue en la cara, haciendo que mi vista se nublara durante unos segundos.
Dices: “Si quieres pegarme… por qué no lo haces quitándome las esposas?”
Tras decir eso me pegó un puñetazo en la boca que hizo que 3 dientes se partieran y mi boca se inundara de sangre.
– Santiago dice: “¿Aún tienes ganas de hablar? no voy a parar hasta verte llorar quiero que entres al calabozo llorando como un niño al que sus papás no le compraron un caramelo”
– Santiago dice: “Tú no sabes donde estás metido, cabronazo. Me voy a encargar personalmente de que tu vida aquí sea un puto infierno”.
– Me agarró del brazo partido y empezó a retorcerlo mientras me miraba fijamente a los ojos.
– Ives grita: “Para! Ese brazo lo tengo partido!”
– Santiago dice: “No me di cuenta, lo siento”
– Me quitó las esposas de la silla y las ató a las defensas de un todoterreno que teníamos a la derecha. Me retorció tanto el brazo que perdí el conocimiento, no pude aguantar el dolor.
– Santiago dice: “¡Despierta de una jodida vez, maricón de mierda!”
– Abrí los ojos y tenía a un médico delante de mí, lo miré suplicante y mientras me atragantaba con mi propia sangre le dije:
– Dices: “Necesito ayuda, mi boca, mi brazo, por favor….”
– Santiago dice: “Gracias Pablo, ya te puedes retirar de aquí, yo me encargo”
– Vi como el médico se alejaba sin inmutarse lo más mínimo.
– Miré a Santiago a los ojos y suspiré.
– Dices: “Que valiente eres teniéndome así, es de ser muy hombre golpear a una persona atada… mátame, pero me matarás siendo un cobarde”
– Si hubiera sabido las consecuencias que esas palabras me traerían, nunca las habría dicho.
– Santiago dice: “Tienes razón. Me he pasado bastante. Venga, que te subo al cuartito.”
– Me quitó las esposas y mis brazos cayeron hacia los laterales de mi cuerpo, era incapaz de levantarlos. Empezó a empujar la silla con brusquedad haciéndome caer en una ocasión y me sentó a patadas.
– Abrió una puerta y me metió dentro de un cuarto sucio, pequeño y cerró la puerta marchándose.
– Suspiré, pensaba que podría descansar un poco. Pero me volví a confundir, escuché los pasos de unas cuantas personas que reían divertidas y que tras unos minutos, entraron a la estancia. Eran 4 policías con el rostro tapado.
– Santiago dice: “Mira, Ives, te presento a unos amigos que te querían conocer, antes me has dicho que si era muy valiente por pegarte estando con los grilletes puestos… Ahora tú estás libre, defiéndete”
– Santiago dice: “Pero antes me gustaría presentarte a alguien. Se llama Ricardo, era el mejor amigo de Manolo. ¿Sabes quien es Manolo?”
– No podía ser… No aguantaré una paliza de..
– Patadas y puñetazos me hicieron caer al suelo, casi se golpeaban entre ellos ya que los 4 se lanzaron a por mí, en el suelo, indefenso, sangrando, muriéndome. Tras unos minutos pararon y me tomaron el pulso.
– Santiago dice: “Llama a Pablo y dile que le pinche algo, que a este le espera una noche larga”
– Se fueron dejándome allí tirado, bocabajo, casi asfixiándome con mi propia sangre.
– Pablo entró y suspiró al verme. Ricardo entró tras él y cerró la puerta.
– Pablo dice: “Señor, tendré que ponerle boca arriba para poder tratarle, hagámoslo despacio para poder ver todas sus heridas”
– Pablo me empezó a movilizar lentamente, pero Ricardo lo apartó y me puso boca arriba a patadas.
– Ricardo dice: “A Este hijo de puta hay que tratarlo así, no pierdas mucho el tiempo con él”
– Pablo agachó la cabeza y se retiró unos metros para preparar la medicación.
– Los ojos de ricardo estaban a unos centímetros de los míos.
– Ricardo susurra: “Tú no vas a llegar a mañana, por mis cojones que tú no llegas a mañana”
– Ricardo se fue y Pablo se agachó y comenzó a tratarme en silencio.
– Rompí a llorar, no podía aguantar esto ni un segundo más
– Pablo dice: “Lo siento, yo no puedo hacer nada”
– Lo miré pidiéndole ayuda. Con muchísima dificultad le dije que me matarían.
– Pablo dice: “Intentaré hacer un traslado al hospital más cercano, ahora estamos en la comisaría de Moratalaz, es difícil, pero lo voy a intentar, aquí no suelen preocuparse mucho por los presos”
– Moratalaz… La última vez que pasé por aquí…
– Aileen dice: “Es un asesino”
– Lilu dice: “Se fuerte, lo conseguiremos”
– Aileen dice: “Siento miedo, no me hagas nada”
– Lilu dice: “Yo te ayudaré, no te preocupes”
– Melany dice: “Gracias por tratarme así, eres muy hospitalario”
– Aileen dice: “A nadie le amarga un dulce, verdad?”
– Lilu dice: “No te puedes rendir. Tú no eres así, tú eres fuerte, es solo una mala racha”
– Aileen dice: “Me vas a violar?”
– Melany dice: “Si me permites te miro la herida”

Un golpe me despertó de repente.
Ricardo dice: “Aquí no se duerme, aquí se piensa”
Ricardo dice: “Pablo te pinchó un tranquilizante, pero quiero comprobar lo efectivo que es”
Me pisó el brazo partido y dejó caer todo su peso encima.
Grité debido al dolor que sentí.
Dices: “Por favor, para, por favor… para, por favor…”
Me pegó una patada para que permaneciera en silencio mientras me seguía pisando el brazo.
Ricardo dice: “Como vuelvas a abrir la boca te parto la mandíbula de una patada, me has entendido?”

Lo último que noté antes de perder el conocimiento es una fuerte patada en el estómago, que me dejó sin respiración.

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