Punto de vista: Aletheia.

Alehteia, cavilaba tumbada sobre la cama. Recordó el encuentro con
Ives y se fijó hasta en el más mínimo detalle. Sí, estaba segura.
Había atisbado algo de dulzura en aquella mirada.
Murmuras con acento catalán, “toda una cajita de pandora, Ives; ¿qué
tanto se podrá ablandar el corazón que llevas dentro?”
Suspiras profundamente.
Aletheia piensa, ojalá no se te ablande demasiado, grandulón”.
Con ambas manos en puños sosteniendo su barbilla, Aletheia iba
maquinando posibles diseños de solución a su problema; cruzó las
piernas en el aire, relajó el resto de su cuerpo y cerró los ojos. En
su mente se iba dibujando cada espacio del club.
Alehteia respira profundo, mientras su mente se pasea por la planta
principal, las barras, los servicios, la escalera.
Murmuras con acento catalán, “¿será un sótano como en el caso de los hoteles?”
Aletheia piensa en las palabras de la pelirroja… “abajo”, “en las habitaciones”.
Forzó su mente a desplazarse con lentitud mientras ascendía por las
escaleras y llegaba al pasillo del alojamiento. A un lado la
recepción, al otro las habitaciones.
Murmuras con acento catalán, “donde demonios está la maldita puerta”
Giró sobre su propio eje y entonces, un destello la sobresaltó… detrás
de la recepción se vislumbraba una sombra; allí no había pared y por
el vacío tendría que ser… ¿una escalera, quizá?
Murmuras con acento catalán, “Esa tiene que ser la vía para acceder a
la puerta misteriosa que mencionaba la pelirroja”
Murmuras con acento catalán, “Tendré que verificarlo mejor, no sea que
en realidad solo se trate de un efecto de luces y sombras en la pared”
Aletheia piensa, teniendo en cuenta que lo más que pueden trabajar los
de vigilancia son 5 o 6 horas continuas, de seguro habrán establecido
4 turnos; lo mismo para el personal del alojamiento. Eso significa que
debe haber un cambio de guardia a las 7 de la mañana y uno a las 7 de
la tarde; y que los descansos deben comenzar aproximadamente alrededor
de las doce o una de la tarde y el otro, a las doce, o una de la
madrugada; con una duración aproximada de treinta o 60 minutos.
Murmuras con acento catalán, “veremos en un rato, si llevo razón;
apenas si son las seis de la mañana”
Aletheia se incorporó con velocidad y se dispuso a encender ambos
ordenadores. Una vez estuvo lista, comenzó su búsqueda de implementos;
no tenía tiempo que perder.
Conectando a VPNServer…
Activando Zthor.
Conectando a Underground Networking… Verificando certificados… autenticando…
Conexión establecida…
Bienvenido a Underground Networking
Aletheia piensa, busquemos implementos de cyberespionaje a ver qué nos
encontramos.
Teclea en el buscador de una de las primeras páginas que vio en la
Hidden wiki sobre espionaje industrial: mini cámara, wifi, visión
nocturna.
Buscando… por favor espere…
Se han encontrado 55 resultados… Mostrando 1 de 50.
Aletheia posa sus ojos en uno que le llamó la atención.
Cámara de seguridad inalámbrica
-wifi-ip-led-vision-nocturna-D_NQ_NP_603825-MLV25514064594_042017-F;
COMPATIBLE CON NVR ONVIF HD WIFI cámara IP Wireless P2P Plug Juego
IR-CUT visión nocturna infrarroja; 1280*720 P 1.3MP impermeable al
aire libre
Características: Wi-fi/802.11/b/g/n, la fábrica libre DDNS; Soporte de
protocolo: tcp, udp, ip, http, smtp, dhcp, dns, arp, icmp, pop3, ntp,
IPSec upnp, rtp, y RTCP; Dual Stream codificación/modo de compresión
H.264; 1/4-inch 1.0 megapíxeles OV9712 cmos, incluyen 4mm lente fija;
Visión nocturna: 5-30 m (3.6mm-8mm lente)
Mp: 1280*720 @ 30fps. Soporte multi-pantalla y CMS. Onvif
Compatibilidad Wireless, p2p. Soporte Andorid iPhone. Soporte IR-CUT;
ING-cable-IP. Tamaño de la lente: Por defecto: 3.6mm
El paquete incluye: una *1280 x 720 P cámara IP inalámbrica, un * CD
(introducción incluyendo), una * Antena, 3 * Tornillos ING-CD-WX e
INCLUYE CARGADOR USA TRANSFORMADOR 12V 1AMP O 2AMP.
Sin pensárselo demasiado, decide comprar dos de aquellas cámaras.
Aletheia Piensa, “quizá logres pasar la recepción y luego qué,
Aletheia, ¿te evaporas como los fantasmas?
Se muerde el labio inferior y de pronto recuerda uno de los casos de
Gabriel, en el que habían drogado a los de seguridad para entrar y
desbalijar una casa de antigüedades. Los ojos le brillan con
intensidad. Busca con rapidez alguno de los resultados que muestra la
Hidden wiki sobre drogas y se fija que hay uno en donde ofrecen lo que
necesita. Decide comprar 1gramo. Realiza la transacción y fija el
encuentro en las cercanías del club, total, por las calles hay de todo
tipo de personas ofreciendo y consumiendo. Las cámaras, pidió se las
enviasen por correo; ella las pasaría buscando; a fin de cuentas,
podía pasar el paquete como cualquier encomienda.
Terminados los asuntos en la Underground Networking, se desconectó, se
puso unos pantalones y los botines y salió apresurada a ir por lo otro
que necesitaba.
Pasó por la peluquería y adquirió un tinte Crazy color negro. Después,
pasó por una farmacia y compró una jeringa y un bote de agua
destilada; en una de las tiendas adquirió unas lentillas de contacto
de color marrón.
Regresó al club, subió las escaleras y se fijó en recepción. Eran la
una menos cuarto y no se veía a nadie en recepción. Se acercó lo
suficiente y dio la vuelta al mostrador. En efecto, la sombra que
recordaba correspondía a un pasillo con una escalera descendente.
—¿qué se le ofrece, señorita? —el guarda de IPS se acercaba a toda
pastilla por el pasillo de las habitaciones.
Manteniendo la calma, Aletheia se voltea y sonríe.
Dices con acento catalán “—solo buscaba a la recepcionista “—
El IPS se percata de quien es Aletheia, se para firme y asiente con la cabeza.
—Estamos en hora de descanso —dice un poco contrariado— Yo es que he
tenido que ir al baño.
Aletheia asiente comprensiva.
Dices con acento catalán “—No pasa nada; solo asegúrate de que no te
suceda con frecuencia; recuerda que el CEO de Imperium es receloso con
la seguridad”
El hombre asiente y se dirige a su posición, del otro lado del
mostrador de recepción.
Aletheia fija ese dato y se despide con un gesto de la mano.
Alehteia piensa, “será mejor que tenga cuidado y prepare un par de
botellines más.
Deja todo en la cama y vuelve a salir enseguida. Va caminando a toda
prisa rumbo a la oficina de correos. Entra, saluda al hombre de
siempre y le explica que viene por un paquete que le han enviado con
urgencia.
El hombre intenta coquetear con ella, pero no se da por enterada.
Recoge el paquete y sale sin mirar atrás.
Regresa al club, entra en su habitación y comienza a preparar el
tinte. Se desviste y mientras se va echando aquel potingue en la
melena, el olor que desprende le hace recordar…
—Sabater, has sido bendecido por madre. Las mujeres de tu familia han
sido destinadas y escogidas por ella para ser portadoras de su
semilla…
—No sé de qué estás hablando, Martínez —Enric Sabater negaba firme,
intentando disimular el desasosiego.
—sí, sí que lo sabes, mi buen Enric; y nosotros también lo sabemos…
Madre ha hablado y las quiere entre nosotros.
—te digo que, en serio no sé de qué me hablas, Martínez —insistió
Sabater, mientras su rostro adoptaba un tono ceniciento.
—Te hablo de la marca, mi buen Enric. La marca que las mujeres de tu
familia portan en una zona muy significativa para Madre.
Enric Sabater se tambaleó; sus ojos se abrieron escandalizados.
—en mi familia no hay impuros, ya lo sabes, Martínez.
—Por supuesto que no, mi buen Enric. No debes temer, madre les ha
escogido, empezando por las hembras de tu casa. Madre os ama a todos
y, para ti también tiene algo muy especial. Ya no tendrás que
preocuparte por tu situación financiera, ni por nada… Nosotros os
acogeremos.
Enric se revolvía nervioso y cuando intentó contestar…
—Pero si allí está la preciosa Eva —y aquellos ojos refulgieron de lujuria.
La alarma del móvil empezó a sonar. Se levantó, lo cogió y se dio
cuenta que tenía mensajes en EPS, así que decidió incorporarse.
[EPS] ¿Me invocaron?
Estuvo un rato conversando con aquel trío. De esa forma supo que
habían intentado purificar a Lilu, por enésima vez.
Durante la conversación pudo hacerse con las fotos de las huellas de
Ives y Lilu y con los datos de Melany Pet.
Se despidió rápidamente y se metió en la ducha para lavarse el cabello.
Se lo secó con calma y se hizo una trenza. Se vistió y se puso la
capucha roja, las lentillas de contacto y salió a encontrarse con el
camello.
En el mismo callejón oscuro donde hablase con el escolta, Aletheia
hacía intercambio con un camello con un marcado acento africano.
Una vez obtuvo lo que necesitaba, volvió a su habitación; en el
camino, pasó por una de las barras y pidió 6 botellines de agua
mineral de plástico.
En su habitación, Aletheia disuelve la mitad del contenido en el agua
destilada. Una vez estuvo disuelto, se dedicó a pinchar cinco veces,
cinco de los seis botellines; el sexto sólo lo pinchó tres veces. Las
primeras veces extrajo agua, luego se dedicó a introducir el agua
destilada con la sustancia.
Cuando hubo terminado, se fijó en el reloj.
Murmuras con acento catalán, “todavía tengo 45 minutos antes del descanso”
Sacó una de las cámaras, la revisó, la conectó a la corriente y
verificó que encendiese; leyó las instrucciones. Se volvió a fijar en
el reloj… diez minutos para el descanso. Preparó una mochila con los
botellines, la cámara, algunas de sus herramientas pequeñas y su
móvil.
Quince minutos después, salía por la puerta de su habitación hacia la recepción.
Aletheia mira de lado a lado; respira profundo. De pronto se pone
tensa, siente dos pares de botas pisando con firmeza. Se detiene en el
mostrador mientras disimula leyendo uno de los folletos. De reojo se
fija que no son hombres de IPS.
—venga, macho. Vamos a descansar; todavía no hay nadie habitando la
sede ¿qué cosa puede pasar en una hora? —una voz grave y con acento
murciano, va incitando a su compañero.
Aletheia percibe al otro mover la cabeza, parece asentir. Ambos
hombres salen rodeando el mostrador sin apenas percatarse de su
presencia.
—Joder con esa puta manía de las capuchas rojas —le dice uno a otro
mientras siguen caminando hacia el fondo del pasillo.
Al dejar de escuchar sus pasos, Aletheia comienza a descender
rápidamente. Mientras baja, se fija que hay luces de emergencia en
cada descansillo.
Cuando ya ha llegado al sótano, observa la distribución y la ubicación
de la puerta respecto de las escaleras.
Pensando con velocidad, decide colocar la antena sobre el cajetín de
las luces de emergencia, tras uno de los faros. Puesto que no alcanza
el cajetín, desciende para ver si consigue algo donde pueda subirse.
Incrédula por tener tanta suerte, Observa una escalera que está
apoyada al final del pasillo.
Aletheia piensa, “Bendito el desorden de algunos obreros”
Cerca de la escalera ve un bote de pintura, una brocha, clavos, un
martillo y un destornillador.
Sin perder tiempo, coge la escalera. Maldice cuando tropieza y casi
cae con todo al suelo, pero logra incorporarse. En menos tiempo del
que pensaba, colocó la antena.
Regresa al sótano, deja la escalera tal como la encontró e intenta ver
cuál podría ser el mejor ángulo para colocar la cámara.
El móvil vibra.
Aletheia Piensa, “Me quedan 15 minutos para colocar esta puta cámara”.
Mira de nuevo y suspira. Un destello leve, llama su atención. Se
acerca, es la cubierta metálica de un toma corriente que roza la unión
con una columna que sobre sale unos veinte centímetros.
Aletheia piensa, “no dará el mejor ángulo, pero al menos se podrá ver
el perfil de quien entra y quien sale”.
Sin perder tiempo coloca la cámara, ajusta los tornillos, conecta el
cable a la cámara y a la corriente; la enciende y va por la brocha y
el bote de pintura. Primero, pinta la tapa del tomacorriente. Luego,
se asegura de que, el cable quede cubierto de pintura.
Aletheia piensa, No hay demasiada iluminación, puede servir.
Asiente con la cabeza observando el resultado y a toda prisa deja la
pintura y la brocha cerca de la escalera.
Se detiene un segundo, el corazón le late a toda velocidad. Escucha al
par de botas de regreso. Intenta mantener la calma, el móvil vibra de
nuevo.
Saca los botellines, los introduce en unas bolsas que ha extraído de
la mochila, y se coloca la mochila a la espalda.
Respira una, dos, tres veces y sube por las escaleras.
En el primer descansillo, se topa a los dos guardas que la miran
primero con sorpresa, luego con desconfianza.
—qué hace usted aquí —preguntan a la vez ambos hombres.
Aletheia nota que su tono no es amable y sonríe.
—me envían de la barra a traerles esto —señala las bolsas que lleva en
ambas manos, acercándole una hacia sus manos—. Son botellines de agua
mineral bien fría, es que hace mucho calor y allí abajo seguro se
asan; pero al ver que no había nadie…
Aletheia nota que uno de los hombres se relaja, pero el otro mantiene
la atención puesta en ella.
—Nadie nos informó nada de eso —dijo el hombre con acento murciano,
mirándola de arriba abajo.
Aletheia se encoje de hombros.
—Yo soy nueva aquí, señor; y solo cumplo órdenes —su voz destilaba inocencia.
Presa del calor y la ansiedad, el otro hombre abre un botellín y
comienza a beber con avidez.
Aletheia baja la mirada, adopta una posición corporal de sumisión.
El hombre respira profundo, pero termina por arrancarle la bolsa con
el otro botellín, lo abre y comienza a beber sin siquiera respirar.
El móvil vibra por tercera vez.
Aletheia piensa, “me restan quince minutos nada más”
—Oye, ¿no podrás darnos otros dos botellines? —preguntan ambos
hombres, dándole los botellines vacíos.
Aletheia asiente sonriente, coge dos botellines; abre el primero y lo
entrega, luego abre el segundo y hace lo mismo. Los observa beber con
avidez.
Espera cinco minutos y comienza a ver los efectos de la droga. Pupilas
dilatadas, pulso acelerado, palidez extrema. Incoherentes y
desorientados, los hombres bajan las escaleras a trompicones. Aletheia
les observa desde el descansillo, los hombres se apoyan en la pared y
cierran los ojos. Intentan hablar, pero solo dicen disparates, es
claro que entraron en un estado sicótico.
El móvil vibra por cuarta vez, le quedan cinco minutos para subir y
salir del mostrador.
Aletheia se ajusta la capucha y corre escaleras arriba, desde el otro
extremo el guardia IPS viene siguiendo a la recepcionista.
Justo cuando está a punto de bordear el mostrador, el guardia la interpela:
—¡Oiga! ¿qué hace usted allí? Es un área restringida solo al personal.
Aletheia se encoge de hombros.
—He venido desde la barra a traerles agua mineral, el calor es
espantoso —dice con total candidez.
El hombre mira la bolsa con los dos botellines.
Aletheia saca los botellines y se los extiende.
—¿Y los demás? Esos que llevas allí —señala el guardia.
Aletheia sacude las bolsas para mostrarle que están vacíos.
—Ya los he repartido —dice, saliendo del mostrador.
El hombre asiente. Abre uno de los botellines y se lo ofrece a la
recepcionista, que lo toma sonriente. Luego abre el otro y lo bebe con
rapidez.
Aletheia extiende las manos para que le entreguen los botellines.
Primero lo hace el guardia, después le sigue la mujer.
Los coge y los mete en la bolsa, se despide con un gesto de la mano y
baja las escaleras hacia la planta principal.
Sale del club, y camina durante media hora. Se fija donde hay un
basurero de reciclaje de plástico y se deshace de los botellines.
Da unas cuantas vueltas, y pasada otra media hora, hace una llamada
anónima al hospital antes de entrar al club, diciendo que al parecer
hay algunas personas intoxicadas en el nuevo club de la ciudad.
Sube al segundo piso y se fija que la recepción está vacía; el guardia
se ve apoyado en la pared, intentando no dormirse; pero cabecea y
cabecea.
Aletheia sonríe, sigue hacia su habitación, entra y cierra la puerta.
Enciende uno de los ordenadores, instala el cd de la cámara.
Sus ojos brillan interesados al activar el software y observar las
primeras capturas de aquel juguetico.
Murmuras con acento catalán, “Aletheia, menuda cabrona estás hecha “
Aletheia piensa, “lo siento mucho por aquel par, pero ni modo; era su
pellejo o el mío”.
Siente el jaleo, la sirena de la ambulancia. Oye abrir y cerrarse
puertas en el pasillo.
Se levanta, se retira las lentillas y las echa en el wáter; jala la
cadena; se desnuda y se mete en la ducha. Mientras siente el agua caer
por su cuerpo, escucha el audio de la cámara:
—aquí hay otros dos, parece que están muy intoxicados, mucho más que
los del piso de arriba. ¡Vamos, no hay tiempo que perder!
Aletheia cierra los ojos y suspira.

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