Punto de vista: Aletheia.

Devuelta al hotel, luego del encuentro intempestivo con Ives, Aletheia
decide ponerse a trabajar.
Enciende ambos ordenadores y se conecta al canal de Imperium corp…
[Imperium Corporation] Aletheia: “buenas tardes. Se informa a todos
los departamentos que en las próximas 48 horas el acceso a la nube y
el acceso remoto no estarán disponibles debido a la implementación de
nuevas configuraciones. Por favor tomad sus previsiones…”
[Imperium Corporation] daniel: “podremos chatear por aquí?”
[Imperium Corporation] Aletheia: “En efecto, pero puede haber
interrupciones temporales del servicio”
[Imperium Corporation] daniel: “aletheia, ven a disfrutar con nosotros, no?”
Aletheia recuerda que hoy se estrenaba un nuevo club en la ciudad.
[Imperium Corporation] Aletheia: “gracias por la invitación, veré si
me es posible .”
[Imperium Corporation] daniel: “no trabajes tanto, que se te van a
quebrar los dedos!”
[Imperium Corporation] Aletheia: “Tendré en cuenta su consejo, señor.”

Enviada la notificación, decidió hacer ella misma las configuraciones
necesarias. No es que el trabajo del jefe anterior fuese malo, pero se
le había pasado actualizar y reforzar ciertas vías que terminaban
convirtiéndose en puertas traseras perfectas.
Comenzó por reconfigurar el IDS y añadir nuevas reglas.
Luego siguió con el acceso remoto en los servidores. Las máquinas del
Ceo y su socio las verificaría ella, el resto las distribuiría entre
los miembros del departamento.
Tomó nota de las tareas pendientes por realizar, entre ellas crear un
equipo de respuesta a incidentes, lo iban a necesitar. Nuevas
políticas de seguridad y auditar el SGSI actual.
Dices con acento catalán, “Venga Aletheia, cualquiera diría que en
realidad te preocupan los activos de información de Imperium”.
Aletheia sonríe con ironía.
Murmuras con acento catalán, “será mejor que no pierda más el tiempo”.
Activando Zthor
Conectando a la Underground Networking…comprobando Certificados…
Autenticación realizada con éxito… bienvenido a la Underground Networking.
Dices con acento catalán, “Miremos las enseñanzas de la madre, ¿eh? A
ver si podemos arrancar algunas de las raíces más profundas de un solo
tajo”.
Aletheia —como me encantaría poder acabar con toda esa organización de
una puta vez —pensaba mientras miraba la Hidden Wiki”.
Dices con acento catalán, exploremos a esta criatura.
Aletheia abre una terminal y activa ANMap
Luego teclea la siguiente instrucción:
anmap-v server1.hijosdeeva.undernet
Observando el resultado decide verificar si hay algún firewall activo…
anmap-sA server1.hijosdeeva.undernet
Como en efecto hay un firewall activo, decide cuidarse las espaldas y teclea
anmap-PN server1.hijosdeeva.undernet
Siguiendo los resultados que va obteniendo, piensa que no le vendría
mal obtener la razón de los puertos así que teclea
anmap – server1.hijosdeeva.undernet razón
dices con acento catalán, “¡Anda!, pero si al parecer voy a tener
varias puertas abiertas”.
Aletheia sonríe y continúa explorando.
Murmuras con acento catalán, “Muéstrame los puertos abiertos, nena”
Sus dedos vuelan sobre el teclado.
anmap – abierto server1.hijosdeeva.undernet
dices con acento catalán, “Por último, verifiquemos el tráfico a ver
si esto no es mera fachada”.
Teclea con rapidez
anmap – packet-trace server1.hijosdeeva.undernet
Aletheia mira la pantalla y detalla los resultados.
Murmuras con acento catalán, “menudo tráfico”.
Murmuras con acento catalán, “Revisemos versión y tipo de sistema,
servicios remotos… quiero saber qué terreno estoy pisando”.
Aletheia mira en la pantalla y entre datos varios lee: Pentos 7,
ApacServer 2.4.25.
Dices con acento catalán, “bueno, es suficiente por hoy”
Exporta todo a un fichero de texto donde guarda todos los resultados,
y, además, crea una carpeta a la que llama amores que matan, deja allí
el fichero y le asigna contraseña de acceso a la carpeta; deja el
original en su ordenador y pasa una copia a otra tarjeta sd.
Terminada la primera fase de investigación, decidió hacer algo de yoga
y practicar algunas rutinas de ejercicios, movimientos y giros. Algo
le decía que más le valía no estar oxidada.
Se sentía agotada, pero la noche apenas empezaba y tenía que acabar
con un problema: el deseo latente y creciente por Gilbert, y ese
desequilibrio que le provocaba, sobre todo si tenía que hacer acto de
presencia en la inauguración del club; fijo se lo encontraría allí. Se
desvistió y tomó una ducha caliente.
Salió relajada. Con suavidad se tumbó en la cama, desnuda. Fijó la
mirada en el techo y comenzó a controlar su respiración. Cada vez más
y más lento, inspiraba y exhalaba de manera acompasada. Relajó su
cuerpo desde el rostro a la punta de los dedos de los pies.
Una vez que se sintió ligera, comenzó a hurgar en su mente entre los
recuerdos que atesoraba de Gabriel. Ubicando uno que le encantaba,
tuvo en cuenta visualizar su tatuaje y en un par de respiraciones más,
se durmió…
Disclaimer
El texto a continuación ofrece contenido sexual explícito que podría
ser considerado no apto para menores de edad.
Delineando con cuidado aquella hermosa boca sensual, se preguntaba qué
le depararía la noche.
Le encantaban los juegos con Gabriel, eso hacía del sexo algo
divertido y diferente.
Un mensaje en el móvil le advirtió de su llegada.
-Siempre tan puntual –dijo en voz baja, tomó su bolso y salió.
– ¿Lista? –preguntó con esa voz sexy que tanto la excitaba.
Asintió con un movimiento de cabeza y se dejó guiar hasta el coche.
-qué bien interpreta este rol–pensó cuando lo vio dirigirse a abrirle la puerta.
-Un momento –dijo él acercándose íntimamente-Hay algo que debo hacer
primero –y tomándola de la barbilla con una mano, la besó.
Fue un beso ardiente, sensual. Su lengua la invadió con habilidad,
jugando entre sus labios húmedos, impacientes por ser devorados. Sus
manos, a juego con sus deseos la recorrieron de arriba abajo. Pellizcó
sus pezones, hurgó entre sus piernas. La apretó contra sí en un
intento carnal de fundirse con ella. En el rol dominante que
interpretaba, se detuvo justo cuando comenzaba a hacerla temblar de
excitación.
– ¿A dónde vamos? –preguntó ella mientras él arrancaba a toda velocidad.
-Ya lo verás –respondió con una sonrisa perversa-. Pero mientras
llegamos, quiero que te toques para mí.
Ella obedeció, de eso iba un poco el juego sensual de aquel día.
Sabiéndose observada por él, disfrutó del momento al máximo y estalló
en un delicioso orgasmo.
Cuando abrió los ojos, estaban en el club.
-me encanta como te tocas –le dijo metiéndole los dedos entre las
piernas para mojarlos con sus fluidos-. Y tu sabor… -dijo
introduciéndose los dedos en la boca- es el mejor que jamás he
probado.
Ella sonrió con picardía, pero se mantuvo dentro del rol.
– ¿En serio? –preguntó con voz inocente.
-Cerciórate de lo que digo –y le llevó la mano hasta su miembro duro y
turgente, que amenazaba con salirse del pantalón.
Sentirlo así, duro a través de la ropa la excitó, haciendo que se
mojara más. Quiso hacer de las suyas, pero él no la dejó.
-Todavía no –le dijo mientras la acariciaba, jugando con sus dedos
desde el rostro hasta su vagina.
-Arréglate y ponte esto en los ojos, le ordenó, dándole una pañoleta.
Mientras ella obedecía y se cubría los ojos, él, introdujo un dedo
entre aquellos pliegues. Ella dio un respingo y él sonrió con malicia.
La sensación la estremeció.
Cuando estuvo lista, anduvieron un rato. Él iba guiándola; el aroma
del mar le golpeó los sentidos.
El suelo bajo sus pies se movía suavemente, el rumor del mar y el
vaivén de las olas parecía que le hablaran.
De pie, sintiendo como si las olas la llevaran de un lado a otro se
entregó y se volvió su rehén.
Sus manos hábiles la desnudaron. La recorrieron y la descubrieron en
zonas que ni ella sabía que fuesen así de sensitivas. En un momento
extendió las manos, quería sentirlo, quería tocarlo ella también; pero
él no la dejaba. De súbito en un arrebato de lujuria la hizo hincarse
frente a él. Sintió en sus labios aquel miembro erecto, húmedo,
palpitante. No hicieron falta órdenes, ella sin pensarlo abrió la boca
y con firmeza lo engulló. Presa de la pasión y el deseo, lamía,
succionaba, devoraba cada centímetro de piel, como si en ello se le
fuera la vida. Él por su parte embestía, ardiente, anhelante de
aquellos labios que tan divinamente le transportaban más allá del
placer.
-Así, así…cómetelo, trágatelo –decía sin dejar de embestir y de
empujarle con fuerza asiéndose con sus dedos enredados en aquella
ondulada cabellera.
-Así, así…-le decía, mientras con su mano apretaba la de ella con
fuerza sobre su falo.
-Ven aquí -le dijo, levantándola y empujándola contra la cama.
—ábrete de piernas para mí—le ordenó.
Por un instante pudo verse a sí misma, desnuda sobre aquella cama con
su melena esparcida, haciendo contraste con aquellas sábanas.
Estaba soñando, lo sabía. Dejaría avanzar el sueño un poco más.
Sentir aquella penetración imponente, desenfrenada, fue un instante de
total perversión. El ardor y el deseo mezclados en una misma
sensación.
-Así, así…fóllame, fóllame…más…más –le pedía ella, delirante de deseo.
Sus pies como apoyo en aquellos hombros firmes, hechos para ser
sentidos les brindaban la profundidad perfecta a sus embestidas
insaciables.
-Más, más…-pedía entre gemidos y jadeos, mientras su clítoris se
henchía de puro placer ante el contacto de aquellos dedos expertos.
Compartiendo el orgasmo en un instante que jamás olvidaría, se dejaron
caer en un abismo infinito.
Ella cambió el sueño de locación, ahora se encontraba desnuda en casa
de Gilbert. Él la observaba con detenimiento, sus labios inflamados y
enrojecidos, sus pechos generosos al descubierto.
—tócate para mí, brujita.
Ella negó con la cabeza.
Los ojos de Gilbert refulgieron de ira.
Se puso de pie y se le acercó; la tomó por la barbilla. Ella atisbó su
entrepierna, no había muestra de excitación. Teniendo su rostro muy
cerca, casi rozando sus labios Gilbert murmuró:
—tócate para mí, bruja, es una orden.
Ella dio un paso atrás y suspiró. Inspiró profundamente para limpiar
sus sentidos del aroma de aquel hombre y lo miró fijamente a los ojos;
negó con la cabeza y dijo en voz baja, pero firme:
—No, tu único deseo es humillarme y yo no te daré jamás ese gusto. Se acabó.
La figura de Gilbert se acercó de nuevo. Apretándola por la garganta,
la empujó contra la pared.
—ábrete de piernas para mí, zorra —murmuró burlón muy cerca de su
boca; sus alientos se mezclaron.
Gilbert, la exploraba con fuerza apretando sus pezones; pero aquel
cuerpo no respondía. Siguió hurgando, incluso entre aquel triángulo
diminuto de rizos. Su cuerpo le obedecía y seguía sin reaccionar ante
Gilbert.
—quizá eres frígida, bruja. No me extrañaría —y su cara mostró repugnancia.
Ella lo observaba impasible.
Puede que sí, puede que no. Pero eso no lo sabrás de verdad, nunca
—dijo con calma y comenzó a vestirse; se puso unas bragas y una
camiseta y volvió a observar la imagen de Gilbert.
—Desaparece de una vez —ordenó, mientras aquella imagen se difuminaba
lentamente.
La luz de un farol de la calle se coló por la ventana, iluminando su piel.
Aletheia abrió los ojos. Supo que había hecho un gran avance para
acabar para siempre aquel desequilibrio hacia Gilbert.
Se desperezó y sonrió satisfecha.
Aletheia piensa, quizá necesite otros tipos de sueños lúcidos con este
gringo hijo de puta, pero jamás volveré a confundirlo con Gabriel.
Sonriente se marcha a la ducha.
Aletheia mientras me ducho, voy pensando que es mejor que me reúna con
Ives y le dé los avances. Sea lo que sea que se traigan entre manos,
es mejor estar enterada no sea que me fastidien los planes. Puesto que
Gilbert no ha solicitado mis servicios, daré por zanjado los negocios
con él. Tal como pensé, no es más que un cobarde a quien solo le
interesa el dinero y el poder.
Sale de la ducha, se acicala y se viste. Esta vez se recoge el cabello
en un moño usando dos varillas en cuyo extremo se observan sendos
trisqueles. Las compró el mismo día en que se hizo su tatuaje; deja
varios mechones de cabello que le enmarcan el rostro. Se ve en el
espejo y sonríe levemente. Se coloca brillo labial, coge la chaqueta
con capucha roja, la tarjeta sd y sale de la habitación.

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