Nueva Escena de Rol: Canto de Poder y Libertad

Punto de vista: Eloy.

Un piso de la IDO
Al abrir la puerta te encuentras con un pequeño pasillo en cuya pared de la derecha hay un espejo de cuerpo entero. Al terminar el pasillo observas un salón comedor en forma de ele, que finaliza con una puerta batiente que da acceso a la cocina. A la derecha observas un ventanal que brinda iluminación y vistas a la ciudad de Madrid y a la izquierda un pasillo que da a las habitaciones y a un baño. La decoración es austera para el piso en general, a excepción de la habitación matrimonial donde el lujo y la comodidad son los aspectos reinantes.
Ves un juego de recibidor, una mesa comedor con varias sillas, una biblioteca de roble y una cocina sencilla aquí.
Eloy sale de la habitación matrimonial directo al baño caminando a grandes zancadas.
Eloy cierra la puerta pasando el pestillo y se mira en el espejo.
El joven no puede reprimir las náuseas, levanta la tapa del inodoro y vomita varias veces.
Eloy tira de la cadena.
El agua sale con fuerza.
Eloy ve hacia el inodoro absorto en el movimiento del agua.
Eloy aprieta los dientes reprimiendo el llanto, mientras comienza a desvestirse dejando la ropa dentro del cesto de la ropa sucia.
Eloy entra en la ducha, abre el grifo y comienza a frotarse con avidez toda la piel.
Un hilo rosáceo rueda por la parte posterior e interna de los muslos de Eloy.
Eloy se pone de espaldas recibiendo toda el agua, mientras recuerda que a esa misma hora el día anterior observaba a un hombre pintar con gran habilidad.
Eloy coge el bote de champú, lo exprime sobre su mano izquierda y se comienza a frotar el pelo luego de dejar el bote en su sitio.
Veinte minutos después…
Eloy sale con una toalla envuelta en la cintura rumbo a su habitación; entra y cierra la puerta pasando el pestillo.
Una habitación austera.
Ves una habitación con dos literas, un armario, una cómoda y hacia el rincón de la ventana un caballete, una mesa pequeña con varios soportes, un portalápices, un par de frascos vacíos, tarros y tubos de pinturas, pinceles, espátulas y botes con disolvente, una paleta de melanina y bastidores con cuñas de diferentes tamaños.

Eloy deja la toalla colgando de uno de los tubos de la litera donde duerme y camina desnudo por la habitación, apenas iluminada por la luz de la luna que entra por la ventana.
Eloy va hacia la cómoda y de un cajón saca un tubo de crema y un calzoncillo.
Eloy deja el calzoncillo sobre la cama y luego abre el tubo de crema, lo aprieta un poco recogiendo con un dedo lo que sale.
Eloy se inclina apoyándose con una mano sobre la cómoda, se unta la crema procurando cubrir el perineo y toda la mmmucosa anal, recoge el calzoncillo y se lo pone.
Eloy se acerca a la ventana donde tiene sus materiales y enciende la lámpara que descansa sobre la mesa.
Eloy mira sus materiales, pensativo.
Varios minutos después, el joven se palmea el rostro varias veces y niega con la cabeza.
Eloy comienza a revisar los soportes que tiene.
Eloy prepara un soporte escogiendo un lienzo de tamaño mediano y prensándolo sobre los bastidores con las cuñas.
Eloy deja el soporte sobre el caballete y coge un tubo de pintura acrílica de color blanco.
Eloy comienza a imprimar el lienzo con la pintura.
Eloy coge un lápiz mientras espera que la pintura seque.
Eloy mira la punta de carboncillo y cierra los ojos un instante, recordando el ave enjaulado que pintó aquel hombre del estudio.
Eloy verifica que la pintura ya haya secado.
Eloy comienza a trazar líneas de contorno y líneas gestuales, dando forma primero al fondo de la pintura para ir avanzando hacia el primer plano.
Una hora después, fuera de la habitación…
Humberto sale de la cocina caminando hacia el pasillo.
Humberto coge el pomo de la puerta de la habitación de Eloy; intenta abrirla pero la puerta no cede.
Humberto maldice por lo bajo a sabiendas de que Eloy no saldrá hasta que no haya terminado con el maldito cuadro que quiera pintar ahora.
Humberto coge su móvil y teclea con rapidez.
Dentro de la habitación…
Eloy observa el esbozo del futuro cuadro, fijándose mucho en los detalles.
El móvil de eloy vibra contra la mesa generando un parpadeo de luz blanquecina.
Eloy desplaza la mirada hacia el móvil, pero enseguida vuelve al lienzo.
Eloy cierra los ojos un instante, respira profundo varias veces y deja que su mente vuele, que su alma se libere.
Eloy coge varios tubos de pintura acrílica y la paleta… poco a poco va disolviendo las pinturas, mezclando los colores hasta obtener los tonos que quiere.
Eloy coge un pincel de punta plana y comienza a trabajar.
Entre pincelada y pincelada Eloy va humedeciendo los pinceles que usa.
Tres horas después…
Eloy observa el fondo del cuadro.
Un ocaso donde los rosas y naranjas se difuminan en un rojo que avanza hacia un púrpura que finaliza en azul medianoche, se funde en el horizonte de un prado primaveral, tapizado con blancas flores diversas, cuyos capullos aún se mantienen a medio florecer. al margen derecho, un bosque de fresnos y avellanos cobijan a un grupo de mujeres vestidas con túnicas coloridas sujetas a la cintura con cordones dorados y con el cabello trenzado y elevado en moños dejando su cuello al descubierto, las cuales danzan alrededor de una fogata cuyas llamas parecen moverse, generando sombras diferentes, según la posición de cada danzarina. Al margen izquierdo, un acantilado se funde con el mar y un oleaje bravío baña de espuma su fondo rocoso.
Eloy limpia sus pinceles y la paleta.
Eloy mira el lienzo con el primer plano aún sin color y vuelve a cerrar los ojos.
Eloy mira los tubos de pintura y repite el procedimiento, mezclando y diluyendo hasta que consigue los colores exactos.
Eloy escoge otros pinceles y comienza a trabajar pasando el pincel sobre las líneas, rellenando y matizando, añadiendo luces y sombras, dando textura al primer plano.
Cuatro horas más tarde…
Eloy se seca el sudor de la frente con el antebrazo, dando las últimas pinceladas.
Eloy deja caer el pincel en un frasco con agua y deja la paleta sobre la mesa.
La piel de Eloy brilla con una fina capa de sudor.
eloy se queda mirando el cuadro, observando con atención el primer plano.
A la derecha, un Avellano sostiene en una de sus ramas más bajas un ave de colorido plumaje que permanece con las alas extendidas, el pico abierto y los ojos mirando hacia abajo, al parecer, enfocados con total atención en un punto concreto. Del pico del ave brotan varias líneas que forman notas musicales, las cuales parecen cernirse envolviendo a una mujer, vestida de la misma forma que las danzarinas alrededor de la fogata. La mujer, sentada sobre sus talones frente a la jaula vacía con una puerta abierta, sostiene una llave en la mano derecha, mientras la izquierda descansa sobre su pecho de tal forma, que el dedo índice alcanza la unión de su garganta, rozando una gargantilla de brillantes rubíes, mientras el pulgar y los otros tres dedos yacen delicadamente sobre su piel algo separados. el éxtasis que muestra el rostro de la mujer es casi palpable, con su cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda y atrás, los ojos cerrados y los labios entreabiertos, brillantes y de un rojo similar al de las fresas maduras. su cabello ondulado y recogido hacia la coronilla, deja caer largos rizos dorados que rozan sus hombros desnudos y contrastan con los tonos del ocaso.
Eloy apaga la lámpara y se deja caer en el suelo, abrazando sus rodillas.
La luz de la luna se cuela por la ventana, haciendo que la piel de eloy brille con un tono platinado por la capa de sudor que le empapa la piel.
Eloy deja que las lágrimas le mojen el rostro mientras observa el cuadro iluminado por la luz blanquecina de la luna.
Los colores son tan vívidos que pareciera que las figuras saltarán del cuadro en cualquier momento.
Eloy cierra los ojos; un leve temblor le eriza la piel.
Eloy se aferra con más fuerza a sus rodillas para controlar los movimientos involuntarios de su cuerpo.
Eloy se visualiza como aquel ave con las alas extendidas a punto de alzar el vuelo.
Eloy se deja caer boca arriba con los brazos extendidos a los lados mientras sigue imaginando que es aquel ave que, lleno de magia y poder alza el vuelo para cruzar el firmamento.
Desde lo más profundo de su ser, la esperanza y el deseo de libertad vuelven a arder, provocando que un dulce calor cobije su dolorido corazón.