Nuevo relato de Mike: Mientras escribo

Despierto. Despierto y asimilo la realidad mientras discuto con Chester, como todas las mañanas. Preparo de comer y desde el momento en que me levanto de la cama comienzo a pensar en ti. Es una sensación que me enreda por completo pero de la que intento escapar. Desayunamos con Chester. Me besa en la mejilla, voy a vestirme y nada más terminar voy a por alguno de los dos coches para trabajar. Es lo de siempre. Mientras conduzco, mi mente se pierde en cosas que nada tienen que ver con el trabajo, y sí con el pasado del que escapé y del que todavía no lo he hecho. Estaciono y sigues en mi cabeza.
Después de unas seis horas en las que pasaron cosas que realmente no son dignas de mención, no porque haya pasado algo grave sino porque en realidad no ha pasado casi nada, vuelvo a casa. Estaciono el coche cerca del otro y retorna mi ensimismamiento. Como un autómata tomo la tableta que había comprado hace tiempo del asiento trasero y me pongo a escribir. Es largo. El texto es largo y complicado, pero melancólico y dramático, cosa que no me gusta del todo ser. Mientras escribo, la radio del coche emite wooden leg de alestorm. Mientras escribo, pasa el tiempo, pero estoy tan concentrado que apenas y lo estoy sintiendo. Mientras escribo, muero de hambre. Mi cuerpo se entera, pero mi cerebro hace caso omiso y sigo en ello. Mientras escribo, pienso. Pienso en varias cosas y no pienso casi en nada al mismo tiempo. Un torrente impresionante de sentimientos hace que mi corazón parezca salirse del pecho y que gruesos lagrimones caigan de mis ojos, casi mojando la tableta. No hay lamentos, no hay sonido, es la nostalgia en forma de lágrimas la que se aprecia en mí. Aparto la tableta y trato de centrarme de nuevo, pero lo único que consigo es que se moje un poco la pantalla y que el lamento contenido por fin aflore. Es continuo, pero una vez más, no hay sonido. Me veo a mí mismo por el retrovisor y no doy crédito. Aun hoy me pregunto por qué el Michael sentimental no aparece en público, y sí grita a los cuatro vientos este soy yo cuando la soledad es su única amiga.
Mientras escribo, me debilito. Dejo que mi torso por entero golpee contra el asiento, que está reclinado en demasía hacia atrás. Mecánicamente, deslizo la tableta hasta que puedo ver un poco más lo que escribo.
Mientras escribo… pienso en ti. Recuerdo los momentos que compartimos juntos y siento una paz como nunca la había sentido antes. Desde que te había visto en la torre habías dado un giro de 180° a mi vida casi sin darte cuenta. La línea de tiempo imaginaria avanza y estamos en el café. Te bebes tu consumición y te miro fijamente. Comienzo mi soliloquio mientras en tu cara la expresión cambia de complacida a sorprendida, y de sorprendida a feliz con ligeros toques de asustada. Una vez más cambia el recuerdo, y nos veo a ambos en la Moncloa, tras discutir con Chester. Nos había liado un buen problemón, lo recuerdas? Digo en voz alta, sabiendo que no obtendré respuesta. La línea de tiempo imaginaria quiere seguir avanzando, pero sé lo que viene y vuelvo en mí, a escribir todo esto. Mientras escribo, pienso en ti. Te miro sin verte, porque no estás junto a mí. Te agradezco infinitamente los momentos que compartimos, pero con todo el dolor que tengo y que tendré… no podremos seguir. Mientras escribo… pienso en ti. Pienso en que si es triste terminar una relación, lo es más aún cuando uno de los dos no está. Mientras dejo de escribir, tomo una gran bocanada de aire. Restriego mis ojos y caen lágrimas restantes. Una media hora después logro serenarme, y vuelta a empezar, esta vez sin… sin ti, Sandra.